¿Cómo será la vida del Chapo en el Altiplano?
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¿Cómo será la vida del Chapo en el Altiplano?

La cárcel donde está el Chapo es un lugar de claroscuros, pues tiene algunos de los mejores indicadores entre penales federales, pero no está libre de estadísticas malas, a lo que se debe sumar que convivirá aquí con algunos de sus peores enemigos en la guerra de cárteles.
Por Omar Granados
26 de febrero, 2014
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Penal del Altiplano. Foto: Cuartoscuro.

Penal del Altiplano. Foto: Cuartoscuro.

La cárcel donde está el Chapo es un lugar de claroscuros, pues por un lado tiene los mejores indicadores entre los penales federales, de acuerdo con estudios, pero no está libre de malas estadísticas, a lo que se debe sumar que el líder del cártel de Sinaloa convivirá con algunos de sus peores enemigos de cárteles rivales.

Si bien se sabe que Joaquín “el Chapo” Guzmán no será tratado como un interno más y la autoridad está tratando de llevar el debido proceso de la mejor manera, el titular de la PGR, Jesús Murillo Karam, ha confirmado que en el corto plazo el líder del cártel de Sinaloa no será extraditado, por lo que al menos en el futuro cercano estará en el centro de reclusión de máxima seguridad del Altiplano, en el Estado de México.

La vida en el penal del Altiplano

A mediados de 2012, el CIDE levantó la Primera encuesta realizada en los centros federales de readaptación social, el único estudio externo sobre estos penales y, de acuerdo con sus resultados, el penal del Altiplano es donde hay menos reos por celda y más bienes y servicios recibían los poco más de 8 mil internos del sistema penitenciario federal.

Aunque el Chapo lleva el inicio de su proceso legal apartado de otros internos, quizá pronto le toque compartir una celda con uno o dos de ellos, el promedio que registró el CIDE en este penal, muy lejos de las 22 ó 23 personas que comparten celdas en Islas Marías, por ejemplo.

Este penal, fundado en 1991, es donde más internos se sienten seguros (59%), en comparación, el penal de Islas Marías, donde sólo una tercera parte cree que está seguro. De hecho, en los penales federales 20% de los reos han sufrido robos al interior y 30% ha recibido golpes.

Por otra parte, la mitad de los presos en el Altiplano ha recibido malos tratos y 74% recibe castigos, tales como suspensión de visitas y llamadas familiares y aislamiento.

Probablemente, Guzmán Loera formará parte del 2% de los internos federales que compran todos sus bienes permitidos como sábanas, cobijas, zapatos y ropa, pero si quiere esconder su dinero podría recibir todos estos bienes de la institución, como lo hacen prácticamente todos los internos en este penal.

Lo que es un hecho es que el capo podrá recibir envíos de 638 pesos mesuales, pues es la forma de adquirir artículos básicos para el 93% de los internos en este centro.

Ficha de Joaquín Guzmán Loera. Foto: Cuartoscuro.

Ficha de Joaquín Guzmán Loera. Foto: Cuartoscuro.

Sin embargo, el líder de Sinaloa tendrá que comprar algunos de sus alimentos, pues muy bajos porcentajes de los reos federales creen que los penales proporcionan estos servicios en forma satisfactoria. Sin embargo, en el Altiplano, 97% de los presos recibieron agua potable, comparado con el 13% que la recibe en el penal federal Norponiente.

Por otra parte, los baños aquí son los de mayor privacidad y limpieza, de acuerdo con el estudio del CIDE, mientras que los alimentos son los de mejor calidad junto con los del penal Norponiente.

Sin embargo, uno de los puntos débiles de este penal lo constituyen los servicios médicos, pues 40% de los internos opinaron que son malos o muy malos y que tardan un mes o más en recibirlos.

Aunque el Chapo Guzmán podrá ver y hablar con su abogado y a su familia, ésta será la única forma de saber del exterior, pues en el Altiplano sólo 7% de los reos tienen una televisión, nadie tiene acceso a periódicos y sólo la mitad de los reos recibe revistas. Quizá, como el 90% de los internos en el penal, consiga algunos libros como alternativa.

Las autoridades encargadas de la seguridad del inmueble afirman que las transmisiones de teléfonos celulares están limitadas a 10 km. de la prisión, bloqueando toda comunicación entre los internos y sus cómplices.

Guzmán podrá ver a su familia y hablar con ella por teléfono una vez por semana, en comparación con el penal Norponiente, donde una cuarta parte de la población no puede recibir visitas ni puede hablar con familiares. Sin embargo, sólo 5% de los presos creen que su familia recibe un buen trato al visitar la prisión.

Finalmente, el Altiplano es el penal donde los internos reciben más visitas conyugales, pues una quinta parte de ellos tiene este privilegio alrededor de una vez al mes.

Los enemigos del Chapo, sus nuevos vecinos

Sumado a la condiciones de vida de los internos, Guzmán convivirá en las zonas comunes de la prisión con algunos de sus principales enemigos en la guerra por el territorio y el tráfico de drogas desde su escape del penal de Puente Grande en 2001. Estos serán algunos de sus enemigos que podría ver regularmente:

Los Zetas

Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”, quien fuera uno de los líderes de Los Zetas, se retó a muerte con el Chapo mediante mensajes en diversos momentos y se sabe que en el centro del país libró batallas en la zona de influencia de Sinaloa, durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón.

Jaime González Durán, “El Hummer”, considerado por la Procuraduría General de la República (PGR) como el tercer hombre en importancia del grupo de pistoleros y narcotraficantes conocido como Los Zetas, fue recluido en el Altiplano en 2008.

Los hermanos Arellano Félix

Teodoro García Simental, alias “El Teo”, Eduardo Arellano Félix, “El Doctor” y Francisco Javier Arellano, alias “el Tigrillo”, figuras principales del cártel de Tijuana, quienes libraron una guerra por el control de la frontera ante el cártel de Sinaloa, también están recluidos en el Altiplano.

Los cárteles no sólo tuvieron una división desde que se separara el cártel de Guadalajara, sino que incluso han trascendido intentos de los Arellano Félix para asesinar a Guzmán Loera.

Los Beltrán Leyva

Edgar Valdez Villarrea, la Barbie, fue trasladado al penal del Altiplano luego de su detención en 2010. Fue un operador principal del cártel que se enfrentó de forma más sangrienta con el Chapo, luego de acusar una traición que llevó a la detención de Alfredo Beltrán Leyva en 2008.

José Joaquín Balderas Garza, el JJ, el presunto agresor del futbolista Salvador Cabañas, fue el jefe de sicarios de los Beltrán Leyva y su ingreso al penal de alta seguridad está relacionado con sus presuntas operaciones en este cártel.

Gerardo Álvarez Vásquez, alias el Indio, fue recluido en El Altiplano en 2010 luego de haber sido considerado como uno de los principales colaboradores de la organización criminal de los Beltrán Leyva.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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