El último bastión de Sendero Luminoso
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El último bastión de Sendero Luminoso

Los Quispe Palomino resisten a caballo entre el narcotráfico y la política 20 años después de la caída de Abimael Guzmán, el fundador del grupo terrorista, y 12 del fin de una guerra civil que dejó 69 mil muertos. Perú se mantiene expectante ante la posibilidad de que los senderistas se extiendan y se conviertan de nuevo en una amenaza que en su momento tuvo en vilo al país
Por José Luis Pardo
17 de marzo, 2013
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Sendero Luminoso. Foto: Blogs Perú

Sendero Luminoso. Foto: Blogs Perú

La pista de tierra que une Cuzco, el centro turístico del Perú,  con el VRAE (Valle de los Ríos Apurimac y Ene), recorre un tramo cargado de recuerdos de violencia. Entre las cascadas y los exuberantes cerros de esta ceja selvática, campesinos blandiendo rudimentarias armas combatieron a Sendero Luminoso después de que en 1980 estallara el conflicto armado interno.  Al final de unos años  marcados por el derramamiento de sangre -69.000 muertos, sobre todo indígenas y pobres-, esos grupos de autodefensa, con el apoyo de los militares, lograron acabar con los terroristas. Pero el tiempo, según auguró el fundador de los senderistas, Abimael Guzmán, es cíclico. “Esto es solo un recodo de la historia”, pronunció con su habitual grandilocuencia el 12 de septiembre de 1992, cuando fue detenido. Hoy, entre esa misma vegetación, en la principal zona de producción del principal productor de cocaína del mundo, combaten los Quispe Palomino, el último bastión de Sendero.

Cuando en 1999, un año antes del final de la guerra civil, cayó preso Feliciano, el líder del Comando de Ayacucho, Víctor Quispe Palomino asumió la dirección y junto con sus hermanos Raúl y Gabriel, también veteranos de la lucha armada, rehicieron la maltrecha organización regional para llegar a ser el último grupo senderista que resiste hasta nuestros días. “Tienen en común con el Sendero de los 80 la lucha armada, la guerra de guerrillas y la autodefinición como maoístas; pero repudian a Abimael Guzmán y a Feliciano, se niegan a atacar a civiles y hacen énfasis en mejorar la calidad del armamento. Son menos dogmáticos y más pragmáticos”, analiza Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros y autor de Sendero: Historia de la guerra milenaria en el Perú, el libro que mejor ha retratado el fenómeno senderista.

Las diferencias con la época de la violencia también son visibles entre la población. Los limeños hablan de aquellos años como un terrible recuerdo en el que las calles se vaciaban en las noches y el temor a las bombas paralizaba en ocasiones la ciudad. Incluso los habitantes del VRAE, como Julián Pérez, antiguo secretario general de los cultivadores de coca, el motor económico de la región, tienen claro que este nuevo conflicto es entre autoridades y terroristas. “Ya los echamos una vez. Sendero ya ha aprendido la lección. Con nosotros no se meten”, asegura resumiendo el sentir general de sus vecinos. Antes llegaban a las comunidades para reclutar o asesinar; ahora pagan por una comida y se van.

Derribos de helicópteros, secuestros y extorsiones a empresas energéticas, y algún asesinato de policías y militares, sin embargo, ha puesto el foco de las autoridades sobre los últimos 300 senderistas. En el cuartel general del Ejército en Pichari, una de las ciudades más importantes del VRAE, los soldados se entretienen jugando a la baraja: en las cartas se ven las fotografías de los senderistas y el valor de la recompensa ofrecida por su captura. “Dentro de estos muros estamos en guerra”, comenta el oficial a cargo de la prensa.

A pesar de su reducido número, SL-VRAE ha comenzado a expandirse. Fracasaron en su intento de copar sierras cercanas, pero se han asentado en Camisea, el centro energético de Perú. “El riesgo es que Sendero se haga fuerte en la frontera con Brasil y Bolivia y se conchaben con organizaciones criminales brasileñas, en zonas de espesa selva, sin presencia del Estado”, analiza Ricardo Soberón, ex zar antidrogas del Perú. Los senderistas, según los dos expertos, se dedican a garantizar la seguridad de las rutas de la cocaína a cambio de sustanciosas ganancias. Sin embargo, las dos fuentes también coinciden en que es un error etiquetar a los Quispe Palomino como narcoterroristas. “Los policías y los militares piensan que por estar en connivencia con el narcotráfico ya no son un proyecto político. Eso es falso. Esto es una guerra con un claro componente político y el presidente –Ollanta Humala- solo confía en los militares”, explica Soberón.

Paralelamente a la guerra de guerrillas que se vive en el VRAE, por el país se ha extendido el Movadef, un grupo civil bajo el manto de Abimael Guzmán, quien lejos de caer en la desidia en su celda de una base naval, asegura una fuente que lo ha visitado varias veces, continúa discurseando y hablando una y otra vez sobre las soluciones para el país. “El Movadef sigue el discurso de Guzmán, que postula el fin del conflicto, que ha depuesto las armas hace tiempo y que busca la amnistía general a través de, en sus palabras, ‘la solución de los problemas de la guerra’”, asegura Gorriti.

