El viernes 13 de la CNTE: desalojo del Zócalo y enfrentamientos con la PF
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El viernes 13 de la CNTE: desalojo del Zócalo y enfrentamientos con la PF

El acuerdo con la Secretaría de Gobernación había sido retirarse, pero el sobrevuelo de helicópteros de la Policía Federal y la llegada de uniformados alrededor del Zócalo capitalino, enojó a un sector de los docentes.
Por Rafael Cabrera
14 de septiembre, 2013
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Llegaron a pie, cansados y con el miedo a cuestas. En los rostros de los profesores de la CNTE –mujeres jóvenes, ancianos, hombres morenos y de bigotes– había incertidumbre. Acurrucados unos junto a otros bajo el Monumento a la Revolución veían caer la lluvia. Algunos traían lonas y casas de campaña. Otros, los menos afortunados, perdieron sus pocas pertenencias en el desalojo de su plantón en el Zócalo capitalino.

Unos pocos llegaron desde temprano, previendo el ingreso de la Policía Federal. Otros resistieron hasta ser expulsados a Eje Central. Y ahora ahí estaban, apretujados y sin saber qué sigue en su resistencia contra la reforma educativa que impulsa el presidente Enrique Peña Nieto.

Algunas mujeres –el pelo blanco, las arrugas profundas– dormitaban en sillitas plegables. Los más jóvenes trepaban árboles y postes para tender las lonas con las cuales resguardarse. Otros se curaban las heridas del enfrentamiento: un brazo golpeado, una descalabrada sangrando.

La noche más larga de la Sección 22 de la CNTE empezó desde la mañana del viernes 13 de septiembre.

El acuerdo con la Secretaría de Gobernación había sido retirarse, pero el sobrevuelo de helicópteros de la Policía federal y la llegada de uniformados alrededor del Zócalo capitalino, enojó a un sector de los docentes.

Ultimátum

Mientras unos maestros tomaban sus pertenencias, desmontaban sus casas de campaña y salían a pie de la Plaza de la Constitución, desde el mediodía otros montaron barricadas en los principales accesos a la explanada, encendieron fogatas, alimentando el fuego con lonas plásticas, botellas, cartón, cualquier cosa que generara mucho humo, para entorpecer la visibilidad de los dos helicópteros que sobrevolaban el Centro Histórico, y se armaron con palos, tubos y piedras, en espera del choque con la Policía Federal.

Prácticamente todos eran integrantes de la Sección 22 de la CNTE, es decir, maestros de Oaxaca, aunque a la plaza llegaron, en pequeños grupos, decenas de universitarios de la UNAM, del IPN, así como miembros de la organización estudiantil Frente Oriente.

Para las 13:00 horas, el laberinto de carpas que durante cuatro semanas mantuvo en bullicio permanente al Zócalo, estaba prácticamente desierto, casi en silencio, de no ser por el lúgubre ronroneo de los helicópteros, y más que desmantelado por sus ocupantes, el inmenso campamento parecía haber sido aplastado.

En tanto, la policía capitalina daba la orden a los negocios de la zona de cerrar sus cortinas y, algunos, incluso tapiaron con madera sus ventanas.

Fue a las 14:00 horas, mientras los maestros en resistencia se concentraban en las barricadas levantadas en Madero, Pino Suárez, 16 de Septiembre y 20 de Noviembre, que a esta última se aproximaron el secretario de Gobierno del DF, Héctor Serrano, su homólogo de Oaxaca, y Francisco Galindo, comisionado de la PF, quienes lanzaron un ultimátum a los profesores: tenían dos horas para abandonar el Zócalo o, de lo contrario, serían replegados por la fuerza.

Y unos minutos después, la indicación de los líderes magisteriales corrió por las barricadas: todos debían retirarse, pero sólo hasta que los granaderos iniciaran el avance sobre sus posiciones. La idea no era pelear por el Zócalo, sólo se trataba de aguantar hasta el final, de salvar la honra.

Así empezó la cuenta regresiva para las 16:00 horas.

La batalla

Poco antes de la hora marcada se oyeron tres petardos sobre Pino Suárez que pusieron en alerta a la Policía Federal, la encargada del repliegue, en tanto los granaderos capitalinos se mantenían a la retaguardia.

El ingreso del contingente federal a la plancha del Zócalo fue por detrás de Catedral, mientras en Madero y 5 de Mayo empujaban, literalmente, a los contingentes de maestros atrincherados hacia Venustiano Carranza y, de ahí, hacia Eje Central.

Fue a las 16:15 horas que inició el operativo, y un minuto después comenzaron las escaramuzas, protagonizadas mayoritariamente por los maestros que desde horas antes empuñaban piedras y palos, pero también por los jóvenes que se adhirieron a su resistencia.

