Las posibilidades son infinitas (discurso de Obama en español)
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Las posibilidades son infinitas (discurso de Obama en español)

"La economía está en recuperación y una década de guerra está llegando a su fin" asegura Obama ante cientos de miles de personas en Washington
Por Redacción Animal Político
21 de enero, 2013
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Las “posibilidades de Estados Unidos son infinitas”, la economía está en recuperación y una década de guerra está llegando a su fin, declaró el lunes el presidente Barack Obama durante una ceremonia pública en la que dio inicio a su segundo mandato ante cientos de miles de personas que se congregaron en el complejo de monumentos de Washington.

“Mis colegas estadounidenses, fuimos hechos para este momento y lo aprovecharemos, siempre que lo aprovechemos juntos”, declaró Obama momentos después de prestar juramento durante una ceremonia pública en un día fresco en la capital del país.

El presidente no se enfocó en ninguno de los logros de su primer mandato, pero prometió trabajar duro en un país que todavía lidia con una economía perezosa.

“Debemos tomar las decisiones difíciles para reducir el gasto de la atención médica y el tamaño de nuestro déficit”, declaró. Pero “rechazamos la idea de que Estados Unidos debe elegir entre cuidar a la generación que construyó este país o invertir en la generación que construirá su futuro”.

Decenas de miles de personas se congregaron en la plaza denominada National Mall y millones de personas más frente al televisor para presenciar la toma de protesta.

Atrapado entre una agresiva campaña presidencial y discusiones fiscales por librar, la ceremonia del lunes fue un breve respiro de la parálisis partidista de los últimos dos años.

De pie ante el Capitolio, el presidente imploró a Washington encontrar un terreno común para sus siguientes cuatro años. Y buscando sacar provecho al apoyo público que lo catapultó a la Casa Blanca dos veces, Obama dijo que la gente “tiene la obligación de dar forma a los debates de nuestro tiempo”.

Aquí el discurso íntegro en español:

Muchas gracias, Vicepresidente Biden, Presidente y miembros del Congreso de los Estados Unidos, invitados distinguidos y queridos conciudadanos

Cada vez que nos juntamos para inaugurar un presidente, somos testigos de la perdurable fortaleza de nuestra constitución. Confirmamos la promesa de nuestra democracia. Recordamos que lo que nos une como nación no es el color de nuestra piel, ni los principios de nuestra fe, ni el origen de nuestros nombres.

Lo que nos hace excepcionales, lo que nos hace americanos, es nuestra lealtad a una idea expresada en una declaración hecha hace más de 2 siglos;

Sostenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la felicidad.

Hoy continuamos este viaje sin fin para darle sentido a aquellas palabras entre las realidades de nuestro tiempo. Pues la historia nos dice que mientras estas verdades pueden ser evidentes, nunca han sido aplicadas por sí solas; que mientras la libertad es un regalo de Dios, debe ser asegurada por Su gente aquí en la tierra. Los patriotas de 1776 no pelearon para reemplazar la tiranía de un rey con los privilegios de unos cuantos. Ellos nos legaron una República, un gobierno de y por, y para el pueblo, y confiaron que cada generación mantuviera a salvo nuestro credo fundacional.

Esto lo hemos hecho, durante más de doscientos años.

A través de sangre derramada, aprendimos que ninguna nación basada en los principios de libertad e igualdad podía sobrevivir con esclavos. Nos reformamos y nos comprometimos a avanzar juntos.

Juntos, determinamos que una economía moderna requiere de vías del tren y carreteras que agilicen el comercio y los viajes; escuelas y universidades para entrenar a nuestros trabajadores. Juntos, hemos descubierto que un mercado libre sólo prospera cuando existen reglas para asegurar la competencia y el juego limpios. Juntos, resolvimos que una gran nación debe cuidar a sus vulnerados y proteger a su pueblo de las amenazas y los infortunios.

Pese a todo, jamás hemos renunciado a nuestro escepticismo de una autoridad central, ni hemos sucumbido a la idea ficticia de que todos los males de una sociedad los puede curar el gobierno. Nuestra celebración a la iniciativa y a la empresa, nuestra insistencia en el trabajo duro y en la responsabilidad personal, son constantes en nuestro carácter.

