Amenazan a la Tierra 433 asteroides
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Amenazan a la Tierra 433 asteroides

Según la tabla de monitoreo de riesgos hay 41 meteoritos que pasarán muy cerca de la Tierra esta década, aunque, aclara la NASA, las probabilidades de que impacten son prácticamente nulas.
Por Paris Martínez
19 de febrero, 2013
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Si bien la reciente caída de un meteoroide de 17 metros en Rusia se trató de un hecho excepcional, lo fue más por la espectacularidad captada en video –en imágenes que se difundieron rápidamente en todo el mundo–, que por la rareza del evento, ya que tan sólo en 2013 se tiene previsto que otros 11 objetos celestes pasen tan cerca de la Tierra que, de hecho, están incluidos en la “Evaluación y predicciones sobre el impacto de asteroides o cometas para el siglo XXI”, elaborada por la NASA.

A partir las observaciones realizadas desde 1991 por el Programa de Objetos Cercanos a la Tierra, el organismo estadounidense ha elaborado la Tabla de Monitoreo de Riesgos de Impacto, la cual incluye un total de 433 asteroides cuya trayectoria los pone en “riesgo de colisión” con la superficie del planeta –a 41 de ellos se les espera de aquí a 2020–, aunque, aclara la NASA, las probabilidades de que impacten son prácticamente nulas.

A continuación, te presentamos algunos datos sobre estos objetos celestes cuyo cercano andar es vigilado, puntualmente, por los astrónomos de la Tierra.

Si quieres saber cuál es la diferencia entre un asteroide, meteoroide, meteoro, etc, te compartimos este #ClickNecesario.

La cita más próxima

De los 433 objetos celestes incluidos en la Tabla de Riesgos de Impacto, el más próximo al planeta es el asteroide bautizado como “2008 EM68“, con un diámetro de 10 metros, y que pasará por el sistema Tierra-Luna el próximo 11 de marzo, a una velocidad de 75 mil 600 kilómetros por hora.

Este asteroide fue descubierto el 8 de marzo de 2008 y durante los próximos cien años se calcula que en 566 ocasiones se hallará en situación de “impacto potencial” con la Tierra, aunque en un rango sumamente bajo.

Para el próximo mes se espera, además, la visita de uno de los 12 objetos más grandes que se acercarán al planeta en lo que resta de este decenio, el asteroide 2008 UV99, cuyo diámetro es de 400 metros y que pasará junto a la Tierra el próximo 31 de marzo.

Para 2013 se espera que otros nueve asteroides –con diámetros que oscilan entre seis y 340 metros– pasen a tiro de piedra del planeta, en los días 8 de mayo, 8 de agosto, 2 de octubre, 12, 17 y 29 de noviembre, así como 11, 13 y 17 de diciembre.

Aquí un video del cometa ISON, que ingresó al Sistema Solar este año y que pudo ser grabado por el satélite Deep Impact los días 17 y 18 de enero. Fuente: NASA

Semáforo apocalíptico

En 1995, el profesor Richard P. Binzel creó en el Instituto de Massachusetts la Escala de Turín, cuyo objetivo es medir los riesgos de un impacto contra la Tierra, a través de una fórmula de fácil entendimiento.

La escala estratifica los riesgos en niveles que van de 0 (riesgo nulo) a 10 (“certeza de impacto con catástrofe climática global y amenaza a la civilización, tal como la conocemos”), y se subdivide en colores preventivos, a la manera de semáforo: blanco, verde, amarillo, naranja y rojo, según la amenaza de aproximación.

Cabe destacar que de los 433 objetos que rondan peligrosamente la Tierra, todos, salvo uno, se encuentran en la Zona Blanca, es decir, son asteroides cuya órbita se monta sobre la del planeta, pero con una posibilidad de colisionar es inexistente o tan baja que puede considerarse el riesgo como nulo; o bien se trata de objetos pequeños que se quemarán al ingresar a la atmósfera terrestre (como ocurrió con el asteroide que cayó el 15 de febrero en Rusia).

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En verde la órbita de la Tierra, en rojo la órbita de un objeto con potencial de colisión. Fuente: NASA.