Del lado de los maestros volaron piedras, cohetes y tubos, a quienes la policía correspondió con gas lacrimógeno, toletazos y golpes de escudo, hasta que, cuadra por cuadra, logró expulsar a los inconformes hasta Mesones y 16 de Septiembre.

Para ese momento, el Zócalo ya era de la policía.

Fue en Izazaga que, en medio de las filas de los policías, se abrieron paso las tanquetas de la Policía Federal equipadas con cañones de agua, que replegaron a los manifestantes a fuerza de chorros a presión.

Estos vehículos avanzaron hasta Isabel la Católica luego de poner en fuga a los profesores beligerantes que huyeron a Eje Central y, ahí, brotó nuevamente la violencia, cuando cobijados por el grueso número de manifestantes, un grupo de maestros y jóvenes emprendieron una nueva andanada de pedradas contra los agentes que custodiaban el acceso por 16 de Septiembre.

La Policía Federal respondió entonces encapsulando a todos los manifestantes que se hallaban entre Mesones y Juárez, donde se desplegaron nutridos contingentes policiacos, y aunque la gran mayoría de los maestros logró replegarse, un grupo de alrededor de 80 personas quedó cercado por granaderos que, enfurecidos, tundieron a varios, mientras el resto quedó completamente rodeado, atemorizados todos por las amenazas de golpes.

De hecho, en este grupo quedaron retenidos el líder de la Sección 22 de la CNTE, Rubén Núñez, y Francisco Bravo, de la Sección 9, que agrupa a los maestros del DF.

Estos 80 detenidos fueron liberados en el transcurso de la siguiente hora, luego de que se les ordenara dejar en el suelo cualquier objeto amenazante que portaran.

La liberación de los retenidos empezó por tres personas heridas, luego siguieron todas las mujeres que quedaron dentro del cerco policiaco, y por último fueron dejados en libertad los hombres, aunque sólo aquellos que pudieron identificarse como maestros, razón por la cual 25 jóvenes que no pudieron acreditar su membresía magisterial fueron los únicos que la policía arrestó formalmente y, según informó uno de los mandos operativos, todos serían presentados ante el Ministerio Público Federal.

El mando policiaco, quien rechazó dar su nombre, informó que a estas 25 personas les imputarían la portación de las decenas de palos, piedras (así como tres cuchillos), que le fueron decomisados a los 80 manifestantes originalmente sometidos en Eje Central, la mayoría de los cuales eran maestros.

Cabe destacar que ninguna de estas armas u objetos aptos para agredir fueron decomisados directamente a sus portadores, sino que la policía ordenó al grupo detenido que los amontonara en el suelo, por lo que no se puede saber con exactitud quiénes las portaban, si los jóvenes detenidos o los maestros a los que se dio paso libre.

Juárez, otra vez

Hacia las 17:30 horas, una decena de autobuses ingresó a Eje Central y, en menos de diez minutos, todos los agentes federales que mantenían el control de esa vialidad abordaron los vehículos, partiendo de la zona –llevándose consigo a los arrestados–, y en su relevo acudieron los granaderos del Distrito Federal, que avanzaron hasta el cruce con avenida Juárez, donde inicialmente fueron replegados por varias decenas de manifestantes, que los hicieron retroceder hasta 5 de Mayo.

Unos minutos después de soportar la lluvia de piedras, tubos y palos, los agentes capitalinos avanzaron en tropel sobre los manifestantes, poniéndolos en fuga por avenida Juárez, escenario de las grescas que en esta misma vía se suscitaron el 1 de diciembre, con motivo de la llegada a la presidencia de Enrique Peña Nieto.

El frío

Para las 6 de la tarde, la mayoría de los profesores se resguardaban bajo el Monumento a la Revolución. Algunos titiritaban de frío. Muchas de sus cobijas quedaron tiradas en la huida.

Ahí se fueron acomodando. Una lona en un muro. Unas casas de campaña en otra esquina.

Con el ocaso, un nuevo campamento comenzó a levantarse.

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Por qué es normal tener algún efecto secundario leve tras la vacunación contra la COVID

Es posible experimentar dolor de cabeza, fiebre o malestar. Los expertos dicen que esto es un proceso normal del sistema inmune.
Getty Images
15 de marzo, 2021
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Experimentar algún efecto secundario leve tras vacunarse contra el coronavirus es normal y hasta puede ser un signo de que la vacuna está funcionando.

Tras la inmunización, es posible que aparezca algo de fiebre, malestar, dolor o cansancio. Cada individuo puede experimentar uno de estos síntomas, una combinación de los mismos o ninguno.

Pero estos efectos secundarios desaparecen generalmente a las pocas horas o días.

La enfermedad es muchísimo peor que la inmensa mayoría de efectos secundarios de la vacuna. Las vacunas salvan vidas con un alto grado de protección”, le dice a BBC Mundo el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester, en Reino Unido.

