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Los poderes aparentemente legales son los que se sienten más amenazados por la prensa (discurso íntegro de Juan Villoro)
Animal Político te presenta el discurso íntegro que Juan Villoro pronunció en la presentación del informe anual de violencia contra la prensa, que elabora la organización a favor de la libertad de expresión, Artículo 19.
19 de marzo, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Ayer, 18 de marzo, Artículo 19 presentó su informe anual sobre violencia contra la prensa, en el que concluye que 2013 fue el año más violento para los periodistas en México.

El escritor y cronista Juan Villoro participó en el evento, que se llevó a cabo en el Centro Cultural España, como orador. Ahí pronunció un discurso en el que habló de la realidad en la cual trabajan periodistas a lo largo del país.

Animal Político te presenta el discurso íntegro de Juan Villoro:

Presentación del Informe 2013 Disentir en Silencio #DisentirEnSilencio from Dos Naciones a Web on Vimeo.

El periodismo es un arte, una virtud moral que se encuentra bajo continuas amenazas. Ha habido épocas en que los periodistas han tenido muy poco margen de participación. Yo pertenezco a una generación que ha visto crecer las libertades de expresión. Pero que también ha visto aumentar los riesgos para ejercer este oficio. Cuando yo estudiaba la universidad, donde cursé la carrera de Sociología, tenía un maestro que decía “estudien muchachos o van a acabar como periodistas”.

El periodismo parecía, para muchos, el último escalón social. Eran los tiempos en los que el gran caricaturista Abel Quezada dibujaba a los periodistas en el Excélsior de Julio Scherer como figuras famélicas, sostenidas por una estaca, porque no tenía energías para escribir sus artículos y enfrentaban una máquina de escribir sobre la cual colgaba una torta compuesta al modo de la zanahoria del burro, tratando de comer esa torta, de alimentarse, los periodistas de vez en cuando tecleaban algo en la máquina de escribir. Esta imagen del periodista como un desgastado social, que no tiene nada que decir, si acaso sólo lo hace para comer una torta, ha cambiado gracias al compromiso de numerosos compañeros que han, por un lado, profesionalizado el oficio pero también, sobre todo, que han ampliado los márgenes de la libertad, arriesgando en muchas ocasiones su forma de vida para cubrir las noticias.

El periodismo es el arte de entender la realidad, de entrar en un compromiso moral, esencial, que es el de saber que son los demás, los otros, los que tiene la información y los datos que debemos obtener. Es una de las pocas profesiones donde la razón es siempre aquel, la razón está con los testigos, en los que han visto los sucesos. Y otros, los periodistas, debemos desentrañar esas razones. Sin el entendimiento del otro, sin la información que nos puede proveer, no existiría nuestro trabajo. Por lo tanto, el periodismo requiere de empatía: nadie está obligado a darnos una noticia, una entrevista o una información. Debemos establecer con esa persona un vínculo de confianza, de solidaridad. Menciono esto porque, en su esencia, el periodismo es ya un compromiso ético, es el desciframiento de las verdades de los demás y la necesidad de entenderlas. Hay cosas que ocurren sin sentido aparente. El periodismo se dedica a causar sentido, a buscar dónde, por qué y cómo ocurren las cosas. Por eso, insisto, estamos ante el arte de entender la realidad.

Partiendo de un compromiso ético, el periodismo encuentra muchos obstáculos que tratan de impedir la realización de este cometido. ¿Por qué? Porque la verdad, lo sabemos, muchas veces descubre zonas de niebla que para muchos deberían permanecer así. Si pensamos el vocabulario de la política mexicana, nos encontramos con que la política ha sido muchas veces un oficio de tinieblas. No es raro que de pronto se diga que se hizo un acuerdo “en lo oscurito”. Estar dispuesto a madrugar al adversario, es salir de la oscuridad para actuar antes que él. El propio lenguaje político favorece este oficio en las sombras. Precisamente porque la luz de la verdad es una amenaza para la impunidad. Si en una cultura de la celebridad como la norteamericana, Andy Warhol pudo decir que la utopía perfecta, el sueño feliz de las personas era ser famosos durante 15 minutos, en una cultura de la oscuridad, como la mexicana, ese sueño para muchos ha sido el de ser impune durante 15 minutos. No el de ser famoso en la sociedad del espectáculo de la que hablaba Andy Warhol, sino el de poder actuar en libertad sin rendirle cuentas a nadie. Ha sido una cultura ajena a la transparencia, una cultura que ha querido a la verdad como la principal adversaria de lo que se ejerce en lo oscuro. Por lo tanto, el periodismo se ha convertido en un oficio de alto riesgo seriamente amenazado.

