Palmerston, ¿cómo se vive en una de las islas más remotas del mundo?
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Palmerston, ¿cómo se vive en una de las islas más remotas del mundo?

60 de los 62 habitantes de esa isla descienden del mismo hombre: un inglés que se instaló allí hace 150 años
5 de enero, 2014
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La isla de Palmerston. Foto: BBC

La isla de Palmerston. Foto: BBC

Palmerston debe ser una de las islas habitadas más remotas de la Tierra.

El pequeño territorio en el Pacífico recibe un bote de suministros dos veces al año como máximo. El largo y peligroso viaje hasta allá logra disuadir hasta a los visitantes más curiosos. Y lo más llamativo: 60 de sus 62 habitantes descienden del mismo hombre: un inglés que se instaló allí hace 150 años.

Nueve días de constante movimiento. Nueves días en un bote, sin posibilidad de detenernos. Nueve días con el temor de ser golpeados por una tormenta tropical, a miles de kilómetros de un posible rescate. El Océano Pacífico es grande, mucho más grande de lo que uno podría imaginar. Este es el viaje a una isla en el fin del mundo.

Palmerston forma parte de las Islas Cook. Aterrizar es imposible. El mar es el único acceso.

Tras dos días de vuelo -desde Londres vía Los Ángeles- salimos en bote desde Tahití.

Después de navegar en nuestro pequeño barco durante cinco días, las nubes adquieren un negro amenazante. La fuerza del sol se ha ido y un frío inquietante se siente en el aire. Un ruido repentino de lluvia intensa golpea el costado de la embarcación. Un rayo golpea en el mar.

Con la vela a la altura máxima, la fuerza del viento empuja el barco y nos arrastra hacia los lados. Es muy poco lo que puede hacerse una vez que la vela se ha caído. Quedamos a completa merced del mal tiempo.

Y aquí no hay nadie para ayudarnos. En ocho días de navegación no vemos nada. No hay otros buques, ni fauna ni aviones. No hay nada.

Debido a su altura, la isla solo puede verse a unas dos millas de distancia. Cuando hay mal tiempo, es simplemente imposible avistarla. Durante años, cientos de barcos han chocado con el arrecife que está justo debajo de las olas, dejando a los marineros varados.

El último naufragio ocurrió hace apenas tres años. Los restos del barco y su enorme agujero aún pueden verse en la playa. El resto fue rescatado por los isleños. Aquí no se desperdicia nada.

Aprender a navegar con seguridad en esta barrera de corales lleva años de práctica. Incluso el barco en el que llegamos -de 10 metros de largo- tuvo que ser amarrado a unos 500 metros de la playa para evitar que la golpeara.

Cuando finalmente nos acercamos a Palmerston, vemos venir a una pequeña embarcación que se desvía hacia la izquierda y luego a la derecha.

“Hola, hola, soy su anfitrión. Enganchen su barco aquí, los llevaremos a almorzar. Yo los cuidaré a partir de este momento”, grita Bob Marsters, que viste una camisa verde azulada que combina con el agua cristalina.

Bob es el jefe de una de las tres familias de la isla. Cada una de ellas compite por atender las necesidades de los visitantes. Quienes habitan en la isla se enorgullecen de su bondad y se deleitan con la compañía extra.

Tanto la generosidad como el sistema legal y el resto de las tradiciones han sido transmitidas boca a boca de generación en generación. Son el legado de un hombre nacido en el condado inglés de Leicestershire, a unos 16.000 kilómetros de distancia.

William Marsters fue el primer habitante permanente de Palmerston hace 150 años.

En la década de 1850, Marsters vivió en las Islas Cook y a principios de 1860 fue nombrado cuidador de la isla por el comerciante británico John Brander.

Se mudó a Palmertston en 1863, acompañado de su esposa -una mujer polinesia- y dos de sus primas.

Llenó la isla de cocoteros y durante los primeros años, los barcos de Brander pasaban cada seis meses para recoger el aceite de coco producido por Marsters.

Pero después las visitas disminuyeron hasta terminarse por completo. John Brander había muerto.

En ese momento la reina Victoria le concedió a Marsters la posesión de Palmerston.

Las primas de su mujer también se convirtieron en sus esposas. Entre las tres le dieron a Marsters un total de 23 hijos. Antes de su muerte en 1899 dividió la isla en tres partes, una para cada de una de sus esposas.

Hoy en día, todos menos tres de los residentes son descendientes directos de William.

¿Para qué es el dinero?

