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Un “fenómeno social violento” será motivo para suspender tus derechos

Comisiones del Senado aprueban el reglamento del artículo 29 para el Estado de Excepción que, según organizaciones civiles, permite la criminalización de la protesta.
Por Tania L. Montalvo
29 de abril, 2014
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Foto: Cuartoscuro

Foto: Cuartoscuro

Cada vez que el presidente de la República considere que en todo el país o en un territorio determinado existe un “grave peligro o conflicto” o “un fenómeno social violento” podrá ordenar la suspensión de derechos y garantías, según el dictamen aprobado por unanimidad en Comisiones del Senado.

Según la legislación reglamentaria del artículo 29 constitucional sobre el Estado de Excepción, el titular del Ejecutivo podrá solicitar la restricción o suspensión de derechos en casos de “invasión, perturbación grave de la paz pública u otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto”.

El dictamen —que contempla la iniciativa enviada por el presidente en octubre pasado y la de senadores— fue aprobado este lunes en Comisiones Unidas de Gobernación, de Derechos Humanos, de Justicia, y de Estudios Legislativos y podrá ser votado en el pleno del Senado antes del próximo 30 de abril, cuando termina el periodo ordinario de sesiones para pasar a la Cámara de Diputados.

En el artículo 3 se definen lo que, según senadores, son los casos específicos que motivan la suspensión o restricción de derechos, aunque organizaciones civiles agrupadas en el Frente por la Libertad de Expresión y la Protesta Social, argumentan que es justo por esta definición que se abre la puerta a la criminalización de la protesta y libre manifestación. Los escenarios para aplicar la suspensión son:

-Invasión. La entrada de fuerzas armadas, sin la autorización correspondiente, pertenecientes a otro estado a cualquier parte del territorio nacional.

-Perturbación grave de la paz pública. Fenómeno social violento que ponga en peligro la estabilidad o seguridad del estado o su estructura social, política o económica.

-Grave peligro o conflicto. Circunstancia excepcional de tal gravedad que pongan en peligro los intereses vitales de la población, tales como catástrofes naturales o provocadas por alguna persona; epidemias; desabasto prolongado de productos o servicios de primera necesidad; o similares.

Las organizaciones defensoras de derechos humanos consideran que este dictamen —presentado en comisiones por la senadora del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Angélica de la Peña, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos— es “regresivo y ambiguo”, sin claridad sobre qué significa “similares”, catástrofes provocadas por alguna persona o en qué situaciones pueden motivar un Estado de Excepción.

¿Control parlamentario?

En el artículo 5 de la legislación se establece que la restricción o suspensión podrá ocurrir cuando los derechos y garantías “fuesen un obstáculo para hacer frente de manera diligente a la situación excepcional”.

Para que se aplique, el Ejecutivo someterá su propuesta a la aprobación del Congreso de la Unión, quien deberá resolverlo “de manera pronta y expedita”, pues quien ejerza la presidencia de la Cámara de Diputados deberá citar a sesión a más tardar en las siguientes 24 horas y los legisladores deberán votar la iniciativa en un plazo máximo de otras 48 horas.

La senadora Angélica de la Peña defendió el dictamen argumentado que se impulsa un “control parlamentario y jurisdiccional” pues el presidente no podrá ordenar la suspensión sin contar con la aprobación del poder Legislativo.

“No hay motivo para la preocupación expresada por diversas organizaciones de la sociedad civil a través de las redes sociales, en torno a que la Ley Reglamentaria del artículo 29 constitucional pudiera tener una connotación de persecución política o de la protesta social, pues la ley fue discutida con ONG’s y especialistas desde el inicio de la elaboración del proyecto y se dio respuesta a sus preocupaciones con un riguroso apego a la Constitución”, dijo la legisladora perredista.

Sin embargo, las organizaciones civiles difundieron a través de un comunicado un “extrañamiento” respecto a lo anterior, pues de entre quienes integran el Frente por la Libertad de Expresión y la Protesta Social —Artículo 19; el Centro de Derechos Humanos “Fray Francisco de Vitoria OP”; el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez; el Colectivo de Abogadas y Abogados Solidarios; la Comisión Mexicana de Defensa y promoción de los Derechos Humanos; Fundar, Centro de Análisis e Investigación; el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia; Propuesta Cívica; Servicios y Asesoría para la Paz; y la Red de Organismos Civiles “Todos los Derechos para Todas y Todos”— ninguno fue consultado para la integración del dictamen aprobado.

La senadora De la Peña también asegura que la legislación reglamentaria toma en cuenta la reforma constitucional en materia de derechos humanos de 2011, el Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana sobre los Derechos Humanos.

El dictamen establece que el presidente deberá informar a la Organización de Estados Americanos y a la Organización de las Naciones Unidas sobre el motivo de la restricción o suspensión de derechos y garantías; y el tiempo y territorio en el que se aplicará.

También se menciona que la Suprema Corte de Justicia de la Nación de pronunciará de oficio sobre la constitucionalidad y validez de los decretos emitidos por el presidente durante la restricción o suspensión de garantías y derechos.