Veinte años después de la captura de su líder y doce después de la resolución del conflicto, Sendero, y todo el movimiento maoísta que lo rodea, vuelve a ser noticia en los periódicos de Lima. Y hasta el momento, parece que el Estado no ha encontrado la manera correcta de combatir el último bastión terrorista. “Se van a aumentar las áreas de erradicación. Sendero va a encontrar un combustible perfecto poder seguir incendiando la pradera. Las alianzas del narcotráfico y Sendero van a continuar con la posibilidad de que se articulen con la minería ilegal del Coro. Es decir, un panorama inemanejable para un Estado como el peruano que se asienta en Lima y en toda la costa, pero que en la selva y en la sierra brilla por su ausencia”, augura Soberón.

Para Pérez, quien muestra sus dos hectáreas de coca, la población tomará medidas si el Estado no responde. “Si vuelven a meterse con nosotros, los volveremos a echar”.

Mientras tanto, en los dos extremos de la carretera, el bullicio de Cuzco, lleno de turistas y fiesta nocturna, contrasta con el silencio del VRAE. El Ejército ha impuesto un toque de queda a partir de las diez de la noche. Los vecinos aseguran que a esas horas solo circulan narcotraficantes y que, de vez en cuando, se pueden escuchar ráfagas de disparos. Son las autoridades luchando contra el último bastión de Sendero Luminoso

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La carta en la que Pancho Villa le propuso a Zapata invadir EU (y que nunca llegó a su destino)

En una carta que intercambiaron dos de los líderes más icónicos de la Revolución Mexicana desvela que Villa le propuso a Zapata atacar territorio estadounidense. Esto decía la misiva.
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19 de noviembre, 2020
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¿Qué habría ocurrido si los mexicanos Pancho Villa y Emiliano Zapata hubieran unido fuerzas para invadir Estados Unidos?

La idea quedó plasmada en papel. Así se lee en una de las al menos 30 cartas que intercambiaron dos de los líderes más icónicos de la Revolución Mexicana, de cuyo inicio se cumplen 110 años este 20 de noviembre.

El largo conflicto armado (1910-1917) que inició como una lucha contra la perpetuación en el poder del general Porfirio Díaz, dejó más de un millón de muertos en el país.

Villa, alegando que Estados Unidos estaba respaldando al gobierno constitucionalista mexicano durante el conflicto, intentó lograr el apoyo de Zapata para trasladar la lucha al otro lado de la frontera escribiéndole una carta:

El enemigo común para México es actualmente los Estados Unidos y la integridad e independencia de nuestro país está a punto de perderse si antes todos los mexicanos honrados no nos unimos y con las armas en la mano impedimos que la venta de la Patria sea un hecho.

La misiva, sin embargo, nunca llegó a las manos del Caudillo del Sur.

Carranza y EU

8 de enero de 1916. México se desangra mientras aumentan las diferencias entre las diferentes facciones revolucionarias que un día se unieron contra el porfiriato.

Año y medio antes, Venustiano Carranza había logrado unir a los principales líderes revolucionarios para conseguir que el presidente golpista Victoriano Huerta dejara el poder.

Venustiano Carranza

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Venustiano Carranza resultó ser el líder revolucionario triunfador tras la salida de Huerta y tuvo el gobierno bajo su mando hasta 1920.

Sin embargo, pronto discrepó con las reivindicaciones de Villa y Zapata. Fue entonces cuando comenzó una “guerra de guerrillas” entre grupos y la etapa más cruenta de la Revolución Mexicana.

Es en este contexto que Villa le escribió la carta a Zapata en la que mostraba su enojo por haber sido derrotado cuando intentaba invadir el estado de Sonora desde Chihuahua “porque el enemigo contó con el apoyo indebido y descarado del gobierno americano”.

Además, aseguraba que Carranza pretendía firmar un acuerdo de colaboración con Washington que, según el revolucionario, ponía en riesgo la soberanía de México.

Con las dos invasiones estadounidenses al país aún recientes (en 1914 y 1847, en la que México perdió la mitad de su territorio), el Centauro del Norte consideró en su carta a Zapata que una invasión conjunta era la mejor manera de frenar el avance del “enemigo”.


(…) encontrándonos a inmediaciones de Agua Prieta y en vísperas de atacarla, llegó el enemigo por territorio americano y en trenes, un refuerzo de cinco mil carrancistas que el Gobierno de los Estados Unidos permitió pasar.

¿Puede registrarse mayor acto de ofensa para el pueblo mexicano y ataque a su Soberanía Nacional?

(…) ya ha de conocer Ud. los tratados que Carranza celebró con el Gobierno de Washington.

