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Proyecto Frontera: Buscando la identidad de 25 mil desaparecidos
Mercedes Doretti es la experta argentina detrás del proyecto que busca encontrar la identidad de miles de cadáveres en Ciudad Juárez.
Por Lilia Saúl Rodríguez
25 de marzo, 2013
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Mercedes Doretti, investigadora del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), nació en 1959, 17 años antes que iniciara en su país la dictadura militar argentina que tendría como consecuencia muertos y desaparecidos.

Años después, la experiencia de Doretti la trajo a México para que encontrara la identidad de varios cadáveres de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Sin embargo, meses después y con el crimen organizado ya situado en la frontera norte del país, Mercedes Doretti se dio cuenta que varios cadáveres no coincidían con los patrones de las mujeres de Ciudad Juárez.

–¿Así fue como inició el Proyecto Frontera?

–Nosotros empezamos el Proyecto Frontera a partir de 2009, luego que en Ciudad Juárez nos habían pedido la identificación de restos de mujeres y que tratáramos de identificar los cadáveres o compararlos con mujeres del estado de Chihuahua. Y a raíz de que nos quedaron números sin identificar, vimos que no había mecanismos de intercambio eficientes, a nivel nacional y local. Si yo quería ver el tipo de mujeres y los restos que teníamos,  no había forma de encontrar información (genética). Por eso comenzamos a trabajar en este proyecto, trabajar en un sistema regional, que mejore la búsqueda de personas desaparecidas, de migrantes, entre restos no identificados en la región.

Para logar este objetivo, Mercedes Doretti inició con la recolección de información genética, a través de varios bancos de datos forenses de migrantes no localizados en las comunidades de origen. Estos bancos de origen, se conformaron con recursos gubernamentales y no gubernamentales.

–Hemos cofundado bancos en El Salvador, Chiapas y en Guatemala. El banco de Chiapas tiene la particularidad que, como es el primer lugar donde desaparecen migrantes centroamericanos, no se dedica sólo a buscar chiapanecos desaparecidos, sino también a migrantes desaparecidos, sobre todo a centroamericanos.

Mercedes Doretti no minimiza la información obtenida, a pesar que el número de desaparecidos, según sus cálculos, ya asciende a 25 mil.

“Tenemos 448 casos de migrantes no localizados. Es el número que hay de estos cuatro bancos y el 25% son mujeres desaparecidas. No sabemos si murieron o no. Y aparte están los restos. Que eso es lo que hay que comparar”, explicó.

–¿Podría compararse el caso de México con el de la crisis humanitaria ocurrida en Guatemala o las desapariciones de Argentina o España?

–Acá estamos con una muy severa crisis humanitaria, ya que hay más de 25 mil desaparecidos, según datos de la PGR y entonces hay 25 mil familias que están esperando una respuesta de su familiar. Es un problema muy difícil, técnico de resolver y esperamos que haya recursos económicos para resolver esto.

–¿Qué tan deficiente es la recolección de datos que hace el gobierno mexicano para que ustedes puedan hacer su trabajo?

–Estamos tratando de aportar lo que podamos nosotros con nuestra experiencia, junto con los forenses de México. Obvio, donde ocurre que hay muchos restos sin identificar, es un reto para el rescate humanitario y técnico. Pero es posible hacerse, depende también de los recursos que se asignen y de la facilidad que haya para intercambiar información. Hay que hacerlo, es posible hacerlo, sí es difícil, pero es posible hacerlo. Es un número de personas muy grande. ¿Qué pasaría si un hijo de uno o un padre de uno estuviera entre esas 25 mil personas? Yo creo que cualquiera quisiera que le regresaran a su ser amado y eso es por lo que estamos trabajando nosotros.

–¿Qué tan largo es el proceso?

–Lleva su tiempo. En Argentina, la desaparición forzada causó que fuera muy difícil recuperar a los muertos. En el caso de México, en muchos casos hay otra realidad. Y esa realidad es que hay muchos restos sin identificar en los mismos panteones municipales, que implica una búsqueda en lugares más complejos o no tengamos la información. Es una tarea dura, pero hay que hacerla.

–¿Qué tecnología usan?

–Nosotros lo que hacemos es trabajar… genética no es todo, es una parte importante, pero primero tomamos una entrevista con familiares de la persona desaparecida, datos deontológicos, marcas de la piel y tomar muestras de los familiares de las personas desaparecidas para que los resultados de ADN sean lo más claro posible. Y luego con toda esta información, a veces salen huellas dactilares y a partir de ahí hacer cruces posibles.

–¿Cuánto tiempo llevará este proyecto?

–Varios años más.

–Trabajan a contrarreloj…

–Sí y no, porque el ADN se puede trabajar en restos óseos, dependiendo del proceso de decrepitación, podemos todavía tomar las muestras. Más que nada, lo que hay que recuperar son las cuestiones legales, el acceso a información entre países, las cuestiones metodológicas, el cruce de información forense, hacer acuerdos de cooperación más amplios y el cruce de información.

-¿Qué pasó, por ejemplo, con los 72 migrantes asesinados en San Fernando, Tamaulipas? ¿Hicieron algo ustedes?

-Nosotros hemos hecho una petición al gobierno de México junto con otras organizaciones ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el pasado 23 de marzo de 2012, en Washington, solicitándole al gobierno de México una comisión forense internacional para colaborar en la identificación de los restos que aún no se han identificado de los 72 migrantes y de la fosa de San Fernando, Tamaulipas. Queremos que los casos de los centroamericanos estén más.

–¿Qué siente Mercedes Doretti cuando se entera que encuentran más fosas?