Pero siempre hemos entendido que cuando los tiempos cambian, nosotros tenemos que cambiar con ellos; que la fidelidad a nuestros principios fundacionales requiere de nuevas respuestas a nuevos desafíos; que preservar nuestras libertades individuales, en última instancia, requiere de acciones colectivas. Porque el pueblo americano no puede satisfacer mejor las demandas de hoy solo, que lo que un soldado pudo enfrentar las fuerzas del fascismo o del comunismo con mosquetes y milicia. Una sola persona no puede entrenar a todos los maestros de matemáticas y ciencias que necesitaremos para prepararnos para el futuro, o para construir carreteras y laboratorios que aporten nuevos empleos y empresas a nuestras costas. Hoy, más que nunca, debemos hacer esto juntos, como una sola nación y un solo pueblo.

Esta generación de americanos ha sido probada por una crisis que ha endurecido nuestra determinación y demostrado nuestra capacidad de recuperación. Una década de guerra está por acabarse, una recuperación económica está en camino, las posibilidades de America son ilimitadas, pues poseemos todas las cualidades que demanda este mundo sin límites: juventud e impulso, diversidad y apertura, una infinita capacidad para el riesgo y una capacidad renovadora

Mis queridos americanos, nacimos para este momento y lo aprovecharemos, siempre que lo hagamos juntos.

Porque nosotros, el pueblo, entendemos que nuestro país no puede tener éxito cuando los pocos hacen bien y los muchos apenas pueden. Creemos que la prosperidad de Estados Unidos debe descansar sobre los hombros amplios de una clase media en ascenso. Sabemos que Estados Unidos destaca cuando cada persona puede encontrar la independencia y el orgullo en su trabajo, cuando los salarios del trabajo honesto logran liberar a las familias al borde de la penuria. Somos fieles a nuestro credo cuando una niña que ha nacido en la pobreza más extrema sabe que tiene las mismas posibilidades de tener éxito como cualquier otro, porque ella es americana, es libre, y ella es igual, no sólo ante los ojos de Dios sino también ante los nuestros.

Entendemos que hay programas caducos que son insuficientes para las necesidades de nuestros tiempos. Debemos aprovechar las nuevas ideas y tecnología para rehacer nuestro gobierno, reformar nuestro código fiscal, reformar nuestras escuelas, y empoderar a los ciudadanos con las habilidades que necesitan para trabajar más, aprender más y llegar más allá. Pero mientras que los medios cambiarán, nuestro propósito perdurará: seremos una nación que premia el esfuerzo y la determinación de todos los estadounidenses. Eso es lo que este momento requiere. Eso es lo que va a dar verdadero sentido a nuestro credo.

Nosotros, el pueblo, seguimos creyendo que todo ciudadano merece una medida básica de seguridad y dignidad. Necesitamos tomar decisiones difíciles para reducir el costo de la atención médica y el tamaño de nuestro déficit. Sin embargo, rechazamos la creencia de que Estados Unidos debe elegir entre cuidar a la generación que construyó este país e invertir en la generación construirá su futuro. Recordamos las lecciones de nuestro pasado, cuando se vivieron largos años de pobreza, y los padres de un niño discapacitado no tenía adónde recurrir. No creemos que en este país, la libertad se reserve para la suerte, o la felicidad de unos pocos. Somos conscientes de que no importa cuán responsablemente vivamos nuestras vidas, cada uno de nosotros, en cualquier momento, puede enfrentarse a perder su trabajo o adquirir una enfermedad repentina o que nuestra casa desaparezca en una tormenta terrible. Los compromisos que hacemos los unos a los otros – a través de Medicare y Medicaid y el Seguro Social – estas cosas no minan nuestra iniciativa, sino que la fortalecen. No nos convierten en una nación de personas que toman lo que sea; nos liberan para tomar los riesgos que hacen a esta nación grande.

