Así fue como Nazario Moreno murió dos veces en tres años
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Así fue como Nazario Moreno murió dos veces en tres años

Tras la muerte del "Chayo", al menos en 10 ocasiones se solicitó a diversas dependencias información oficial sobre su identificación, pero ésta fue clasificada como reservada o se dijo que era inexistente.
Por Omar Sánchez de Tagle
10 de marzo, 2014
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Con el cuerpo, huellas dactilares y estudios periciales que aún no concluyen fue identificado Nazario Moreno González “El Chayo” por el actual gobierno federal . Hace cuatro años también lo habían matado, pero el único elemento con que contó la autoridad fue la versión que dio el entonces Secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna.

De acuerdo a funcionarios del Sistema Nacional de Seguridad Pública, tras tener el cuerpo y analizar la información obtenida hace cuatro años sobre “El Chayo”, fue “sencillo” desestimar las pruebas y datos que se tenían sobre su supuesta muerte.

Los elementos que aportaron hace cuatro años para afirmar que Nazario Moreno había muerto fue la narración de un enfrentamiento entre presuntos templarios y elementos federales. Versión que la entonces Secretaría de Seguridad Pública Federal basó en declaraciones de algunos detenidos que fueron convertidos en testigos protegidos y en los testimonios de los agentes federales que participaron en el enfrentamiento.

De esta forma, el documento que llegó el pasado 10 de diciembre del 2010 al Secretariado Técnico del Consejo Nacional de Seguridad fue avalado por Genaro García Luna y su segundo hombre de confianza, Luis Cárdenas Palomino.

Es justo de ese documento elaborado en diciembre del 2010 que las autoridades comenzaron a desarrollar todo el esquema y estructura de Los Caballeros Templarios, pues con la detenciones hechas a partir de ese enfrentamiento se logró, señala el informe de 2010,  “tener los datos suficientes y claros para determinar la muerte de Nazario Moreno y de la estructura con la que cuenta la organización conocida como Los Caballeros Templarios”.

Ahora, tras la confirmación de la muerte de “El Chayo”, las autoridades de la actual administración han iniciado una investigación para determinar el tipo de pesquisas que se realizaron hace cuatro años para dar por cierta la información de su presunta muerte.

Cabe resaltar que la información obtenida en ese momento quedó bajo reserva y no puede ser consultada por los ciudadanos por resolución del Instituto Federal de Acceso a la Información.

Cuando el 10 de diciembre de 2010, el entonces vocero de seguridad de Felipe Calderón, Alejandro Poiré, dio por muerto a Nazario Moreno González “El Chayo”, fundador de Los Caballeros Templarios, su información no surgió de las pruebas periciales a un cuerpo plenamente identificado, sino de “elementos informativos” del Secretariado Técnico del Sistema Nacional de Seguridad. Tres años y tres meses después, el mismo Poire aseguró que los elementos que tuvo para asegurar en una conferencia de prensa que había muerto “El Chayo” fueron simplemente “imprecisos”.

Poire reconoció lo anterior tras el anunció ayer por parte del titular del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Monte Alejandro Rubido, del abatimiento de Nazario Moreno y se mostraran, ahora sí, las pruebas periciales de su muerte.

En un comunicado enviado a través de su cuenta de Twitter, Alejandro Poiré (@AlejandroPoire) explicó que el día en que dio por muerto al “Chayo”, él sólo contaba con los elementos informativos que le proporcionaron a la Secretariado Técnico del Consejo de Seguridad Nacional.

“Conforme a lo señalado en su momento, la declaración realizada fue estrictamente apegada a los elementos informativos al alcance de un servidor. La información disponible ahora hace ver que los elementos al alcance de la Secretaría Técnica en diciembre de 2010 no fueron lo suficientemente precisos”.

Tras la muerte del “Chayo”, al menos en 10 ocasiones se solicitó a diversas dependencias de la Administración Pública Federal información oficial sobre su identificación, de acuerdo con los registros del buscador de solicitudes de información y recursos de revisión, conocido como Zoom. Las dependencias declararon la información como inexistente y, en otros casos, como reservada.

 En diciembre de 2010 Alejandro Poiré anunció así la muerte de el Chayo:

Durante esos operativos el cuerpo del fundador de La Familia no fue recuperado, pero el gobierno mantuvo la afirmativa del deceso.

