10 preguntas del vuelo de Malaysia Airlines sin respuesta
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10 preguntas del vuelo de Malaysia Airlines sin respuesta

La BBC habló con varios expertos sobre los misterios que rodean el paradero del avión que desapareció hace casi 20 días. ¿Por qué cambió su ruta?, ¿supieron los pasajeros lo que pasaba?, ¿el piloto intentó suicidarse?
27 de marzo, 2014
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Han pasado 19 días desde la desaparición del vuelo MH370 de Malaysia Airlines. Y aunque este lunes Malasia aseguró que el avión acabó en el océano y dio por muertas a las 239 personas que viajaban a bordo, todavía no se sabe qué le sucedió a la aeronave, dónde se encuentra exactamente ni qué circunstancias llevaron a su desaparición.

El miércoles, las autoridades malasias indicaron que nuevas imágenes satelitales revelaron la presencia de 122 objetos en el mar que podrían ser restos del avión. Son, aseguraron, elementos de más de 20 metros de largo, avistados a unos 2.557 km de Perth.

Sin embargo, Malasia no confirmó que esos objetos sean restos del avión.

La BBC recopiló 10 interrogantes clave para entender qué pasó con el vuelo desaparecido el 8 de marzo cuando volaba de Kuala Lumpur a Pekín y le planteó las preguntas a varios expertos.

Lea: Los británicos que resolvieron el enigma del vuelo

1.- ¿Por qué el avión cambió su ruta de manera tan radical?

Radares militares indican que el vuelo MH370 giró inesperadamente hacia el oeste cuando modificó el trayecto que tenía previsto seguir. En ese momento, el transpondedor -aparato que permite la comunicación con el personal en tierra- se había apagado y el último mensaje había sido enviado.

Este tipo de cambios son “extremadamente raros”, según Guy Gratton, del Departamento de Seguridad Aérea de la Universidad de Brunel, en Londres, Reino Unido. Explica que la única razón por la cual los pilotos realizarían esa maniobra sería por un problema grave que requiriera desviarse para aterrizar.

La causa pudo haber sido un incendio, otra aeronave en el área o una descompresión súbita, de acuerdo a lo que explica David Barry, experto en análisis de información aeronáutica de la Universidad de Cranfield, en Inglaterra, Reino Unido.

Una acción malintencionada, por parte del piloto o de otra persona, es otra posibilidad.

Pero a menos que se encuentre la caja negra, lo que pasó en la cabina en ese instante seguirá en el ámbito de la especulación.

Lea también: Por qué las cajas negras no siempre dan las respuestas

2.- ¿Es razonable considerar la posibilidad de que el piloto pudo haber intentado suicidarse?

Si fuera el caso, no se trataría de la primera vez que ocurre. Se piensa que los accidentes de los vuelos 990 y 185, de Egypt Air y Silk Air respectivamente, y que tuvieron lugar en 1997, fueron ocasionados por los pilotos. La Red de Seguridad Aérea ha registrado ocho casos similares desde 1976.

Hasta el momento, y luego de las inspecciones realizadas en las residencias del capitán del vuelo MH370, Zaharie Ahmad Shah, y su copiloto, Fariq Abdul Hamid, no se ha hecho pública evidencia que respalde esta teoría.

Lea también: Lo que se sabe de los pilotos hasta ahora

Se ha especulado acerca del estado emocional en el que se encontraba Shah tras la separación de su esposa, pero no hay una fuente confiable que respalde esta posibilidad. Se ha informado que la policía todavía está investigando el simulador de vuelo encontrado en su casa.

Se ha especulado acerca del estado emocional en el que se encontraba Shah tras la separación de su esposa, pero no hay una fuente confiable que respalde esta posibilidad. Se ha informado que la policía todavía está investigando el simulador de vuelo encontrado en su casa.

La aparente desconexión de ciertos sistemas a bordo del avión le dan peso a esta teoría, pero Barry y Gratton coinciden en afirmar que no hay evidencia que pruebe –o no- que así ocurrió.

3.- ¿Es factible hablar de secuestro?

Tras los ataques que ocurrieron en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, los aviones están equipados con puertas de acceso a la cabina reforzadas, con el objetivo de impedir que asaltantes puedan tomar el control de la aeronave. David Learmount, editor de seguridad de la revista Vuelo Internacional, dice que están hechas a prueba de balas y no pueden abrirse con un hacha.