“Sean bienvenidos a mi mundo, tierra de arenas blancas y cocoteros. Nada va mal en Palmerston”, dice Bob cuando llegamos a su casa con techo de zinc.

“Muchacho, ofrécele a esta gente un coco. Beban, beban”. El hijo de Bob abre un coco utilizando un machete y me lo entrega.

“Me encanta este lugar, quienes están en guerra deberían venir a Palmerston a nadar, a jugar voleibol. No hay necesidad de pelear y matar. Nadie se pelea aquí”, dice Bob.

Oficialmente un protectorado de Nueva Zelanda, apenas tiene muchas de las comodidades modernas que hoy damos por sentado: hay electricidad e internet durante un par de horas al día y unos pocos afortunados incluso encuentran señal de teléfono móvil.

En la isla no hay tiendas, hay sólo dos baños y se bebe agua de lluvia. El dinero sólo se utiliza para comprar objetos que vienen del mundo exterior.

“Eso es algo de lo que estoy muy orgulloso. Las familias de Palmerston trabajamos juntas, nos amamos y compartimos”, relata.

“Por ejemplo, cuando se me acaba el arroz o la harina, puedo ir al lado y si tienen, me darán”.

“Estoy muy contento de que la gente no venda cosas aquí. El barco de abastecimiento no ha venido en seis meses, pero no nos falta arroz o carne, nos la arreglamos con cocos y pescados. Pero cuando el carguero llega es como el día de Navidad “, indica riendo.

Bob es el alcalde de la isla y vive en un extremo de la calle principal, una franja de arena de no más de 100 metros de largo y media decena de construcciones.

“En esta calle principal no hay paradas de autobús, no hay autobuses que esperar en Palmerston “, dice.

Del lado derecho de la carretera está la iglesia, el centro de la vida comunitaria. Es también uno de los edificios más nuevos y sólidos de la isla.

La aislada Palmerston debe resistir la fuerza de cualquier tormenta; por eso los isleños atan sus edificios a los árboles. En 1926, un tifón arrasó con los cimientos de la antigua iglesia.

Hay un ritmo de vida establecido los domingos. La campana suena para llamar a esta comunidad cristiana para el servicio de las 10 de la mañana y el trabajo o el juego no están permitidos hasta después de las dos de la tarde.

Después de la misa, es hora de comer. Como invitado, me dan una mesa para mí solo. Cuatro cacerolas son alineadas frente a mí con pescado, arroz, pollo y pasteles dulces.

Los cuatro hijos de Bob miran mi mesa con ansias. Toda la familia debe esperar hasta que el invitado coma su ración antes de que les sea permitido comer.

Pero después de unos 30 segundos, Bob se lanza sobre la comida. “Normalmente esperaría, pero tú eres mi amigo. Nos conocemos demasiado bien como para esperar”. Y antes de terminar la oración, ya está masticando profusamente.

“Come, come”, me invita, balanceando su brazo sobre la mesa. “Quiero engordarte tanto que no quepas en el bote y que para irte, tengas que adelgazar de nuevo y te quedes más tiempo en Palmerston”.

La comida es muy importante. La pesca ocupa gran parte del día de la mayoría de los ‘palmerstorianos’.

Como visitante, es prácticamente imposible caminar hacia cualquier lugar sin que te ofrezcan cuatro comidas distintas.

Producto de exportación

Bill, el hermano de Bob, es un ‘ofrecedor’ compulsivo de almuerzos, miembro del consejo y pescador orgulloso.

“El número de peces está disminuyendo”, me cuenta.

Las poblaciones anteriormente abundantes de sus peces loro favoritos se están agotando más rápido que otras.

Así que, de pie, en la parte posterior de su pequeño bote de aluminio, Bill se dirige hasta más allá del arrecife en busca de otros peces.

Después de dos horas arrastrando cuatro largas líneas de pesca por el agua, solo pescamos una barracuda y una sierra.

“El consejo anterior, en los años 90, puso una veda de dos años a la pesca del pez loro”, explica Bill, “pero seis meses después, alguien dijo: ‘Necesitamos dinero para Navidad’. Y allí acabó”.

El pescado es el alimento básico de los isleños y su único producto de exportación. Una o dos toneladas de peces loro son congeladas y recogidas por el barco de suministro que viene dos veces al año para entregar suministros esenciales como arroz y combustible.

O al menos es así en teoría. A veces el barco no llega. Hace apenas dos años, no vino durante 18 meses.

