Naciones Unidas advierte corrupción en compras del gobierno mexicano
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Naciones Unidas advierte corrupción en compras del gobierno mexicano

Aunque el sistema de adquisiciones y contrataciones del gobierno mexicano goza de un "alto grado de legitimidad", esta situación es sólo "aparente", ya que, en realidad, el mecanismo nacional para las compras oficiales resulta "altamente propenso a la corrupción", señala el estudio Transparencia, Objetividad y Competencia en las Contrataciones Públicas.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
8 de abril, 2014
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Las "mordidas" parecen una actividad cotidiana.

Aunque el sistema de adquisiciones y contrataciones del gobierno mexicano goza de un “alto grado de legitimidad”, esta situación es sólo “aparente”, ya que, en realidad, el mecanismo nacional para las compras oficiales resulta “altamente propenso a la corrupción”, según las conclusiones a las que llegó la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en su estudio Transparencia, Objetividad y Competencia en las Contrataciones Públicas, divulgado a finales de marzo pasado por su representación en México.

Elaborado a partir de entrevistas con representantes del sector privado mexicano, y tomando como base los informes rendidos por distintas dependencias de gobierno, así como diferentes reportes emitidos por otros organismos internacionales, el análisis de la UNODC determinó que, a pesar de que en México se han dado avances legislativos en materia de adquisiciones públicas, aún “subsiste un marco jurídico insuficiente e ineficaz para combatir la corrupción, un mal funcionamiento de las instituciones públicas, poca confianza de la comunidad empresarial en los políticos y falta de eficacia en la competencia”.

De hecho, destacó la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, la corrupción es considerada como el primer factor que impide hacer negocios en México, según el Reporte Global de Competitividad 2012-2013 –cuyos resultados, cabe destacar, no mostraron variación significativa en el informe siguiente, sobre el periodo 2013-2014  –.

Citando dicho reporte del Foro Económico Mundial, la UNODC destaca en su propio estudio que entre las prácticas más frecuentes relacionadas con irregularidades en contrataciones y compras del gobierno mexicano se encuentran los sobornos y pagos irregulares a funcionarios, el desvío de fondos públicos para beneficiar a ciertas empresas, el “despilfarro” del erario, la poca transparencia en políticas de gobierno, la poca eficacia en el marco legal para resolver disputas y la sobrerregulación. A ellos, además, hay que sumar otros factores que también destaca el Reporte Global de Competitividad en materia de corrupción en México, como el favoritismo en decisiones de funcionarios públicos y el comportamiento poco ético de las empresas.

Asimismo, en entrevistas con representantes del sector público mexicano, la UNODC tomó nota de la existencia de actos de corrupción promovidos por el sector empresarial, tales como “acuerdos previos entre los proveedores o la designación de distribuidores exclusivos por parte de grandes empresas trasnacionales”, mientras que también “se ha detectado que algunas empresas participan en licitaciones con la intención premeditada de no cumplir, sino asumiendo el riesgo de recibir una multa o castigo”.

Legitimidad aparente

La Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito destaca en su estudio que los procesos de adquisición pública, “en todos los niveles del gobierno de México, cuentan con un alto grado de legitimidad”, debido a que del total de compras realizadas por las autoridades, únicamente son impugnadas entre 3% y 5%.

Sin embargo, subraya, “la aparente legitimidad de los procesos es, en gran medida, producto de la desconfianza de la ciudadanía ante las instituciones de gobierno”, ya que, de los encuentros con representantes de la iniciativa privada, se desprendió que “a pesar de la existencia de mecanismos de quejas, muchos ofertantes prefieren no reportar violaciones a procesos de adquisición pública por miedo a ser vetados para participar en licitaciones futuras, especialmente cuando se trata de asignaciones directas o de invitación restringida. También se descubrió que muchos miembros del sector privado pudieran no estar al tanto de su derechos y obligaciones para reportar dichas violaciones“.

