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Voces y rostros de las madres centroamericanas que buscan a sus hijos
Por novena ocasión, la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos está en México. Son 45 mujeres de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras que les perdieron la pista a sus hijos.
Por Juan E. Flores Mateos
5 de diciembre, 2013
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Cuando María Giselle salió del barrio La Fuente, en Managua, la capital de Nicaragua, tenía 30 años y era el año 2002. En casa dejó a su hijo adolescente que estudiaba la secundaria y los platillos de pollo que cocinaba su mamá y que tanto saboreaba.

María Giselle vivió cuatro meses en Guatemala, donde trabajó para hacer dinero y poder cruzar la frontera hacia México. Llegó al Distrito Federal meses después. Ahí, seis años después, le perdieron la pista.

“Yo perdí contacto con mi hija el 30 de Diciembre de 2007”, cuenta la señora Julia Márquez, quien marcha por primera vez en la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, ahora mismo en Veracruz.

[contextly_sidebar id=”fee44dc39b3c66da34768de75f439d82″]“Ella estuvo trabajando en muchas casas, iba de un lado a otro, la última llamada que recibí, ¡mire, aquí traigo el papelito con el nombre del lugar!”, dice Julia, quien lleva una gorra y en su mano un koala que le recuerda a su hija. Ese último contacto, según dice el papelito, se estableció desde un teléfono público de la delegación Coyoacán.

Giselle había encontrado trabajo en una casa, y lo último que su madre supo fue que hablaba mucho con un hombre llamado Óscar Raymundo.

“Este señor, se llama Óscar Raymundo Quiroz Ortega, voy a buscar a ese señor que era amigo de mi hija, la voy a encontrar”.

El hijo de Giselle, de 14 años cuando ella partió, ahora tiene 25, trabaja en una aduana y aún espera, afirma la señora Julia, ver de nuevo a su mamá, quien salió de Nicaragua en busca de trabajo tras ser despedida de la empresa en la que laboraba como secretaria.

Por primera vez Julia se sumó a la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, que por novena ocasión recorre México, tras conocer la convocatoria en la prensa de Managua.

Julia Márquez.

Julia Márquez.

En esta caravana de 45 mujeresprovenientes de Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua–, viene también la salvadoreña Blanca Gómez, quien busca a su hijo, Luis Roberto Melgar.

“Mi hijo salió el 16 de abril de 2010 a las cuatro de la mañana”, narra Blanca. “El coyote vino a buscarlo y se lo llevó. La última vez que supe de él fue meses después, ya que estaba en la frontera, donde estaba esperando el coyote a que tuviera listo el dinero.”

Luis Roberto partió a Estados Unidos el mismo año en que terminó el bachillerato, y la foto que lleva su madre es, precisamente, la de su graduación. El joven buscó trabajo para pagarse la carrera de abogado, sin lograrlo. Fue entonces que, resignado, contactó a un coyote de nombre Juan Antonio Raymundo.

Tres años han pasado desde que partió, sin volver a contactar a su familia ni jugar durante horas en las canchas de básquetbol de su barrio.

La señora Blanca no sólo lo busca a él, sino también a su hermano, Nelson Gómez Nieto, quien desapareció hace cinco meses cerca de la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, desde donde pensaba cruzar hacia Estados Unidos.

Nelson dejó en casa a su hijo de 14 años y a su mujer para salir en buscar el trabajo que había perdido en el poblado de Ozayapango, en San Salvador.

“La última vez que supimos de él trabajaba de mecánico en una empresa –narra Blanca– y como lo despidieron fue que salió pa’l norte, en busca de trabajo.”

Blanca Gómez.

Blanca Gómez.

Luego de su paso por Tabasco, Chiapas y Veracruz, en el itinerario de las madres centroamericanas quedan por recorrer los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Aguascalientes, Guadalajara, Irapuato, Estado de México, Distrito Federal, Tlaxcala y Puebla, además de que en su recorrido de vuelta visitarán nuevamente Veracruz, harán una estancia en Oaxaca y, por último, llegarán a Chiapas para abandonar territorio mexicano el 18 de diciembre a través del cruce fronterizo de Ciudad Hidalgo.

A diferencia de años anteriores, en esta ocasión las madres centroamericanas no visitarán entidades del norte del país, por seguridad.

