Mapa centroamericano... de cárteles mexicanos
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Mapa centroamericano... de cárteles mexicanos

Las principales organizaciones de tráfico de droga en México han trasladado a países centroamericanos 90% de sus operaciones para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos, indica un informe de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito.
Por Paris Martínez
1 de julio, 2013
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El Cártel del Pacífico y Los Zetas, han trasladado a Centroamérica 90% de sus operaciones para el tráfico de cocaína a EU, según la ONU. //Foto: Cuartoscuro.

El Cártel del Pacífico y Los Zetas, han trasladado a Centroamérica 90% de sus operaciones para el tráfico de cocaína a EU, según la ONU. //Foto: Cuartoscuro.

A raíz de la estrategia de confrontación abierta al crimen organizado, mantenida en México desde el sexenio pasado, los dos principales cárteles del país, el Cártel del Pacífico y Los Zetas, han trasladado a Centroamérica 90% de sus operaciones para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y, con ello, también su lucha por el control de plazas, haciendo de éste “el principal problema delictivo” en dicha región del continente.

Según el reporte Delincuencia organizada transnacional en Centroamérica y el Caribe, publicado por la ONU a finales del año pasado, “después de 2006, año en que el gobierno mexicano implementó su nueva estrategia de seguridad nacional, se volvió más peligroso para los traficantes enviar la droga directamente a México, de modo que un mayor porcentaje del flujo comenzó a transitar por la zona centroamericana”, para luego ingresarla a suelo mexicano por puntos terrestres.

Así, definió la ONU, el territorio guatemalteco es ahora disputado por ambos grupos criminales mexicanos, a través de cuatro bandas locales;  mientras que Belice es considerada como zona de operación de Los Zetas; y, en El Salvador, la principal organización de tráfico de drogas trabaja para el Cártel del Pacífico, misma que tiene ramificaciones en Nicaragua y Costa Rica. Además, a partir del golpe de Estado de 2009 en Honduras, este país fue tomado como puerto de arribo de la droga dirigida a ambas mafias desde Colombia, Venezuela y Bolivia.

La nueva guerra en Guatemala

Debido a que la estrategia de seguridad en México “llevó las líneas del frente del tráfico hacia el sur”, señala la ONU, Guatemala se convirtió en el “cuello de botella” por el que ahora pasa 90% de la cocaína que los cárteles mexicanos llevan a Estados Unidos, creando a lo largo de la frontera con el país centroamericano “nuevas plazas”, cuyas bandas criminales locales fueron cooptadas para librar, en nombre de Los Zetas y el Cártel del Pacífico, la lucha por el control territorial de este país.

A través de la banda conocida como Los Lorenzanas, se destaca, Los Zetas ahora controlan el tráfico de cocaína a través de cinco de las provincias más grandes de Guatemala –Petén, Huehuetenango, Quiché, Alta Verapaz y Zacapa–, en una ruta que surca el país, desde la frontera con Honduras hasta la frontera con México.

Además, otros cuatro municipios fronterizos con Honduras y con salida a la costa del Pacífico –Chiquimula, Jutiapa, Jalapa y Santa Rosa–, fueron arrebatados por Los Zetas al grupo local dominante, la banda conocida como Los Leones, cuya dirigencia fue abatida por la organización criminal mexicana.

Mientras tanto, el Cártel del Pacífico ostenta el control de la provincia de San Marcos, fronteriza con México y en la que se encuentra uno de los principales puertos marítimos de Guatemala, y a través de la banda local conocida como Los Mendozas domina también la provincia de Izábal, que por un lado linda con Honduras, Belice y tiene salida al Golfo de México, y por el otro está cercado por las provincias bajo control de Los Zetas, grupo delictivo con el que, además, el grupo dirigido por el Chapo Guzmán mantiene una disputa por el control de Huehuetenango.

Esta lucha por el control de puntos específicos de Guatemala, particularmente los que hacen frontera con Honduras y El Salvador, han convertido a estos en los dos países “con las tasas de homicidios más altas del mundo (82 en Honduras y 65 en El Salvador, por cada 100 mil habitantes, en 2010)” y, afirma la ONU, “debido a la competición entre grupos aliados con Los Zetas y el Cartel del Pacífico, es muy probable que estas muertes sean atribuibles a las disputas por el contrabando y las rutas de tráfico”.

