Los ganadores y los perdedores del TLC en México y EU
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Los ganadores y los perdedores del TLC en México y EU

Dos periodistas de BBC Mundo, uno en México y otro en Miami, analizan las ventajas y desventajas del Tratado de Libre Comercio entre América del Norte, que entró en vigor hoy hace 20 años.
Por BBC Mundo
1 de enero, 2014
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//Foto: Cuartoscuro.

//Foto: Cuartoscuro.

Hace 20 años, el 1º de enero de 1994, con plenas fanfarrias, entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el TLCAN (o NAFTA, por sus siglas en inglés): abría las fronteras comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá, creando uno de los bloques más importantes del mundo.

Ese mismo día se vivió un anticlímax cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se alzó en armas en Chiapas, recordándole al país y al mundo que, a pesar de que pertenecía a un grupo tan poderoso, muchos de sus problemas seguían siendo de un país en desarrollo.

Desde entonces, el TLCAN no ha dejado de estar en el centro de la controversia. Sus críticos en los diferentes países lo señalan de haber afectado sectores clave de la industria nacional, como el agrícola en México.

Lo que queda claro es que un tratado de tal envergadura ha generado beneficios pero también prejuicios.

En este artículo, los periodistas de BBC Mundo Luis Fajardo, desde Miami, y Alberto Nájar, desde México, analizan las dos caras de la moneda en sus respectivos países: un sector ganador y otro perdedor en estos 20 años de libre comercio en América del Norte.

México: un saldo de claroscuros

¿Quién ganó y perdió con el Tratado de libre Comercio de América del Norte (TLCAN)? Es la pregunta que muchos se hacen en México al cumplirse 20 años del acuerdo que firmó con Canadá y Estados Unidos.

Según especialistas, la economía del país es muy distinta a la que existía antes de 1994, pues existen algunos sectores que han resultado muy beneficiados con el acuerdo y otros que se encuentran en severos problemas.

La industria automotriz es una de las principales ganadoras del TLCAN. Según datos del gubernamental Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi), la exportación de automóviles mantiene un crecimiento promedio de 12,6% anual.

“Hasta 1993 existían 13 plantas automotrices, y ahora son más de 30 e incluso para el año próximo se espera la instalación de dos nuevos complejos ensambladores”

En cambio, en las últimas dos décadas el volumen total de las exportaciones del país aumenta un promedio de 10,6% cada año.

Hasta 1993 existían 13 plantas automotrices y ahora son más de 30 e incluso para el año próximo se espera la instalación de dos nuevos complejos ensambladores, según datos de la Secretaría de Economía.

El impacto de la producción beneficia a otros sectores como los fabricantes de cristales, llantas, pintura y refacciones en general. De acuerdo con el presidente de la Industria Nacional de Autopartes, Oscar Albín, en 2013 la producción será mayor a US$78.000 millones, “una cifra histórica” que coloca al país como el quinto ensamblador del mundo.

Es tal el auge de la industria que los gobiernos de algunos estados, como Puebla y Guanajuato, suelen disputar en sus declaraciones a quién correspondería el título de “joya de la corona” automotriz.

Pero el TLCAN también ha dejado víctimas. Antes de la firma del acuerdo, más del 80% de los juguetes que recibían los niños mexicanos eran fabricados en el país.

Hoy esa cifra se ha invertido. En 1993 la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (Amiju) registró a 380 fabricantes, pero dos años después el número se redujo a sólo 30.

Y es que con la apertura comercial entraron al país cientos de toneladas de juguetes, la mayoría hechos en China, que devastaron a la producción nacional.

“Está hecha polvo”, dijo recientemente Israel Macías López, académico de la Universidad Panamericana.

“En 1993 la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (Amiju) registró a 380 fabricantes, pero dos años después el número se redujo a sólo 30”

Dos décadas después del TLCAN los jugueteros mexicanos apenas empiezan a recuperarse. Para lograrlo, algunos establecieron alianzas con empresas extranjeras, incluso chinas, y otros se convirtieron en importadores.

También consiguieron que la Secretaría de Economía redujera aranceles a la importación de maquinaria y materia prima, además que las empresas sobrevivientes diseñaron nuevos modelos para competir con los extranjeros.

Los juguetes tradicionales prácticamente desaparecieron del mercado, indican especialistas. Ahora para comprarlos es necesario acudir a tiendas de artesanías.

El presidente de la Amiju, Miguel Ángel Martín González, asegura que el sector crece a un promedio de 7% anual. Pero los números no bastan para recuperar el escenario anterior al Tratado de Libre Comercio.

De hecho, en la balanza global la mayor producción e ingresos reportados se concentran en dos compañías de origen estadounidense.

