"Lo que necesitamos es que la educación sea realmente práctica"
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"Lo que necesitamos es que la educación sea realmente práctica"

En opinión de Natalia M. Vital si cada conocimiento (teórico) fuese acompañado de alguna práctica, para que el estudiante vea que eso que le enseñan realmente funciona en la vida cotidiana, "estaríamos sumergidos en un ambiente menos caótico".
Por Natalia M. Vital
15 de marzo, 2013
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Por: Natalia M. Vital

El eterno discurso mediocre nos dice que los mexicanos somos agachados cuando se trata de exigir, somos flojos, dejamos todo al “ahí se va” y el discurso festivo nos dice que somos unos cabrones, unos chingones y unos fregones… Como sea, ¿en la escuela nos ayudaron a la formación de una conciencia analítica y crítica? ¿nos dijeron en qué fuentes podemos adquirir información confiable? ¿en dónde y desde dónde exigir el cumplimiento de nuestros derechos? más simple, ¿sabemos, como estudiantes, cuáles son nuestros derechos más allá del artículo 3°? No es obra del espíritu santo que no nos integremos a los movimientos sociales.

Me parece indiscutible que la educación teórica es básica en el aprendizaje, sin embargo, si cada conocimiento (teórico) fuese acompañado de alguna práctica para que el estudiante vea que eso que le enseñan realmente funciona o sucede en la vida cotidiana o no tan cotidiana, estaríamos sumergidos en un ambiente menos caótico o disfuncional.

Haré referencia al sistema de educación en el nivel medio superior, donde se sabe, y no por chismes, que los maestros tienen su casete grabado con la clase que imparten. No quiero que se piense que son anticuados, también estoy segura, hay quienes lo grabaron en algún CD sin importar el tamaño u otros más contemporáneos, en formato MP3.

Como sea la cosa, en general es deplorable, siempre es notorio cuando algún maestro destaca para bien, los alumnos van con gusto y basta preguntarles “¿por qué les gusta esa clase?” para que respondan, palabras más, palabras menos, que “hacen más cosas”…

Qué es preferible: una clase de botánica, que ni es botánica, es biología, de dos horas, en donde únicamente te enseñen el diagrama de una planta bañada por el sol, en donde se crea algo que se llama fotosíntesis (que sabe dios pa’ que sirve); o una clase de botánica (de dos horas) en la que te digan de dónde es originaria la planta, para qué sirve, como la han utilizado, entrar en matemáticas y relaciones públicas al hablar de mercado…

El asunto es mantener el TODO del discente en el mismo escenario, de esta forma incluso evitamos que mientras se supone está escuchando al docente, se dedique a teclear en determinado artilugio una oración que para nada se relaciona con la clase.

Debemos permitir que manipulen el conocimiento, que se lo apropien, para que así se sientan parte de lo que los rodea, de su contexto y siendo así actores de su tiempo, sin problema puedan ir improvisando de forma analítica su papel en los asuntos de interés social.

Pero esta es mi humilde opinión.

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5 avances médicos descubiertos por accidente (incluido uno sobre la dosis de la vacuna de coronavirus)

La ciencia médica puede ser metódica y sistemática, pero algunos de los mayores descubrimientos se han logrado por casualidad.
EPA
29 de noviembre, 2020
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Se podría suponer que todos los grandes descubrimientos médicos son el resultado de una acción deliberada por parte de los científicos.

Pero estarías equivocado. Muchos grandes descubrimientos son el resultado de accidentes, errores y azar.

Aquí hay cinco de los mejores, comenzando con el más reciente.

1. Dosis de la vacuna de Oxford

Si la vacuna Oxford-AstraZeneca se hubiera administrado en la dosis especificada, la efectividad de la vacuna para detener el covid-19 habría sido un ligeramente decepcionante 62%. (Y digo “ligeramente decepcionante” con cautela porque es un buen resultado, pero al lado del 95% de eficacia de Pfizer y Moderna, no se ve tan brillante).