El único objeto celeste que no está considerado dentro de la Zona Blanca es el asteroide 2007 VK184, de 130 metros de diámetro (es decir, nueve veces más grande que el de Rusia, que al ingresar a la atmósfera explotó en el cielo con la fuerza de una bomba atómica) y que se halla en la Zona Verde de la Escala de Turín, es decir, su aproximación se considera en el rango de lo “normal”, y el riesgo de colisión es tan bajo que no amerita atención gubernamental.

El 2007 VK184 rozará la Tierra hasta el 3 de junio del año 2048 y repetirá en 2053, 2055 y 2057.

Montañas al vuelo

Según las observaciones de la NASA, de los 41 objetos que se aproximarán peligrosamente a la Tierra en lo que resta de este decenio, 12 de ellos son, literalmente, enormes.

El más grande de ellos es el asteroide 2004-BX159, cuya circunferencia es de 1.2 kilómetros (700 veces más grande que el de Rusia), y que el próximo 1 de septiembre de 2014 se acercará al planeta a una velocidad de 65 mil 300 kilómetros por hora.

Aquí un video del meteorito del 15 de febrero, en Rusia:

 

El próximo año también se espera el rozón de un asteroide de 141 metros, y otro de 160 metros, ambos en enero.

En 2015, hará su aparición el asteroide 2006-CD, con 211 metros; mientras que en 2016 harán lo propio dos objetos celestes, uno de 110 metros y otro de 574 metros de diámetro.

Para 2017 se prevé la aproximación de otro objeto de 101 metros de diámetro, mientras que para 2018 se espera otro de 250 metros.

Por último, en el año 2020 se espera a los dos últimos gigantes de la década, un asteroide de 679 metros y otro de 894.

Estos son, sin embargo, casos de excepción, ya que de los 433 objetos de la Tabla de Riesgo de Impacto, 344 tienen un diámetro menor a 50 metros, tan pequeños que la fricción con la atmósfera los desitegraría en caso de colisionar.

Tragedias estadísticas

Además de las inocuas zonas Blanca y Verde de la Escala de Turín, ésta prevé otros tres niveles de riesgo –las zonas Amarilla, Naranja y Roja–, en donde se ubicarían (de ser identificados) los asteroides y cometas que, con toda certeza, golpeen la Tierra.

En la Zona Amarilla, por ejemplo, se coloca a los objetos con movimiento irregular, aunque no necesariamente con una órbita de aproximación inusual a la del planeta. Éste es el caso del asteroide Toutatis, cuya rara rotación hacía temer –a los fascinados por la posibilidad teórica– que en diciembre de 2012 cayera contra la superficie de la Tierra.

Video del asteroide Toutatis:


En la Zona Amarilla cae, también, cualquier objeto con 1% de probabilidad de golpear al planeta, con posibilidades de causar destrucción “local” o “regional”. Según la NASA.

Mientras tanto, a la Zona Naranja pertenecen aquellos asteroides o cometas con un riesgo “serio” de colisión y con potencial para provocar devastación regional, caso en el cual sólo podrían emprenderse acciones de contingencia efectivas si el objeto es descubierto al menos una década antes del impacto con la Tierra.

En esta zona se ubican también los objetos “grandes” que apuntan al planeta, pero de los que no se sabe si pueden causar una “catástrofe global” y, para garantizar una acción efectiva de de contingencia, estos objetos deben ser descubiertos al menos 30 años antes de que choquen contra el planeta.

Por último, en la Zona Roja la Escala de Turín reserva espacio para aquellos objetos sobre los que se tiene absoluta certeza de que golpearán la Tierra, y también de que generarán destrucción a nivel local, regional o global.

Según las estimaciones de la NASA, un asteroide con poder suficiente para causar devastación “local” cae en la Tierra cada 50 años, mientras que uno con capacidad de destrucción “regional” hace su aparición cada 10 mil años.

Además, objetos que al caer puedan provocar un tsunami por impactar una zona costera se registran uno cada mil años, mientras que cada 100 mil años cae en el océano un asteroide con capacidad de causar un gran tsunami.

