Aumentan 27% secuestro y extorsión en México
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Aumentan 27% secuestro y extorsión en México

La Secretaría de Gobernación asegura que el aumento es fruto de la campaña para impulsar las denuncias, sin embargo, para las organizaciones civiles es una muestra de que los delitos no disminuyen pese a las inversiones millonarias en seguridad.
Por Rafael Cabrera
10 de septiembre, 2013
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Víctimas Secuestro

En el primer semestre del sexenio de Enrique Peña Nieto se denunciaron en el país mil 032 secuestros. //Foto: Cuartoscuro.

Las denuncias por secuestro y extorsión aumentaron durante los primeros ocho meses de gobierno de Enrique Peña Nieto. Las causas varían, según quien explique: para la Secretaría de Gobernación es fruto de su campaña de denuncias. Para Francisco Rivas, del Observatorio Nacional Ciudadano, es muestra de que los delitos de alto impacto no bajan, a pesar de inversiones millonarias en seguridad.

Las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) son claras: de diciembre de 2012 a junio de este año –última cifra disponible-, en todo el país se reportaron  mil 032 denuncias por secuestro. En el periodo anterior, con Felipe Calderón en la presidencia, se registraron 809 casos. Un aumento de 27.5%.

La extorsión sigue la misma tónica. Con Peña Nieto se denunciaron 5 mil 242 denuncias, mientras que durante el año pasado las autoridades tuvieron conocimiento de 4 mil 448 casos. El incremento fue de 17.8%

Las estadísticas forman parte de los reportes “Incidencia Delictiva del Fuero Común”, los cuáles se integran con base en los datos que entregan las Procuradurías estatales al Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Eduardo Sánchez, vocero de seguridad de Gobernación, tiene su propia explicación sobre el aumento: es resultado de la campaña del Gobierno federal para que la ciudadanía denuncie.

“Hemos dado cuenta de la gran cantidad de bandas de secuestradores que han sido desmanteladas y de la gran cantidad de personas que han sido liberadas… Nosotros consideramos que esta circunstancia (la campaña) ha logrado su objetivo, que es incrementar la denuncia”, consideró.

Sin embargo, el también Subsecretario matiza: “Lo cierto es que se han incrementado de manera substancial las denuncias de secuestro de secuestro y de extorsión en relación con otros periodos de otras administraciones”.

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Para Francisco Rivas, del Observatorio, las afirmaciones del funcionario carecen de bases científicas.

“No hay ningún indicador que nos permita saber si este aumento de las denuncias de verdad se debe a que la gente denuncia más. No han mostrado evidencia científica que así lo muestre”, argumentó.

Sus dudas tienen fundamento: las encuestas sobre el nivel de confianza en las instituciones de seguridad no han reportado aumento. La gente aún desconfía como para presentarse en un Ministerio Público a denunciar.

La incertidumbre en el incremento es mayor: tampoco se sabe si en realidad son todos los casos o son más. Explica: algunas Procuradurías reportan averiguaciones previas, y cada una puede tener, por ejemplo, una o dos personas secuestradas.

“El secuestro y la extorsión son dos de los cinco delitos de alto impacto que más preocupan a la población, pero son los que han tenido un incremento preocupante en estos meses”, agregó Rivas.

El caso de la extorsión es particular, pues la gente no lo denuncia y hay estados donde ese delito es una forma de vida, lo cotidiano.

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Para Leonel Fernández, investigador de México Evalúa, ambos delitos presentaban una tendencia al alza desde antes de que Peña Nieto llegara a la Presidencia.

“El secuestro y la extorsión son dos delitos que han quedado un poco bajo la sombra de los homicidios, pero tienen repercusiones más grandes. Y la tendencia de crecimiento no es de estos meses, sino que ya viene de tiempo atrás, hablamos que viene desde 2010”, explicó.

Otra de las causas en el aumento de la extorsión, agrega, es que el Estado de México comenzó a reportar extorsiones a partir de 2012. Pero, igual que Rivas, Fernández rechaza el argumento de Gobernación: “Las denuncias traen un alza desde antes, no a partir de que la campaña del Gobierno federal”.

¿Por qué no bajan los secuestros?

Los secuestros no ceden. Miles de millones de pesos, reformas, campañas de denuncias y reuniones del Consejo Nacional de Seguridad pasan, pero los casos denunciados no logran reducirse.

El Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto lo muestra: si en el año 2000 se denunciaron 591 casos, para 2009 la cifra repuntó hasta mil 162 casos. Si acaso, el año pasado hubo una ligera reducción: mil 317 casos, 27 menos que en 2011.

Hasta el 31 de julio de este año van 911 casos denunciados. Si la tendencia sigue igual, para finales de agosto se habrá rebasado la línea de los mil.

“Las políticas antisecuestro han fallado”, dice Francisco Rivas, “y habría que evaluar para qué han servido miles de millones de pesos que se destinan cada año a seguridad porque no sabemos cómo lo han usado Estados y Municipios”.

El presidente del Observatorio Nacional Ciudadano tiene sus razones: las Fiscalías Antisecuestros carecen de recursos, sus agentes de capacitación, los equipos son escasos.

Pero hay más, a su juicio: el panorama social y económico causa que sea más fácil dedicarse a la delincuencia.

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#YoSoyAnimal
Getty Images

¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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