Nosotros, el pueblo, todavía creemos que nuestras obligaciones como estadounidenses no son sólo para nosotros, sino para toda la posteridad. Responderemos ante la amenaza del cambio climático, sabiendo que el no hacerlo sería traicionar a nuestros hijos y a las generaciones futuras. Algunos podrán todavía negar el juicio abrumador de la ciencia, pero nadie puede evitar los efectos devastadores de los incendios, ni de las devastadoras sequías, ni de las tormentas más poderosas. El camino hacia las fuentes de energía sustentable será largo y a veces, difícil. Estados Unidos no puede resistir esta transición, tenemos que dirigirla. No podemos ceder a otras naciones, la tecnología que creará nuevos trabajos y nuevas industrias – debemos reclamar su promesa. Así mantendremos nuestra vitalidad económica y nuestro tesoro nacional – nuestros bosques y cuencas, nuestras tierras de cultivo y nuestros picos nevados. Así es como vamos a preservar nuestro planeta, encomendado a nosotros por Dios. Eso es lo que va a dar sentido al credo que nuestros padres fundacionales alguna vez declararon.

Nosotros, el pueblo, seguimos creyendo que una seguridad y una paz duraderas no requieren de una guerra perpetua. Nuestros valientes hombres y mujeres uniformados, atenuados por las llamas de la batalla, son inigualables en habilidad y coraje. Nuestros ciudadanos, quemados por el recuerdo de los queridos que han perdido, conocen muy bien el precio de la libertad. El conocimiento de su sacrificio nos mantendrá siempre vigilantes contra aquellos que buscan hacernos daño. Pero también somos herederos de los que ganaron la paz y no sólo la guerra, aquellos que convirtieron a sus peores enemigos en los mejores amigos, y tenemos que traducir esas lecciones a este momento también.

Defenderemos nuestro pueblo y nuestros valores a través de la fuerza de las armas y el estado de derecho. Tendremos coraje para resolver nuestras diferencias pacíficamente con otras naciones – no porque seamos ingenuos sobre los peligros a los que nos enfrentamos, sino porque el compromiso puede deshacer las sospechas y el miedo de forma más duradera. Estados Unidos seguirá siendo el ancla de alianzas fuertes en todos los rincones del mundo, y renovaremos las instituciones que amplían nuestra capacidad para gestionar la crisis en el extranjero, pues nadie tiene una mayor participación en un mundo pacífico que su nación más poderosa. Vamos a apoyar la democracia desde Asia hasta África, desde las Américas hasta el Medio Oriente, porque nuestros intereses y nuestra conciencia nos obligan a actuar en nombre de aquellos que anhelan la libertad. Y debemos ser una fuente de esperanza para los pobres, los enfermos, los marginados, las víctimas de los prejuicios – no por mera caridad, sino por que la paz en nuestro tiempo requiere el constante avance de los principios que nuestro credo común describe: la tolerancia y la oportunidades, la dignidad humana y la justicia.

Nosotros, el pueblo, declaramos hoy que la más evidente de las verdades – que todos somos creados iguales – es la estrella que aún nos guía, del mismo modo que guió a nuestros antepasados a través de Seneca Falls, y Selma, y Stonewall, del mismo modo que guió todos aquellos hombres y mujeres, conocidos y anónimos, que dejaron huella, para escuchar a un predicador decir que no podemos caminar solos, y oír a un Rey proclamar que nuestra libertad individual está inextricablemente ligada a la libertad de cada alma en la Tierra.

Hoy es la tarea de nuestra generación llevar a cabo lo que los pioneros comenzaron. Pues nuestro viaje no estará completo hasta que nuestras esposas, nuestras madres e hijas puedan ganarse una vida que corresponda a sus esfuerzos. Nuestro viaje no estará completo hasta que nuestros hermanos y hermanas gays sean tratados como cualquier otra persona en virtud de la ley – porque si verdaderamente somos creados iguales, entonces seguramente el amor que nos juramos los unos a los otros también es igual. Nuestro viaje no estará completo hasta que ningún ciudadano se vea obligado a esperar durante horas para ejercer su derecho al voto. Nuestro viaje no estará completo hasta que encontremos una mejor forma de dar la bienvenida a los que luchan, a los inmigrantes esperanzados que aún ven en América una tierra de oportunidades, hasta que brillantes jóvenes estudiantes e ingenieros se dan de alta en nuestras fuerzas de trabajo, en lugar de ser expulsados de nuestro país. Nuestro viaje no estará completo hasta que todos nuestros niños, desde las calles de Detroit hasta las colinas de los Apalaches hasta las tranquilas calles de Newtown, sepan que son cuidados y apreciados, y que siempre estarán a salvo de cualquier daño.