Obviamente, en la Zona Roja entrarían los objetos que, de golpear la Tierra, provocarían “una catástrofe climática global y amenazarían el futuro de la civilización tal como la conocemos, sin importar si impactan en suelo firme o en el océano”. Este tipo de eventos ocurren uno cada cien mil año… y a veces menos.

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Qué tan rápido dejamos de estar en forma cuando abandonamos el ejercicio

Tener un buen estado físico puede tomar meses de trabajo duro y los logros se pueden desvanecer si dejas de hacer ejercicio. Aunque puede que, cuando quieras retomarlo, no te toque comenzar desde cero.
18 de junio, 2021
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Ponerse físicamente en forma no es fácil. Y después de todo ese trabajo que hacemos con nuestro cuerpo, ¿por cuánto tiempo podemos mantener el buen estado?

Resulta que, incluso con el gran esfuerzo que dedicamos al entrenamiento, tomarse un tiempo de descanso puede significar perder la forma mucho más rápido de lo que tardamos en adquirirla.

Para comprender cómo podemos tan fácilmente perder lo ganado, antes necesitamos entender cómo logramos “estar en forma”.

La clave para conseguir un buen estado físico o mejorarlo —ya sea porque aumentamos nuestra capacidad cardiaca o nuestra fuerza muscular— es sobrepasar la “carga habitual”.

Esto significa hacer más de lo que nuestro cuerpo está acostumbrado.

El esfuerzo que esto implica hace que el cuerpo se adapte a la exigencia y mejore su tolerancia, lo que finalmente conduce a alcanzar un nivel de resistencia física más alto.

Ahora, el tiempo que nos lleva ponernos en forma depende de varios factores, entre los que se cuentan nuestro nivel de resistencia, la edad, el esfuerzo que hacemos en cada sesión de entrenamiento e incluso el lugar donde entrenamos (la contaminación y el calor pueden afectar la respuesta fisiológica al ejercicio).

Pero algunos estudios indican que incluso seis sesiones de entrenamiento a intervalos pueden aumentar el consumo máximo de oxígeno (V02 máx.), una medida de la condición física general, y mejorar la eficacia de nuestro cuerpo para abastecerse de combustible utilizando el azúcar almacenado en nuestras células durante el ejercicio.

Cpooredora

Getty Images
Si dejan de hacer ejercicio, los corredores comienzan a perder su aptitud cardíaca en unas pocas semanas.

En el caso del entrenamiento de fuerza, se puede observar un aumento de la fuerza muscular en tan solo dos semanas, pero los cambios en el tamaño de los músculos no se verán hasta las 8 o 12 semanas.

Capacidad cardiovascular

Cuando dejamos de entrenar, la rapidez con la que perdemos la forma física también depende de muchos factores, incluido el tipo de forma física de la que hablamos (como la fuerza o la condición cardiovascular).

Como ejemplo, consideremos a un corredor de maratón, que está en plena forma atlética y puede correr un maratón en dos horas y 30 minutos.

Esta persona seguramente entrena cinco o seis días a la semana y recorre un total de 90km.

Además, ha pasado los últimos 15 años de su vida entrenando para llegar a este nivel.

Ahora digamos que este corredor deja de entrenar de un día para otro. Debido a que el cuerpo ya no tiene esa exigencia casi todos los días, el maratonista va a comenzar a perder la forma física en pocas semanas.

La aptitud cardiorrespiratoria, indicada por el factor VO2 máx. (la máxima cantidad de oxígeno que una persona puede usar durante el ejercicio), comenzará a disminuir en alrededor de un 10% en las primeras cuatro semanas después del último entrenamiento.

Esta tasa va a continuar disminuyendo, pero más lentamente durante largos periodos.

Hombre levantando pesas.

Getty Images
12 semanas sin entrenamiento provocan una disminución significativa en la cantidad de peso se que puede levantar.

Aunque los atletas de alto rendimiento (como, por ejemplo, un maratonista) ven un rápido declive en su factor VO2 máx. en las primeras cuatro semanas, esta pérdida luego se detiene y logran mantener un VO2 máx. por encima del promedio.