Además, añade la UNODC, “los recursos de impugnación son onerosos y de larga duración”, mientras que los representantes empresariales entrevistados “también afirmaron que el abstencionismo en la impugnación se debe a la falta de confianza en las instituciones destinadas para ello”.

En las mismas entrevistas se señaló que, aún cuando no son denunciadas, existen prácticas irregulares recurrentes por parte de servidores públicos, tales como definir las bases de licitación “favoreciendo a un ofertante”, mostrar “preferencias por recurrir a ciertos proveedores o ciertas marcas, así como la existencia de agentes económicos dominantes”.

Por último, señala la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, aún en los casos en que se denuncian estas irregularidades, para los proveedores afectados “no hay certeza en la reposición del procedimiento (ya que) los bienes o servicios se adjudican antes de que concluyan los procesos de impugnación”.

De ida y vuelta

Según el estudio de la UNODC, la otra faceta de la corrupción en las adquisiciones gubernamentales mexicanas está conformada por las prácticas poco éticas en las que incurre el sector empresarial, como, por ejemplo, emitir “ofertas ficticias o de resguardo, que están diseñadas para aparentar competencia genuina. De esta manera, los oferentes se ponen de acuerdo para que al menos uno de ellos presente una oferta más alta que la del ganador designado, una oferta demasiado alta para ser aceptada, o que contenga términos especiales que sabe que son inaceptables para el comprador”.

Otro acto de corrupción en el que incurre el sector privado es la “supresión de ofertas”, que consiste en un arreglo establecido previamente por las empresas que se disputarán una licitación, “donde los competidores acuerdan que uno o más proveedores se abstendrán o retirarán una oferta presentada con anterioridad, de manera que se adjudique la licitación al ganador designado”.

Además, está también identificada una práctica conocida como “rotación de ofertas”, que implica un pacto previo entre proveedores, en el que “las empresas acuerdan con otras, para que una de ellas califique con el menor precio y pueda ganar (la licitación). Posteriormente, en el siguiente procedimiento de contratación pública, le tocará a una empresa diferente ofrecer el precio más bajo que le garantice la adjudicación del contrato”.

El estudio de la UNODC identifica igualmente la práctica denominada “asignación de mercado”, en la cual “los competidores se reparten ciertas zonas geográficas y acuerdan cuántos clientes tendrán. Con base en el acuerdo, los licitadores no podrán presentar ofertas en las zonas asignadas a un licitador particular”.

Por último, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito reportó que “en ocasiones, los proveedores actúan de mala fe, puesto que cambian la calidad del producto al momento de ejecutar el contrato“, a pesar de lo cual, “los instrumentos de verificación que emplea la autoridad son ineficaces, ya que no se aplican como procedimiento regular, lo cual genera el riesgo de no constatar la calidad del contrato. Hacen falta los recursos humanos y las capacidades técnicas –remata– para llevar a cabo evaluaciones regulares que permitan, por una parte, evaluar la calidad del bien o servicio ofertado, y por otra verificar que dicha calidad se mantenga hasta la finalización del contrato”.

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Elecciones en EU: los votantes a quienes no les gustan ni Trump ni Biden

A medida que aumentan los esfuerzos para convencer a los votantes indecisos, no todos están contentos con la opción que se les ofrece.
13 de septiembre, 2020
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Post it con caras tristes y una pregunta

Getty Images
No todos están contentos con los candidatos a las elecciones de Estados Unidos.

En la recta final de una elección polémica en Estados Unidos, los partidarios de Donald Trump y Joe Biden están haciendo un último esfuerzo para mostrar su respaldo y convencer a los votantes indecisos.

Pero no todo el mundo está contento con las alternativas que se les ofrecen.

A menos de dos meses para el final de la campaña, los dos partidos principales han promocionado la contienda de noviembre como “la elección más importante de nuestra vida” y anunciaron récords de recaudación de fondos en las últimas semanas.

