Gabo y el periodismo cuando no existían las grabadoras
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Gabo y el periodismo cuando no existían las grabadoras

“García Márquez aprendió muy pronto que los datos básicos no cuentan toda la verdad: es necesario recrear la atmósfera, explorar la psiquis de los personajes, buscar el detalle asombroso. Ir, en suma, más allá de lo evidente”: Alberto Salcedo Ramos, periodista colombiano.
Por Mayra Zepeda
19 de abril, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Cuando Gabriel García Márquez llegó a Bogotá, la capital de Colombia, aún era un adolescente. Ahí, este joven de Aracataca, municipio del departamento de Magdalena, comenzó a escribir poemas y cuentos. El primero,La tercera resignación, se publicó en el diario El Espectador cuando Gabo tenía 20 años.

El periodismo se cruzó en su vida en 1948, cuando fue asesinado el candidato presidencial del partido liberal Jorge Gaitán y se desató en Colombia una era de Violencia, sí, con V mayúscula. A los actos violentos que surgieron en la capital colombiana se le llamó Bogotazo. Estos hechos obligaron a Gabo a trasladarse a Cartagena, donde el periódico El Universal le ofreció una columna diaria.

Ahí empezó el periodismo para Gabo. En este diario escribió sus primeros reportajes y su primera columna llamada “Punto y aparte”.

Para 1950, García Márquez se mudó a Barranquilla. Ahí trabajó para El Heraldo, donde escribió reportajes, editó cables internacionales y publicó su columna llamada “La Jirafa”, la cual firmaba con el seudónimo de “Septimus”. BBC Mundo dice que el nombre de esta columna estuvo inspirado en Mercedes Barcha, entonces novia de Gabo, hoy su viuda. García Márquez le apodaba “la jirafa” porque, dicen, Mercedes tenía un cuello largo y esbelto.

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Cuando Gabo regresó a Bogotá, convencido por su amigo el escritor colombiano Álvaro Mutis, comenzó a trabajar en El Espectador, sí, el diario que publicó por primera vez uno de sus cuentos.

Fue ahí donde en 1955 publicó uno de sus reportajes por entregas más conocidos, Relato de un náufrago, el cual causó problemas al gobierno del único dictador que Colombia ha tenido en su historia, Gustavo Rojas Pinilla.

¿Que contó Gabo en este reportaje que le valió que El Espectador lo exiliara en París como corresponsal? Así lo dice la editorial Tusquets:

El 28 de febrero de 1955 se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación de un destructor de la Marina de Guerra de Colombia habían caído al agua y desaparecido a causa de una tormenta en el mar Caribe. De los ocho, sólo sobrevivió Luis Alejandro Velasco, que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber.

A lo largo del diálogo que sostuvo con el náufrago, el reportero (García Márquez) aclaró que no había existido tormenta alguna, que los ocho hombres cayeron al mar porque la nave de guerra llevaba carga de contrabando que, a causa de un bandazo motivado por el viento, se soltó arrastrando a los marineros.

El relato de aventuras se convirtió inmediatamente en denuncia política. Se levantó en el país un gran alboroto que le costó la gloria y la carrera al náufrago y el exilio al reportero.

Algunos de los textos que García Márquez publicó en El Espectador:

Después de París, Gabo regresó a Colombia, se casó con Mercedes y se fueron a Venezuela. Allá trabajó en las revistas Momento y Venezuela Gráfica.

En 1959 se fue a trabajar a La Habana, Cuba, como director de la agencia de noticias Prensa Latina, del gobierno cubano. Además, pasó un tiempo en Nueva York, pero luego se desplazó a México por “presiones anticastristas”.

En nuestro país, Gabo fue editor de las revistas La familia y Sucesos para todos.

En 1983, García Márquez escribió un reportaje para la revista Semana: “Bateman: misterio sin final”. Este texto relata la desaparición de Jaime Bateman Cayón, guerrillero del M-19 (Movimiento 19 de abril).

Lee aquí el texto completo. 

Además, Gabo también publicó por mucho tiempo en el diario español El País, de 1979 a 2007. El 16 de diciembre de 1979 publicó su primer reportaje en este periódico:

“El éxodo vietnamita, entre la realidad y la mitificación”

Y el 27 de marzo de 2003 publicó el último texto:

“Así escribí Cien años de soledad”

Uno de los últimos proyectos periodísticos de García Márquez fue la revista colombiana Cambio, pero tuvo que abandonarla porque fue diagnosticado con cáncer linfático.

Las exageraciones en el periodismo de García Márquez

Néfer Muñoz publicó para BBC mundo que “en el caso de García Márquez es posible detectar exageraciones e invenciones en diferentes etapas de su periodismo. En algunos momentos, estas exageraciones e invenciones están presentes de una forma abundante y abierta, y en otras, de forma dosificada y velada. Esto es un fenómeno que se enmarca en lo que he llamado el diarismo mágico de García Márquez”.

Lee el texto completo en BBC Mundo.

“Gabo periodista”

“El periodismo fue el taller en el cual García Márquez empezó a decantar algunas de sus obsesiones temáticas. Por ejemplo, lo real maravilloso, la soledad del poder, las nostalgias, las guerras civiles y los enigmas del destino.

“En sus novelas y reportajes hay varias recurrencias comunes. El escritor, obviamente, le aportó mucho al periodista, tanto en su estética formal como en el hallazgo de los enfoques y las estructuras narrativas.

“Lo adiestró en el uso de la sentencia reveladora y contundente, de la hipérbole extraordinaria; le enseñó a dosificar las cargas dramáticas, para que las narraciones resultaran más eficaces, le ayudó a descubrir el valor de la atemporalidad y la universalidad, dos de las virtudes superiores de su obra. Le sirvió para aprender a magnificar lo simple y hacer cotidiano lo grandioso.