Estados Unidos y la “aspiradora” de empleos

Cuando el Tratado de Libre Comercio (TLC) de Norteamérica entró en vigencia el 1º de enero de 1994, su principal opositor en Estados Unidos, el excandidato presidencial Ross Perot, advertía una y otra vez a sus compatriotas que pronto escucharían el ruido del TLC, asemejándolo a una “aspiradora” que engulliría buenos empleos estadounidenses y los enviaría al otro lado de la frontera con México.

Dos décadas después, su advertencia de desempleo como consecuencia del comercio ampliado con México se convirtió en realidad en algunos sectores de la economía estadounidense, particularmente en áreas como la fabricación de equipo electrónico y automotriz, mientras que en otros como la agricultura y los servicios, el acuerdo ha generado la prosperidad y empleo que prometían sus defensores.

El sindicato AFL-CIO, que agrupa a los trabajadores del sector industrial en Estados Unidos, asegura que el tratado de libre comercio con Canadá y México ha significado la pérdida de 700.000 trabajos, la mayoría de los cuales se habrían ido a México.

“El sindicato que agrupa a los trabajadores del sector industrial en EE.UU., asegura que el tratado de libre comercio con Canadá y México ha significado la pérdida de 700.000 trabajos, la mayoría de los cuales se habrían ido a México”

El Economic Policy Institute (EPI), un centro de investigación estadounidense con vínculos al sector sindical, asegura que de esos empleos perdidos, 415 mil correspondían a empleos industriales, incluyendo cerca de 150.000 trabajadores en fábricas de equipos electrónicos, y 108 mil trabajos en el sector automotriz.

No resulta sorprendente que el estado de Michigan, donde queda Detroit y el núcleo de la industria automotriz, haya salido como el peor librado, en cuanto a trabajos perdidos como porcentaje del total, según alegan los opositores del tratado. Según EPI, 46 mil puestos de trabajo desaparecieron en ese estado como consecuencia del Tratado de Libre Comercio, o cerca de 1% del total de empleos en Michigan.

El impacto total del TLC, es por supuesto, un motivo de intensa controversia, inspirada tanto en la economía como en la política. En realidad, como argumentan los defensores del libre comercio, los problemas del sector automotriz estadounidense empezaron al menos en 1973 con el embargo árabe que disparó los precios del combustible, cuando el TLC con México todavía no estaba en la mente de nadie.

Pero es probable que varios de estos problemas se hayan acelerado con el tratado, que permitió que las grandes fábricas de Detroit enviaran parte importante de su producción a México, donde los obreros ganan una fracción de lo que devengan sus contrapartes estadounidenses. Así, mientras ciudades mexicanas como Hermosillo son descritas como la “nueva Detroit”, la Detroit original es hoy en día la mayor ciudad estadounidense en haberse declarado en quiebra en toda la historia.

El mismo estudio de EPI indica que el libre comercio con México impactó negativamente otras partes del país. California perdió en ese mismo periodo 86.000 empleos, mientras que Texas perdió 55 mil plazas laborales, cerca de 0.5% del total en ese estado.

“La Cámara de Comercio de Estados Unidos controvierte los resultados que presentan los sindicatos y señala que 5 millones de puestos de trabajos han sido generados por el aumento del comercio con el resto del continente desde 1994”

Una visita a cualquier ciudad fronteriza estadounidense revela que el TLC ha cumplido su promesa de aumentar de manera dramática el comercio entre Estados Unidos y México. Ciudades como El Paso, Texas, se han convertido en enormes plataformas de exportación al sur, con cientos de camiones haciendo fila diariamente para cruzar la frontera con mercancía estadounidense.

Las exportaciones a México pasaron de 51 mil millones de dólares en 1993, a 223 mil millones en 2011, un aumento de 330%, según cifras de un estudio de la Cámara de Comercio de Estados Unidos.

La misma Cámara de Comercio controvierte los resultados que presentan los sindicatos acerca de la pérdida de empleos industriales a México y señala en cambio que 5 millones de trabajos en Estados Unidos han sido generados por el aumento del comercio con el resto del continente desde 1994.

Entre los principales ganadores con el libre comercio continental están muchos de los productores agrícolas en Estados Unidos. La Cámara de Comercio de EE.UU. indica que las exportaciones agrícolas a México en rubros como granos y carne se han quintuplicado desde que se firmó el tratado.

Otro gran sector que estaba cerrado a Washington y se abrió luego del TLC es el de los servicios. Las exportaciones de los mismos a Canadá y México pasaron de 27 mil millones de dólares en 1993 a 82 mil millones en 2011, al tiempo que productos que van desde películas de Hollywood a servicios bancarios han encontrado menos trabas para su venta al sur de la frontera.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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