Sin embargo, para quienes no son atletas de alto rendimiento y dejan de hacer ejercicio, en menos de ocho semanas el VO2 máx. caerá bruscamente a los niveles en que estaban antes del entrenamiento.

La razón por la que este factor se reduce está relacionada con la merma en los volúmenes de sangre y plasma de casi un 12% en las primeras cuatro semanas después de que la persona deja de entrenarse.

Y los volúmenes de sangre y plasma caerán debido a la falta de exigencia sobre nuestro corazón y músculos.

El volumen de plasma incluso podría disminuir cerca de un 5% en las primeras 48 horas después de dejar de hacer ejercicio.

El efecto de la disminución del volumen de sangre y plasma es que habrá menos sangre bombeada por todo el cuerpo con cada impulso del corazón.

Grafico de varios hombres corriendo

Getty Images
Para una persona que no es un atleta de alto rendimiento y deja de paracticar algún tipo de ejercicio, el VO2 max caerá bruscamente a niveles de preentrenamiento en menos de ocho semanas.

El efecto de la disminución del volumen sanguíneo y plasmático hace que se bombee menos sangre por el cuerpo en cada latido del corazón. Pero estos niveles solo descienden al punto de partida, lo que significa que no empeoramos.

Por supuesto, la mayoría de nosotros no somos maratonistas, pero tampoco somos inmunes a estos efectos.

En el momento en que dejemos de ejercitarnos, el cuerpo comenzará a perder esas adaptaciones cardiovasculares a un ritmo muy similar al de los atletas de alta competencia.

Entrenamiento de fuerza

En cuanto a la fuerza, las pruebas demuestran que, en la persona promedio, 12 semanas sin entrenar provocan una disminución significativa de la cantidad de peso que podemos levantar.

La buena noticia es que la investigación muestra que se logra mantener algo de la fuerza que se había ganado antes de dejar de entrenar.

Lo que llama la atención es que, a pesar de la disminución significativa en la fuerza, solo hay una reducción mínima en el tamaño de las fibras musculares.

La razón por la que perdemos fuerza muscular tiene que ver, en gran medida, con el hecho de que ya no estamos sometiendo nuestros músculos a una presión.

Por lo tanto, cuando ya no estamos trabajando nuestros músculos con fuerza, estos se vuelven «perezosos», lo que hace que el número de nuestras fibras musculares disminuya, y que se empleen menos músculos durante una actividad.

Esto, en última instancia, hace que seamos menos capaces de levantar el peso que solíamos levantar.

HOmbre haciendo abdominales

Getty Images
Perdemos fuerza porque ya no estamos poniendo nuestros músculos bajo presión.

La cantidad de fibras musculares utilizadas durante el ejercicio disminuye en alrededor de un 13% después de solo dos semanas sin entrenamiento, aunque esto no conlleva una pérdida de fuerza muscular.

Esto implica que las pérdidas observadas durante los períodos más largos sin entrenamiento son una combinación de esta disminución inicial en la cantidad de fibras musculares que usamos, pero también de la disminución más lenta de la masa muscular.

El aficionado al gimnasio promedio que levanta pesas experimentará una disminución en el tamaño de sus músculos y, con el tiempo, le resultará más difícil levantar cargas pesadas, ya que tienen menos fibras musculares ejercitadas.

Por lo tanto, incluso después de todo ese esfuerzo que hacemos para ponernos en forma, comenzamos a perder estado cardiovascular y fuerza dentro de las 48 horas posteriores a la interrupción del ejercicio.

Pero no comenzamos a sentir estos efectos hasta después de dos o tres semanas en el aspecto cardiovascular, y en el muscular hasta entre seis y 10 semanas.

La tasa de “desentrenamiento” es similar para hombres y mujeres, e incluso para atletas de mayor edad.

Pero cuanto más en forma estés, más lentamente perderás lo que has ganado.

*Dan Gordon es profesor asociado de fisiología dela Universidad Anglia Ruskin. Justin Roberts es profesor asociado de salud y nutrición física en la misma universidad.


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