Sylvia Wrigley, piloto de avionetas y autora de ¿Por qué los aviones se estrellan?, está de acuerdo. Considera que es muy poco probable que alguien lograra entrar en la cabina a la fuerza. “Incluso si pudieran hacerlo, los pilotos tendrían tiempo de realizar una llamada de emergencia, a menos que estuvieran incapacitados”, dice.

Sin embargo, un expiloto que prefirió mantener el anonimato, señala que, teóricamente, hay forma de abrir la cerradura que controla el acceso al lugar donde se encuentran los controles.

Al margen de cuán segura sea la puerta, se presentan ocasiones en las que un miembro de la tripulación tiene que salir de la cabina, y ese momento podría aprovecharse para que alguien se introdujera en la misma. También existe la posibilidad de que el piloto haya invitado a alguien al centro de control del avión, después de que circularan fotos de un vuelo previo en las que se muestra al copiloto del MH370 con visitantes.

Pero incluso en un escenario como el descrito, los pilotos podrían realizar un contacto de emergencia con el personal de tierra.

Lea también: El misterio del vuelo MH370

4.- ¿Hay algún escenario en el que sea factible que lo ocurrido haya sido un accidente?

La mayoría de las teorías se basan en que los sistemas de comunicación fueron desconectados deliberadamente, lo cual es respaldado por las autoridades malasias.

Sin embargo, Wrigley cree que pueden haberse desencadenado una serie de eventos que expliquen lo ocurrido. “Pudo haberse producido un incendio, que afectó el funcionamiento de algunos de los sistemas del avión, pero la aeronave se mantuvo intacta. A continuación pudo registrarse una descompresión gradual”, señala Wrigley.

La experta recuerda el caso del vuelo 522 de Helios Airways que se estrelló con una montaña en Grecia en 2005, luego de que la falta de oxígeno ocasionada por una descompresión inhabilitara a la tripulación.

En este caso, se activó el piloto automático, por lo que el avión habría seguido volando hasta quedarse sin combustible si no se hubiera estrellado. Wrigley afirma que no es un escenario muy factible para el MH370, pero tampoco es imposible.

Los pilotos explican que en sesiones de entrenamiento en casos de emergencia, una de las primeras acciones que se toma es el envío de un mensaje al personal de control aéreo. De tratarse de un accidente, lo que sea que lo ocasionó, tiene que haber afectado todos los medios de comunicación.

Lea también: Cómo pueden las matemáticas ayudar a encontrar el MH370

5.- ¿Por qué no se hizo nada cuando se dejó de percibir la señal del avión?

El transpondedor fue apagado cuando la aeronave estaba sobre el Mar de China, entraba en el espacio aéreo vietnamita y finalizaba su contacto con los controladores aéreos malasios.

Barry y Gratton afirman que, si esto hubiera pasado en Europa, la falta de contacto se habría notificado con gran rapidez.

“Se esperaría que, por lo menos, el personal en tierra contactara a aviones que estuvieran en la misma zona para tratar de establecer contacto directo. Los pilotos utilizan un sistema para evitar colisiones que detecta otros transpondedores para garantizar que no están muy cerca de otras aeronaves”, dice Gratton.

Por su parte, Learmount considera que es perfectamente factible que nadie haya notado la desaparición y que los operadores malasios hayan pasado el control a los vietnamitas desentendiéndose del avión.

6.- ¿Por qué es difícil seguir el trayecto de vuelo con satélites militares?

El esfuerzo de búsqueda a unos 2.500 km al suroeste de Perth, en Australia, se basa en las imágenes de compañías comerciales de satélites.

Dan Schnurr, director tecnológico de Geospatial Insight, una empresa de procesamiento de imágenes, explica que hay alrededor de 20 satélites que tienen una resolución que permite obtener imágenes como las que se han utilizado de referencia.

De esos 20, unos 10 procesan imágenes diariamente. Las mismas se reciben prácticamente en tiempo real y están disponibles dos o tres horas después de ser captadas, señala Schnurr. El retraso en detectar información importante se debe al tiempo que toma analizar la cantidad de imágenes recibidas.

