Acapulco no consigue recuperarse
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Acapulco no consigue recuperarse

La agresión sexual a un grupo de turistas españolas complica el esfuerzo de Acapulco para restaurar su economía turística, afectada por el fantasma de la violencia.
Por Alberto Nájar *BBC Mundo México
7 de febrero, 2013
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Soldados en Acapulco. //Foto: Cuartoscuro

La madrugada del lunes seis turistas españolas fueron atacadas sexualmente en la cabaña donde descansaban, en playa de Barra Vieja, Acapulco. //Foto: Cuartoscuro

Hace unos días el gobierno de Acapulco festejaba que, en el primer fin de semana largo de este año, la ocupación hotelera en ese destino turístico mexicano fue superior al 90%. Pero la alegría se esfumó pronto.

La madrugada del lunes seis turistas españolas fueron atacadas sexualmente en la cabaña donde descansaban, en la playa de Barra Vieja.

La noticia se destacó en medios de todo el mundo y puso en alerta a las autoridades locales. El incidente, reconocen especialistas, puede echar por tierra los esfuerzos para recuperar la imagen de uno de los principales destinos turísticos del país.

Desde hace varios años Acapulco vive una intensa ola de violencia por la disputa de al menos dos carteles de narcotráfico, que pretenden controlar el mercado local de drogas así como una de las principales rutas de tráfico hacia Estados Unidos, según documentó la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

La batalla, que en ocasiones se libra cerca de las playas y negocios más visitados por los turistas, provocó que varios países como Canadá y España recomendaran a sus ciudadanos extremar precauciones al visitar el puerto.

El gobierno desplegó a cientos de soldados, policías e infantes de Marina para cuidar el puerto, y durante algún tiempo la violencia empezó a disminuir. Pero tras el ataque sexual la situación puede cambiar, reconoció el alcalde Luis Walton.

“No tengo la menor duda que nos va a afectar, tenemos que hacer un trabajo especial pero sí nos va afectar”, dijo a medios locales.

¿Respuesta?

Acapulco se encuentra en el estado de Guerrero, en el sur del país, uno de los principales centros de producción de marihuana y goma para producir heroína, según la SSP.

Una característica de la que el puerto se mantuvo ajeno durante décadas, hasta que a partir de 2008 se convirtió en una trinchera más de la guerra contra el narcotráfico.

Vale la pena precisar que hasta el momento no se ha asociado el caso de las turistas españolas con la violencia del narcotráfico.

A los problemas de Acapulco se sumaron la crisis financiera internacional y la pandemia de AH1N1 en 2009. El resultado fue una drástica caída en el flujo de visitantes.

De hecho en 2011 el número de turistas bajó a la mitad del promedio normal debido a la percepción de inseguridad, según reconocieron autoridades.

El mercado empezó a recuperarse en los meses siguientes, pero ahora los especialistas creen que la tendencia puede revertirse y afectar no sólo al puerto sino al resto del país.

“Sin duda la imagen del destino registrará daños importantes, los cuales también repercutirán en la imagen de la marca México”, señala el consultor Gabriel Cabello Martínez, en un artículo publicado en el diario El Universal.

Y advierte: “Al día de hoy no se ha visto respuesta alguna y en la oportunidad y la rapidez de la respuesta está el que no se forme una imagen negativa que quede grabada en la mente de los consumidores potenciales”.

“Indicios firmes”

Hasta ahora se desconoce el impacto de la agresión sexual en la percepción de los visitantes extranjeros, pero algunos funcionarios reconocieron que el daño puede ser importante.

Y es que el ataque ocurrió días después que en la Feria Internacional de Turismo realizada en Madrid, España, la delegación oficial de México afirmó que los balnearios y otros destinos turísticos están exentos de la violencia.

Sucede, además, a unas semanas de que en Acapulco se realice uno de los principales eventos deportivos del país, el torneo Abierto Mexicano de tenis donde está programada la asistencia de los jugadores españoles Rafael Nadal y David Ferrer.

El ataque echa por la borda los esfuerzos realizados hasta el momento para atraer visitantes, dijo el secretario de Turismo de Quintana Roo, José Carlos González, a medios locales. “Da al traste con todo eso”, reconoció.

Mientras, las autoridades intentan contener el eventual daño en su imagen. El gobierno de Guerrero aseguró en un comunicado que el ataque “no quedará impune”, mientras la procuradora (fiscal) Martha Elva Garzón, aseguró que existen “indicios firmes” para capturar a los agresores.

Por el momento ni las autoridades ni las asociaciones de hoteleros han registrado alguna cancelación de habitaciones en el destino turístico por el ataque.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

Getty Images
La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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