Esa es la tarea de nuestra generación- hacer estas palabras, estos derechos, estos valores – de la vida y la libertad, y la búsqueda de la felicidad – algo real para todos los estadounidenses. Ser fieles a nuestros documentos fundacionales no nos obliga a estar de acuerdo en todos los contornos de la vida, no significa que todos vamos a definir la libertad en exactamente la misma manera, o seguir el mismo camino hacia la felicidad. El progreso no nos obliga a resolver siglos de debates sobre el papel de un gobierno a través de los tiempos – pero sí nos obliga a actuar en nuestro tiempo.

Ahora, las decisiones son nuestras y no podemos permitirnos un retraso. No podemos confundir el absolutismo por principio, o sustituir la política con el espectáculo, o que insultar tome el lugar de un debate razonado. Debemos actuar, sabiendo que nuestro trabajo será imperfecto. Debemos actuar, sabiendo que las victorias de hoy serán sólo victorias parciales y que corresponderá a los que estén aquí en cuatro años, y cuarenta años, y dentro de 400 años, impulsar el espíritu eterno, una vez conferido a nosotros en un sala en Filadelfia.

Queridos conciudadanos, el juramento que he jurado ante ustedes hoy, como el mencionado por otros que también sirven a este Capitolio, fue un juramento ante Dios y ante nuestro país, no ante partido o facción – uno que debemos ejecutar fielmente durante el resto de nuestro servicio. Pero mi promesa hoy no es tan diferente al juramento que toma un soldado cuando se inscribe para el servicio, o cuando un inmigrante cumple su sueño. Mi promesa no es tan diferente a la promesa que hacemos a la bandera que ondea por encima de nuestras cabezas y que nos llena el corazón de orgullo.

Estas son las palabras de nuestros ciudadanos, y ellas representan nuestra mayor esperanza.

Tú y yo, como ciudadanos, tenemos el poder de cambiar el curso de nuestro país.

Tú y yo, como ciudadanos, tenemos la obligación de dar forma a los debates de nuestro tiempo – no sólo con los votos que emitimos, sino también con las voces que levantemos en defensa de nuestros valores más antiguos y nuestros ideales perdurables.

Abracemos ahora, con deber solemne y enorme alegría, lo que es nuestro derecho innato. Con esfuerzo y propósito común, con pasión y dedicación, contestemos el llamado de la historia y llevemos hacia el futuro aquella preciada luz de libertad

Gracias, Dios los bendiga y que Dios bendiga estos Estados Unidos de America.

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Los momentos que pudieron haber terminado accidentalmente con la humanidad

En la historia reciente, algunas personas tuvieron el destino de todos en sus manos. Y puede repetirse.
20 de febrero, 2021
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A finales de la década de 1960, la NASA se enfrentó a una decisión que podría haber cambiado el destino de nuestra especie.

Después de la llegada del Apolo 11 de la Luna, los tres astronautas de la misión esperaban a ser recogidos dentro de su cápsula, flotando en el océano Pacífico, con mucho calor e incómodos.

Los trabajadores de la NASA decidieron asistir a sus tres héroes nacionales rápidamente. Sin embargo, existía una pequeña posibilidad de desencadenar una invasión de microbios alienígenas mortales en la Tierra.

Otro ejemplo sucedió un par de décadas antes, cuando un grupo de científicos y militares se encontraron ante un punto de inflexión similar.

Mientras esperaban para observar la primera prueba de arma atómica, se dieron cuenta de un resultado potencialmente catastrófico. Existía la posibilidad de que sus experimentos incendiaran accidentalmente la atmósfera y destruyeran toda la vida en el planeta.

En algunos momentos del siglo pasado, unos pocos grupos de personas tuvieron el destino del mundo en sus manos.