También hay satélites que pertenecen al gobierno, pero no han aportado muchos datos para la búsqueda, lo que ha generado especulación acerca de que no se ha revelado toda la información disponible.

Laurence Gonzalez, autor de Vuelo 232: una historia de desastre y sobrevivencia, afirma que hay naciones que tienen sistemas de vigilancia mucho más sofisticados de lo que se cree.

“Si un misil pequeño puede ser detectado con facilidad, ¿cómo no pasa lo mismo con un avión grande que se mueve con lentitud? Eso me dice que alguien sabe dónde está el avión, pero no quiere hablar de eso para no comprometer la seguridad de su país al revelar la sofisticación de los equipos que poseen y que su tecnología satelital es capaz de leer la etiqueta de una pelota de golf”, comenta Gonzalez.

Pero Gratton señala que los satélites militares que detectan misiles probablemente no ofrecerían muchos datos útiles porque no están calibrados para detectar objetos de las dimensiones de un avión.

“El vuelo MH370 estaba a una distancia de la superficie de 11km y viajaba a tres cuartos de la velocidad del sonido; los misiles la cuadriplican o quintuplican y suelen elevarse entre 50 y 80km. Tienen perfiles distintos”, concluye.

7.- ¿El avión planeó o se precipitó al agua después de quedarse sin combustible?

El que el piloto estuviera a cargo, o no, marcó los últimos momentos.

“Si fue el primer caso, el avión pudo haberse deslizado sobre el agua. Los motores del Airbus que se precipitó al río Hudson, en Nueva York, Estados Unidos, habían dejado de funcionar -lo que equivale a no tener combustible- y el piloto amarizó”, comenta Gratton.

Barry coincide y agrega: “Una aeronave de este tamaño volaría por unos 80km antes de caer al agua. Pero si nadie manejaba los controles, el descenso pudo haber sido extremadamente brusco”.

8.- ¿Los pasajeros supieron que algo estaba mal?

Si no hubo un problema serio, es difícil saber si quienes estaban a bordo notaron algo.

Joe Pappalardo, editor de la revista Mecánica Popular, dice que en la mayoría de los escenarios en los que el avión se sale de curso durante horas, los pasajeros no se dan cuenta.

A la 01:00 muchos estaban dormidos. En la mañana puede que algunos avispados se dieran cuenta de que el sol estaba del lado equivocado.

“Las autoridades malasias informaron que el avión alcanzó una altitud de 13.000 metros antes de bajar a 7.000m, después de que modificó el curso. Si ese fue el caso, los pasajeros pueden haber percibido la pérdida de altura”, afirma Pappalardo.

Una de las teorías indica que la elevación del avión pudo realizarse para producir hipoxia –privación de oxígeno- lo que pudo dejar a quienes viajaban inconscientes e incluso pudo causarles la muerte.

9.- ¿Por qué no utilizaron los pasajeros los teléfonos celulares?

Una de las preguntas más frecuentes es por qué, si era tan obvio que algo estaba mal, los pasajeros no utilizaron sus teléfonos celulares para llamar a sus seres queridos y dar la voz de alarma. Esto resulta especialmente desconcertante si se recuerda lo que ocurrió con el vuelo 93 de United, donde los pasajeros se comunicaron con personas en tierra después de que el avión fuera secuestrado durante los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Se ha dicho que es sumamente improbable que alguien pueda obtener señal en un avión a 9.000 metros de altura. Barry reconoce que las posibilidades de que un teléfono celular funcionara en el avión son “virtualmente imposibles”.

“Puede ser difícil conseguir recepción en una carretera remota, así que imagínese a 11km de altura, lejos de las antenas de telefonía celular y viajando a 800km por hora”, dice.

Lea también: El misterio de los celulares del vuelo de Malaysia Airlines

10.- ¿Por qué los aviones no incluyen equipo que permita el envío de información en tiempo real a un satélite?

Sin duda, lo más impresionante para el lego en la materia es cómo puede desaparecer un objeto de ese tamaño con tanta facilidad. En una era en la que gente está acostumbrada a rastrear un celular cuando alguien se lo roba, causa perplejidad que la aeronave desaparezca con tan solo apagar algunos de los sistemas a bordo.

Barry comenta que la tecnología para rastrear aviones en tiempo real existe, pero el problema es que estos aparatos reflejan la época en la que fueron concebidos.