La lejanía de la isla representa también otros desafíos. Algo tan simple como ir al dentista se convierte en una gran expedición.

Cuando la habitante más vieja de Palmerston, Mama Aka, de 92 años de edad, fue a someterse a un trabajo dental en Rarotonga, la capital de las Islas Cook, le tomó cuatro días llegar allí. Y después de un procedimiento dental breve, tuvo que esperar seis meses para que un buque la trajera de vuelta.

Matrimonios endogámicos

Aunque algunos consideran que el aislamiento es uno de los atractivos de la vida en el lugar, en otros aspectos, es una amenaza, especialmente porque todo el mundo -con excepción de dos profesores y una enfermera- son familiares entre sí.

Bill tuvo seis hijos con su primera esposa, una mujer que él creía era su prima segunda. Pero de hecho, era su prima-hermana.

“Oí que si te casas con un primo cercano de la familia, esto puede tener efectos en tu descendencia”, dice . “Pero yo no lo creía hasta que nació nuestro segundo hijo, que llegó con problemas. Era un niño normal hasta los seis meses. Viajamos a Nueva Zelanda para darle tratamiento, pero no había nada que pudieran hacer”, relata.

“Su padre y mi padre eran hermanos. Para el momento en que lo supimos ya era muy tarde, ya habíamos tenido hijos. No hay nadie más en esta isla y por eso es tan común el matrimonio endogámico”.

Para algunos, el aislamiento de Palmerston es una razón para irse. Entre 1950 y 1970 la población era de 300 habitantes y ahora es solo de 62. Un tercio de ellos son niños y todos lucen saludables y felices.

Pero muchos de ellos esperan partir hacia otras ciudades a miles de kilómetros de distancia, donde los servicios son mejores, los salarios son más altos y donde -quizás lo más importante- hay mayor variedad de potenciales parejas.

Cuando Mama Aka estaba creciendo, recuerda, algunas personas acostumbraban casarse con sus medios hermanos. Pero los chicos de ahora están “mirando hacia el futuro”.

“Tal vez planean casarse lejos”, aventura.

Palmerston ha sido siempre así: un lugar donde la gente va y viene, donde algunos llegan con la intención de visitar y donde otros han sido forzados a vivir la experiencia de quedarse.

Todo parece indicar que tienen una buena vida. Los días son largos y las horas de trabajo cortas. Como dice Bob: “Eres libre de hacer lo que quieras hacer”.

Por las noches, los niños en edad escolar nadan o juegan voleibol y algunos de los hombres se reúnen alrededor de única televisión de la isla para ver rugby.

Las mujeres, mientras tanto, se relajan en sus hamacas.

El alcohol no está presente en estas actividades, al menos no hasta que llegue el próximo barco de abastecimiento. Sólo en ocasiones especiales elaboran cerveza.

El policía menos ocupado del mundo

Edward, el policía de la isla, es probablemente el oficial de policía menos ocupado del mundo.

Le pregunto a uno de los isleños qué pasaría si alguien se robara un coco.

“Si eso ocurre es porque se siente desesperado y tiene demasiado orgulloso como para pedir uno”, me responde.

Edward aprovecha su tiempo libre. Es especialmente bueno haciendo ukuleles y también es músico.

Mientras nos preparamos para salir, Bob aparece con una cesta de pescado y nos entrega dos para el viaje de regreso.

Se voltea, mira hacia el mar y dice: “Fuimos hechos para disfrutar del mundo, para disfrutar del aire puro, del sol, de las cosas que Dios nos puso en la Tierra. Él no nos puso aquí para matar y odiar a otras personas.

Con sus palabras emprendemos el rumbo a través de los arrecifes. Es un viaje que muchos jóvenes isleños harán en los próximos años, sin saber cuántos de ellos volverán.

 

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Qué se sabe de la vacunación masiva que Rusia prepara para octubre y por qué genera dudas

La Organización Mundial de la Salud alertó que, pese a existir diversas vacunas en fase final de pruebas, la efectividad de las mismas estaba por ser demostrada y que, probablemente, nunca habrá una "solución inmediata".
8 de agosto, 2020
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El desenfreno por encontrar una nueva vacuna contra el coronavirus es quizás “la carrera espacial” del siglo XXI.

Si a mediados del siglo pasado llegar al cosmos y conquistarlo era el desafío de las grandes potencias, ahora lo es encontrar una solución que ponga fin a la pandemia.

