México, un país con muchos obesos pero pocos nutriólogos
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

México, un país con muchos obesos pero pocos nutriólogos

De acuerdo con Inegi, en el país existe un promedio de 2,4 especialistas en nutrición por cada mil habitantes, un número bajo para la dimensión de la epidemia, advierten especialistas
9 de enero, 2014
Comparte

obesidad_bbc

México, uno de los países con mayor índice de sobrepeso y obesidad en el mundo, no tiene suficientes nutricionistas para atender a las 60 millones de personas que sufren este padecimiento.

De acuerdo con el gubernamental Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi), en el país existe un promedio de 2,4 especialistas en nutrición por cada mil habitantes, un número bajo para la dimensión de la epidemia, advierten especialistas.

Pero es sólo una parte del problema, pues muchos nutricionistas no están en el sitio donde su trabajo es más útil, le dice a BBC Mundo Abelardo Ávila Curiel, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

“Paradójicamente tenemos un buen número de profesionales, pero hay poca presencia en las instituciones públicas de salud, donde deberían estar abocados”, explica.

Así, la mayoría de los nutricionistas son reclutados por hospitales o farmacias privadas, lo cual genera dos problemas adicionales, precisa.

Primero, la mayoría de quienes padecen sobrepeso y obesidad son personas en situación de pobreza o con bajos ingresos.

Y, segundo, en muchos casos los especialistas se dedican fundamentalmente a promover productos medicinales o dietas alimenticias patrocinadas por sus empleadores.

Obesidad y desnutrición

Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, el 71,3% de los adultos mexicanos tienen sobrepeso y obesidad, al igual que la tercera parte de niños y adolescentes.

Después de Estados Unidos, México ocupa el segundo lugar con este problema entre los miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Pero hay más, advierte el investigador Ávila Curiel. El país enfrenta la paradoja de que tiene desnutrición infantil en algunas zonas rurales, y al mismo tiempo hay un índice elevado de sobrepeso entre niños que superan este problema.

Es grave, insiste, porque el daño de la obesidad en estos menores es “siete veces más alto” al que causa la desnutrición en los primeros años de vida.

Para atender el problema parte de la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control de Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes establece una campaña que promueve actividades físicas, alimentación saludable y visitar al médico.

Algo que difícilmente combatirá la epidemia de obesidad, asegura el investigador del Instituto de Nutrición.

“Lo que se trata es que antes de llegar a la consulta médica haya acciones preventivas, y en eso hay todo un campo donde el nutricionista tiene un papel central”, subraya.

Décadas de calorías

Hasta hace 40 años el sobrepeso y la obesidad no eran un problema de salud pública en México, según ha reconocido la Secretaría de Salud.

Sin embargo, a partir de aquel momento empezó a cambiar paulatinamente la dieta de los mexicanos, que empezaron a incorporar alimentos con alto contenido de azúcares y calorías.

El precio de estos productos también bajó, al tiempo que se promovió un estilo de vida más sedentario, con menos actividad física a la que se tuvo durante décadas.

A esta mezcla se suma una predisposición genética en los mexicanos para metabolizar de manera distinta las grasas y azúcares. Resultado: la epidemia de sobrepeso y obesidad que ahora se vive.

En esta ruta los nutricionistas tuvieron un papel marginal, reconocen especialistas y universidades, especialmente porque el sector público de salud los considera empleados técnicos de bajo perfil administrativo y con poco salario.

Así, el camino para combatir el problema es aún más difícil, insiste el investigador Ávila Curiel, sobre todo porque hasta ahora no se ha logrado revertir el ambiente obesogénico que hay en el país.

Desde hace varios años, por ejemplo, organizaciones civiles demandaron que se establecieran impuestos especiales a los refrescos y bebidas azucaradas, algo que apenas este año se consiguió.

Sin embargo, los fabricantes de estos productos y algunos especialistas creen que la medida llega tarde, pues los mexicanos se encuentran en los primeros lugares mundiales en el consumo de estas bebidas. Y esto difícilmente se revertirá en el corto plazo.

Contenido relacionado

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Reuters

Qué son los adyuvantes y por qué son tan importantes como la vacuna contra la COVID

El desarrollo de la vacuna contra el coronavirus no solo implica la obtención de una fórmula antígena efectiva, también se requieren elementos como los adyuvantes, sin los cuales sería reducida su efectividad.
Reuters
12 de agosto, 2020
Comparte

Así como no es lo mismo escuchar música en el celular que en los altavoces del auto, las vacunas sin adyuvantes no tienen el mismo efecto.

Se trata de substancias que, al unirse a la fórmula de las vacunas, tienen la capacidad de incrementar la respuesta del organismo humano al ser inoculado.

“Es un amplificador”, explica la doctora María Elena Bottazi, codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston y codirectora del Centro para Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, en Estados Unidos.

“El adyuvante hace que (la vacuna) llegue a más lugares dentro del cuerpo y que obviamente atraiga a diferentes componentes del cuerpo humano y así eventualmente se activen las diferentes células inmunológicas”, añade.