Después de mí, hablará Darío con datos concretos sobre las actividades de Artículo 19. No puedo dejar de mencionar que hace apenas unos días, las oficinas de Artículo 19 fueron allanadas, se trata de otro hostigamiento más de este espacio, por tratar de defender a los periodistas. Este acto agrede a toda la comunidad de los periodistas, pero también agrede al núcleo mismo del Estado mexicano. Un Estado que proclama el derecho a la información y no cumple es un Estado que incurre en la demagogia. El Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto debe de ofrecer una respuesta a este ataque a los periodistas y a la razón misma del Estado mexicano. Sino lo hace se convierte en un cómplice del ataque. Eso hay que decirlo francamente porque no puede tolerar un Gobierno que se agreda de esa manera a quienes tratan de cumplir con el oficio de informar.

Sabemos por numerosas informaciones internacionales, de asociaciones como Human Rights Watch o Reporteros Sin Fronteras, que México ha sido en los últimos años uno de los países más peligrosos y, en ocasiones, el más peligroso para ejercer el periodismo. Este negro reto debe terminar. Nos corresponde a nosotros, los periodistas, señalar ciertas ventanas, puertas, para que esto pueda cambiar. Pero le corresponde al Gobierno crear las condiciones para que el periodismo pueda ser ejercido con plena celeridad. Sabemos, además, que hay zonas particularmente peligrosas para ejercer el periodismo y eso debe ser mencionado, estados como Veracruz o Coahuila, gobernados ambos por el PRI, son particularmente adversos al ejercicio del periodismo. Hace algunos meses, un grupo de periodistas marchamos en la ciudad de Jalapa recordando el primer año de la muerte de Regina Martínez, periodista veracruzana, cuyo asesinato no fue resuelto, al igual que no han sido resueltos muchos otros, así como las desapariciones y los hostigamientos a los periodistas.

Todo esto nos deja en una situación altamente preocupante. Es obvio que los periodistas tenemos un compromiso de responsabilidad. No podemos ejercer el oficio sin saber que corremos ciertos riesgos, no somos irresponsables, sabemos en qué agua estamos nadando. No vamos directo hacia los tiburones, ejercemos el periodismo con responsabilidad. Lo grave es que aún tomando esas precauciones y aún sabiendo nosotros que no podemos muchas veces firmar un artículo con nuestro nombre y debemos hacerlo con el nombre del “staff”. O bien, en el caso de los periodistas de provincia, que el propio periódico sería amenazado si se publica esa noticia, así que la información primero debe circular hacia la capital para que llegue como de rebote a la provincia; es decir, tomando en cuenta este tipo de precauciones concretas, aún así estamos en peligro. Porque lo que enfrentamos es un momento de descomposición del tejido social, en donde el Gobierno no puede preservar ni salvaguardar aquello que proclama, que es el derecho a la información. Esto es, particularmente, grave.

Antes de continuar con este tema, me gustará insistir en otro aspecto de la responsabilidad periodística, que creo que no hemos dejado de asumir nosotros los periodistas mexicanos y también, quiero decir que para esto, nos ha ayudado bastante el ejemplo de Colombia, que pasó por una circunstancia violenta, similar a la nuestra, donde los compañeros periodistas tuvieron que enfrentar de manera extraordinaria, bajo condiciones de altísima presión, la responsabilidad de seguir informando. En Colombia, los periodistas hicieron un acuerdo de discreción que, a ojo de algunos, significa un acuerdo de autocensura. En México, cuando se ha llegado a un pacto de este tipo, por ejemplo el que se dio después del secuestro a Diego Fernández de Cevallos, se entendió en los principales medios electrónicos básicamente como un pacto de censura, es decir, silenciar la noticia. 