Cabe destacar que, según la ONU, por estas diez provincias de Guatemala en las que los cárteles mexicanos tienen presencia –y que ocupan más de la mitad del territorio guatemalteco– tan sólo en 2010 transitaron 330 toneladas de cocaína, hacia México, cuyo valor “al mayoreo” rondaba los 4 mil millones de dólares, es decir, mil millones más de lo que toda Centroamérica invirtió, ese mismo año, en la lucha contra el crimen organizado.

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“Fiebre del oro de la cocaína”

Si bien la principal disputa territorial de los cárteles mexicanos en Centroamérica se da por el control de Guatemala, esto no quiere decir que no tengan intereses en el resto del subcontinente.

Luego de Guatemala, por ejemplo, el país centroamericano con mayor importancia para las mafias mexicanas es Honduras, nación en la que el golpe militar perpetrado en 2009 detonó “una especie de fiebre de oro de la cocaína”, tal como la describe la misma Organización de las Naciones Unidas.

“Los flujos de cocaína directos a Honduras crecieron de forma significativa después de 2006 y aumentaron enormemente después del golpe de Estado de 2009 –destaca el estudio–. De manera particular el tráfico aéreo de la frontera entre Venezuela y Colombia.

De hecho, se estima que, en 2010, cerca de 15% de la cocaína enviada por aire a Estados Unidos hizo escala en Honduras, país al que la droga también llega por vía marítima, y luego se envía al norte del continente en aeronaves pequeñas.

Así como en Guatemala, señala el informe, en Honduras “la naturaleza territorial del tráfico de drogas ha otorgado una especial importancia a la propiedad de la tierra, y muchos grandes terratenientes, incluyendo granjeros y rancheros comerciales, son prominentes traficates, pues las plantaciones y ranchos proporcionan terreno para pistas de aterrizaje clandestinas, instalaciones de almacenamiento, y proporcionan emplazamientos para entrenar y desplegar grupos armados”.

Cabe destacar que, según la ONU, de las 330 toneladas de cocaína que ingresaron a México en 2010, por Guatemala, 267 pasaron antes por Honduras, país en el que sólo en 2012 fueron detectadas 62 pistas clandestinas de aterrizaje.

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Países de paso

Debido al incremento en las incautaciones de cocaína en Belice, destaca el informe de la ONU, “se cree que los Zetas están activos (en este país)”, cuya frontera con Guatemala está prácticamente controlada en su totalidad por este grupo mexicano.

Y aunque el tráfico de cocaína en Belice es “secundario”, destaca la ONU, su valor asciende a 74 millones de dólares, lo que representa 5% del producto interno bruto de esta nación en 2010.

En ese mismo año, asimismo, Belice se ubicó en 2010 como el octavo país con la tasa de homicidios más alta del mundo (42 por cada 100 mil habitantes).

Por otra parte, en El Salvador, el principal grupo de narcotraficantes, Los Perrones, mantiene alianza con el Cártel del Pacífico, para el cual realizan labores de traslado de cocaína proveniente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Este grupo, además, lleva dinero del Chapo hacia Panamá.

Otro grupo de transportistas asentado en este país es el Cártel de Texis, que trabaja por encargo, para ambos cárteles mexicanos, y que se destaca “por su amplia red de complicidad con políticos de alto nivel, autoridades de seguridad, jueces y fiscales”.

Epílogo: riesgos a corto plazo

El informe de la ONU concluye que el principal motivador de la violencia en Centroamérica “no es la cocaína, sino el cambio en las relaciones de poder negociadas entre los grupos (criminales) y en su interior, y con el Estado”, ejemplo de lo cual fue la andanada del gobierno mexicano emprendida contra los cárteles en 2006.

“Cualquier cambio en el status quo, incluso cuando éste resulta de la necesaria y legítima acción de los organismos de aplicación de la ley, puede contribuir a la inestabilidad y a la violencia entre los grupos territoriales”, concluye la ONU, por lo cual, “para llegar a mejorar la situación, se debe tener en cuenta el riesgo de agravar la violencia a corto plazo”, como ocurrió en México, primero, y ahora también en América Central.

Consulta aquí el reporte completo de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

TOC_Central_America_and_the_Caribbean_spanish.pdf by http://www.animalpolitico.com

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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