Capturan a militares por violar a indígenas hace 12 años
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Capturan a militares por violar a indígenas hace 12 años

En el último trimestre de 2013, la PGR presentó ante un juez a cuatro integrantes del Ejército que en febrero y marzo de 2002, presuntamente participaron en los ataques sexuales contra las indígenas Valentina Rosendo Cantú e Inés Fernández Ortega.
Por Paris Martínez
6 de enero, 2014
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Valentina Rosendo Cantú, en 2011, el día en que el Estado Mexicano le ofreció una disculpa pública por la agresión sufrida a manos del Ejército. //Foto: Cuartoscuro

Valentina Rosendo Cantú, en 2011, el día en que el Estado Mexicano le ofreció una disculpa pública por la agresión sufrida a manos del Ejército. //Foto: Cuartoscuro

Durante el último trimestre de 2013, la Procuraduría General de la República capturó y presentó ante un juez federal a cuatro integrantes del Ejército Mexicano, que en febrero y marzo de 2002 presuntamente participaron en los ataques sexuales perpetrados en contra de las indígenas guerrerenses Valentina Rosendo Cantú e Inés Fernández Ortega, casos por los cuales el Estado mexicano fue juzgado y hallado culpable por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en agosto de 2010.

Los uniformados procesados, quienes enfrentarán su juicio en prisión, son el cabo de Infantería Armando Pérez Abarca y el cabo jardinero Nemesio Sierra -presuntos agresores sexuales de Valentina Rosendo-, así como el sargento segundo Hugo Humberto García de León y el cabo de transmisiones Salvador Aguilar Otáñez-implicados en la violación sufrida por Inés Fernández-. Todos estaban asignados al 41 Batallón de Infantería del Ejército Mexicano cuando, en 2002, este contingente fue desplegado en la sierra de Guerrero, como parte de la estrategia federal de combate al narcotráfico.

Cabe destacar que tres de los detenidos aún fungían como elementos activos del Ejército cuando fueron capturados por la PGR, mientras que el cuarto -Nemesio Sierra- había causado baja y al ser detenido se desempeñaba como policía estatal de Guerrero.

Los acusados, quienes entre octubre y diciembre fueron aprehendidos en acciones separadas, por elementos de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres, de la PGR, enfrentarán cargos por violación sexual y abuso de autoridad, además de que los implicados en el ataque a Inés Fernández también están acusados de allanamiento de morada y robo, delitos por los cuales podrían alcanzar sentencias que van de 30 a 60 años de prisión, en caso de ser encontrados culpables.

La memoria

Tal como señala la sentencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en agosto de 2010, en contra del Estado mexicano, Valentina Rosendo Cantú fue atacada por un grupo de ocho militares en febrero de 2002 -teniendo ella 17 años-, cuando estaba lavando ropa en un arroyo cercano a su comunidad, Barranca Bejuco, en la sierra guerrerense.

Luego de interrogarla sobre la presencia de “encapuchados” en la zona, Valentina fue golpeada por dos militares, quienes después la atacaron sexualmente, mientras los otros seis soldados la rodeaban, encañonándola con sus armas y espetando burlas y amenazas.

Según las conclusiones de la Corte Interamericana, la agresión sexual sufrida por Valentina no es atribuible únicamente a los dos militares que consumaron la violación, sino también a los otros seis uniformados que la presenciaron, sin hacer nada, y quienes jugaron un rol específico en la tortura psicológica practicada contra la joven, perteneciente a la etnia me’paa y hablante del tlapaneco.

No obstante, de esos ocho atacantes, la víctima sólo pudo reconocer a dos.

Cabe destacar que, debido al acoso militar que sufrió el poblado de Valentina, luego de qué ésta denunciara el ataque sufrido, la comunidad retiró a la joven el apoyo que inicialmente le había brindado, lo que se tradujo también en que su esposo la abandonara, por lo que, a las secuelas del ataque sexual sufrido, Valentina vio sumarse la sanción social y el rechazo comunitario, los cuales, finalmente, la obligaron a abandonar su tierra junto con su hija, a la que había dado a luz tres meses antes de ser agredida por los militares.

Un mes después de violar a Valentina Rosendo, integrantes del 41 Batallón de Infantería del Ejército Mexicano también atacaron sexualmente a la indígena me’paa Inés Fernández Ortega, de 25 años.

El ataque, se detalla en la sentencia respectiva de la Corte Interamericana, igualmente emitida en agosto de 2010, fue cometido por un grupo de once militares que en marzo de 2002 surcaron el poblado guerrerense de Barranca Tecoani, donde reside Inés, en cuyo domicilio tres uniformados ingresaron sin autorización, para interrogar a la joven en torno al paradero de su marido, al que acusaban de haber robado carne que tenían secándose al Sol.

Incapaz de responder, por su poco dominio del español, Inés fue forzada a tenderse sobre el suelo, donde uno de los militares la atacó sexualmente, en presencia de los otros dos uniformados que habían allanado la vivienda, y mientras los otros ocho aguardaban fuera, escuchando los gritos de la mujer, quien pedía auxilio, y ante los cuales se mantuvieron omisos. De los once participantes, sin embargo, sólo dos pudieron ser identificados por la víctima.

Además, según las declaraciones de Inés, aunque sus cuatro hijos lograron huir de la casa antes del ingreso de los militares, una de ellas sí alcanzó a presenciar el ataque sexual del que fue víctima su madre.

Por último, Inés no sólo debió enfrentar afectaciones “en la relación con su propia comunidad indígena”, producto del aumento de la presencia militar en la zona luego su denuncia, sino que ella y sus familiares recibieron distintas amenazas de muerte ante su reclamo de justicia.

Epílogo: no hay plazos que no se venzan

Tras comprobar que los ataques por parte de militares en contra de estas dos mujeres indígenas sí fueron cometidos -algo que las autoridades negaron durante ocho años, de 2002 a 2010-, la Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó que, en ambos casos, el Estado mexicano atropelló los derechos de las víctimas a la integridad personal, a las garantías judiciales, a la protección judicial, a la protección de la honra y la dignidad, además de que violó las normas internacionales contra la violencia hacia las mujeres.

Además, la Corte Interamericana concluyó que, en estos dos casos, el Estado mexicano también violó las normas internacionales contra la tortura, ya que los ataques sexuales fueron empleados por los elementos del Ejército como método para causar sufrimiento intenso a las víctimas, en castigo por no haberles proporcionado la información reclamada.

Por todo ello, la Corte Interamericana ordenó al Estado mexicano emprender distintas medidas de resarcimiento, entre las que destacan la aplicación de reformas legales que dejaran fuera del ámbito de la justicia militar la persecución de violaciones a derechos humanos cometidas por soldados, el reconocimiento público de los agravios cometidos contra ambas mujeres, así como el otorgamiento de indemnizaciones y becas educativas para ellas y sus hijos, además de la restitución de los procesos judiciales para sancionar a los culpables.

Producto de este último punto es, pues, la captura de los cuatro militares realizada por la PGR a finales del año pasado, aunque, cabe subrayar, queda aún pendiente la identificación y procesamiento penal de otros 15 soldados, que también estuvieron implicados en los ataques a Inés y Valentina.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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