En Colombia, el acuerdo de discreción apuntaba a otra cosa, a un pacto de responsabilidad. Porque nosotros debemos saber que al informar estamos propagando noticias y datos que pueden tener efectos sociales que, en un momento dado, beneficien al crimen organizado. Nos informaron indiscriminadamente sobre el número de víctimas, decapitaciones y fotos sin ningún tipo de criterio sobre la violencia perpetrada en nuestro país, esto puede hacer que el periodismo se convierta en una mera caja de resonancia del crimen organizado. Sabemos que muchas bandas retan asesinatos con una firma muy clara, la violencia es un lenguaje, hay grupos que encajuelan, otros que encobijan, otros decapitan.. Hay una dramática del espanto que busca ser propagada, si nosotros nos convertimos en un simple eco de esa violencia, estamos evidentemente logrando que el crimen golpee dos veces: primero, en el mundo de los hechos, y segundo, en el mundo de la representación, que no es menos importante. Esto puede llevar a dos reacciones sociales extremas, ambas preocupantes: una, el miedo absoluto, la parálisis, ante una sociedad amenazada por la violencia. Y dos, lo que quizá es aún más grave, la banalización del tema. El acostumbrarnos a las noticias de la violencia, como algo ya prácticamente algo atmosférico. 

Menciono esto, no por una invitación a no informar, sino al contrario, como un señalamiento de que los periodistas estamos perfectamente consientes de que al informar tenemos datos valiosos. Informar significa no solamente dar datos sueltos, sino estableces contextos, ahondar, buscar la raíz de los sucesos y saber quién está detrás de ellos. Si a nosotros se nos pide la responsabilidad de informar creando un contexto y dando una explicación completa para evitar la mera propagación de la violencia, al mismo tiempo se nos deben facilitar las condiciones para ejercer esta tarea. Con frecuencia se acusa a los periodistas de morbosos, sensacionalistas o amarillistas, en el sentido de que están simple y sencillamente tratando de usufructuar de manera comercial la violencia para vender periódicos y tener más rating en los noticieros de radio y televisión. Y al mismo tiempo que se condena a los periodistas por este aparente uso del morbo, no se les brindan las condiciones a los reporteros para poder indagar con seriedad. La única manera de acabar con las noticias superficiales, es llegar a la raíz de los sucesos, numerosos periodistas mexicanos lo han hecho, algunos de ellos han dejado la vida en el intento. Hay que celebrar que en condiciones muy adversas, los compañeros del oficio no han cerrado los ojos. 

Entonces, ¿en qué circunstancias estamos nosotros hoy en día respecto a nuestro trabajo? Insisto, somos consientes de la responsabilidad que tenemos pero al mismo tiempo pedimos condiciones para ejercer libre y moralmente esta responsabilidad. En los últimos meses, desde que el presidente Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia, ha aumentado la interlocución entre periodistas y dependencias de Gobierno. Se ha promulgado la Ley General de Víctimas, lo cual es importante porque se reconoce a las víctimas de los hechos de sangre como una categoría social, como algo que no debería ocurrir y como una carga que debe asumir el Estado. La pérdida de una vida, es una pérdida de todos nosotros. Los periodistas han sabido hacer un viraje importante para darle cada vez más significación a las víctimas, esto también está en sintonía con los compañeros colombianos. La noticia no es la sangre, la noticia es la vida que se pierde por la sangre, las noticias son los huecos que se dejan en la sociedad. Por eso la noción de víctima es muy importante.

Pero, ¿qué sucede una vez que el Gobierno acepta esta categoría? ¿Qué sucede una vez que el Gobierno inicia una interlocución con quienes le reclaman mayor seguridad? Desgraciadamente, ha aumentado el diálogo con el Gobierno sin resultados concretos y no sólo eso, han aumentado los hostigamientos y las víctimas dentro del periodismo. Esto es particularmente grave. Parecería que el mensaje del Gobierno es “¿para qué gobernar si podemos declarar?”. Basta con señalar que se quiere resolver el problema, para que el problema se resuelva por sí mismo. Basta con bajarle de volumen al tema de la violencia, para que esta ya no exista. Estamos en una lucha de representaciones, aparentemente el Gobierno ha recibido la información de que la situación es preocupante, ha ofrecido responder al respecto, pero no ha hecho nada concreto para resolver las cosas. Entonces esto empieza a sonar prácticamente a una fórmula que durante 71 años perfeccionó el Partido Revolucionario Institucional, que es el cinismo. Es decir, no solamente ignorar los problemas, sino reconocerlos, pero no hacer nada al respecto. Por lo tanto, creo que estamos en una situación particularmente grave. Del desconocimiento o el rechazo al tema que vivimos en la administración de Felipe Calderón, hemos pasado a un progresivo reconocimiento del problema sin que esto mejore las condiciones con que se ejerce el periodismo y el allanamiento a las oficinas de Artículo 19, hace unos días, se inscribe en este contexto.

