Los secretos del primer editor de "Cien años de soledad"
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Los secretos del primer editor de "Cien años de soledad"

Cuando se cumplieron 40 años de la primera publicación de "Cien años de soledad", la novela cumbre de Gabriel García Márquez, el periodista de BBC Mundo Max Seitz habló con el primer editor de la obra, el argentino Francisco "Paco" Porrúa*.
Por BBC Mundo
17 de abril, 2014
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El argentino Francisco “Paco” Porrúa fue el primer editor de “Cien años de soledad”. Foto: BBC.

Cuando se cumplieron 40 años de la primera publicación de “Cien años de soledad”, la novela cumbre de Gabriel García Márquez, el periodista de BBC Mundo Max Seitz habló con el primer editor de la obra, el argentino Francisco “Paco” Porrúa.

Porrúa le dio detalles de cómo se gestó el fenómeno del relato que, con el tiempo, se consagraría como una obra maestra de la literatura hispanoamericana y universal.

La edición original, realizada en Buenos Aires por Sudamericana en 1967, constaba de 8.000 ejemplares que se agotaron rápidamente. Desde entonces el libro se ha traducido a 39 idiomas y ha vendido 40 millones de ejemplares.

Porrúa, amigo de García Márquez, le dijo a BBC Mundo que la publicación ya estaba decidida con la lectura de la primera línea, aunque en aquel entonces no previó que el libro, estandarte del boom latinoamericano, se convertiría en el fenómeno que es hoy.

“Simplemente comprendí que se trataba de una obra excepcional”.

¿Cómo es que llegó “Cien años de soledad” a la editorial Sudamericana y a sus manos?

Primera edición de "Cien años de soledad"Así se veía la primera edición de “Cien años de soledad”, de editorial Sudamericana.

La obra llegó por azar en parte, pero también porque las obras de García Márquez me las pasó un amigo de entonces, Luis Hars, un nicaragüense-chileno que estaba escribiendo un libro sobre el llamado boom latinoamericano.

Él tenía las obras de García Márquez, yo no las conocía. Leí los tres libros, “La hojarasca”, “Los funerales de la mamá grande” y “El coronel no tiene quien le escriba”, y me pareció un escritor extraordinario. Descubrí ahí que realmente valía la pena editarlo en Argentina, donde era un desconocido.

Y le escribí una carta proponiéndole la reedición de esas obras en Buenos Aires. Él me contestó que las había publicado Ediciones Era y que él no podía cedérmelos en ese momento pero que, en cambio, estaba terminando una novela que podía interesarme.

Por supuesto yo le contesté enseguida que sí me interesaba que me mandara el libro. Me lo envió y leí las primeras páginas de “Cien años de soledad” comprobando que todo lo que yo había pensado sobre García Márquez era cierto.

Concretamente, ¿qué le llamó la atención de la obra?

Parte del clima de “Cien años de soledad” está en “El coronel…” y en “La hojarasca”. Entonces el ambiente del libro era para mí de algún modo ya conocido.

“Mi idea en ese momento fue que se trataba de un maravilloso ejemplo de lo que antes se llamaba la crónica. No pensé en lo mágico”

Mi idea en ese momento fue que se trataba de un maravilloso ejemplo de lo que antes se llamaba la crónica. No pensé en lo mágico. El término “realismo mágico” me sigue pareciendo un poco contradictorio.

Pensé que era más bien lo que en la literatura se llama metáfora; no simplemente una metáfora de una línea, sino que hay escenas enteras en el libro que son metafóricas. Es una prosa poética muy viva y fuerte.

Imaginé que “Cien años de soledad” iba a atraer inmediatamente a todos los lectores como me habían atraído a mí las obras anteriores de García Márquez.

¿Cuánto tardó en leer los originales?

Un día, aproximadamente. De todos modos, no se trataba de llegar al final para saber si la novela se podía publicar. La publicación ya estaba decidida con la primera línea, con el primer párrafo.

Simplemente comprendí lo que cualquier editor sensato hubiera comprendido en mi lugar: que se trataba de una obra excepcional.

¿Realmente pensó que “Cien años de soledad” se iba a convertir en el fenómeno que es hoy, con traducciones a tantos idiomas y con tantas reediciones?

No, no pensé en eso. Como editor no es necesario pensar en el futuro lejano. Pero el interés que iba a despertar el libro en Buenos Aires, eso sí lo vi y lo sentí, porque Buenos Aires estaba en ese momento en un período curioso, raro.

Había un gobierno autoritario y al mismo tiempo gente que vivía por su cuenta; por ejemplo, había una gran pintura en ese momento, se hacían debates sobre la nueva poesía…

Es decir, había muchos elementos en Buenos Aires que la hacían una de las verdaderas metrópolis del mundo, junto a Río, Nueva York.

Me pareció que era el ambiente más adecuado, como luego lo confirmé. En 1967 Buenos Aires era la única ciudad en la que podía haberse producido ese fenómeno.

¿Cómo llegó a considerar con tanta estima “Cien años de soledad” en un momento en el que había tanta buena literatura latinoamericana alrededor?