La tarde del domingo 9 de marzo, Monte Alejandro Rubido confirmó en conferencia de prensa que la persona abatida ayer en enfrentamiento con las autoridades federales en Michoacán fue identificada como Nazario Moreno. En semanas recientes, autoridades federales pudieron confirmar con diferentes fuentes que Moreno González aún estaba con vida y dedicado a actividades ilícitas, por lo que continuaron la investigación hasta que pudieron dar con él y lo cercaron.

La madrugada del domingo, casi tres años y tres meses después de que lo hiciera Alejandro Poire, el Chayo ahora sí fue declarado muerto. Tomás Cerón, jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la Procuraduría General de la República, mostró las huellas dactilares y una comparación con registros anteriores.

Alejandro Rubido señaló que Nazario Moreno “El Chayo” se encargaba de entrenar a miembros del grupo delictivo

La información del fallecimiento de Moreno González se originó el domingo cuando la agencia de noticias Associated Press, anunció que Nazario Moreno, podría haber sido el hombre que murió “en un tiroteo en el occidente de México, según reportaron dos funcionarios de gobierno, quienes pidieron no ser identificados.”

Moreno, apodado también  “el Más Loco”, habría cumplido 44 años el sábado, según información del gobierno. Lideró el cártel de La Familia cuando supuestamente murió en una batalla con la Policía Federal que se alargó por dos días en diciembre de 2010, en su estado natal de Michoacán. En aquel momento ningún cadáver fue recuperado, pero el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón dijo que había muerto.

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Por qué el objetivo debe ser aprender a vivir con la COVID, no luchar contra él

Eliminar al coronavirus de la faz de la Tierra sería extraordinario. La erradicación total de un virus solo se ha logrado una vez en la historia.
Getty Images
18 de febrero, 2021
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El gobierno británico dijo recientemente que espera transformar la COVID-19 en una enfermedad manejable, como la gripe.

Las vacunas y los nuevos tratamientos, argumentan ministros y sus asesores científicos, reducirán la tasa de mortalidad y nos permitirán vivir con el virus, en vez de estar luchando constantemente contra él.

¿Pero es esto posible?

Objetivo inalcanzable

Eliminar la COVID de la faz de la Tierra sería grandioso, por supuesto, dadas las muertes y la destrucción que causa.

Pero el único problema es que la erradicación solo ha sido lograda con un virus: la viruela, en 1980.

Tomó décadas llegar a este punto, y científicos y gobiernos solo pudieron lograrlo gracias un serie de circunstancias únicas.

Primero, la vacuna era tan estable que no necesitaba ser refrigerada y, cuando era suministrada, era obvio de forma inmediata si había funcionado o no.

También era evidente cuando una persona se había infectado. No era necesario para ello hacer un test de laboratorio, lo cual era una gran ventaja a la hora de contener brotes.

La COVID, como todos sabemos, es completamente diferente.

La estrategia “COVID cero”

En cambio, el movimiento llamado “cero COVID” tiende a hablar de eliminación. Esto significa básicamente reducir el número de casos a cerca de cero en un territorio y mantenerlo así.

Viruela

Getty Images
Una serie de circunstancias únicas hicieron que la viruela pudiese erradicarse en 1980.

Uno de los defensores de más alto perfil de esta teoría es la profesora Devi Sridhar, experta en salud pública de la Universidad de Edimburgo, en Escocia.

Sridhar cree que deberíamos tratar a la COVID-19 como al sarampión, que ha sido mayormente eliminado en los países ricos.

La profesora argumenta que las continuas restricciones para reducir el número de casos junto con un sistema más efectivo de rastreo y testeo, más vacunación, permitiría contener al virus y regresar a una “suerte de vida doméstica normal”, donde la apertura de restaurantes, bares y la realización de eventos deportivos y musicales fuera posible.

Pero el precio a pagar, dice, sería restringir los viajes internacionales e imponer restricciones en las fronteras, así como “cuarentenas breves y severas” cuando los casos suban de forma inevitable.

Deepti Gurdasani, epidemióloga clínica de la Universidad de Londres, es otra defensora de esta estrategia. Ella es una de más de 4.000 signatarios de la petición “COVID cero”, que hace un llamado para que se debata esta propuesta en el parlamento británico.

“La vida podría retornar a algo parecido a la normalidad. Podríamos incluso abrir corredores de viaje con otros países que han seguido ese camino”, dice.

El problema del enfoque del sarampión

Quizás sea una perspectiva tentadora, pero una que muchos creen que está fuera del alcance o que requeriría restricciones tan sostenidas que los costos económicos y sociales serían enormes.

“COVID cero no es compatible con los derechos individuales y las libertades que caracterizan a las democracias de posguerra”, señala el profesor Francois Balloux, director del Instituto de Genética del University College de Londres.