Creo que es importante, en esta ocasión, señalar de manera muy concreta en qué medida la política de seguridad del Gobierno mexicano ha dejado a los periodistas sin protección. Creo que es algo sobre lo que debemos reflexionar con mucho cuidado, a detalle, porque de eso depende que podamos continuar con nuestro trabajo. Todas las sociedades tienen una frontera donde lo ilícito se vuelve aparentemente lícito, hay múltiples testimonios de esto, en el Quijote ya aparecen los contrabandistas que venden mercancías y con el dinero mal habido empiezan a hacer negocios aparentemente legales. Abundan los testimonios al respecto. De nada serviría que el crimen organizado prosperara, sino pudiera reingresar a la sociedad. Hay una frontera donde el dinero sucio se vuelve aparentemente limpio, yo creo que es en esa frontera donde el periodista corre mayor riesgo. Es decir, no son los criminales consumados los que han estado amenazando en lo fundamental a los periodistas, y esto hay que decirlo, son los poderes aparentemente legales y los negocios aparentemente acreditados los que se sienten más amenazados por el trabajo del periodista. Precisamente, porque es en esa frontera, donde el periodista puede denunciar que un político, que un policía, que un soldado o que un empresario están coludidos con el crimen organizado. 

La estrategia irresponsable y equivocada del presidente Felipe Calderón, que dejó al menos 80 mil muertos y unos 30 mil desaparecidos, no puso nunca énfasis en que el Gobierno se investigara a sí mismo y en que se desmontaran las redes del lavado de dinero. Cada vez que un periodista se acercó a esta zona conflictiva que está al interior de nuestra sociedad, su vida estuvo en peligro. Otro de los errores de esta estrategia que tuvo que ver con el discurso público del presidente Calderón, fue considerar que el narcotráfico es un enemigo exógeno, externo a nuestra sociedad. Es decir, llegaron los bárbaros, llegaron los malosos, y se incrustaron en nuestro país. De esta manera, se repetía la concepción que Estados Unidos y la DEA han tenido del crimen organizado, que es el considerar que se trata de un problema básicamente externo, que pertenece a la política exterior de los Estados Unidos. Ustedes saben que Estados Unidos ha necesitado construir un enemigo para tener una política exterior activa, y este enemigo puede ser el nazi, el comunista, el extremista islámico o bien, hoy en día, el narcotraficante. Se trata de un enemigo externo, aparentemente ajeno, se sabe todo de los narcotraficantes afuera de los Estados Unidos, se saben sus nombres, sus apodos y sus hábitos más privados, e ignoramos prácticamente todo de lo que ocurre al interior de los Estados Unidos. La violencia nos toca más fuerte que a ellos. Ya lo dijo Eduardo Galeano: nosotros ponemos los cadáveres, ustedes ponen las narices.

El consumo de droga en los Estados Unidos tiene historias que no conocemos, nuestros colegas norteamericanos no han hecho el trabajo que sí hemos hecho nosotros aquí en México. Y esto es muy importante decirlo: la narrativa del problema se conoce en nuestro país por el trabajo que han hecho los colegas mexicanos y se desconoce en Estados Unidos en muy buena medida porque existe una opacidad al respecto. De manera suntuosa, en este discurso donde el crimen organizado aparece como un elemento ajeno a la sociedad, fue replicada durante la administración de Felipe Calderón, como si el narcotráfico no naciera del seno mismo de la sociedad y no estuvieran involucradas en él personas mucho más próximas a nosotros de lo que pensamos, sino que fue visto como algo totalmente ajeno y externo. Pero, como les decía antes, de nada sirve incurrir en el crimen organizado si esto no regresa a un negocio aparentemente lícito. Y esto es lo que han investigado numerosos compañeros al riesgo de su propia vida y es lo que no ha hecho el Gobierno. En la medida que el Gobierno cambie de estrategia y entienda que tenemos un problema social, cultural y económico al interior de nuestro propio país, y que todas estas redes de complicidad se deben desenredar, en esa medida el periodista estará mucho más seguro para ejercer su trabajo. Justamente nos hemos situado en una zona donde nosotros hemos hecho un trabajo información que no ha hecho el Gobierno. Y sobre esto, creo que se debe reflexionar muy puntualmente.