Para que la esta legislación secundaria sea aplicable deberá ser votada en el pleno del Senado y después turnada a la Cámara de Diputados. Según lo establecido tras la reforma de junio de 2011 en materia de derechos humanos, la ley debió haberse aprobado en un plazo máximo de un año, lo que se incumplió en el Congreso.

DICTAMEN LEY REGLAMENTARIA ARTÍCULO 29 CPEUM (abril2014) (2).doc by http://www.animalpolitico.com

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Los niños de Chernobyl: la historia de afectados por el accidente que recibieron tratamiento en Cuba

Los gobiernos de Cuba y Ucrania anunciaron que este año retomarán la colaboración para dar atención médica a hijos de afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil de 1986.
14 de junio, 2019
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“No era como estar en un hospital. Hasta los niños más enfermos lo pasaban bien”.

El ucraniano Roman Gerus tiene muy buenos recuerdos de una experiencia que tuvo su origen en una catástrofe.

Hablamos de la explosión de uno de los reactores de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, tragedia que vuelve a estar de plena actualidad por la exitosa miniserie de HBO Chernobyl.

Cuba

Getty Images
En esta imagen se ve al expresidente de Cuba, Fidel Castro, recibiendo a un grupo de niños provenientes de Bielorrusia en marzo de 1990.

Gerus fue uno de los más de 23.000 menores afectados por el accidente que recibieron atención médica en Cuba.

El programa auspiciado por el Ministerio de Salud cubano se desarrolló entre 1990 y 2011.

A finales de mayo, las autoridades cubanas y ucranianas anunciaron su intención de retomar la iniciativa, aunque sería a menor escala que el programa de los años 90.

¿En qué consistió aquella experiencia?

A la orilla del mar

Expresidente de Ucrania Victor Yanukovich rodeado de niños que participaron en el programa Niños de Chernóbil en Cuba

Getty Images
En Ucrania se valora positivamente la ayuda que brindó Cuba a los afectados por Chernóbil.

“Estuve en Cuba tres veces”, le cuenta Roman Gerus a BBC Mundo.

“La primera tenía 12 años, me quedé seis meses. La segunda tenía 14 años y me quedé tres meses. La última tenía 15 años y solo me quedé 45 días.

“Cada vez fue diferente, pero todas ellas las disfruté. Es algo que recuerdo con cariño, quiero regresar a Cuba con mi familia para mostrarles la isla”, dice.

Gerus enfatiza la belleza del escenario al que llegó para recuperarse de la enfermedad de la piel que desarrolló muchos años después del accidente de Chernóbil.

Este joven que ahora tiene 27 años ni siquiera había nacido cuando ocurrió el desastre, pero su familia vivía relativamente cerca de la planta nuclear.

“Cuando tenía unos 10 u 11 años, los doctores detectaron puntos blancos en mi piel, era vitíligo. Intentamos tratarlo en Ucrania, pero los médicos dijeron que no era tan fácil, que necesitaba medicamentos muy caros y no garantizaban que pudieran ayudarme”, relata.

Algunos de los participantes en el programa "Niños de Chernóbil"

Getty Images
Los niños ucranianos que llegaron a Cuba tenían enfermedades de distinta gravedad.

“Alguien le contó a mi madre que había un programa para ir a Cuba. Ella no se lo creyó al principio porque le dijeron que era gratis, pero averiguó los detalles y rellenó los documentos.

“Esperamos al menos medio año. De repente llamaron para decir que me iba en dos semanas. No me lo podía creer. Mis padres estaban preocupados porque Cuba está muy lejos de Ucrania y yo era pequeño, pero decidimos seguir adelante y me fui”.

Más de 25.000 pacientes

El lugar donde aterrizó Gerus era un balneario situado en la playa de Tarará, unos 30 kilómetros al este de La Habana.

Fundado en los años 50 como urbanización de clase media-alta, tras la Revolución Cubana se transformó en sede de los campamentos infantiles de la organización Pioneros José Martí.

Mujer con vitíligo en Cuba

Getty Images
En el programa de asistencia del gobierno cubano también participaron adultos, aunque la mayoría fueron niños.

El gobierno cubano rehabilitó la zona para acoger a los miles de pacientes que participaron en el programa “Niños de Chernóbil” durante más de 21 años: desde el 29 de marzo de 1990 hasta el 24 de noviembre de 2011.

Según datos del Ministerio de Salud de Cuba, en total fueron 26.114 pacientes (el 84% niños) que procedían fundamentalmente de Ucrania, Rusia y Bielorrusia.

Las serias dificultades que Cuba atravesó durante el llamado “periodo especial” en los 90 tras la disolución de la URSS no hicieron que el programa se detuviera.

Diferentes enfermedades

El complejo de Tarará contó con residencias para los niños y sus acompañantes, dos hospitales, una clínica, un parque de ambulancias, cocina, un teatro, escuelas, parques y áreas recreativas.

Sin olvidar los dos kilómetros de playa a unos 15 minutos de distancia.