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La historia de amor y activismo de la primera pareja gay legalmente reconocida del mundo
Hace 30 años, Dinamarca se convirtió en el primer país del mundo en reconocer la unión civil entre personas del mismo sexo. Unos meses después, la ley entró en vigor con la unión de Axel y Eigil Axgil, que hicieron historia en el movimiento LGBT.
9 de junio, 2019
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El 7 de junio de 1989 se publicó un documento histórico en Dinamarca.

La firma de la reina Margarita II selló una ley pionera aprobada por los parlamentarios daneses: el país europeo pasaba a ser el primero del mundo en reconocer oficialmente la unión civil entre parejas del mismo sexo.

“Dos personas del mismo sexo pueden registrar su unión estable”, garantiza el primer artículo de la ley.

Pese a haber sido aprobada por los parlamentarios y rubricada por la reina, la ley no entraría en vigor hasta algunos meses después, el 1 de octubre de 1989, el tiempo necesario para que los órganos públicos adaptaran sus procedimientos internos.

La primera pareja que usó por primera vez ese derecho ya convivía desde hacía cuatro décadas y era bastante conocida entre la comunidad LGBT: los activistas Axel Lundahl-Madsen (1915-2011) y Eigil Eskildsen (1922-1995) que, como prueba de amor habían adoptado el apellido Axgil (inventado a partir de la unión de sus nombres).

Tom Ahlberg, el alcalde de Copenhague, inició el evento con un pronunciamiento que reconocía la importancia de la fecha. Después, ofició la ceremonia.

Fue él quien preguntó a Axel Axgil si aceptaba a Eigil Axgil como compañero, y viceversa. Y escuchó dos veces un “sí”.

Hasta el final de ese año, 270 hombres gays y 70 mujeres lesbianas registraron sus uniones civiles en Dinamarca.

“No habíamos ni siquiera imaginado que llegaríamos tan lejos”, dijeron ellos, después de la ceremonia.

“Mantengan las mentes abiertas. Vengan y continúen luchando. Es la única manera de cambiar las cosas. Si las personas salen del armario, este tipo de legalización va a ocurrir en todas partes”.

Como afirma el artículo dedicado a ellos en la Enciclopedia Británica, el honor de ser los primeros en “casarse” se justificaba: “Sus esfuerzos sociales y políticos finalmente valieron la pena cuando, en 1989, Dinamarca se convirtió en el primer país en legalizar las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Axel y Eigil intercambiaron votos en el ayuntamiento de Copenhague”.

Según la cronología de la organización LGBT Danmark, la legalización de la unión civil homosexual fue resultado de “décadas de militancia” y sirvió para “inspirar y motivar la adopción” de leyes similares en otros países.

“La ley de la unión estable (para personas del mismo sexo, promulgada en 1989) era prácticamente idéntica a la ya existente ley danesa para matrimonios civiles, con la excepción de algunos derechos familiares relacionados con adopciones y nacionalidad. Las excepciones se fueron eliminando en los años siguientes”, contextualiza la organización.

Activismo pionero

Inspirado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas en diciembre de 1948, Axel se comprometió a crear una organización de defensa y reivindicación de los derechos para gays, lesbianas y bisexuales.

Nació entonces Kredsen af 1948 (“Círculo de 1948”).

Al año siguiente, el grupo fue rebautizado como Forbundet af 1948 (“Asociación de 1948”, o simplemente F-48). En 1951 ya congregaba a 1.339 miembros en Dinamarca, Noruega y Suecia.

“Con el final de la Segunda Guerra Mundial, el foco se puso en los valores y derechos democráticos”, contextualiza LGBT Danmark, el nombre actual de la organización, desde 1985.

“Los homosexuales empezaron organizarse. Al contrario de otros grupos que fueron perseguidos durante la guerra, los homosexuales no fueron incluidos en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948“.

Axel conoció a Eigil en un encuentro del grupo activista en 1949. Y ya nunca más se separarían.

Juntos crearon un diario con contenido destinado a la comunidad gay, el Vennen (“Amigo”, en español).

También crearon una agencia de modelos y una empresa de fotografía, ambas especializadas en temática gay.

Fueron detenidos en 1955 por la publicación de fotos de hombres desnudos. Según declararon autoridades danesas en la época, el material, “aunque no obsceno, podría ser considerado especulación comercial con intenciones sensuales”.

La pareja Axgil rehizo su vida gestionando una pequeña posada en el norte de Dinamarca, preocupada especialmente en atender con respeto y dignidad al público LGBT. Nunca dejaron el activismo.