La literatura latinoamericana que estaba emergiendo estaba ganando lectores. El público estaba leyendo, no a los autores del boom, sino a escritores anteriores como Onetti, Rulfo y Marechal. Él sobreviene el boom con los autores más jóvenes.

Lo que se produjo entonces fue una especie de toma de conciencia de una identidad literaria. En Latinoamérica se consideraba que éramos una especie de dependencia de Europa y que los modelos literarios estimables provenían de allí.

Eso cambió de pronto, junto con el premio Formentor que se dio a Beckett y a Borges y otros fenómenos parecidos. La gente empezó a considerar que teníamos una literatura acá, una literatura propiamente latinoamericana.

¿Le hizo a García Márquez sugerencias o correcciones para mejorar “Cien años de soledad”?

No, ninguna. Generalmente, yo como editor trataba de evitar las sugerencias, salvo en una charla informal en la que podía decir algo de la obra. Pero no. Sentí que ese libro tal como estaba escrito era la obra literaria que mucha gente estimaría durante muchos años.

Se trata, ante todo, de ser sensible a la lectura. Aunque uno tenga gustos literarios diferentes, si uno siente amor por la literatura reconoce inmediatamente el valor de un libro. Un solo párrafo a veces ilumina toda la obra y basta para comprender que se trata de algo diferente.

Tampoco le hice ninguna corrección. No era mi estilo ni me parecía que tuviera yo que hacerlas. Por otra parte, en mi primera lectura nunca vi la necesidad de cambiar algo, como tampoco me había ocurrido con los libros anteriores de García Márquez.

¿Cómo vivió la transformación de “Cien años de soledad” en una obra maestra de la literatura latinoamericana? ¿Se siente partícipe de ese éxito?

“Sentí que ese libro tal como estaba escrito era la obra literaria que mucha gente estimaría durante muchos años”

Partícipe, por supuesto, por ser quien editó el libro. Pero para mí la figura del editor siempre ha sido bastante secundaria. Está cerca de ser un “Don Nadie” que simplemente conecta al autor con el público.

En esos días yo simplemente estaba feliz de ver que García Márquez se daba cuenta de que se convertía en lo que había sido siempre: un gran escritor.

Repito: el editor hizo poco. Lo que transformó en ese momento el panorama de lo que era la novela latinoamericana fue el libro mismo, “Cien años de soledad”. Todo está alrededor de eso, del objeto, de la obra.

¿Y qué sintió cuando García Márquez obtuvo el premio Nobel en 1982?

Sentí simplemente lo que siento cada vez que un escritor amigo recibe un premio importante. Sentí alegría por él, personal; después una confirmación europea, digamos, de lo que todos sabíamos en América Latina.

¿Cómo ha sido su relación personal con él?

Al respecto yo diría dos cosas, que parecen no conformarse una con otra. Siento que somos muy amigos, pero nos vemos poco. Yo no tengo interés en molestarlo, así que nos vemos un poco por azar. De pronto nos encontramos en algún sitio. Lo vi hace más de un año en Barcelona.

Siento que es un amigo muy auténtico. Tenemos una comunidad de intereses, porque nos gustan los mismos libros, la misma música, y yo admiro mucho su energía verbal.

Este hombre crea continuamente palabras y pensamientos, no sólo mientras escribe sino también en su vida cotidiana.

¿Él se muestra agradecido con usted?

Sí, mucho, pero yo no veo por qué. La gratitud la tiene el lector hacia el autor de “Cien años de soledad”, no hacia el editor.

(*) Este artículo fue publicado en BBC Mundo el 12 de marzo de 2007

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El extraordinario caso de Lucy Lintott: pese a tener enfermedad de la motoneurona, pudo tener dos hijos

La EMN es una enfermedad terminal que progresa rápidamente y que impide que los mensajes del cerebro lleguen a los músculos. La mayoría de los enfermos no viven más allá de tres años tras el diagnóstico. Lucy Lintott vive desde hace ocho años con la enfermedad y ha dado a luz dos niños.
4 de mayo, 2022
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Lucy Lintott siempre soñó con tener hijos, pero cuando le diagnosticaron la enfermedad de la motoneurona (EMN), con solo 19 años, los médicos le dijeron que nunca podría tener una familia.

La mayoría de las personas que sufren esa enfermedad no sobreviven más allá de los tres años siguientes al diagnóstico, pero ocho años después, Lucy tiene dos hijos pequeños y planea casarse con su pareja, Tommy, a finales de este mes.

Se cree que es la segunda persona en el mundo con EMN en dar a luz dos veces.

La EMN es una enfermedad terminal que progresa rápidamente y que impide que los mensajes del cerebro lleguen a los músculos.

La enfermedad hace que gradualmente movimientos como agarrar, caminar, hablar y tragar sean extremadamente difíciles y finalmente imposibles.

Dificultades en la movilidad y el habla

Lucy, quien creció en la ciudad de Garmouth, en el noreste de Escocia, fue diagnosticada con esta condición a fines de 2013.

Fue la persona más joven en ser diagnosticada en Escocia con esta enfermedad, que normalmente afecta a las personas de más de 40 años.

