Google lanza globos para llevar Internet a todo el planeta
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Google lanza globos para llevar Internet a todo el planeta

Aun en su etapa experimental, los globos fueron los primeros de miles que Google espera lanzar a una altitud de 20 kilómetros (12 millas) con el fin de cerrar la brecha digital entre los 4.800 millones de personas que carecen de conexión a internet y sus 2.200 millones de contrapartes online.
15 de junio, 2013
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Los globos que Google lanzó esta semana desde un paraje helado de la isla sur de Nueva Zelanda se veían arrugados y flácidos al principio, pero se fueron poniendo rígidos conforme ascendían por el azul cielo invernal sobre el lago Tekapo, y pasaron la primera gran prueba de una meta más elevada: llevar acceso a internet al planeta entero.

Fue la culminación de una labor de 18 meses de lo que Google denominó Proyecto Loon (Lunático), un reconocimiento de lo disparatado de la idea. Desarrollado en el mismo laboratorio secreto que produjo el auto de conducción automática y las gafas para navegar por internet, los aeróstatos rellenos de helio transmiten contenido de internet a tierra a su paso.

Aun en su etapa experimental, los globos fueron los primeros de miles que Google espera lanzar a una altitud de 20 kilómetros (12 millas) con el fin de cerrar la brecha digital entre los 4.800 millones de personas que carecen de conexión a internet y sus 2.200 millones de contrapartes online.

De resultar exitosa, la tecnología podría permitir a algunos países evitar el gasto de instalar cableado de fibra óptica, e incrementaría el uso de internet en lugares como Africa y el sudeste asiático.

“Es algo en verdad ambicioso. Una meta realmente enorme que perseguir”, dijo el líder de proyecto Mike Cassidy. “El poder de internet es quizá una de las tecnologías de nuestra era con mayor poder para transformar”.

La primera persona que tuvo acceso a internet con un globo de Google esta semana fue Charles Nimmo, un granjero y empresario del poblado de Leeston. Fue uno de 50 habitantes que se inscribieron como probadores de un proyecto que, era tan secreto, que nadie les explicó qué estaba ocurriendo. Los técnicos fueron a sus casas e instalaron receptores rojos del tamaño de balones de baloncesto.

Nimmo tuvo acceso a internet unos 15 minutos antes de que el globo transmisor quedara fuera de alcance. Lo primero que hizo en la red fue revisar el pronóstico del clima, porque quería saber si era buen momento para trasquilar a sus ovejas.

Nimmo es uno de muchos habitantes de zonas rurales que, incluso en países desarrollados, no tienen acceso a internet de banda ancha. Canceló su acceso por discado telefónico hace cuatro años para contratar servicio por satélite, pero las facturas a veces excedían los 1.000 dólares al mes.

“Fue raro”, dijo Nimmo sobre la experiencia de conexión a internet con globos aerostáticos. “Pero es emocionante ser parte de algo nuevo”.

Los globos vuelan a donde los lleve el viento y lejos del alcance del ojo humano. Obtienen energía con un panel solar que con cuatro horas de carga opera por todo un día.

En tierra, estaciones con enlace de internet ubicadas cada 100 kilómetros (60 millas) transmiten la señal a los globos. Las señales se retransmiten de globo a globo.

Cada globo cubre un área de servicio de unos 1.250 kilómetros cuadrados (780 millas cuadradas), dos veces el tamaño de la ciudad de Nueva York. Y la orografía no es desafío para la señal.

Google no ha mencionado costos por el momento, aunque dicen esmerarse en hacer los globos y los receptores tan baratos como sea posible.

Las señales viajan por el espectro radioeléctrico no regulado, lo que significa que Google no tiene que pasar por el oneroso proceso regulatorio exigido a los proveedores de internet que usan redes de comunicación inalámbrica o satelital.

En Nueva Zelanda, la compañía se apoyó en la Autoridad de Aviación Civil para la prueba. Google eligió el país en parte por su aislamiento geográfico. Cassidy dijo que en la siguiente fase de la prueba esperan tener hasta 300 globos circundando el paralelo 40 al sur de Nueva Zelanda, sobre Australia, Chile, Uruguay. Paraguay y Argentina.

AP

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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