¿Por qué es más rentable meter en la cárcel a un hispano en EU?
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¿Por qué es más rentable meter en la cárcel a un hispano en EU?

Un estudio de la Universidad de California-Berkeley dice que las cárceles gestionadas por empresas privadas prefieren recibir reclusos de minorías.
4 de abril, 2014
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Carcel_Tlaxcala-615x410Es bien sabido que la presencia de reclusos pertenecientes a minorías en las cárceles de Estados Unidos es desproporcionada si se compara con el porcentaje de la población total que estos representan.

En promedio, los negros e hispanos suponen alrededor del 60% de los presos del país, una cifra que en el caso de algunas prisiones privadas puede rondar el 90%.

Este último dato no sería fruto de la casualidad, según una investigación elaborada por la Universidad de California-Berkeley, que indica que las cárceles estadounidenses gestionadas por compañías privadas -que en la actualidad albergan a más de 120.000 personas- seleccionan a reclusos de estas minorías porque son más baratos de mantener.

¿Y por qué es más económico encarcelar a un hispano que a un blanco no hispano?

Según la investigación llevada a cabo por el estudiante de doctorado Christopher Petrella, ello se debe a que los presos negros e hispanos tienden a ser más jóvenes que sus pares blancos no hispanos y por lo tanto requieren de menos cuidados médicos.

En su estudio Petrella señala que el hecho de que los reos pertenecientes a minorías tengan una edad promedio más baja es atribuible en buena medida a la “guerra contra las drogas” que las autoridades estadounidenses han librado en las últimas tres décadas y que ha afectado de forma desproporcionada a negros e hispanos, a quienes se les han impuesto duras condenas.

Así, según explica Petrella, los prisioneros mayores de 50 años en las cárceles de EE.UU. son predominantemente blancos no hispanos mientras que aquellos que tienen edades comprendidas entre los 20 y 40 años suelen ser negros, hispanos o de otra minorías.

“Racismo oculto”

Para su estudio, Petrella analizó los datos de nueve estados con grandes poblaciones carcelarias en instituciones privadas como California, Georgia, Oklahoma y Texas.

Gracias a la Ley para la Libertad de Información, el investigador tuvo acceso a los contratos que las autoridades públicas firmaron con compañías como la Corporación de Correccionales de América (CCA, por sus siglas en inglés) o el Grupo Geo, Inc.

El investigador encontró que en esos contratos había exenciones implícitas y explicitas que permitían que las empresas seleccionaran a los reos que iban a albergar en sus instalaciones, permitiéndoles discriminar por razón de edad o por cuestiones de salud, evitando a los presos con enfermedades crónicas o costos sanitarios “por encima de la media”.

Petrella cita en su estudio un informe de la Unión de Libertados Civiles de EE.UU. (ACLU, por sus siglas en inglés) que señala que el costo de mantener a un preso mayor de 50 años en EE.UU. ronda los US$68.000, mientras que el de un recluso más joven se sitúa en los US$34.000.

“El hecho de que las minorías estén sobrerrepresentadas en las cárceles privadas, incluso si se compara con las cárceles públicas, en las que eso también sucede, es una muestra del racismo oculto que todavía existe en este país”, aseguró Christopher Petrella en Conversación con BBC Mundo.

“En la superficie las leyes y las políticas gubernamentales se supone que son neutrales en cuanto a la raza. Sin embargo, continúan teniendo efectos desproporcionados para las minorías. Eso es todavía un problema mayor si se tiene en cuenta el pobre trabajo que se hace en las prisiones privadas para rehabilitar a los reclusos y reinsertarlos en la sociedad”, apuntó el investigador.

“Además, creo que los datos de mi estudio demuestran que la afirmación de que las prisiones privadas ahorran dinero al erario público no es cierta ya que, como sólo aceptan a reclusos jóvenes y sanos, es obvio que los costes de mantenimiento son más bajos”.

“Programas de calidad”

Petrella considera que las prisiones privadas son un modelo de negocio “muy lucrativo”, entre otros motivos porque no se les exige ningún tipo de transparencia a las compañías que las gestionan, lo que en su opinión no debería ser así, ya que “hay muy pocos negocios que obtengan tanto dinero de las administraciones públicas”.