De ahí que, como en otros casos, son un elemento importante para el desarrollo de las vacunas para tratar el covid-19, que ya ha dejado más de 700.000 muertos y 20 millones de contagios en el mundo.

https://www.youtube.com/watch?v=xhM2rTMB9I4&t

Vladimir Putin anunció este martes que Rusia ya tiene una aprobada y registrada contra el coronavirus, la Sputnick V, y otros países avanzan a contrarreloj para crear las suyas.

Más de 160 estudios preclínicos están en marcha, pero menos de 10 en una fase avanzada hasta inicios de agosto, según la Organización Mundial de la Salud.

Las investigaciones médicas y las farmacéuticas que participan se enfrentan a un problema: el desarrollo de adyuvantes no ha sido tan prolífico en la industria mundial en los últimos años.

Y la falta de estas sustancias dificultaría que la vacuna pueda ser producida de forma masiva.

“Así como hemos escuchado mucho que tenemos que generar miles de millones de dosis de la vacuna, también tenemos que producir miles de millones de dosis de cada uno de los componentes. No solo es producir las proteínas, sino también con qué se van a combinar”, explica Bottazi.

Una mujer en un laboratorio médico

Reuters
Además de los antígenos, las vacunas llevan otros componentes químicos que deben ser producidos.

La escasez de adyuvantes y otros elementos, desde las ampolletas hasta los birreactores, “puede retrasar las vacunas”, advirtieron desde mayo los especialistas Susan Athey, Michael Kremer, Christopher Snyder y Alex Tabarrok en una carta publicada en el diario The New York Times.

La vacuna en el cuerpo

Las vacunas están compuestas por tres elementos básicos: el antígeno, los adyuvantes y los preservantes.

Una vez que la dosis ingresa al cuerpo, causa una reacción del sistema inmunitario, que intenta proteger al resto del cuerpo enviando glóbulos blancos que producen anticuerpos para contener la infección.

Así, cuando un virus intenta de nuevo ingresar por cuenta propia al organismo, los anticuerpos saben cómo actuar en su contra y eliminarlo.

Cómo funcionan las vacunas

BBC

En este proceso los adyuvantes tienen dos propósitos, “amplificar la señal y al mismo tiempo guiar la para que atraiga la respuesta correcta, a las células correctas”, señala Bottazi.

“Si no se quiere que la vacuna se disemine muy rápido, sino que llegue a las células que la necesiten, entonces se necesita tiempo y eso es lo que llamamos el efecto depot, que se deposita en un lugar y da tiempo a que se disemine la información”, añade.

Los adyuvantes por sí mismos no tienen ningún efecto; es decir, son inertes.

“Es como si se tiene un parlante pero no se le pone música. Se acoplan a lo que se quiera diseminar, en este caso el componente específico de la vacuna”, explica la especialista.

Una vacuna contra el coronavirus es probable que tenga menos efecto en las personas mayores, porque sus sistemas inmunológicos no responden tan bien a la inmunización.

Así se en la vacuna contra la gripe.

Es posible superarlo administrando múltiples dosis, pero otra solución es usar adyuvantes que estimulan el sistema inmunológico.

Los problemas que se avecinan

Durante prácticamente todo el siglo XX hubo un adyuvante que se empleó prácticamente en todas las implementaciones de vacunas: las sales de aluminio, también conocidas como alumbre).

Sigue siendo el adyuvante más conocido y uno de los más fabricados hasta la fecha.

La vacuna Pandemrix y su adjuvante

Reuters
Las dosis de las vacunas para la pandemia del virus H1N1 (en la foto Pandemrix) estaban acompañadas con un adyuvante.

A finales de la década de 1990 fue que las farmacéuticas empezaron a desarrollar otras alternativas.

Como ocurrió con otros medicamentos patentados, esos adyuvantes fueron asegurados en registros de propiedad privada.

“Al ser de propiedad intelectual privada, no se sabe mucho sobre qué son exactamente, tienen una formulación que no es genérica y no conocemos su costo“, señala Botazzi como uno de los problemas de la actual carrera por la vacuna del covid-19.

“Si los adyuvantes son experimentales, de propiedad intelectual privada o de alto costo, va a ser difícil que sean accesibles para los países de bajos recursos“, añade.

Además, si se desarollan adyuvantes nuevos, estos deberán ser probados y certificados por las autoridades médicas, un inconveniente en una situación que exige urgencia, como la pandemia actual.

Eduardo Ortega-Barria, vicepresidente y director de investigación clínica para Latinoamérica de la firma británica GSK -uno de los mayores fabricantes de adyuvantes del mundo- explica el que el tiempo usualpara obtener una vacuna es de 10 años.

“En la historia la que más rápido se ha licenciado es la vacuna contra las paperas, que se demoró cerca de cinco años, pero con el coronavirus estamos intentando hacerlo entre 12 y 18 meses“, le dijo a la agencia EFE.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

https://www.youtube.com/watch?v=FkdL3esx7t0&t=

https://www.youtube.com/watch?v=Fq8jbuaUW0M

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.