A pesar de este momento crítico, los medios mexicanos no han dejado de cumplir con su compromiso de informar, los periodistas no han cerrado los ojos. El próximo 23 de abril, recibirá el Premio Cervantes, el máximo galardón que se concede en el idioma español, una escritora mexicana, Elena Poniatowska, que es también una grandísima periodista. Nunca antes el Premio Cervantes había honrado, en el nombre de una persona, a tantísimas voces y tantísimos testigos que le han dicho sus verdades a Elena Poniatowska. Muchos autores prefieren perorar a escuchar. El Premio a Elena Poniatowska es un premio al oído, es un premio a las palabras de los otros. Comencé diciendo que el compromiso ético del periodismo tiene que ver con entender que son los demás los que tienen una razón, son ellos los que nos deben dar las claves de la realidad. Esto es un oficio generoso, un oficio tolerante, que permite que sean otros los que tengan la voz. Creo que en el nombre de Elena Poniatowska se premia a la valentía del oficio, a las noticias que durante mucho tiempo estuvieron silenciadas, como La noche de Tlatelolco, a todos aquellos que se han arriesgado para ejercer este oficio.

El ejemplo de Elena nos honra, pero no debe ser un caso aislado. Debe ser la condición natural de nuestro trabajo. Hago votos porque algún día no sea necesario una actividad como la de hoy en día es imprescindible, como la de Artículo 19, y que el periodismo no sea en el futuro algo que deba ser defendido sino que simple y sencillamente dependa de las palabras, de las imágenes y de lo más necesario que tenemos en este trabajo, que es la búsqueda de la verdad.

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EHT Collaboration
Cómo la foto del agujero negro demuestra que Einstein tenía razón sobre la teoría de la relatividad
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Emoción, fascinación y mil preguntas.

La imagen de un agujero negro 6.500 millones de veces más masivo que el Sol, a una distancia de más de 50 millones de años luz de la Tierra, acaparó este miércoles los titulares de los medios de prensa.

¿Pero qué significan esos colores y siluetas en la foto? ¿Y por qué la forma circular del “anillo de fuego” en torno al agujero negro demuestra que, una vez más, Einstein tenía razón?

Son las preguntas que en BBC Mundo planteamos a uno de los científicos del proyecto Events Horizon Telescope, o EHT, que combinó el poder de observatorios a miles de km para obtener la imagen.

El astrónomo español José Luis Gómez contribuyó al desarrollo de uno de los algoritmos que hizo posible la foto, y es investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC).

¿Qué se ve en la famosa imagen?

“Lo que vemos es material que brilla, que está cayendo al agujero negro en la zona oscura del interior, que es la zona que denominamos el horizonte de sucesos. Ahí es donde toda la luz es captada por el agujero negro y tenemos la completa oscuridad “, explicó Gómez.

El anillo de fuego brilla porque, según señaló el astrónomo español, el material que está cayendo es comprimido.

“Hay mucha fricción entre el material y eso hace que se caliente muchísimo, se calienta tanto que emite radiación en todo el espectro electromagnético“.

Conferencia de prensa en la que se presentó la foto del agujero negro en la galaxia M87

EHT ESO PA
El agujero negro se ve delineado por un anillo brillante, que corresponde a gas supercalentado que cae en el pozo gravitacional y emite radiación.

Por otra parte, en la zona oscura del interior, toda la luz es captada. Y esa oscuridad solo se ve al ser delineada por el material que está en el borde y cae en el agujero negro.

Ese borde es lo que se denomina la sombra del agujero negro, lo más cercano que podemos estar de él.

En cuanto al color rojo, Gómez aclaró que “no es un color real, la imagen está tomada de hecho en una longitud de onda que nuestros ojos no son capaces de apreciar, parecida a la radio”.

“El color es el que nos parecía que representaba mejor la imagen”.

¿Por qué la foto confirma las predicciones de Einstein?

La forma circular que tiene el material que está cayendo en el agujero negro concuerda con las predicciones de la teoría de la relatividad, señaló Gómez.