Los observadores políticos predicen un gran aumento en la participación general, pero muchos votantes aún no están seguros de si votarán por el presidente en funciones Donald Trump, el candidato demócrata Joe Biden o por cualquier otra persona.

Estoy desilusionado con esta elección”, dice Samian Quazi, un enfermero psiquiátrico de 32 años de edad residente en Houston.

“Realmente no tenemos buenas opciones. Ninguno de los candidatos está abordando realmente ningún problema ni ofrece ninguna esperanza para que este país mejore la vida de las personas”, añade.

Imagen de promoción con Joe Biden y Donald Trump

BBC
Ni Joe Biden, ni Donald Trump

Quazi ha votado regularmente en elecciones anteriores. Dijo que lo hizo por los candidatos del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de 2016 y los comicios de mitad de período de 2018, pero se ha vuelto desconfiado después de ver perder a su candidato preferido, el izquierdista Bernie Sanders, en las primarias del Partido Demócrata a principios de este año.

“Fue un ejemplo de los poderes fácticos que controlan el acceso a los medios en este país sin querer ver amenazados sus intereses económicos”, analiza.

Me pregunto si Estados Unidos todavía está tratando de ser una democracia, cuando en realidad es una plutocracia”, dice Quazi.

“Cuando se trata de cambios económicos y estructurales reales que posiblemente podrían amenazar el control que tienen sobre nuestro país, hay una reacción dura y expulsan a cualquiera que materialmente pudiera cambiar nuestras vidas”, opina.

Poca participación

La desconexión política en Estados Unidos ha llevado a bajas tasas de participación de votantes en relación con el resto del mundo, en elecciones recientes en el rango del 50-60%.

Pegativas de Yo voté en inglés.

Reuters
La participación de la gente en las elecciones en Estados Unidos es baja en comparación con otros países.

La participación general de votantes entre los países de la OCDE es de aproximadamente el 70% e incluso muchos países en desarrollo tienden a ver tasas de participación más altas que las observadas en la mayoría de las elecciones estadounidenses.

Aproximadamente el 64% votó en las elecciones de 2008 entre Barack Obama y John McCain, pero la participación cayó a un mínimo de 20 años durante las elecciones de 2016 a solo el 55%.


Candidatos de otros partidos para las elecciones presidenciales de 2020

Jorgensen_Hawkins_West_De-La-Fuente_Blankenship

Getty/Reuters
  • Jo Jorgensen, Libertarian Party (Partido Libertario)
  • Howie Hawkins, Green Party (Partido Verde)
  • Kanye West, Birthday Party (Partido Fiesta de Cumpleaños)
  • Rocky De La Fuente, Alliance and Reform Parties (Partido Alianza y Reformas)
  • Don Blankenship, Constitution Party (Partido de la Constitución)

Según un estudio publicado en febrero por la organización sin fines de lucro Knight Foundation, de tendencia izquierdista, casi la mitad de los votantes elegibles, o cerca de 100 millones de personas, no participan en las elecciones.

“Es un grupo muy grande y es la mitad del país, por lo que es diverso”, dijo Eitan Hersh, profesor asociado de ciencias políticas en la Universidad de Tufts y asesor académico del informe de la Fundación Knight.

“La falta de compromiso tiene que ver con que la gente no se sienta conectada con el sistema electoral y no piensa que es importante“, agrega.

Algunos países con mayor participación, como Bélgica y Chile, implementaron alguna forma de voto obligatorio, que tuvo un impacto dramático en la participación.

Un hombre con mascarilla inserta su voto en un buzón del correo para las elecciones en Estados Unidos.

Reuters
Existen varios factores que hacen que la gente vote menos en Estados Unidos.

Otros, como Australia y Alemania, han conquistado a nuevos votantes mediante el registro automático de votantes u otro tipo de iniciativas.

En Estados Unidos, sin embargo, votar y registrarse para votar son más una responsabilidad individual.

Durante las últimas décadas, muchos estados han dado prioridad a mejorar el acceso a las urnas, lo que incluye permitir el registro de votantes el mismo día, mantener abiertos los lugares de votación por más tiempo y ampliar las opciones de votación anticipada o por correo.