–Mucha desesperación. Porque pienso ¡Qué dolor por estas personas que han perdido la vida!, por las familias que los estaban esperando de un lado o de otro y al mismo tiempo, pienso: Esto es lo que les ha pasado, tal vez haya sido lo mejor para encontrarlos y que sus familiares puedan identificarlos, pero es en verdad difícil.

–¿El Estado Mexicano comprende la magnitud del problema?

Mercedes Doretti hace un largo silencio….y prefiere no responder.

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El "ataúd nuclear" que gotea material radioactivo en el océano Pacífico
El estado de una estructura de concreto que encapsula material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos entre 1946 y 1958 preocupa tanto a los habitantes de las Islas Marshall como al Secretario General de Naciones Unidas.
18 de mayo, 2019
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La campanada de alerta la volvió a hacer sonar el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mientras hablaba con un grupo de estudiantes en Fiyi.

“Acabo de estar con la presidenta de las Islas Marshall (Hilda Heine), y está muy preocupada por el riesgo de que se filtre el material radioactivo contenido por una especie de ataúd que hay en el área”, dijo.

Guterres estaba describiendo así al llamado “domo de Runit” o “domo Cactus”, una estructura de concreto construida en la isla del mismo nombre para encapsular el material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos en el área entre 1946 y 1958.

Las 67 explosiones nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak -al que pertenece Runit- incluyeron la detonación en 1954 de “Bravo”, una bomba de hidrógeno 1.000 veces más poderosa que la que cayó en Hiroshima y el arma más poderosa jamás detonada por EE.UU.

Y a finales de la década de 1970, más de 4.000 soldados estadounidenses pasaron tres años recogiendo los restos radiactivos depositados en seis de las islas del atolón de Enewetak para colocarlos en el cráter dejado en Runit por la llamada prueba “Cactus” -la explosión de una bomba de superficie de 18 kilotones-, el que fue recubierto por el domo de concreto.

Explosión nuclear en el atolón de Bikini.

Getty Images
En total EE.UU. realizó 67 pruebas nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak.

En total, se estima que la estructura que los locales llaman “la Tumba”, recubre al menos 73.000 metros cúbicos de material radioactivo, incluyendo plutonio-239, una de las sustancias más tóxicas del planeta.

Y la cúpula de concreto de medio metro de grosor que sobresale entre los arbustos y palmeras que renacieron en Runit no es el único recuerdo de las brutales detonaciones.

4 de las 40 islas de Enewetak fueron completamente vaporizadas por las pruebas, con cráteres de kilómetros de diámetro remplazando a algunas de ellas.

Y según la radiotelevisora pública australiana ABC, en la actualidad únicamente tres de las islas del atolón son consideradas lo suficientemente seguras para ser habitadas.

Secuelas

“Como todos sabemos, el Pacífico ya fue victimizado antes”, fue como Guterres se refirió a lo ocurrido en el territorio de las Islas Marshall, territorio que solo se independizó completamente de EE.UU. en diciembre de 1990.

“Y las consecuencias (de las pruebas nucleares) han sido bastante dramáticas, en relación con la salud, en relación con el envenenamiento de las aguas en algunas áreas”, reconoció en declaraciones recogidas por la agencia AFP.

Atolón de Enewetak

Getty Images
Muchos de los pobladores de Enewetak tuvieron que abandonar sus hogares y en la actualidad solo 4 islas son consideradas seguras para la presencia humana.

De hecho, según ABC, el mismo departamento de Energía de EE.UU. ha prohibido las exportaciones de pescado y pulpa de coco desde Enewetak, por causa de la contaminación.

Y eso también ha forzado cambios en la dieta de los habitantes del atolón, que ahora dependen casi exclusivamente de comida enlatada y procesada “que han generado problemas de salud como la diabetes”.

Parte del problema es que el domo de Runit -que fue concebido como una solución temporal– ya presenta grietas en la superficie, y charcos con líquidos salobres a menudo se forman en el anillo.

Pero EE.UU. también renunció a la idea de sellar el fondo del domo con concreto antes de almacenar el material radioactivo, por considerarlo demasiado costoso, lo que significa que la estructura nunca ha sido realmente capaz de evitar filtraciones.

Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall

AFP
Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall, le externó su preocupación al Secretario General de Naciones Unidas.

De hecho, aunque un reporte elaborado en 2013 por el departamento de Energía de EE.UU. encontró que “existe la posibilidad de que las aguas subterráneas contaminadas provenientes del Domo Runit fluyan hacia el entorno marino subterráneo cercano“.

También concluyó que eso no necesariamente se traduciría en un aumento significativo de los niveles de contaminación del área.

Pero esto es porque el área circundante ya está bastante contaminado, como producto de las filtraciones, y por el sencillo hecho de que la operación de limpieza en Enewetak después de las pruebas nucleares recogió menos del 1% del material radioactivo generado.

“El inventario radiológico enterrado debajo del Domo Runit palidece en comparación al inventario actual de radionúclidos en los atolones de la laguna”, se lee en el reporte.

Y aunque el Secretario General de Naciones Unidas no entró a valorar lo que se debe hacer con respecto al domo, Guterres reconoció en Fiyi que la historia nuclear del Pacífico todavía necesita ser debidamente abordada.

“Hay mucho por hacer mucho en relación con las explosiones que tuvieron lugar en la Polinesia Francesa y las Islas Marshall (…) con las consecuencias para la salud, el impacto en las comunidades y otros aspectos”, dijo, sin descartar compensaciones monetarias y otros “mecanismos para permitir que estos impactos se minimicen”.


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