(…) decidimos no quemar un cartucho más con los mexicanos nuestros hermanos y prepararnos y organizarnos debidamente para atacar a los americanos en sus propias madrigueras y hacerles saber que México es tierra de libres y tumba de tronos, coronas y traidores.

Pancho Villa

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Villa expuso en su carta a Zapata la necesidad de atacar EE.UU. para “hacerles saber que México es tierra de libres”.

Con objeto de poner al pueblo al tanto de la situación y para organizar y reclutar el mayor número posible de gente con el fin indicado, he dividido mi Ejército en guerrillas y cada Jefe recorrerá las distintas regiones del país que estime convenientes, mientras se cumple el término de seis meses, que es el señalado para reunirnos todos en el Estado de Chihuahua con la fuerzas que se haya logrado reclutar y hacer el movimiento que habrá de acarrear la unión de todos los mexicanos.

Como Ud. es mexicano honrado y patriota, ejemplo y orgullo de nuestro suelo, y corre por sus venas sangre india como la nuestra, estoy seguro que jamás permitirá que nuestro suelo sea vendido y también se aprestará a la defensa de la Patria.

Como el movimiento que nosotros tenemos que hacer a los Estados Unidos, solo se puede llevar a cabo por el Norte, en vista de no tener barcos, le suplico que me diga si está de acuerdo en venirse para acá con todas sus tropas y en qué fecha, para tener el gusto de ir personalmente a encontrarlo y juntos emprender la obra de reconstrucción y engrandecimiento de México, desafiando y castigando a nuestro eterno enemigo, al que siempre ha de estar fomentando los odios y provocando dificultades y rencillas entre nuestra raza.


¿Cómo apareció la carta?

Sin embargo, todo parece indicar que esta propuesta nunca llegó a ser leída por Zapata.

Dos meses después de ser escrita, la carta fue encontrada entre las ropas de uno de los mexicanos muertos en el ataque liderado por Villa a Columbus, en Nuevo México.

El revolucionario, quien es considerado por esto como el único latinoamericano que ha encabezado una invasión a EU, acabó por lo tanto cumpliendo su plan en solitario y a la espera de recibir una respuesta de Zapata a su invitación que nunca llegó.

El historiador Armando Ruiz Aguilar, autor del libro “Nosotros los hombres ignorantes que hacemos la guerra” que compila la correspondencia entre ambos insurgentes, reconoce la “incógnita” en torno al hecho de que el documento se encontrara en ese lugar y dos meses después de ser escrito.

“No se sabe si al villista muerto lo descubrieron realmente ahí, como herido en la batalla (de Columbus); o si ya lo habían localizado anteriormente y hubo una refriega antes de que lo mataran”, le dice a BBC Mundo.

“Algunas informaciones apuntan a que (el mensajero) podría ni haber salido nunca de Chihuahua”, dice.

Emiliano Zapata

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Emiliano Zapata nunca recibió la carta en la que Villa le proponía invadir EU.

Varios expertos creen que la carta podría haber sido “sembrada” de algún modo por EU como parte de una estrategia o incluso cuestionan su veracidad, basados por ejemplo en el hecho de que la caligrafía no se corresponde con la de Villa.

Ruiz Aguilar, sin embargo, defiende su importancia histórica y resta importancia a este detalle, al recordar que en aquella época “las personas con liderazgo dictaban las cartas a otras personas”.

Tras su hallazgo, la carta se envió a EU, donde no se redescubrió y salió a la luz pública solo hasta 1975. Actualmente, se conserva en los Archivos Generales de Washington.

¿Y si Zapata la hubiera leído?

Preguntado sobre qué habría ocurrido si Zapata hubiera recibido la misiva, el historiador cree que probablemente no habría aceptado la propuesta de invadir territorio estadounidense.

“Era muy, muy riesgoso y Zapata tendría que estar vigilando a la vez su frente de acción, que estaba en el centro del país. Además el desplazamiento hacia el norte habría sido muy caro”, opina.

Carta de Villa a Zapata

Armando Ruiz Aguilar
La carta no fue escrita por Villa de su puño y letra.

Para Ruiz Aguilar, una de las conclusiones más interesantes de haber estudiado esta y otras decenas de cartas enviadas entre ambos líderes es poder conocer de manera mucho más personal e íntima el tipo de relación que mantenían.

“Ellos nunca fueron compadres, de hecho no se conocieron hasta 1914 en Ciudad de México. Las primeras cartas son muy cortas, diplomáticas y con muchos saludos, pero sus textos son después más cálidos y se aprecia cómo se va afianzando una amistad”, destaca.

De su lectura se extrae, dice el experto, que son dos hombres que aman a México, que saben que tienen diferencias pero que se unen en su objetivo de acabar con el carrancismo.

“Sus cartas dejan claro que tras su lucha había una visión que iba más allá. Muestran sus verdaderos ideales, que tenían una opinión política y un proyecto de nación”, concluye.


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