Fueron responsables de la posibilidad, pequeña pero real, de causar una catástrofe total. No solo el final de sus propias vidas, sino el final de todo.

¿Cómo se llegó a estas decisiones? ¿Y qué nos dice todo ello sobre nuestra actitud frente a los riesgos y crisis que enfrentamos hoy?

Contaminación

Cuando por primera vez la humanidad hizo planes para enviar sondas y personas al espacio a mediados del siglo XX, surgió el problema de la contaminación.

En primer lugar, existía el miedo a la contaminación “futura, es decir, la posibilidad de que la vida terrestre pudiera perjudicar el cosmos.

Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin Jr. en sus trajes espaciales en 1969.

Getty Images
Una de las teorías que se estudió es que los astronautas podrían haber traído microbios alienígenas a la Tierra.

La nave espacial necesitaba ser esterilizada y cuidadosamente sellada antes del lanzamiento. Si los microbios se infiltraban a bordo, confundiría cualquier intento de detectar vida extraterrestre.

Y si hubiera organismos extraterrestres por ahí, podríamos terminar matándolos inadvertidamente con bacterias o virus terrestres, como el destino de los extraterrestres al final de la novela “La guerra de los mundos” (War of the Worlds).

Estas preocupaciones son tan importantes hoy como en la era de la carrera espacial.

Una segunda preocupación fue la contaminación “posterior”, la idea de que los astronautas, los cohetes o las sondas que regresaban a la Tierra pudieran traer vida que podría resultar catastrófica, ya sea superando a los organismos terrestres o algo mucho peor, como consumir todo nuestro oxígeno.

La contaminación posterior era un temor que la NASA debió tomar en serio durante la planificación de las misiones Apolo a la Luna.

¿Y si los astronautas traían algo peligroso?

En ese momento, la probabilidad no se consideraba alta, pocos pensaban que era probable que la Luna albergara vida, pero aun así, el escenario tenía que estudiarse, porque las consecuencias podrían ser muy graves.

Rescate de lo astronautas en el océano Pacífico en 1969.

Getty Images
Se realizó una operación titánica para el rescate de los astronautas pero había riesgos.

“Tal vez haya un 99% de que el Apolo 11 no traiga organismos lunares”, dijo un científico influyente en ese momento, “pero incluso ese 1% de incertidumbre es demasiado grande para ser complacientes”.

La NASA implementó varias medidas de cuarentena, aunque en algunos casos las cumplió protestando.

Funcionarios del Servicio de Salud Pública de EE.UU. estaban preocupados y pidieron medidas más estrictas de las planeadas inicialmente argumentando que tenían el poder de negar la entrada a los astronautas contaminados en la frontera.

Después de las audiencias en el Congreso, la NASA acordó instalar una costosa instalación de cuarentena en el barco que recogería a los hombres de su amerizaje en el océano Pacífico.

También se acordó que los exploradores lunares pasarían tres semanas aislados antes de poder abrazar a sus familias o estrechar la mano del presidente.

El astronauta Edwin E. Aldrin Jr., piloto del módulo lunar, es fotografiado caminando en la Luna.

NASA
En 1969 hubo temor de que la misión a la Luna trajera a la Tierra material alienígena peligroso.

Sin embargo, hubo una brecha importante en el procedimiento de cuarentena, según el académico de Derecho Jonathan Wiener de la Universidad de Duke, quien escribió sobre el episodio en un artículo sobre percepciones erróneas del riesgo catastrófico.

Cuando los astronautas llegaron al agua, el protocolo original señalaba que debían permanecer dentro de la nave espacial.

Pero la NASA lo pensó mejor después de que surgieran preocupaciones sobre el bienestar de los astronautas en ese momento, esperando de un espacio caluroso y sofocante, azotado por las olas.

Pese al protocolo, se decidió abrir la puerta y rescatar a los hombres en balsa y helicóptero (así lo muestra la primera imagen de este artículo).

Mientras se ponían los trajes de biocontaminación y entraban a las instalaciones de cuarentena en el barco, el aire interior de la cápsula se esparció en el exterior.

Afortunadamente, la misión Apolo 11 no trajo vida extraterrestre mortal a la Tierra. Pero podría haber pasado en ese corto período, como consecuencia de esa decisión de priorizar el bienestar a corto plazo de los hombres.