“La prisiones privadas presentan incentivos económicos perversos. Si uno de los principales objetivos de la encarcelación es la rehabilitación de los presos para que puedan reinsertarse en la sociedad, crear un modelo de negocio basado en aumentar los niveles de encarcelamientos no da a las compañías privadas ningún tipo de incentivo para que rehabiliten a los presos”.

Petrella recuerda las críticas que se han vertido contra las compañías que gestionan las cárceles privadas por gastar millones de dólares en convencer a los legisladores para que se impongan condenas más duras que aumenten el número de reclusos en las prisiones o por requerir en sus contratos con las administraciones un nivel mínimo de ocupación de sus instalaciones.

En respuesta a las afirmaciones que Christopher Petrella hace en su estudio, un portavoz de la compañía privada CCA, que gestiona más de 60 centros de internamiento privados en EE.UU., aseguró a BBC Mundo que la investigación “es un fracaso”.

“No sólo por sus conclusiones sino porque no llega a comprender el tipo de contratación que realizamos con nuestros socios gubernamentales o los tipos de programas que ofrecemos a los presos en nuestras instalaciones”, señaló Steve Owen.

“Los contratos que firmamos con nuestros socios gubernamentales son acordados mutuamente y , como clientes, las administraciones tienen mucha capacidad de negociación respecto a las condiciones”, apuntó Owen.

“Como parte del proceso de contratación, nuestros socios determinan cuál es la mejor manera de manejar costos como los gastos sanitarios y nosotros trabajamos en base a sus necesidades y sus preferencias”.

“También nos oponemos a la caracterización que se hace en el estudio de nuestros programas para los reclusos. No sabemos de dónde han sacado los autores del estudio -quienes no nos contactaron antes de publicarlo- la idea equivocada de que proporcionamos muy pocos programas de rehabilitación en comparación con las cárceles públicas. Esa afirmación es incorrecta y no se la atribuyen a nadie en el informe”, señaló el portavoz de CCA.

“Nuestra compañía está comprometida a proporcionar alojamiento confiable y seguro, así como rehabilitación y programas de reinserción de calidad a un precio que ahorra dinero a los contribuyentes”, dijo Owen.

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Ruth Bader Ginsburg: por qué la muerte de la jueza de la Corte Suprema de EE.UU. supone un terremoto en una nación ya fracturada

Si el presidente Trump nomina un reemplazante de la magistrada podría alterar por años el equilibrio ideológico del mayor tribunal de justicia del país y aumentar la tensión política a pocas semanas de las elecciones.
19 de septiembre, 2020
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La muerte de un juez de la Corte Suprema de Justicia siempre es algo trascendente en Estados Unidos. Pero la de Ruth Bader Ginsburg supone un terremoto de consecuencias imprevisibles para este país.

Ginsburg, que murió el viernes a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, era un ícono feminista y progresista del máximo tribunal judicial de EE.UU. para asuntos como la igualdad de género o la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Su muerte abre ahora la posibilidad de que el presidente Donald Trump nomine a su sucesor en una corte de nueve miembros donde ya ha colocado a dos, y altere así por años el equilibrio ideológico del Supremo a favor de los conservadores.

Como esto ocurre además en un país políticamente polarizado y a pocas semanas de una elección presidencial cargada de tensión, el debate por el reemplazo de Ginsburg amenaza con aumentar la fractura entre republicanos y demócratas.

“Normalmente las nominaciones a la Corte Suprema son un deporte de sangre. Entonces esto va a ser verdaderamente apocalíptico. Hay mucho en juego en esta nominación”, dice Jonathan Turley, un destacado profesor de derecho constitucional en la Universidad George Washington, a BBC Mundo.

Una silla clave

El hecho de que los magistrados de la Corte Suprema ocupen su cargo de manera vitalicia significa que cualquier cambio en la integración tiene efectos duraderos.

Nominada por el presidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg formaba parte de un bloque de cuatro jueces progresistas de la corte que solía necesitar de un quinto voto “péndulo” para lograr mayoría.