“García Márquez aprendió muy pronto que los datos básicos no cuentan toda la verdad: es necesario recrear la atmósfera, explorar la psiquis de los personajes, buscar el detalle asombroso. Ir, en suma, más allá de lo evidente”.

Estas palabras son del periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos al referirse al libro Gabo periodista, una compilación de reportajes, crónicas y columnas de Gabo en 512 páginas como proyecto editorial de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

La periodista peruana Esther Vargas leyó esta compilación y extrajo 10 lecciones sobre el periodismo que practicaba García Márquez.

“Las notas y artículos de Gabo nos confirman (…) que en el periodismo no basta solamente con estar presente en un lugar: también hay que saber contar la noticia, narrarla. Y Gabo sabe. Leerlo es aprender”.

Las 10 lecciones:

Lee el texto completo sobre “Gabo periodista” aquí.

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Tanya Dalton

Cómo reducir el estrés en la pandemia de COVID en 3 simples pasos

La demanda de atenciones relacionadas con la salud mental han aumentado durante los meses en que la COVID-19 se ha propagado por el mundo. ¿Cómo enfrentar los altos niveles de estrés y ansiedad que provoca la pandemia? Esta es una de las herramientas que puede ayudarte.
Tanya Dalton
19 de noviembre, 2020
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La pandemia de COVID-19 ha dejado ya más de 40 millones de personas infectadas en el mundo y más de un millón de víctimas fatales.

Quienes no han sido afectados de manera directa por el virus, probablemente han tenido que hacer cambios en su vida para adaptarse a las presiones familiares, económicas o laborales que la pandemia ha impuesto en un contexto de incertidumbre.

Según un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 130 países, la demanda de consultas relacionadas con problemas de salud mental se ha incrementado, mientras que los sistemas de salud no dan abasto para responder a esos requerimientos.

Los especialistas hablan de una “crisis de salud mental sin precedentes”, donde una de las causas son los altos niveles de estrés.

Tanya Dalton, consultora especializada en productividad laboral, fundadora de la firma estadounidense Inkwell Press y autora de The Joy of Missing Out (“La alegría de perderse las cosas”), se ha especializado en el trabajo con mujeres.

En estos meses le ha tocado ver cómo muchas de ellas han aumentado su autoexigencia para responder a las demandas del trabajo y de su vida familiar, particularmente aquellas que suelen ser perfeccionistas y que, por ese motivo,no se permiten fallar.

“Tenemos que ser agresivamente imperfectos”, dice Dalton en diálogo con BBC Mundo, refiriéndose a la urgente necesidad de aceptar la imperfección como parte de nuestras vidas de una manera frontal.

No basta, explica, con bajar las revoluciones y reducir el número de tareas. Lo que se requiere es un profundo cambio de mentalidad que permita aceptar la imperfección en nuestras vidas como algo natural.

Una ilustración con personas usando mascarillas

Getty
“Está bien sentirse vulnerables”, argumenta Dalton.

Y ahora, en tiempos de pandemia, es el mejor momento para hacerlo. “Está bien sentirse vulnerable porque todos nos estamos sintiendo de esa manera”.

“En todos mis años de experiencia, he visto cómo ese cambio de mentalidad las ayuda enormemente en el trabajo y en sus vidas”, señala.

Estos son tres simples pasos para ser agresivamente imperfectos y bajar los niveles de estrés, según la consultora.

1. Priorizar lo que es importante y urgente

Se trata de identificar las tareas que nos llevan hacia objetivos a largo plazo y que tienen una fecha límite apremiante.

Para eso, hay que ponerlas en la parte superior de una listay darles máxima prioridad.

El problema es que cuando las personas están corriendo contra el reloj, no queda espacio para innovar o para encontrar soluciones creativas. Ahí es donde entra el segundo nivel.

2. Desarrollar lo que es importante, pero no urgente

En el segundo nivel están las actividades que nos acercan a nuestros objetivos finales porque se centran en la planificación futura y la superación personal, pero no tienen una fecha límite inminente.

Y precisamente porque no tienen un plazo a cumplir de manera urgente, es muy fácil que desaparezcan completamente del radar.

Es importante dejarles un espacio, dice Dalton, porque se trata de las actividades y proyectos que eventualmente aumentarán las posibilidades de un mejor desempeño laboral y personal.

3. Adaptarse (dejando de lado las cosas sin importancia)

En el tercer nivel entran las cosas sin mayor importancia, que no ayudan a alcanzar las metas a largo plazo pero que hacen muchísimo ruido.

Por ejemplo, cualquier tarea cotidiana del hogar como lavar los platos. O cumplir con un compromiso extralaboral simplemente porque nos sentimos obligados a hacerlo.

Una ilustración que muestra a una mujer sentada en posición de yoga frente a un reloj

BBC
Dalton plantea que es necesario priorizar las tareas partiendo por las cosas que son importantes y urgentes al mismo tiempo.

Por eso, hay ocasiones en que hay que decir que no. “No pasa nada si la cocina es un desastre”, apunta Dalton. Si se tiene que hacer más tarde o incluso mañana… tendrá que quedar para después.

Lo bueno de hacer una lista de cuestiones importantes, agrega, es que dejamos de desperdiciar energía pensando en qué viene a continuación y, en cambio, trabajamos por prioridades.

“Centrarse en nuestras prioridades es lo que separa a los ocupados de los verdaderamente productivos”, apunta.

“Pasé años sintiendo que todos los días se quedaban cortos. Finalmente me desperté y me di cuenta de que no existe lo perfecto”.

“Es hora de liberarse”, concluye.


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