“Por ejemplo, el 777 entró en servicio a principios de los 90… los equipos que se utilizan son de esa época”, afirma.

Gratton opina que el transpondedor habría cumplido su función si no se hubiera apagado. Según el experto, un sistema de vigilancia satelital más complejo también tiene sus riesgos, a menos de que la industria optara por un equipo que no pudiera desactivarse manualmente, pero eso también puede ser complicado.

“No es una pregunta fácil de resolver. ¿Es mayor el riesgo de que el avión desaparezca o de que el equipo electrónico se recaliente? Los dos escenarios no se pueden conciliar”, concluye Gratton.

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Dominio público

El papa que decretó un confinamiento y salvó a Roma de la peste en el siglo XVII

Hace 400 años Alejandro VII ordenó unas medidas sanitarias que, según los investigadores, hizo que una epidemia de peste tuviera una baja letalidad en la que es hoy la capital de Italia.
Dominio público
18 de abril, 2021
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Era un intelectual, un aficionado al arte y la arquitectura, doctor en filosofía, teología y derecho. Cuando el italiano Fabio Chigi (1599-1667) se convirtió en el papa Alejandro VII, ni en sus peores presagios imaginó que tendría que enfrentarse a una epidemia de peste.

Su reacción, sin embargo, fue contundente.

Aunque la ciencia descubrió la bacteria causante de la peste en 1894 —gracias al bacteriólogo Alexandre Yersin—, el sumo pontífice decretó medidas sanitarias que, según investigadores, contribuyeron a que la letalidad en Roma fuera mucho menor que en otros lugares afectados por la misma epidemia.

Según un estudio del historiador italiano Luca Topi, profesor de la Universidad de Roma La Sapienza, entre 1656 y 1657 la peste mató al 55% de la población de Cerdeña, la mitad de los habitantes de Nápoles y al 60% de los residentes de Génova.

En Roma, en cambio, murieron 9.500 personas de un total de 120.000, menos del 8%. Estos datos fueron publicados en una revista científica italiana en 2017.

Se calcula que distintas olas de la peste arrasaron con cerca de la mitad de la población europea.

Cuando llegaron los primeros reportes de muertes por la epidemia en el entonces reino de Nápoles, Alejandro VII llevaba un año como pontífice.

Representación pictórica de la peste en Italia.
Getty Images

Diversas olas de la peste mataron a casi la mitad de la población europea.

El papa no era sólo el líder del catolicismo. Si hoy es el soberano del diminuto estado del Vaticano, en aquella época mandaba sobre los llamados Estados Pontificios, que comprendían Roma y buena parte de los alrededores; prácticamente todo el centro de la Italia actual.

Esta fascinante historia cuenta cómo muchas de las restricciones que se aplican hoy contra la pandemia de coronavirus dieron resultado en Roma contra la peste hace 400 años.

¿Cuáles fueron las medidas del papa?

Dentro de los dominios papales, el brote ocurrió entre mayo de 1656 y agosto de 1957.

Tan pronto como llegaron las primeras noticias de la peste a Roma, Alejandro VII puso en alerta al Congreso de la Salud, que había sido creado en un brote anterior.

Las medidas de contención se implementaron gradualmente, según la situación se volvía más peligrosa.

El 20 de mayo se promulgó un decreto que suspendía todo comercio con el reino de Nápoles, que ya se encontraba muy afectado.

Cuadro del siglo XVII de la Plaza de San Pedro en El Vaticano.

Getty Images
En el siglo XVII, el papa era la máxima autoridad en los Estados Pontificios, que comprendía la región de Roma y alrededores, prácticamente todo el centro de la actual Italia.

La semana siguiente, el bloqueo se extendió y se prohibió la entrada a Roma de cualquier viajero que viniese de allí.

El 29 de mayo, en la ciudad de Civitavecchia, ubicada en los Estados Pontificios, se registró la llegada de la peste e inmediatamente se impuso la cuarentena.

“En los días y meses siguientes, se aislaron muchas otras localidades de ese territorio”, detalla el historiador Topi en su artículo.

En Roma, la decisión fue radical: se cerraron casi todos los portones de acceso a la ciudad. Solo ocho permanecieron abiertos, pero eran protegidos las 24 horas del día por soldados supervisados por “un noble y un cardenal”.