Países como Nueva Zelanda, Taiwán y Australia han logrado esto porque pudieron evitar que el virus se afianzara, y todo parece indicar que una vez que las poblaciones de estos países estén vacunadas, comenzarán a levantar las restricciones en las fronteras.

Aeropuerto

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Una condición de la estrategia COVID cero es el cierre de fronteras.

Pero ningún país que haya visto la propagación del virus como ocurrió en Reino Unido ha logrado suprimirlo hasta el punto de eliminarlo.

Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para alcanzar esto, como ha pasado con el caso del sarampión.

Pero hay una falla significativa en este argumento, explica la profesora Jackie Cassell, experta en salud pública de la Universidad de Brighton.

El sarampión, dice, es un virus “inusualmente estable”. Esto significa que no cambia de una manera que le permita evadir el efecto de la vacuna. De hecho, la misma vacuna se ha utilizado esencialmente desde la década de 1960, y también proporciona inmunidad de por vida.

Ya está claro que, “lamentablemente”, este no es el caso de este coronavirus, dice Cassell.

El desafío es mantenerse por delante del virus

Las variantes que han surgido en Sudáfrica y Brasil le permiten al virus cambiar para evadir parte de la inmunidad creada por las vacunas.

El virus que circula en Reino Unido también ha mutado y ha conseguido un cambio clave -conocido como E484- que permite que esto suceda.

A medida que se vacunen más personas, es probable que esto aumente. Esto se debe a que las mutaciones que pueden sortear la respuesta inmune de alguna manera tendrán una ventaja selectiva, señala Adam Kucharski, profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien ha llevado a cabo una investigación sobre brotes globales desde Zika hasta Ébola.

“No podemos salvarnos de esto. Puede que necesitemos actualizar las vacunas”.

Vacuna

PA Media
Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para detener la propagación del virus.

El desafío es, entonces, “estar por delante del virus”, explica. Pero esto no es, según cree, tan difícil como parece.

Los coronavirus cambian menos que la gripe, dice, lo que significa que las vacunas deberían seguir siendo efectivas en una gran medida.

Es más, el hecho de que las mutaciones que se están viendo compartan algunas características clave nos da una buena idea de la ruta que están siguiendo. “Es de esperar que sea más fácil de actualizar que la vacuna de la gripe, donde hay muchas cepas diferentes”.

Aunque advierte que se debe tener sumo cuidado en este momento, ya que una población que está construyendo inmunidad en un momento en que hay mucha infección alrededor proporciona un caldo de cultivo ideal para que las variantes escapen de esas vacunas.

Kucharski dice que es demasiado pronto para saber si llegaremos al punto en que el coronavirus pueda tratarse como una gripe, ya que aún no hemos visto por completo el impacto que tendrán las vacunas.

Eliminar el riesgo

Esta precaución es comprensible, ya que los científicos quieren ver primero la evidencia del despliegue del programa de vacunación en el mundo real. Salud Pública de Inglaterra está llevado a cabo un estudio en que analiza esto, y se espera que se publique antes de que se levanten las restricciones.

Pero todas las indicaciones de los ensayos clínicos y la experiencia de Israel, que lidera el tema de la vacunación de la población en el mundo, es que tendrán un impacto significativo en las infecciones, y donde no, al menos contribuirán a evitar casos serios de COVID-19, complicaciones cuando los síntomas se prolongan, así como muertes.

Coronavirus

Getty Images
Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Para aquellos que todavía son susceptibles porque se niegan a vacunarse o porque la vacuna no ha funcionado en ellos, el avance en los tratamientos será vital.

Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Esto no significa que nadie morirá. Whitty ha hablado de llegar a un tasa de muertes “tolerable”. Y ciertamente muchos esperan que el próximo invierno sea un desafío, con especial preocupación de que las comunidades más desfavorecidas sean las más afectada, por el temor de que la aceptación de la vacunación haya sido más baja en estas áreas.

Pero es fácil olvidar que la gripe también puede matar a gran escala. En 2017-18, por ejemplo, más de 20.000 personas murieron en Reino Unido a causa de la gripe.

Fue un invierno duro y frío y las muertes por otras causas, como enfermedades cardíacas y demencia, también aumentaron, lo que llevó el exceso de muertes invernales a cerca de 50.000. La sociedad apenas parpadeó.

“Hemos convivido con los virus durante milenios”, dice el profesor Robert Dingwall, miembro del Grupo de Amenazas de Virus Respiratorios Nuevos y Emergentes del gobierno. “Haremos lo mismo con la COVID”.


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