Los globos de helio: un lujo que no podemos darnos
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Los globos de helio: un lujo que no podemos darnos

En la Tierra, el helio es relativamente raro. Además, es uno de los pocos elementos a los que la gravedad no amarra, así que se fuga al espacio
25 de noviembre, 2013
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Globos-BBC

Para algunos científicos, un recurso finito que podría algún día acabarse no debe utilizarse para inflar globos de fiesta.

En el universo como un todo, el helio es uno de los elementos más comunes: sólo el hidrógeno lo supera en términos de abundancia.

Sin embargo, en la Tierra es relativamente raro. Además, es uno de los pocos elementos a los que la gravedad no amarra, así que se fuga al espacio.

“Es posible que si nos ponemos a cavar en los basureros del mundo podríamos recuperar todos los otros elementos que hemos dispersado alrededor del globo”, le dice a la BBC el químico Andrea Sella, del University College London (UCL).

“Pero el helio es único. Cuando se va, lo perdemos para siempre”.

Adiós a la magia

El helio tiene el menor punto de ebullición de cualquier elemento, -269ºC, sólo unos pocos grados sobre cero absoluto (-273ºC).

Esa característica es de importancia fundamental para los imanes superconductores que se utilizan en los escáneres de MRI o IRM (imagen por resonancia magnética), que deben ser sometidos a temperaturas muy bajas para generar los campos magnéticos necesarios.

“En el futuro vamos a pensar: ‘¡no puedo creer que la gente usaba el helio para inflar globos, cuando es un elemento tan valioso y único!'”, predice el químico de la Universidad de Cambridge Peter Wothers, quien ha llamado a terminar con los globos de helio para fiestas.

Sin embargo, prohibir su uso en los globos no sólo privaría a grandes y chicos de la mágica visión de esas bolas de colores flotantes, sino que pondría fin a esa tradición favorita de inhalar el helio de un globo y luego hablar con voz chillona, resultado del rápido movimiento de los átomos de helio.

Pero tal vez no sería malo, ya que esa gracia puede causar mareos, dolores de cabeza y, en raras ocasiones, incluso la muerte.

El problema es que al inhalarlo, el helio desplaza al oxigeno de los pulmones y al hacerlo priva a los órganos vitales de este esencial elemento.

El efecto es más marcado en el cerebro, que no puede resistir más de 5 a 6 segundos antes de que la persona pierda la consciencia. De ahí el peligro de sofocación, particularmente para niños pequeños.

De reserva estratégica a negocio

El gas, que se forma por el decaimiento de rocas radiactivas en la corteza terrestre, se acumula en depósitos de gas natural y se recoge como un subproducto de la industria del gas.

Estados Unidos es actualmente el mayor proveedor mundial, con la mayor parte de lo almacenado cerca de Amarillo, Texas, en la Reserva Nacional de Helio, la cual por sí sola representa el 35% de la oferta actual del mundo.

En 1925 se estableció como reserva estratégica para suministrar gas a aeronaves de Estados Unidos, y después de la Segunda Guerra Mundial proporcionó refrigerante para misiles y cohetes del ejército y la Nasa.

Pero desde mediados de la década de los 90s, gracias a la creciente demanda civil de helio en la fabricación de semiconductores y de los escáneres de MRI, entre otras cosas, EE.UU. ha estado recuperando el costo del almacenamiento del gas vendiéndolo poco a poco en el mercado abierto.

A pesar de esto, el precio del helio se ha duplicado en los últimos 10 años.

Un mundo sin helio

Las historias alarmistas que pronostican el fin de un recurso u otro son un lugar común de pesimistas, pero en este caso, el mundo pudo darse una idea de lo podría significar una escasez de helio.

Los fabricantes de semiconductores estadounidenses sabían que bajo los términos de una ley de 1996, la reserva de helio de Estados Unidos estaba legalmente obligada a cerrar el grifo el mes pasado.

Mucho antes, las campanas de alarma comenzaron a sonar. Las carencias en el suministro de todos modos se habían convertido en rutina.

“Durante la mayor parte del año pasado, hemos estado recibiendo sólo alrededor del 80% del helio que compramos”, señala Rodney Morgan, de la firma de microprocesadores Micron Technology de Estados Unidos.

Pero ante la posibilidad de que se suspendiera el suministro, fue tal el pánico en la industria de la informática y otras, que la legislación para evitar esta crisis fue incluida entre un puñado de propuestas aprobadas a toda prisa por el Congreso estadounidense en la víspera del reciente cierre del gobierno de Estados Unidos.

Si bien “la crisis del helio” se pudo evitar en esa ocasión, va a tomar tiempo para que otros países puedan entrar en el mercado para suministrar el gas. La era de helio barato, por ahora, llegó a su fin.

Tal vez sea bueno ya que, después de todo, si un recurso es finito, debemos valorarlo.

¿Y en cuanto a los globos de helio?

“Sospecho que la cantidad que se utiliza en los globos de fiesta es muy pequeña comparado con los otros usos principales”, apunta Wothers.