Aniquilación nuclear

Veinticuatro años antes, los científicos y funcionarios del gobierno de EE.UU. llegaron a otro punto de inflexión que implicaba un riesgo pequeño pero potencialmente desastroso.

Antes de la primera prueba de armas atómicas en 1945, los científicos del Proyecto Manhattan realizaron cálculos que apuntaban a una posibilidad escalofriante.

Foto del físico estadounidense, "padre de la bomba higrógena", Edward Teller, señalando una fórmula en una pizarra. Teller trabajó en el Proyecto Manhattan en Los Alamos, Nuevo México entre 1943 y 1946 que desarrolló la bomba atómica y luego trabajó en el desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Getty Images
En los cálculos de las primeras armas atómicas hubo errores.

En un escenario que plantearon, el calor de la explosión de fisión sería tan grande que hubiera podido desencadenar una fusión descontrolada.

En otras palabras, la prueba podría haber incendiadoaccidentalmente la atmósfera y quemar los océanos, destruyendo la mayor parte de la vida en la Tierra.

Estudios posteriores sugirieron que probablemente eso era imposible, pero hasta el día de la prueba los científicos verificaron una y otra vez su análisis.

Finalmente llegó el día de la prueba Trinity y los funcionarios decidieron seguir adelante.

Cuando el destello fue más largo y brillante de lo esperado, al menos un miembro del equipo pensó que había sucedido lo peor.

Uno de ellos fue el presidente de la Universidad de Harvard, cuyo asombro inicial se convirtió rápidamente en miedo.

“No sólo no tenía confianza en que la bomba funcionara, sino que cuando funcionó él creyó que la habían arruinado con consecuencias desastrosas y que estaba presenciando, como él mismo dijo, ‘el fin del mundo'”, dijo su nieta Jennet Conant al diario The Washington Post después de escribir un libro sobre los científicos del proyecto.

Foto en exhibición en el Museo de Ciencias de Bradbury muestra la primera prueba de bomba atómica el 16 de julio de 1945, a las 5:29:45, en Trinity en Nuevo México, EE.UU.

Getty Images
La primera prueba de armas atómicas marcó el comienzo de una nueva era.

Para el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford, ese momento fue un punto significativo en la historia de la humanidad.

Él menciona la fecha y hora específicas de la prueba Trinity -05:29 del 16 de julio de 1945- como el comienzo de una nueva era para la humanidad, marcada por un cambio radical en nuestras habilidades para destruirnos a nosotros mismos.

“De repente, estábamos liberando tanta energía que estábamos creando temperaturas sin precedentes en toda la historia de la Tierra”, escribe Ord en su libro The Precipice (“El precipicio”).

A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares, de una parte desinteresada, señala, y tampoco hubo evidencia de que se informara a ningún representante electo sobre el riesgo y mucho menos a otros gobiernos.

Los científicos y los líderes militares siguieron adelante por su cuenta.

Ord también destaca que, en 1954, los científicos obtuvieron un cálculo asombrosamente incorrecto en otra prueba nuclear: en lugar de una explosión esperada de 6 megatoneladas, obtuvieron 15.

“De los dos cálculos termonucleares principales realizados ese verano… obtuvieron uno correcto y otro incorrecto. Sería un error concluir que el riesgo subjetivo de incendiar la atmósfera era tan alto como un 50%. Pero ciertamente no era un nivel de confiabilidad en el que arriesgar nuestro futuro“, dijo.

Un mundo vulnerable

Desde nuestra posición informada en el siglo XXI, sería fácil juzgar estas decisiones específicas de su época.

El conocimiento científico sobre la contaminación y la vida en el Sistema Solar es mucho más avanzado hoy y la guerra entre los aliados y los nazis ya pasó.

Réplica a tamaño real de la bomba atómica 'Fat Man' que fue lanzada sobre Nagasaki, Japón el 9 de agosto de 1945, y que se encuentra entre las exhibiciones en el Museo de Ciencias Bradbury en Los Alamos, Nuevo México.

Getty Images
A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares de ua parte desinteresada, señala el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford.