A la isla llegaron pacientes con dolencias de distinta gravedad, desde cáncer, parálisis cerebral y problemas dermatológicos hasta malformaciones, enfermedades digestivas y trastornos psicológicos.

Niño de Chernóbil en Cuba

Getty Images
Algunos de los niños ucranianos que llegaron a Cuba también recibieron atención psicológica.

El programa estuvo bajo la dirección de los doctores cubanos Julio Medina y Omar García, que clasificaron a los pacientes en cuatro grupos dependiendo de su estado:

  • Niños con afecciones oncohematológicas y enfermedades graves que necesitaban hospitalización y permanecían en la isla durante varios meses en dependencia de su recuperación.
  • Niños con diversas patologías que requerían hospitalización pero no eran consideradas graves. Su estadía era de 60 días o más.
  • Niños con patologías susceptibles de tratamiento ambulatorio. Su estadía era de entre 45 y 60 días.
  • Niños relativamente sanos cuya estadía era también de entre 45 y 60 días.

Dos zonas

El caso de la ucraniana Khrystyna Kostenetska, que participó en el programa cuando tenía 12 y 13 años, corresponde al cuarto grupo.

“Fui a Cuba en 1991 y 1992”, le cuenta Kostenetska a BBC Mundo.

“Las dos veces estuve allí 40 días. Se supone que ese es el período en el que el cuerpo humano tiene la capacidad de recuperarse de una dosis baja de radiación“.

Dentista atendiendo a un menor ucraniano en Cuba

Getty Images
A los niños que viajaban a Cuba se les daba atención médica.

Kostenetska explica que había dos zonas diferenciadas en Tarará: el campamento bajo, donde se alojaban los niños con problemas más graves de salud, y el alto, destinado a menores sin problemas de salud pero que habían estado en las cercanías de Chernóbil.

“Vivíamos en pequeñas casas independientes, unos 15 niños en cada una. Los menores del campamento alto no teníamos un tratamiento médico específico, pero sí nos chequearon la visión y nos llevaron al dentista”, detalla.

Kostenetska tiene recuerdos contrapuestos de las temporadas que pasó en Tarará.

“Recuerdo un mar increíble, las olas, los atardeceres, la naturaleza y los helados, pero también me acuerdo de niños con graves problemas de salud“, expone.

“Eran niños con vitíligo que tenían que llevar manga larga y cubrirse del sol. A pesar de eso, el clima de Cuba sanó a algunos de ellos y aceleró la recuperación de muchos otros”.

Sol sanador

Varios niños miran una ilustración de recuerdo a las víctimas de Chernóbil

Getty Images
El desastre de Chernóbil de 1986 es el peor accidente nuclear de la historia.

Gerus fue uno de los niños que se recuperó totalmente.

“Después de la segunda vez que fui, todos los puntos se hicieron grises y desparecieron. Tomé algunos medicamentos, pero la principal medicina fue el sol”, afirma.

“Nadábamos mucho. El océano era precioso. Íbamos con los profesores a la playa, era parte del tratamiento. Siempre queríamos ir”, evoca Gerus, que recuerda que algunas noches participaban en actividades lúdicas como ir al cine o la discoteca.

Elementos poco claros

Más allá de los buenos recuerdos de Gerus y Kostenetska y de la visión positiva que generalmente se tiene del trabajo que realizó el gobierno cubano, es indudable que en Tarará se vivieron también situaciones dramáticas, especialmente si se piensa en aquellos que llegaron con dolencias más graves o en los que se quedaron fuera del programa.

En ese sentido, la corresponsal del servicio ucraniano de la BBC en Kiev Diana Kuryshko apunta que el proceso de selección de los participantes no fue del todo transparente.

“Crecí en un lugar menos contaminado, pero recuerdo vívidamente las secuelas del accidente de Chernóbil”, explica Kuryshko,

La periodista señala que aquella era una época de crisis profunda en Ucrania en la que las familias no podían permitirse el lujo de pagar billetes de avión para que los niños viajaran a lugares donde pudieran recuperarse de los efectos de la radioactividad.

Edificio en la zona de exclusión de Chernóbil

Getty Images
El accidente en la planta nuclear de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986.

“Cuando se dio a conocer el programa del gobierno cubano, la gente se emocionó pensando que podía mandar allí a sus hijos”, recuerda.

“Eras muy afortunado si tu hijo o hija podía ir a Cuba. No quedó muy claro cómo eligieron a los participantes, la realidad es que muchos de ellos no eran de familias precisamente humildes”.

A pesar de estas dudas, la percepción que se tiene en Ucrania y otras antiguas repúblicas soviéticas de la colaboración cubana es positiva y prevalece un sentimiento de agradecimiento.

“Aunque era pequeño, era capaz de entender que la situación de los cubanos era difícil, había mucha pobreza. Aun así fueron siempre muy agradables, desde los trabajadores de la cocina, hasta los profesores, los encargados de seguridad, los médicos,…”, evoca Gerus.

“Eran personas de muy buen corazón y eso fue lo más importante”.


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