No fue por casualidad que en la celebración de su unión, el 1 de octubre de 1989, estuvieran acompañados por una multitud de activistas y simpatizantes que se aglomeró alrededor del ayuntamiento de Copenhague.

Eigil murió en septiembre de 1995, con 73 años. Axel siguió siendo una voz influyente entre los activistas LGBT hasta su muerte, en octubre de 2011, a los 96 años. En 2013, fue aclamado póstumamente por la organización Equality Forum como uno de los 31 íconos mundiales LGBT.

“Podríamos decir que estaban muy adelantados a su tiempo”, dice el sociólogo Barry Adam, autor del libro The Rise of a Gay and Lesbian Movement y profesor de la Universidad de Windsor, Canadá.

En su libro, Adam cita la oficialización de la unión de los Axgil como un punto fundamental para la consolidación de los derechos de los homosexuales en el mundo.

Recuerda que ellos “celebraron con una gran fiesta por las calles de Copenhague”, y que el acto en sí fue emblemático dado que la población LGBT, en mayor o menor medida alrededor del mundo, vivía bajo persecución y tenía que esconder su estatus real.

La ley

William Eskridge, profesor de derecho en la Universidad de Yale, cuenta cómo fue la aprobación de la ley danesa en el libro Gay Marriage: for Better Or for Worse?: What We’ve Learned from the Evidence.

En él relata que hubo un largo debate sin precedentes en el Parlamento, con una intensa participación de sectores de la sociedad, sobre todo religiosos “cristianos fundamentalistas”, tanto sacerdotes como líderes laicos.

“Una petición firmada por 122 padres daneses instaba a los parlamentarios a archivar la ley. ‘El Estado no puede hacer leyes contra el mandado de Dios’, decía el texto. Los religiosos temían que la ley “privilegiase anormalidades”, relata el jurista.

Incluso entre los políticos hubo discusiones similares. Cuando el proyecto fue puesto a discusión, un parlamentario, en tono rudo, argumentó que la ley era “una catástrofe”, y que colocaría a Dinamarca “contra todo el resto del mundo”.

“Pocas veces hubo en el Parlamento danés un debate tan fundamental como ese, en el cual los miembros discutieron y no estuvieron de acuerdo muchas veces, sobre el papel de la religión a la hora de legislar”, puntualiza Eskridge.

Los que defendían la ley, por otro lado, argumentaban que había llegado “el día en que una forma de discriminación contra gays y lesbianas fuera eliminado de los libros de derecho”.

El día 23 de mayo de 1989, la ley fue votada. Cuando apareció el marcador, se hizo una fiesta entre el público que acompañaba la votación: 71 votos a favor, 47 en contra, 5 abstenciones.

“Axel y Eigil Axgil, los padres del movimiento gay danés moderno, sonreían triunfantes”, narra Eskridge.

El británico Richard Coles, periodista, músico y sacerdote de la Iglesia anglicana, afirma que suele pensar en la pareja Axgil cuando celebra matrimonios.

“Fue Dinamarca el que abrió el camino, con sus uniones estables civiles”, como se llamaban los de matrimonios gays.

El primer matrimonio en oficializar la unión fue Axel y Eigil Axgil, compañeros y activistas que habían participado en la campaña para cambiar la ley”, escribe Coles, en su libro Bringing in the Sheaves: Wheat and Chaff from My Years as a Priest.

“Esas uniones fueron contraídas solo en ceremonias civiles, pero la Iglesia en Dinamarca permitió que su clero realizase bendiciones de parejas del mismo sexo, bajo el argumento de que son personas, no instituciones, las que son bendecidas”, dice el sacerdote.

“En 2010, el Parlamento danés permitió que parejas del mismo sexo pudieran adoptar. Y, en 2012, las uniones civiles fueron sustituidas por matrimonios entre personas del mismo sexo. Esos casamientos pueden ser realizados en iglesias, pero el clero no está obligado a oficiarlos se no quieren”, prosigue el sacerdote.

“Eigil Axbil murió en 1995 a los 73 años. Axel Axgil murió en 2011 a los 96. Muchas veces pienso en ellos cuando estoy oficiando un casamiento de parejas que encajan en los criterios que exige la Iglesia, pero en cuyo futuro ni siquiera el jugador más imprudente apostaría”.


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