“Hay otras teorías que dicen que si la gravedad se comportara de una manera distinta a lo que dice la teoría general de la relatividad, la forma puede ser más achatada, parecida a una pelota de rugby”.

La forma es circular porque la gravedad depende únicamente de la distancia al objeto, pero no de la dirección en la que te encuentres, añadió el astrónomo.

Albert Einstein

AFP
La forma circular del material que está cayendo en el agujero negro concuerda con las predicciones de Einstein.

“Imagina que estás viendo la Tierra desde lejos, en órbita. La gravedad de la Tierra no depende de si estás en el polo norte o el polo sur, no es mayor en Londres que en Washington, porque solamente depende de la distancia a la que te encuentres respecto al centro de la tierra.

“Y eso hace que la Tierra sea redonda porque la gravedad va comprimiendo toda la masa de la tierra hasta formar una pelota, la gravedad es igual en toda la Tierra”, indicó Gómez.

El mismo fenómeno explica que los planetas y las estrellas sean circulares.

En un agujero negro ocurre lo mismo, expuso Gómez, “solo que la gravedad es tan intensa que llega a producir ese agujero en el espacio-tiempo, pero la forma es circular”.

El científico español explicó que cuando el agujero negro rota a máxima velocidad la forma circular es ligeramente achatada, pero eso también lo predice la teoría de la relatividad.

“Con la imagen que mostramos ayer no tenemos la resolución suficiente para determinar si realmente existe una ligera desviación en la circularidad que pueda estar asociada con la rotación, pero sí sabíamos que tenía que ser fundamentalmente circular”.

¿Es realmente una foto?

Es algo que varias personas han preguntado a Gómez y que el astrónomo tiene mucho interés en dejar en claro.

“Es una foto”, afirmó el astrónomo del Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Existen distintas maneras de obtener una foto. En el caso del celular, existe una cámara con un objetivo que registra los fotones de luz en pixeles.

En el caso del agujero negro, “la foto se obtiene gracias a un patrón de interferencias, que de una manera perfectamente conocida en matemática te da una imagen utilizando lo que se llama una transformada de Fourier”.

Radiotelescopios del conjunto ALMA en el desierto de Chile

ESO
La imagen fue captada combinando el poder de observatorios a miles de km, como ALMA, el Gran Conjunto Milimétrico-submilimétrico de Atacama, en Chile.

“Quizás el ejemplo más visual es que esa técnica que utilizamos -que se llama interferometría- es también la que se utiliza en medicina. Una TAC (tomografía computarizada) utiliza exactamente la misma técnica que nosotros utilizamos para obtener esa imagen.

“Lo que tenemos es una imagen real. Lo que ocurre es que nuestros ojos no tienen la resolución que tienen los instrumentos”.

“No podemos verla porque está muy lejos, necesitaríamos tener un ojo que fuera capaz de leer un periódico que sostiene alguien en París cuando estamos sentados en Nueva York, para que te hagas una idea”.

“Si estuviéramos al lado de la persona en París lo veríamos, es lo mismo. Si estuviéramos igual de cerca del agujero negro con nuestros propios ojos veríamos la imagen que hemos sacado ayer”, explicó.

¿Qué siente José Luis Gómez a nivel personal?

“Lo que siento es una admiración por la teoría de la relatividad, es una satisfacción al ver que realmente Einstein tenía razón”, señaló el astrónomo.

“Pero en esto, lo que desde el punto de vista personal más me sorprende es pensar que los agujeros negros puedan existir, es un concepto que a la gente le cuesta imaginar, es una zona donde el universo deja de existir como tal”.

José Luis Gómez

Instituto de Astrofísica de Andalucía
José Luis Gómez trabajó en el desarrollo de uno de los algoritmos que permitió obtener la célebre foto del agujero negro.

“La gente era incrédula y ver esa imagen, verlo con tus propios ojos te hace creer.

Se siente una especie de escalofrío de imaginar que en la naturaleza, en el Universo, existen esos objetos. Queuna vez que has cruzado la puerta del horizonte de sucesos no puedes volver.

“Es una puerta fuera de nuestro universo, es como morir, porque mueres y ya no puedes volver a vivir, lo cruzas y ya no puedes volver a nuestro Universo, es realmente asombroso”.


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