¿Por qué la gente no va a votar?

Según Hersh, la enorme importancia que se le da a mejorar el acceso de los votantes y a eliminar otras barreras estructurales no tiene un impacto significativo en la participación de los votantes.

Las razones de por qué hay bajas tasas de participación “tiene mucho más que ver con lo que le importa a la gente y lo que los motiva”.

Él predice que, a medida que la política en Estados Unidos se vuelve más nacionalizada y partidista, más personas pueden desvincularse del proceso político.

“Solía ocurrir que los votos para una legislatura estatal no estaban muy correlacionados con los votos para presidente, porque son temas diferentes”, describe.

Partidarios de Trump y Biden.

Reuters
Hay estadounidenses a quienes no les gustan ni Trump ni Biden.

“En esta era votar por alguien que se postule para el concejo municipal podría ser un referéndum sobre Trump en la cabeza de la gente”, opina.

Señala que hacer de la política una lucha entre el bien y el mal está desvinculado de la realidad de dirigir un gobierno.

Mucha gente simplemente no está interesada. Al igual que en cualquier deporte, cuanto más se centra en una rivalidad, más divertido es para las personas a las que les gusta ese deporte, pero a otros les parece una parte extraña de la vida que no es para ellos”, compara.

“Votar de buena fe”

Hrant Papazian, de 52 años, es una de esas personas a quienes no le interesa ir a votar

Como inmigrante armenio que creció en el Líbano durante una guerra civil que duró tres décadas, Papazian cumplió 18 años en California y ha vivido allí desde entonces, pero nunca ha votado.

Afirma que votar puede hacerte sentir bien y empoderado, pero cree que el status quo siempre permanecerá intacto.

“No tengo ganas de seguirle el juego. No creo que alguna vez se nos ofrezcan candidatos que estén interesados en la salud de la sociedad. No puedo imaginar que el sistema produzca políticos por los que yo pueda votar de buena fe”, afirma.

Hrant Papazian

Courtesía Hrant Papazian
Hrant Papazian no confía en el sistema político.

Papazian, que trabaja como profesor de informática de secundaria, sabe que su opinión sobre la votación suena radical, pero se mantiene firme en su resistencia a un sistema político que, según él, está en declive.

Se supone que la democracia mejorará, pero creo que es lo contrario, empeora con el tiempo. Y cuanto más grande es el país, más heterogéneo es, menos sostenible es. Nos estamos dividiendo en tribus más pequeñas y eso hace nos sea más fácil de controlar y mantenernos en este camino que va cuesta abajo lentamente”, analiza.

“La única forma de lograr un cambio real es que boicoteemos”, sugiere.

“No habrá grandes cambios”

Algunos votantes primerizos ya están desilusionados con el sistema.

Grace Link, de 20 años, es una estudiante universitaria de Wisconsin. Quiere votar en su primera elección presidencial, pero no está contenta con sus opciones.

“Es muy fácil ver cuando el dinero y el poder dentro de un partido entran en juego para callar a los jóvenes”, advierte.

“Básicamente, nos sentimos culpables de votar por Joe Biden y por quien elija el Partido Demócrata cuando, durante la temporada de primarias, los jóvenes fueron ignorados de manera abrumadora“, asegura.

Grace Link

Courtesía Grace Link
Grace Link dice que no hay representación para los jóvenes.

Link argumenta que la nominación de Joe Biden refleja un sistema que prioriza las necesidades de los votantes blancos de clase alta por sobre otros, incluidos los votantes jóvenes con una creciente deuda de préstamos estudiantiles como ella.

“Gran parte de su discurso, especialmente hacia los jóvenes, es que pueden empujar (a Biden) más a la izquierda, mientras que con Trump no pueden hacerlo. En el corto plazo, los próximos cuatro años pueden ser mejores, pero en el largo plazo, no habrá grandes cambios“, concluye.


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