En Brasil y Sudáfrica, la vacuna de Oxford se administró a la dosis inicial correcta y la segunda dosis un mes después.

Pero en Reino Unido, a los participantes del ensayo se les administró incorrectamente media dosis en la primera ronda y una dosis completa más tarde.

Y, casualmente, esto resultó en un 90% de eficacia.

No solo eso, sino que la dosis “incorrecta” también resultó en efectos secundarios más leves.

2. Penicilina

Quizás el descubrimiento fortuito más famoso en medicina es el descubrimiento accidental de la penicilina de Alexander Fleming en 1928.

Fleming estaba cultivando la bacteria de Staphylococcus y al regresar de unas vacaciones notó que una de las placas de cultivos no tenía crecimiento bacteriano alrededor de una colonia de hongos que había comenzado a cultivar.

Fleming hizo que los cultivos de este hongo, penicilina, estuvieran disponibles en todas partes.

Y fue uno de sus antiguos alumnos quien lo utilizó por primera vez para tratar una infección bacteriana en 1930.

Fue más de diez años después cuando la penicilina comenzó a producirse en cantidades masivas para probar su efectividad clínica en pacientes, tras una investigación pionera de la Universidad de Oxford.

3. Cultivo de bacterias

El descubrimiento y estudio de la bacteriología de Robert Koch fue un avance científico significativo.

Antes de su trabajo, las bacterias eran notoriamente difíciles de aislar unas de otras y, a menudo, se cultivaban en un caldo nutriente que sustenta a muchas especies.

En 1872, Koch notó el crecimiento de distintas colonias en una rodaja de papa y esto sería el catalizador para el uso del agar, que ahora es la sustancia estándar que se usa para cultivar bacterias en una placa de Petri.

Este descubrimiento permitiría a los científicos aislar las bacterias que estaban enfermando a un paciente.

El trabajo de Koch lo llevó a descubrir la primera bacteria causante de una enfermedad con nombre: Bacillus anthracis, que causa el ántrax.

4. Radiografías

La aplicación de rayos X revolucionó la medicina a finales del siglo XIX y principios del XX.

Wilhelm Röntgen se dio cuenta de estos nuevos rayos, a los que llamó “X” por su origen desconocido, mientras estudiaba los rayos catódicos (corrientes de electrodos en tubos de vacío).

Notó que los rayos X podían penetrar cartón y rápidamente los usó para mostrar que también penetraban los tejidos humanos, usando la mano de su esposa para demostrarlo.

La aplicación de estos rayos para mirar dentro del cuerpo humano pronto se generalizó.

Pero había poca comprensión del daño que estaban haciendo.

Se documentaron muchos casos de síntomas típicos de la enfermedad por radiación y exposición, incluidos los de científicos famosos como Thomas Edison.

5. Úlceras estomacales

Se estima que más de 4.000 millones de personas están infectadas con H. pylori, una bacteria que vive en el estómago y puede causar úlceras.

Fueron los esfuerzos incansables de dos investigadores, Barry Marshall y J. Robin Warren, y un período de crecimiento más largo de lo habitual, lo que llevó al descubrimiento de la bacteria.

Antes de esto, se pensaba que el estrés y ciertos alimentos causaban úlceras de estómago.

Si bien estos factores pueden empeorar las úlceras, no las causan.

En 1982, Marshall y Warren estaban estudiando el revestimiento y contenido del estómago de varios pacientes con diversos síntomas gástricos.

Por casualidad, era el fin de semana de Pascua y esto significó que los cultivos de los pacientes se mantuvieron en el laboratorio más tiempo de lo habitual.

Esto resultó en la identificación de una nueva bacteria de crecimiento lento que estaba causando estos síntomas.

Lamentablemente, la renuencia de la comunidad científica a aceptar los hallazgos de los investigadores llevó a Marshall a infectarse con H. pylori al consumir un cultivo vivo de bacterias, volverse sintomático y luego tratarse a sí mismo con antibióticos.

Adam Taylor es profesor y director del Centro de Aprendizaje de Anatomía Clínica de la Universidad de Lacnaster.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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