Ruth Bader Ginsburg

Reuters
Ginsbrurg era parte de un bloque de cuatro jueces progresistas.

En votaciones recientes ese quinto voto lo aportó el juez John Roberts para decisiones sobre inmigración, derechos de homosexuales y otros temas importantes de la “guerra cultural” en este país.

Los presidentes de EE.UU. tienen la potestad de elegir los miembros de la corte, que deben ser ratificados por el Senado, y Trump suele señalar como un logro el haberlo hecho dos veces en menos de cuatro años de mandato.

Si lograse colocar a un tercer magistrado netamente conservador, la Corte pasaría a tener seis jueces instalados por republicanos, mientras el bloque liberal quedaría en una minoría de tres.

Eso puede conducir con el paso del tiempo a alteraciones significativas en diversas ramas del derecho.

“Esta es posiblemente la nominación más importante en la historia de la corte moderna. Hay una serie de doctrinas que actualmente penden de mayorías de cinco a cuatro”, advierte Turley.

Por ejemplo, señala que con un nuevo juez conservador en la corte quizás se abriría el camino para a revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973.

Trump y Kavanaugh

Reuters
Dos de los actuales jueces del Supremo fueron nominados por Donald Trump.

Probablemente consciente de todo esto, Ginsburg indicó en su testamento que su “deseo más ferviente” era que evitaran reemplazarla hasta que asumiera un nuevo presidente, según informó la radio pública estadounidense NPR.

La pregunta ahora es si Trump podrá provocar tal desequilibrio en un Supremo que recientemente ha fallado más de una vez en contra de los intereses del mandatario.

“Aumentará el nivel de furia”

La muerte de Ginsburg le ofrece a Trump la oportunidad de acicatear al electorado conservador y religioso a menos de 50 días de las elecciones, cuando las encuestas lo muestran atrás del candidato demócrata Joe Biden.

De hecho, desde hace semanas Trump señalaba la eventualidad de nominar a un tercer juez del Supremo como una razón para que lo reelijan, por lo que quedan pocas dudas de que intentará hacerlo en los meses que le quedan como presidente.

Mensaje para Ruth Baden Ginsburg

Reuters
Ginsburg pidió en su testamento que no se nombrara un sucesor antes de las elecciones.

Además, el debate que se abre con esto desviará algo la atención de la respuesta de Trump a la pandemia de coronavirus, cuando EE.UU. está a punto de llegar a 200.000 muertos por el covid-19, una cifra que ningún otro país ha registrado.

El Senado está controlado por el Partido Republicano de Trump y su líder allí, Mitch McConnell, anticipó en la misma noche del viernes que en la cámara habrá una votación sobre el juez que nomine el presidente.

Sin embargo, evitó decir cuándo ocurriría esto: si antes o después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los republicanos tienen 53 senadores (contra 47 demócratas), pero al menos dos miembros de esa mayoría se manifestaron días atrás reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Esto sugiere que el reemplazo de Ginsburg puede volverse una nueva prueba de fuego de la lealtad republicana hacia Trump cuando algunos senadores tienen dificultades para ser reelectos ellos mismos.

Joe Biden

Reuters
Biden también ha dicho que el remplazo de Ginsbrurg debe esperar a las elecciones.

Por otro lado, a la controversia se añade el antecedente de que McConnell bloqueó en 2016 la votación en el Senado de un juez nominado para la corte por el entonces presidente Barack Obama, argumentando que era un año electoral.

Su explicación ahora es que el voto puede proceder porque, a diferencia de cuatro años atrás, el presidente y la mayoría del Senado pertenecen al mismo partido.

Los demócratas se apresuraron a exigir que se espere hasta después de la elección.

“Los votantes deben elegir al presidente y el presidente debe elegir al juez para que lo considere el Senado”, declaró Biden el mismo viernes.

Esto también podría movilizar a favor de Biden a electores de izquierda que aún están inseguros de votar por él.

“No podía imaginar que fuera posible hacer esta elección más divisiva, pero ocurrió: esto agrega un elemento transformador a la elección”, reflexiona Turley. “Esto aumentará el nivel de furia en el país”.


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