En la actualidad, nadie volvería a correr riesgos así, ¿verdad?

Tristemente, no. Ya sea por accidente o por otro motivo, la posibilidad de una catástrofe es, en cualquier caso, mayor ahora que en ese entonces.

Es cierto que la aniquilación alienígena no es el mayor riesgo al que se enfrenta el mundo.

Si bien puede haber políticas de “protección planetaria” para cuidarnos contra la contaminación extraterrestre es una pregunta válida saber qué tan bien se aplicarán estas regulaciones y procedimientos a las empresas privadas que visitan otros planetas y lunas en el Sistema Solar.

Además de la amenaza de catástrofe extraterrestre, esparcir nuestra presencia por la galaxia puede arriesgarnos a un encuentro potencialmente funesto con extraterrestres, especialmente si son más avanzados. La historia sugiere que fenómenos adversos tienden a suceder a las poblaciones que se encuentran con culturas tecnológicamente más competentes (si no, mira el destino de los pueblos indígenas que se encuentran con los colonos europeos).

Más preocupante aún es la amenaza de las armas nucleares.

Una atmósfera ardiente puede ser imposible, pero un invierno nuclear similar al cambio climático que ayudó a hacer desaparecer a los dinosaurios no lo es.

En la Segunda Guerra Mundial, los arsenales atómicos no eran lo suficientemente abundantes o poderosos para desencadenar este desastre, pero ahora sí lo son.

Ord estima que el riesgo de extinción humana en el siglo XX fue de alrededor de 1 de 100. Pero él cree que ahora es mayor.

Además de los riesgos existenciales naturales que siempre estuvieron ahí, el potencial de una desaparición provocada por el hombre se ha incrementado significativamente en las últimas décadas, argumenta.

"Gadget", la primera bomba atómica explota en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945.

Getty Images
Los especialistas sostienen que el riesgo de extinción humana está cada vez más presente.

Aparte de la amenaza nuclear, ha surgido la perspectiva de una inteligencia artificial desalineada, las emisiones de carbono se han disparado y ahora podemos inmiscuirnos en la biología de los virus para hacerlos mucho más letales.

También nos volvemos más vulnerables debido a la conectividad global, la desinformación y la intransigencia política, como ha demostrado la pandemia de covid-19.

“Con todo lo que sé, pongo el riesgo de este siglo en alrededor de 1 de cada 6, una ruleta rusa“, escribió Toby Ord.

“Si no hacemos las cosas adecuadamente, si seguimos permitiendo que nuestro crecimiento en términos de poder supere al de la sabiduría, deberíamos esperar que el riesgo sea aún mayor el próximo siglo, y así sucesivamente”, añadió.

Otra forma en que los investigadores del riesgo existencial han caracterizado este peligro creciente es pidiendo que te imagines sacando bolas de una urna gigante.

Cada bola representa una nueva tecnología, descubrimiento o invención. La gran mayoría de ellas son blancas o grises.

Una bola blanca representa un buen avance para la humanidad, como el descubrimiento del jabón. Una bola gris representa un logro mixto, como las redes sociales.

Sin embargo, dentro de la urna hay un puñado de bolas negras. Son extremadamente raras, pero elige una y habrás destruido a la humanidad.

Esto se llama la “hipótesis del mundo vulnerable” y destaca el problema de prepararse para eventos muy raros y muy peligrosos en nuestro futuro.

Hasta ahora, no hemos elegido una bola negra, pero es muy probable que sea porque son muy poco comunes y nuestra mano ya ha rozado una o dos cuando la metimos en la urna.

En resumen: tuvimos suerte.

Astronautas del Apolo 11

Getty Images
Los astronautas del Apolo 11 fueron puestos en cuarentena después del aterrizaje, pero hubo una brecha cuando fueron recogidos en el mar.

Hay muchas tecnologías o descubrimientos que podrían acabar siendo bolas negras. Algunos ya los conocemos, pero no los hemos implementado, como las armas nucleares o los virus de bioingeniería.

Otras son incógnitas conocidas, como el aprendizaje automático (machine learning) o la tecnología genómica. Y otras son incógnitas desconocidas: ni siquiera sabemos que son peligrosas, porque aún no fueron concebidas.