Y otra vez, como hace medio siglo, Rusia quiere dejar atrás a sus contendientes: la pasada semana, el Kremlin anunció que iniciaría en octubre un proyecto de vacunación masiva contra el coronavirus con una inyección de la que poco se sabe y cuya eficacia ya ha sido cuestionada por expertos internacionales.

Según informó el ministro de Salud, Mijail Murashko, tras “completar ensayos clínicos”, el país realizará los registros y comenzará la producción de las dosis para iniciar en dos meses la vacunación masiva.

“La primera vacuna contra el coronavirus, desarrollada por el Instituto Gamaleya, ha completado sus ensayos clínicos y ahora se está preparando la documentación para el procedimiento de registro”, indicó Murashko.

De acuerdo con el ministro, el país está a la vez probando otras vacunas que también esperan someter a otros ensayos clínicos en los próximos meses.

Rusia no es la primera nación en probar vacunas contra el coronavirus o en decir que tiene una con resultados alentadores (incluso Corea del Norte lo aseguró este fin de semana), pero sí es el primero que anuncia que se lanzará a vacunar de forma masiva a su población.

Gráfico

BBC

La efectividad de la vacuna, sin embargo, ha sido puesta en tela de juicio.

Rusia no ha publicado ningún estudio o dato científico sobre las pruebas que realizó y tampoco se conocen detalles sobre las fases del proceso que generalmente debe cumplir antes de aprobar y lanzarse al mercado una vacuna.

El viernes, en una audiencia en el Congreso de Estados Unidos, el doctor Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas de EE.UU, cuestionó si los métodos utilizados en Rusia y China para probar las vacunas fueron correctos por la rapidez con que se completaron.

“Nosotros también podríamos tener una vacuna mañana. No sería segura o efectiva, pero podríamos tener una vacuna mañana”, dijo.

La Organización Mundial de la Salud alertó que, pese a existir diversas vacunas en fase final de pruebas, la efectividad de las mismas estaba por ser demostrada y que, probablemente, nunca habrá una “solución inmediata”.

“Varias vacunas se encuentran ahora en ensayos clínicos de fase tres, y todos esperamos tener varias efectivas que puedan ayudar a prevenir la infección de las personas. Sin embargo, no hay una solución inmediata en este momento y puede que nunca la haya”, dijo el director de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

¿Qué se sabe de la vacuna rusa?

Según explica el servicio ruso de la BBC, la primera vacuna rusa contra el coronavirus fue desarrollada por científicos del Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología (Gamaleya) junto con el Ministerio de Defensa.

A mediados de junio, este último informó sobre la finalización “exitosa” de las pruebas en voluntarios en el hospital militar Burdenko, aunque no publicó ningún tipo de evidencia científica al respecto.

voluntarios

Reuters
Rusia mostró algunos de los voluntarios que participaron en la prueba.

“En el momento del alta, todos los voluntarios sin excepción que recibieron inmunidad al coronavirus se sintieron bien. Por lo tanto, la primera vacuna doméstica contra la nueva infección por coronavirus está lista”, dijo entonces el primer viceministro de Defensa, Ruslan Tsalikov.

El funcionario indicó entonces que la producción masiva de la vacuna estaba programada para comenzar en agosto, cuando esperaban recibir la aprobación final.

El Ministerio de Defensa enfatizó que los resultados de la prueba mostraban “inequívocamente” el desarrollo de “una respuesta inmune en todos los voluntarios, sin efectos secundarios, complicaciones o reacciones no deseadas”.

No se informó cuántas personas fueron sometidas a la prueba, detalles de las mismas o información sobre cuánto duraría la respuesta inmune o el tipo de inmunidad que produciría la vacuna.

El anuncio de la campaña de vacunación masiva se produjo cuando, según la agencia estatal Itar-Tass, Rusia aún se encuentra en “la etapa final de la segunda fase” de la vacuna, (de tres, la última de las cuales es la más decisiva y ofrece las claves reales sobre su potencial uso extendido).


Las fases de prueba de una vacuna

En una reciente entrevista con BBC Mundo, la doctora Maria Elena Bottazzi, experta en vacunología tropical de la Universidad de Baylor, en Houston, EE.UU., explicó las distintas fases de prueba de una vacuna y la importancia de su cumplimiento.

De acuerdo con la experta, que co-dirige el desarrollo de una de las vacunas contra el covid-19, hay tres fases previas al registro y aprobación de una vacuna.