“Pero se trata de un uso bastante trivial de algo que debemos valorar un poco más”.

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Hasta 1982, las lejanas y paradisíacas islas de Palaos no contaban con ningún hotel.

Ese año se inauguró el primer alojamiento turístico y desde entonces, este país, rodeada por las aguas celestes del océano Pacífico, ha disfrutado del auge del turismo.

En 2019 llegaron a Palaos 90.000 turistas, cinco veces la población total.

Según los datos recogidos por el FMI (Fondo Monetario Internacional), en 2017 el turismo representó el 40% del PIB del país.

Pero eso fue antes de la pandemia de covid-19.

Vista aérea de unos islotes de Palaos.

Getty Images
La República de Palaos se halla en un privilegiado enclave de Oceanía.

Las fronteras de Palaos han permanecido cerradas desde finales de marzo y es uno de los diez países del mundo sin casos confirmados (contando sólo los países miembros plenos de Naciones Unidas y excluyendo a Corea del Norte y Turkmenistán).

Sin embargo, aunque no se ha registrado ni un solo caso, el virus de alguna manera sí ha devastado el país.

Los hoteles están cerrados, los restaurantes vacíos y las tiendas de souvenirs no venden nada.

Los únicos huéspedes que tienen ahora los hoteles son los residentes que regresan a la isla y están obligados a guardar cuarentena.


Países sin casos registrados de covid-19

  • Palaos
  • Micronesia
  • Islas Marshall
  • Nauru
  • Kiribati
  • Islas Salomón
  • Tuvalu
  • Samoa
  • Tonga
  • Vanuatu

“El océano aquí es mucho más bonito que en cualquier otro lugar del mundo”, dice Brian Lee, gerente y copropietario del Hotel Palau.

Es el océano azul celeste lo que mantuvo ocupado a Brian.

Antes de la pandemia, sus 54 habitaciones tenían una ocupación del 70% al 80%.

Pero cuando las fronteras se cerraron, no hubo nada a lo que recurrir.

“Es un país pequeño, así que es normal que la gente local no se quede en Palaos”, dice Brian.

El hotel tiene alrededor de 20 empleados y los ha mantenido a todos, aunque con horario reducido.

“Trato de encontrarles trabajo haciendo otras tareas como mantenimiento, renovación, etc”, dice.

Sin embargo, los hoteles vacíos no pueden mantenerse ni renovarse para siempre.

Buzo en aguas de Palaos

Reinhard Dirscherl/ Getty Images
Los arrecifes de coral de Palaos son el principal atractivo para muchos visitantes.

“Puedo estar así otro medio año”, dice Brian.

“Pero luego es probable que tenga que cerrar”.

Apoyo estatal

Brian no culpa al gobierno, que ha ofrecido apoyo financiero a los residentes y, después de todo, ha mantenido alejado al virus.

“Creo que han hecho un buen trabajo”, dice.

Y, sin embargo, para que el primer hotel que hubo en Palaos sobreviva, algo tiene que cambiar pronto.

El presidente anunció recientemente que los viajes aéreos “esenciales” podrían reanudarse el 1 de septiembre.

Mientras tanto, ha habido rumores de que se instauraría un “corredor aéreo” con Taiwán que permitiría la visita de turistas.

Pero para Brian, la medida podría llegar demasiado tarde.

Islas del Pacífico

BBC

“Creo que tienen que empezar a reabrir de nuevo. Tal vez podamos tener burbujas de viajes con Nueva Zelanda y países del entorno”, dice.

“De lo contrario, nadie podrá sobrevivir aquí”.

El caso de las Islas Marshall

A unos 4.000 km al este a través del vasto Océano Pacífico, las Islas Marshall también permanecen libres de covid-19.

Pero, como Palaos, no tener casos también ha tenido un impacto.

El Hotel Robert Reimers se encuentra en una franja de tierra en el atolón principal, Majuro, con una laguna a un lado y el océano al otro.

Atolón Bikini

Getty Images
El atolón Bikini es uno de los más famosos de las Islas Marshall.

Antes de la pandemia, las 37 habitaciones tenían una ocupación del 75% al 88%.

Sus huéspedes llegaban principalmente de Asia, del Pacífico o “el continente” (Estados Unidos).

Desde que se cerraron las fronteras a principios de marzo, la ocupación ha caído a entre el 3% y el 5%.

“Algunos de nuestros huéspedes vienen de las islas exteriores”, dice Sophia Fowler, que trabaja para el grupo hotelero.

“Pero no muchos”.

A nivel nacional, se espera que el país pierda más de 700 puestos de trabajo en la recesión post-covid, la mayor caída desde 1997.

De ellos, 258 estarán en el sector de hoteles y restaurantes.

También la pesca

Pero el autoaislamiento afecta a sectores más allá del turismo, y las Islas Marshall dependen mucho menos de los turistas que Palaos.

El problema para estas islas es la industria pesquera.

Para mantener el país libre de covid-19, los barcos que han estado en países infectados tienen prohibido ingresar a sus puertos.