A partir de entonces, cualquier entrada debía ser justificada y registrada.

El 15 de junio Roma tuvo su primer caso: un soldado napolitano que murió en un hospital. Las normas se endurecieron aún más.

El 20 de junio se implantó una ley que obligaba a los ciudadanos a informar a las autoridades en caso de conocer algún paciente.

Posteriormente, un nuevo dispositivo papal comenzó a obligar a cada párroco y sus asistentes a visitar, cada tres días, todas las casas de sus distritos electorales para identificar y registrar a los enfermos.

Luego corrió la noticia de otra muerte, esta vez un pescador de la región del Trastévere.

“Los familiares de la víctima también se infectaron y muchos murieron”, cuenta Raylson Araujo, estudiante de teología de la Universidad Católica Pontificia de Sao Paulo, Brasil, quien también investigó el asunto.

La primera idea fue intentar aislar la región.

Ilustración de Alejandro VII.

Dominio Público
Alejandro VII impuso medidas graduales hasta llegar al confinamiento total.

“El papa también era la autoridad civil. Conforme la epidemia comenzó a extenderse, implementó medidas de aislamiento. Tras prohibir el comercio con Nápoles, decretó otras reglas de distanciamiento social: prohibió reuniones, procesiones y todas las devociones populares”, dice Araujo.

El endurecimiento de las medidas fue gradual hasta llegar al confinamiento total.

“Conforme pasó el tiempo, el papa adoptó nuevas prohibiciones. Las congregaciones en la iglesia fueron suspendidas, las visitas diplomáticas también, al igual que encuentros religiosos y reuniones públicas, se vigilaron los caminos”, enumera Araujo. “Se suspendieron todas las aglomeraciones civiles”.

“Se prohibieron diversas actividades económicas y sociales. Se cancelaron las fiestas y ceremonias públicas, civiles y religiosas”, dice el seminarista Gustavo Catania, filósofo del Monasterio de São Bento de Sao Paulo.

Plaza de San Pedro vacía por las restricciones en Roma.

Getty Images
Al igual que con la pandemia de coronavirus, en el siglo XVII se prohibió asistir a celebraciones religiosas en Roma.

“Se suspendieron los mercados y se echó a algunas personas que vivían en la calle porque podían ser causa de contagio. Se prohibió el cruce nocturno del río Tíber”.

El papa también determinó que nadie debía ayunar, con el objetivo de que la población se alimentanse y mantuviese así más saludable por si se contagiaba.

A todos aquellos que tuvieran al menos una persona infectada en la familia se les prohibió salir de casa. Para garantizar la asistencia, Alejandro VII separó a los sacerdotes y médicos en dos grupos: los que tendrían contacto con los enfermos y los que no, quienes atenderían al resto de la población.

“Preocupaba que los sacerdotes se convirtieran en vectores de la enfermedad”, dice Araujo.

Los médicos tenían prohibido huir de Roma“, dice Catania, señalando que muchos temían infectarse.

Como los pacientes estaban aislados, se creó una red de apoyo a la población.

“Había una previsión de ayuda económica para las familias que no podían salir de casa y algunas personas recibían comida por la ventana“, dice el seminarista.

En los meses de octubre y noviembre, cuando la incidencia de la enfermedad era mayor, incluso se preveía la pena de muerte para quienes infringieran las normas.

Negacionistas y noticias falsas

Sin embargo, no todos admitían la gravedad de la situación.

Hubo quienes la desdeñaron y hasta difundieron bulos.

“Se acusó al papa de inventar la enfermar para su propio beneficio y para ganar popularidad”, comenta Mirticeli Medeiros, investigadora de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

Protestas negacionistas en Roma por la pandemia de coronavirus.

Getty Images
Como también ha sucedido en esta pandemia, hubo negacionistas en aquella época que no admitían la existencia de la enfermedad.

“Muchos no querían que el pontífice adoptara estas medidas para no alarmar a la población”, complementa.

Hasta sus colaboradores más cercanos le aconsejaron que no lo hiciera. Temían que, desde el momento en que se hizo pública la gravedad de la situación, a través de decretos y divulgaciones, la economía comenzara a sentir los efectos de este tipo de postura. Pero el papa fue firme y cumplió con su política de salud”.