Tres años después, con 22, Lucy le dijo a la BBC que sentía como si se estuviera quedando “lentamente paralizada” y que su preocupación era ir perdiendo poco a poco su “personalidad divertida”.

La enfermedad hizo que necesitara utilizar una silla de ruedas, ya que le resultaba imposible caminar sin ayuda. Su capacidad de hablar también se vio afectada.

Lucy Lintott

BBC
A Lucy le diagnosticaron EMN a los 19 años.

Lucy grabó su voz para que pudiera usarse en caso de perder completamente el habla y comenzó a recaudar fondos para que se investigue su condición.

Pero como comentó en un nuevo documental de la BBC (Ser mamá con EMN), el futuro la aterraba.

Amigos de la escuela

A pesar de que necesitaba cuidadores profesionales para ayudarla con la mayoría de las tareas, Lucy estaba decidida a mudarse de la casa de sus padres a su propio apartamento en Elgin, una ciudad no muy lejos de donde vive su familia.

“Eso realmente cambió muchas cosas”, dice. “Empecé a ser independiente, así que podía invitar a un chico sin que mi mamá me hiciera pasar vergüenza”.

En 2018, Lucy se reconectó con su antiguo amigo de la escuela Tommy Smith, con quien compartía la clase de estudios modernos.

Tommy cuenta que él era muy tímido, pero Lucy era muy extrovertida y su risa se podía escuchar desde tres clases más lejos.

Él dice que no pudo resisitirse a su sonrisa radiante y a sus ojos enormes. A Lucy le atraían sus camisetas y pantalones ajustados.

Los amigos se convirtieron en pareja.

“Yo no tenía que protegerme a mí misma”, dice Lucy. “Él sabía en qué se estaba metiendo. Él tuvo que lidiar con gente que le decía que yo tenía EMN”.

Ayuda

Tommy le propuso matrimonio en 2019 y posteriormente la pareja anunció que Lucy estaba embarazada.

Su padre, Robert, dice que temían por la salud de Lucy, así como por la del bebé. El riesgo para Lucy era grande porque no se sabía cómo sus músculos irían a reaccionar.

Tommy, Lucy y sus dos hjijos

BBC
La recompensa de ser padres supera los riesgos, dice Lucy.

“Pero la recompensa de ser padres superaba los riesgos”, explica Lucy.

El 13 de febrero de 2020, Lucy dio a luz a un niño, a quien en público llaman LJ.

Tommy dice que Lucy asumió el rol de madre con gran facilidad, aunque tenía que trabajar de cerca con un equipo de asistentes para cuidar a LJ.

“Trabajar con cuidadores consiste en que yo les explique y les describa cómo quiero que se hagan las cosas”, dice Lucy. “Básicamente, ellos son como mis brazos“.

“Aunque usa a otra persona para atenderlos, es ella quien da las instrucciones”, agrega Tommy.

“Muchos le decían ‘no puedes hacer esto’. Lucy está haciendo un trabajo fantástico. Hace un trabajo mucho mejor que el mío”.

Nuevo embarazo

Poco después de que naciera LJ llegó la pandemia. Lucy tuvo que resguardarse y la pareja pospuso la boda.

En el peor momento de la pandemia tuvo que mudarse a la casa de sus padres para proteger su salud y continuar recibiendo los cuidados que necesitaba.

Y, en mayo del año pasado, Lucy y Tommy anunciaron que estaban esperando una niña.

La madre de Lucy, Lydia, cuenta que su hija siempre quiso tener hijos y que fue hermoso cuando llegó LJ.

Lucy, Tommy, y su bebé

BBC
La pareja planea casarse pronto.

“Pero cuando anunciaron que iban a tener otro, pensamos: ‘¡Oh, mi Dios, qué has hecho!”, recuerda Lydia.

La niña, llamada AR, nació justo después de Navidad.

“El parto fue muy duro y aterrador, pero las dos estamos bien y eso es lo más importante”, asegura Lucy.

“Ella es definitivamente la última. No creo que mi cuerpo pueda tolerarlo de nuevo”.

Matrimonio

Lucy cuenta que depende en gran medida de sus cuidadores para que la ayuden con sus niños, pero dice que está constantemente involucrada en sus vidas y ellos saben que es su madre.

“Estoy orgullosa de que la maternidad se me dio bastante fácil pese a ser persona con discapacidad”, señala.

“Si pudiese hacerlo todo físicamente, lo haría. No disfruto mirando a otra gente con mis niños”.

Lucy Lintott

Cortesía Lucy Lintott
Lucy cuenta que de pequeña era muy deportista.

Lucy tiene planeado casarse con Tommy este mes y luego quiere pasar la mayor cantidad de tiempo posible con su familia.

“No soy materialista”, dice. “A mí lo que más me interesa es mi familia y pasar tiempo con la gente que amo, porque no sé cuánto tiempo me queda por delante”.

“Estoy muy agradecida. Sé que soy una de las muy pocas personas con EMN que pudo tener un hijo, menos aún dos. No doy nada por sentado”.


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