Otros barcos, incluidos los buques tanque de combustible y los portacontenedores, deben pasar 14 días en el mar antes de atracar.

.Las licencias de pesca están suspendidas y se ha rebajado el número de vuelos de carga.

El efecto es claro.

Las Islas Marshall están especializadas en peces de acuario, el más popular es el pez ángel llama, pero las exportaciones cayeron un 50%, según un informe estadounidense.

El envío de atún sashimi se redujo en la misma cantidad.

Otras industrias pesqueras esperan una caída del 30% durante el año.

En resumen, se puede mantener el virus fuera del país, pero luchar contra sus efectos en la economía es distinto.

Así que al final el covid-19 te arrastra de una forma u otra.

Sophia Fowler “espera” que las cosas vuelvan a la normalidad para el país y el Hotel Robert Reimers el próximo año.

¿Pero si no lo hacen?

“Entonces no será un proyecto viable”, dice.

Pero aunque el cierre de las fronteras ha empobrecido a los países sin casos de covid, no todos quieren salir del confinamiento.

El doctor Len Tarivonda es el director de salud pública en Vanuatu, otra isla del Pacífico con una población de 300.000 habitantes.

Aunque trabaja en la capital, Port Vila, es de Ambae, una isla de 10.000 habitantes a unos 275 kilómetros al norte.

“La mayoría de los habitantes prefiere que la frontera se mantenga cerrada el mayor tiempo posible”, cuenta.

“Dicen: ‘No queremos que la enfermedad llegue. Si sucede, básicamente estamos condenados'”.

Alrededor del 80% de la población de Vanuatu vive fuera de las ciudades y de la “economía formal”, dice Tarivonda.

“Y creo que no necesariamente sienten el apuro todavía. Son agricultores de subsistencia, cultivan sus propios alimentos, dependen de la economía local y tradicional”.

No obstante, el país sufrirá.

El Banco Asiático de Desarrollo espera que el PIB caiga casi un 10%, la mayor caída de Vanuatu desde su independencia en 1980.

Anne Pakoa

BBC
Los pueblos rurales de Vanuatu son muy numerosos y carecen de atención médica permanente.

Pero ese retroceso no se debe solo al cierre de fronteras por el covid-19.

En abril, el ciclón tropical Harold azotó gran parte del país, mató a tres personas y afectó a más de la mitad de la población.

“Teníamos sesiones informativas diarias sobre operaciones de emergencia sanitaria”, recuerda Tarivonda.

“Primero discutiríamos sobre el covid, luego sobre el ciclón Harold. Dos desastres al mismo tiempo”.

Sin embargo, la pandemia tendrá un impacto más duradero.

En julio, el gobierno anunció que tenía planes para reabrir la frontera a otros países “seguros” antes del 1 de septiembre.

Pero al aumentar los casos en Australia y Nueva Zelanda, el plan comenzó a retrasarse.

Tarivonda, que forma parte del grupo de trabajo fronterizo junto con funcionarios del gobierno, del sector del turismo y de las aerolíneas, admite que están “casi de vuelta al punto de partida” y no tienen una nueva fecha para la reapertura.

Vanuatu

Getty Images
Vanuatu es otro destino paradisíaco.

Los viajes transfronterizos más pequeños pueden ayudar a Vanuatu.

El ejemplo más reciente es cuando el gobierno permitió que 172 trabajadores viajaran al Territorio del Norte, en Australia, durante seis meses para recoger mangos.

Aunque las remesas ayuden en la situación económica, no son suficientes en un país donde el 35% del PIB proviene del turismo.

Sin prisa

Pero, a pesar de esa necesidad de reabrir las fronteras, Vanuatu no se apresurará en hacerlo.

El doctor Tarivonda recuerda con preocupación el caso de Papua Nueva Guinea, que estuvo casi libre de covid hasta un fuerte aumento a fines de julio.

“Si el virus entra en el país, probablemente será como un incendio forestal, y lo que estamos viendo en Papúa Nueva Guinea refleja por qué estamos preocupados”, dice.

“Dadas nuestras limitaciones y el contexto que tenemos en el Pacífico, la mejor opción es mantener el virus fuera de nuestro país el mayor tiempo posible”.

Funafuti, Tuvalu.

Getty Images
¿Llegará el covid a las remotas islas del Pacífico?

A medida que pasan los meses, aumenta la desesperación en los países cerrados del Pacífico.

Sin embargo, Jonathan Pryke, director del Programa de las Islas del Pacífico en el Instituto Lowry, no tiene ninguna duda de que la única opción para estos países es el autoaislamiento.

“Incluso si mantuvieran sus fronteras abiertas, sus principales mercados turísticos de Australia y Nueva Zelanda no estarían abiertos, ya que han cerrado sus propias fronteras”, dice.

“Así que solo habríamos conseguido lo peor de ambos mundos: una crisis de salud y una crisis económica. Tendremos años y años para ver cuáles fueron las decisiones correctas”.

“Pero echando la vista atrás, nadie duda de que cerrar fue la medida correcta para estos países del Pacífico”, concluye Pryke.

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