La tragedia de lo poco común

¿Por qué no tratamos estos riesgos catastróficos con la gravedad que merecen?

Wiener tiene algunas sugerencias. Él describe la forma en que la gente percibe erróneamente los riesgos catastróficos extremos como “tragedias de lo poco común”.

Probablemente hayas oído hablar de la tragedia de los comunes: describe la forma en que las personas interesadas en sí mismos administran mal un recurso comunal.

Cada uno hace lo mejor para sí mismo, pero todos terminan sufriendo. Es la base del cambio climático, la deforestación o la sobrepesca.

Una tragedia de lo “poco común” es diferente, explica Wiener. En lugar de que las personas administren mal un recurso compartido, aquí la gente está percibiendo mal un riesgo catastrófico poco común.

Sitio d prueba Trinity.

Getty Images
El sitio de la prueba Trinity hoy, bajo una atmósfera que afortunadamente no se incendió.

Él propone tres razones por las que esto sucede:

La primera es la “falta de disponibilidad” de catástrofes raras.

Los acontecimientos recientes y destacados son más fáciles de recordar que los acontecimientos que nunca sucedieron.

El cerebro tiende a construir el futuro con un collage de recuerdos sobre el pasado. Si un riesgo encabeza las noticias (terrorismo, por ejemplo), aumenta la preocupación pública, los políticos actúan, se inventa la tecnología, etc.

Sin embargo, la dificultad especial de prever las tragedias de los infrecuentes es que es imposible aprender de la experiencia. Nunca aparecen en los titulares. Pero una vez que suceden, se acabó el juego.

La segunda razón por la que percibimos mal las catástrofes muy raras es el efecto “adormecedor” de un desastre masivo.

Los psicólogos observan que la preocupación de la gente no crece linealmente con la gravedad de una catástrofe.

O para decirlo más simple, si preguntas a las personas cuánto les importa que mueran todas las personas en la Tierra, no es 7.500 millones de veces más preocupante que si les dijeras que una persona moriría. Tampoco consideran las vidas de las generaciones futuras perdidas.

En grandes cantidades, hay cierta evidencia de que la preocupación de las personas incluso disminuye en relación con sus preocupaciones sobre la tragedia individual.

En un artículo reciente para BBC Future, la periodista Tiffanie Wen cita a la Madre Teresa, quien dijo: “Si miro a la masa, nunca actuaré. Si miro a uno, lo haré”.

Finalmente, Wiener describe un efecto de “subestimación” que fomenta una actitud de no actuar entre quienes toman los riesgos, porque no hay responsabilidad.

Si el mundo se acaba debido a tus decisiones, entonces no puedes ser demandado por negligencia. Las leyes y reglas no tienen poder para disuadir la imprudencia de acabar con las especies.

Foto de la Tierra tomada desde la Luna.

Getty Images

Quizás lo más preocupante es que una tragedia poco común podría suceder por accidente ya sea por arrogancia, estupidez o negligencia.

“En igualdad de condiciones, no mucha gente preferiría destruir el mundo. Incluso las corporaciones sin rostro, los gobiernos entrometidos, los científicos imprudentes y otros agentes de la catástrofe necesitan un mundo en el que lograr sus objetivos de lucro, orden, tenencia u otras canalladas”, escribió una vez el investigador de Inteligencia Artificial Eliezer Yudkowsky.

“Si nuestra extinción avanza lo suficientemente lenta como para permitir un momento de horrorizada comprensión, los autores de la acción probablemente se sorprenderán bastante… si la Tierra es destruida, probablemente será por error”, añadió.

Podemos estar agradecidos de que los trabajadores del proyecto Apolo 11 y los científicos de Manhattan no fueran esos horribles individuos.

Pero en el futuro, alguien llegará a otro punto de inflexión en el que el destino de la especie estará en sus manos. O quizás ya están en este camino, lanzándose hacia el desastre con los ojos cerrados.

Con suerte, por el bien de la humanidad, tomarán la decisión correcta cuando llegue su momento.

Puedes ver aquí el artículo original en inglés


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