Los expertos recomiendan estar alerta tras recibir la vacuna ya que, en caso de producirse una una reacción alérgica grave, esta ocurre a los pocos minutos y horas de la inoculación.

Esto último, sin embargo, está demostrando ser bastante poco probable.

De acuerdo a un estudio liderado por especialistas del Hospital General de Massachusetts, en Boston, Estados Unidos, la prevalencia de una reacción anafiláctica es de entre 2,5 y 11,1 casos por millón de dosis de la vacuna de Pfizer, por ejemplo.

Y la mayoría de esos casos se da en pacientes con historial de alergias.

Dicha estadística puede variar ligeramente según el tipo de población o de vacuna, pero da una medida de lo poco probable que es desarrollar una reacción alérgica.

¿Qué tan común es desarrollar efectos secundarios y por qué los expertos lo consideran algo normal que no debe preocupar?

Reacción natural del organismo

Vacunación en Uganda.

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Experimentar efectos secundarios es común y muchas veces es una señal de que el sistema inmune está respondiendo bien.

“Es difícil dar números concretos sobre qué tan probable será desarrollar un efecto secundario leve porque cada población o individuo responde de manera distinta”, aclara Julian Tang.

En Reino Unido, uno de los países más avanzados en la campaña de vacunación, una de cada 10 personas experimenta algún efecto adverso leve.

Pero esto, insisten los expertos, es algo “completamente normal”.

“La vacuna, al igual que un virus, no deja de ser un agente extraño que provoca que el organismo reaccione y produzca anticuerpos“, explica a BBC Mundo la doctora Josefina López, quien participa en la campaña de vacunación en Madrid, España.

“Para protegerse, el cuerpo genera una respuesta inflamatoria. Y eso puede hacer subir la temperatura y que aparezcan dolores y malestares. Es un proceso normal que puede ocurrir con cualquier vacuna, no solo con las del coronavirus”, agrega la especialista.

Para hacerse una idea, una respuesta inflamatoria también puede aparecer ante algo tan común como un golpe o herida.

“La inflamación es algo que el cuerpo también experimenta durante un impacto severo en la rodilla tras caerse. Entonces sientes dolor, enrojecimiento e hinchazón en la zona”, le explica a BBC Mundo el profesor Wilbur Chen, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos.

Persona vacunándose.

Getty Images
Uno de los efectos secundarios posibles es sentir incomodidad en el brazo vacunado.

En ese sentido, es normal “esperar que haya posibles efectos adversos no solo a una vacuna, sino también a un medicamento o incluso alimento. Hay que pensar en que estas reacciones como el indicio común de que la vacuna funciona. Cualquier síntoma se resolverá generalmente a los 2 o 3 días”, señala Chen.

¿Cuándo pueden desarrollarse los efectos secundarios?

Llevamos pocos meses de vacunación y eso implica que los estudios se actualizan constantemente.

Los efectos adversos en personas jóvenes pueden ser más notorios, lo cual no implica gravedad”, dice López.

Esto es porque “habitualmente las personas mayores experimentan un deterioro de la respuesta inmune que es normal al envejecer”, apunta Wilbur Chen.

En las vacunas que requieren dos dosis, como la de Pfizer, Moderna o Sputnik V, parece haber cierta inclinación a experimentar algún efecto secundario tras recibir la segunda dosis.

“La primera dosis genera una respuesta inmune media y la segunda la refuerza. Es por ello que la segunda genera una respuesta más robusta y se asocia más a experimentar algún efecto secundario”, explica a BBC Mundo el doctor Andrew Badley, de la Clínica Mayo, en Estados Unidos.

Jualian Tang también alerta que el tipo de síntomas puede ser magnificado por la percepción de los pacientes.

“Muchos pacientes, nerviosos o ansiosos por vacunarse, pueden experimentar algún dolor leve y luego reportarlo mayor de lo que es. La psique también influye”, dice el experto.

Centro de vacunación contra la covid-19 en Chile.

Getty Images
Los ancianos suelen experimentar menos efectos secundarios que personas más jóvenes.

¿Qué hacer entonces si se experimenta algún síntoma?

“En mi caso, cuando me vacuné con el compuesto AstraZeneca/Oxford, me dio un poco de fiebre y malestar y simplemente tomé paracetamol”, revela Julian Tang.

Antiinflamatorios como el paracetamol o el ibuprofeno pueden ayudar a aliviar los efectos secundarios de las vacunas, aunque se recomienda consultar con un médico antes de tomarlos.

No es recomendable tomar estos medicamentos antes de vacunarse a modo preventivo.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) en EE.UU. aconsejan aplicar una toalla limpia y húmeda y mover y ejercitar el brazo vacunado para aliviar cualquier posible incomodad.

En el caso de tener algo de fiebre, ayuda beber mucho líquido y vestir ligero.


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