Nogales, Arizona: 30 menores detenidos a diario en su intento por cruzar a EU
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Nogales, Arizona: 30 menores detenidos a diario en su intento por cruzar a EU

En todo el país vecino, el año pasado se detuvieron a 24 mil 481 jóvenes intentando cruzar la frontera México-Estados Unidos sin la compañía de un adulto.
Por Tania L. Montalvo / segunda de cuatro partes
17 de diciembre, 2013
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La frontera entre Nogales, Sonora y Arizona, es uno de los puntos más peligrosos de la frontera entre Estados Unidos y México. //Foto: Tania L. Montalvo.

La frontera entre Nogales, Sonora y Arizona, es uno de los puntos más peligrosos de la frontera entre Estados Unidos y México. //Foto: Tania L. Montalvo.

En la garita que marca la división entre la ciudad de Nogales, Sonora en México y Nogales, Arizona en Estados Unidos, unos quince jóvenes esperan bajo el sol. Tras los vidrios en tonalidades oscuras se mira al grupo con la cabeza gacha, con la ropa raída, los zapatos rotos y el cabello despeinado. En unas horas, se convertirán en el primer grupo del día que tras haber sido detenido por la patrulla fronteriza será entregado al consulado mexicano para iniciar el camino de regreso a sus países.

Cada día, la patrulla fronteriza en esta región de Arizona, en el sureste de Estados Unidos, detiene en promedio a 30 menores de 17 años, cifra que de 2011 a 2012 se duplicó en ese estado.

En todo el país, el año pasado se detuvieron a 24 mil 481 jóvenes intentando cruzar la frontera México-Estados Unidos sin la compañía de un adulto. En 2011, esa cifra alcanzó los 16 mil 000.

Según los protocolos de la Patrulla Fronteriza, en cuanto se detecta o se tiene sospecha de que uno de los migrantes detenidos es menor de edad y viaja solo se debe dar aviso al consulado mexicano para iniciar y completar el trámite de deportación en menos de 24 horas.

En Nogales, Arizona, los menores son llevados a una zona fuera de la garita, lejos del tránsito peatonal y vehicular para una de las dos visitas que personal del consulado de México hace a la zona.

Su espera también es totalmente aparte de los centros de detención, a donde son llevados el resto de los migrantes detenidos que en 2012 sumaron 126 mil 400 sólo en la región de Arizona.

Jugo, galletas y Doritos

El vocero de la Patrulla Fronteriza, Andy F. Adame, dice que cada vez que se detiene a un migrante lo primero es asegurar que haya comido algo, así que se les entrega un paquete de galletas, un jugo de manzana y una bolsa de Doritos.

Más tarde, en los centros de detención los migrantes podrán recibir un plato de  macarrones con queso instantáneos, barras de granola y siempre tendrán un garrafón con agua a la mano.

Las celdas —ubicadas a dos o tres metros de los centros de trabajo de los agentes de Aduana y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés)­—, tienen  capacidad para 40 personas cada una, cuentan con catres de plástico y cobijas hechas también de ese material y de una especie de tela pellón.

En una de estas celdas está María, una joven de 25 años que tras un mes desde que salió de su hogar en El Salvador, pudo cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, pero se encontró con la Patrulla Fronteriza.

María respira para contener el llanto cada vez que intenta contar su historia. Su cabello negro no obedece al intento de controlarlo en una coleta y a momentos le cae sobre el rostro. Viste una blusa negra y jeans que pese a ser oscuros dejan visibles las manchas del camino, sus tenis han perdido las agujetas y están rotos del frente.

Intenta sonreír cada vez que lleva sus manos a la cara como para tapar la salida de las lágrimas.

“Mis padres ya murieron, allá sólo me queda mi hermano y se emborracha, me golpeaba hasta que un día me dijo que ya, que me fuera”, cuenta María para explicar sus motivos para emprender el viaje hacia Estados Unidos.