  • “La fase 1 es la evaluación inicial de seguridad en la que se prueba en un número de individuos muy pequeño y se hace en un rango de edad también muy restringido, entre 18-50 años”.
  • “En la fase 2 se expande a cientos de individuos y ya se empiezan a ver indicios de la potencial eficacia de la vacuna. En esa fase se empieza a dar la idea de cuántas dosis serían necesarias y qué distancia de tiempo debe haber entre estas dosis”.
  • “Ya la fase 3, que es la más importante, es la que se hace multicéntrica, o sea, en varios lugares. Requiere miles de personas y de nuevo es necesario expandir el perfil de seguridad y el número de dosis”.

“Todavía falta mucho por la parte de las evaluaciones clínicas para determinar no solo cuál es el perfil de seguridad de las vacunas que están siendo evaluadas, sino también si son efectivas una vez que sean distribuidas”, señaló Botazzi.


¿Qué se sabe de la campaña de vacunación de Rusia?

Según indicó el Ministerio de Salud, tras el registro y la producción se prevé comenzar una campaña de vacunación en octubre de forma gratuita.

Inicialmente, de acuerdo con la autoridad sanitaria, se vacunará a grupos especiales de la población: médicos, maestros y aquellos que están constantemente en contacto con grandes grupos de personas.

Según la viceprimera ministra rusa, Tatiana Golikova, la vacuna, que es “una de las dos más prometedoras” que se prueban actualmente en el país, será sometida a un ensayo clínico mayor este mes.

“En agosto de 2020, se planea probarla bajo otras condiciones, es decir, después del registro se planea otro ensayo clínico para 1.600 personas. Se espera el lanzamiento a la producción industrial en septiembre de 2020”, dijo.

Inyección

Getty Images
Las vacunas tienen que pasar generalmente por varias fases de prueba hasta que puedan aprobarse para uso masivo.

Este lunes, en una entrevista con la agencia estatal Itar-Tass, el ministro de Industria y Comercio Denis Manturov indicó que el mes próximo tres compañías rusas comenzarán la producción comercial de “la primera vacuna contra el coronavirus”.

¿Por qué genera sospechas y dudas esta vacuna?

El servicio ruso de la BBC señala que tanto dentro como fuera de Rusia varios expertos y analistas han expresado temores de que los ensayos clínicos puedan haber sido insuficientes en el esfuerzo del Kremlin por ganar la carrera de las vacunas contra otros países.

El presidente ruso, Vladimir Putin, instruyó al gobierno en abril a tomar decisiones destinadas a simplificar y acortar el plazo para los ensayos clínicos y preclínicos.

En mayo pasado, la Asociación de Organizaciones de Investigación Clínica criticó a Rusia luego de que se conociera que los científicos del Instituto Gamaleya se habían autoinculado algunas dosis, cuando aún estaban en la etapa de prueba de la vacuna en animales.

Sin embargo, el director del Instituto, Alexander Gintsburg, explicó que el personal del centro se había inyectado un medicamento experimental “para continuar desarrollándolo sin el riesgo de infección durante la pandemia”, y señaló que los científicos no tuvieron efectos secundarios.

Laboratorio

Getty Images
Los avances en la búsqueda de una vacuna se están produciendo a una velocidad extraordinaria, según científicos.

El servicio ruso de la BBC indica que recientemente hubo reportes de que algunos miembros de la élite rusa supuestamente obtuvieron en abril acceso a la vacuna contra el coronavirus producida por el Instituto Gamaleya, aunque el Ministerio de Salud lo negó.

Varios expertos internacionales, incluido Fauci, también han cuestionado la prisa de Rusia, la posible efectividad de la vacuna y el hecho de anunciar una campaña masiva de vacunación sin haber terminado las pruebas a mayor escala.

Cualquiera puede decir que tiene una vacuna y fabricarla, pero hay que demostrar que es segura y efectiva, lo cual dudo que lo hayan demostrado”, dijo Fauci la semana pasada en una entrevista con BlackPressUSA TV.

“Hay que tener cuidado con los que ahora dicen tener una vacuna”, agregó.

La periodista científica rusa Irina Yakutenko también cuestionó el procedimiento por considerar que “inocularán la vacuna y verán lo que sucede, no se esperan análisis y comparaciones normales”, dijo en su canal de Telegram.

De acuerdo con el servicio ruso de la BBC, otra de las preguntas que quedan por resolver también es qué tan efectiva será la vacuna y si el país logrará comenzarán la producción a tiempo a gran escala antes de la fecha prometida, dados los desafíos de infraestructura que esto supone.

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