Araujo compara esos hechos del siglo XVII con el “movimiento de hoy y la resistencia popular” para aceptar la gravedad de la pandemia de coronavirus.

“Comerciantes aconsejaron al papa que no adoptara las medidas, porque el cierre perjudicaba el comercio y la cosecha“, comenta el investigador.

“Hubo grupos que acudieron a él para pedirle que no promulgara más medidas de aislamiento. Querían maquillar y tapar la situación para que no se extiendera el pánico y cerraran los comercios”, continúa Araujo.

Hay informes de que un médico divulgó bulos sobre las verdaderas motivaciones del encierro.

“Hizo correr la voz de que tras las decisiones de este papa había intereses políticos”, dice el historiador Victor Missiato, profesor del Colegio Presbiteriano Mackenzie de Brasília.

“Fue acusado de difamación y terminó condenado a trabajar en un hospital, dedicado a curar la peste”.

Victoria contra la enfermedad

Cuando se resolvió el brote en 1657, la celebración estuvo a la altura.

Alejandro VII demostró el renacimiento de la Iglesia con monumentos que hasta hoy marcan El Vaticano, como el conjunto de columnas de la plaza de San Pedro, del escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini.

Columnas de Bernini en la Plaza San Pedro.

Edison Veiga
Las obras del papa Alejandro VII marcaron el aspecto de El Vaticano hasta hoy.

“En ese periodo era muy común que los papas visibilizaran su soberanía y poder. Los grandes monumentos de Roma de esa época fueron construidos con esa motivación”, contextualiza Medeiros.

“Como el caso de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona, la Fontana di Trevi y otros”.

“Alejandro VII era un apasionado del arte y amigo de Bernini. Su comienzo como papa estuvo marcado por la peste”, explica.

“La forma que encontró de apagar aquel periodo sombrío fue invirtiendo en obras colosales. Las columnas de San Pedro representan los brazos abiertos de la Iglesia. La basílica de San Pedro fue restaurada como símbolo de poder temporal, no solo espiritual”.

Otros casos

Este no fue el único momento histórico en el que la Iglesia, en el pasado, cerró sus puertas por brotes y epidemias.

“Hubo otros casos en algunas diócesis de Italia, especialmente en el siglo XIX durante la epidemia de cólera”, recuerda Medeiros. “Entonces se tomaron medidas restrictivas similares”.

Grabado de un mercado durante la epidemia de cólera en Italia.

Getty Images
Durante la epidemia de cólera en el siglo XIX la iglesia tomó restricciones similares en Italia.

Por otro lado, la experta recuerda que en el brote de peste del siglo XIV ocurrió “todo lo contrario”.

“El papa Clemente VI, aislado en el palacio pontificio de Aviñón, en Francia, no parecía muy preocupado por lo que sucedía fuera de los muros de su casa”, apunta la investigadora.

“En esa época la enfermedad era un castigo divino y se producían procesiones y otras aglomeraciones para intentar, según la mentalidad religiosa, de superar el mal”.

En el siglo anterior, la región de Milán se vio muy afectada por la plaga. El cardenal arzobispo Carlo Borromeo también estableció estrictas medidas sanitarias en su circunscripción.

“Propuso una cuarentena general y se decretó a la gente a quedarse en casa hasta resolver la situación. Solo podían irse los que asistían espiritual y materialmente a la población.

El investigador dice que incluso las misas se celebraban “a distancia”.

“Un cura iba a la esquina y celebraba en la calle. Los fieles miraban desde sus ventanas”, explica.

Fe en la ciencia

Al analizar estos episodios del pasado, a menudo similares a los de hoy, hay que tener en cuenta que entonces la ciencia no se valoraba tanto como hoy y que la religión y la política estaban muy entrelazadas.

“En el siglo XVII, el absolutismo era muy fuerte en Europa y estaba ligado al poder de la Iglesia. El poder político y el poder religioso estaban muy mezclados“, explica Missiato.

“En ese momento, la revolución científica aún no se había extendido a las diferentes sociedades del mundo europeo. La creencia en lo divino como entidad definitoria de la paz y el caos todavía se veía como el camino hacia la salvación”.

Por eso el encierro impuesto por Alejandro VII es tan relevante.

“Lo que pasó muestra un alineamiento entre fe y ciencia, una fe con los pies en la tierra“, dice Araujo.


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