La joven dice que cruzó en autobús la frontera con México, que nadie le hizo preguntas hasta que encontró un retén de migración. “Estábamos dormidas cuando ya sentimos que nos tocaban y esculcaban. Nos desnudaron y nos quitaron todo, vieron que no nos quedara nada”. Según María, luego hubo otro retén de migración en donde fue la misma historia, pero al verla desnuda y asegurarse que no escondía nada, la dejaron ir.

María siguió su camino hacia la frontera. Hasta ese punto, ya había invertido 7 mil dólares, pero entonces se encontró con lo que llamó la mafia. “El de la mafia nos dijo ‘van a chingar a su madre’. Perdón por la palabra pero así fue. Y nos pidió 350 dólares para salir de ahí, pero se los dimos y nos dijo que serían otros 700 dólares”.

—¿Y si no pagabas—, le preguntan a María.

Abre los ojos y alza las cejas. De nuevo lleva las manos al rostro y usa dos dedos para frenar la salida de las lágrimas.

“Yo sólo quiero regresar a mi casa”, responde.

Los registros de la Patrulla fronteriza en Arizona indican que la mayoría de los migrantes provienen de Guatemala, Honduras, El Salvador y México. Los destinos a los que comúnmente se dirigen son Los Ángeles, Phoenix, Chicago, Atlanta y Seattle.

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Los migrantes quedan en medio de traficantes

“Antes era más humano pasar la frontera hoy es puro negocio, contrabando, crimen. Antes era por perseguir el sueño Americano, pero eso se acabó”, dice el agente Andy F. Adame.

Los meses de mayor tráfico son febrero, marzo, abril y mayo, cuando las condiciones del clima son más favorables. En el verano la temperatura en el desierto supera los 45 grados centígrados y en invierno se reduce a menos 10.

Sin embargo, el agente Adame cree que el principal peligro para los migrantes es que quedan “en medio de la acción de los traficantes de droga”.

“En esta región la droga se pasa el 95% de las veces por contratistas que van cargando en costales de frijol. Ellos van armados y están preparados para defenderse, pero también hay ‘bajadores’ que son grupos que intentan asaltar a esas mulas en su camino y ellos también están armados. Luego estamos nosotros intentando frenar todo eso y también estamos armados. En medio de todo eso, están los migrantes”.

En 2012, la Patrulla Fronteriza encontró en el desierto a 201 personas muertas, un año antes fueron 189. El porcentaje de personas no identificadas osciló entre el 69 y el 71%.

“No es común hallar un cuerpo entero, la mayoría de los cuerpos que hallamos son esqueléticos y ninguno tiene su identificación, siempre se las quitan los mismos guías y en esta zona, el 99% de las personas tiene un guía cuando intenta cruzar”.

La detención y la sospecha

En donde se unen la colonia Buenos Aires en Nogales, Sonora y el Barrio Soto en Nogales, Arizona, la Patrulla Fronteriza tiene cuatro minutos “para actuar” antes de que un migrante que haya cruzado la barda logre perderse en una comunidad.

Son aproximadamente 20 metros de recorrido desde el muro fronterizo hasta las primeras casas del Barrio Soto, pero en ese tramo, la Patrulla Fronteriza cuenta hasta con 400 sensores de movimiento, iluminación de la frontera tipo estadio, videovigilancia 24 horas y cámaras con visión nocturna.

“Tenemos cuatro minutos antes de que se nos pierdan, pero la tecnología actúa por nosotros. Sin verlos, sabemos que están ahí”, dice el agente Adame.

Como Patrulla Fronteriza, explica, actúan en las siguientes 25 millas después de la frontera —aproximadamente 40 kilómetros—, en ese tramo, “una sospecha de que es ilegal” les permite actuar.

Adame lo explica así: en mis 25 millas yo puedo detener a un auto con placas de Sonora y revisar a sus ocupantes solo por tener placas de Sonora, eso ya me puede generar una sospecha. Cuando veo a alguien caminando le pregunto en inglés cómo está o a dónde va, si no me habla en inglés, me da motivos para detenerlo, si me responde en español, es sospechoso y puedo detenerlo, si duda en responder también es sospechoso, pero si me contesta con un inglés fluido yo no tengo razón para detenerlo”.

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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