¿Es verdad que los animales se drogan y emborrachan?
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¿Es verdad que los animales se drogan y emborrachan?

Hay historias de elefantes ebrios con el fruto del árbol de marula o monos adictos al zumo fermentado de la caña de azúcar, pero la ciencia no ha encontrado aún pruebas suficientes de que lo hagan para divertirse.
4 de junio, 2014
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Elefantes. //Foto: Cuartoscuro

Los relatos acerca de elefantes ebrios se remontan al siglo XIX, al menos. //Foto: Cuartoscuro

¿Es cierto que elefantes, monos, delfines y otros animales buscan diversiones fuertes en la naturaleza?

En Sudáfrica, las leyendas locales dicen que a los elefantes les gusta emborracharse. Buscan los árboles de marula, beben de sus dulces frutas hasta saciarse y disfrutan de los efectos embriagadores del zumo ligeramente fermentado.

Los relatos acerca de paquidermos ebrios se remontan al siglo XIX al menos.

En la década de 1830, un naturalista francés llamado Adulphe Delegorgue describió historias de sus guías zulús acerca del comportamiento misteriosamente agresivo de los elefantes macho tras alimentarse de las frutas de marula.

“El elefante tiene en común con el hombre la predilección por una sensación de calidez en el cerebro inducida por frutas que han sido fermentadas por la acción del sol”, escribió Delegorgue.

Los elefantes no son las únicas criaturas acusadas de embriagarse ocasionalmente con un cóctel u otras drogas.

Las historias cuentan que los marsupiales ualabíes se drogan con las amapolas en Australia y los perros son adictos a la sustancia tóxica segregada por los sapos de la caña.

También hay historias sobre los monos cercopitecos verdes en la isla caribeña de Saint Kitts, que en secreto beben los cócteles de colores brillantes de algún turista despistado.

Pero, ¿cuánto de esto es resultado de proyectar nuestra propia alucinación con sustancias alteradoras a la mente de otros animales?

Décadas de investigación en laboratorios han mostrado que podemos inducir fácilmente un comportamiento adictivo en animales haciendo que las sustancias adictivas estén fácilmente a su alcance.

Sin embargo, ¿realmente se emborrachan o drogan los animales?

Los investigadores esperaban resolver esta cuestión con los cercopitecos verdes.

A veces llamados monos verdes, son nativos de África, pero algunos grupos aislados crecieron dispersos en las islas del Caribe.

En los siglos XVIII y XIX, los esclavistas a menudo se llevaban los monos como mascotas, y cuando sus barcos aterrizaban en el nuevo mundo, los monos escapaban fácilmente o eran soltados intencionalmente.

Allí, libres de la mayoría de sus depredadores, los pequeños primates se adaptaban bastante bien a la vida en la isla tropical.

Durante 300 años, los animales vivieron en un entorno dominado por las plantaciones de caña de azúcar.

Y cuando la caña de azúcar se quemaba o fermentaba antes de la cosecha, se convertía en una golosina para los monos.

A medida que se acostumbraron al etanol del zumo de caña fermentado, los monos podrían haber desarrollado tanto un gusto como una tolerancia al alcohol.

Las historias locales hablan de la captura de monos salvajes atrayéndoles con una mezcla de ron y melazas en cáscaras de coco huecas.

Los monos borrachos podían ser capturados fácilmente más tarde.

Los descendientes de esos monos han sido estudiados para que podamos entender mejor su embriaguez.

Un estudio observó que casi uno de cada cinco monos prefería un cóctel de alcohol mezclado con agua azucarada en vez de agua azucarada únicamente.

Más intrigante fue el hecho de que los individuos más jóvenes tenían más disposición a beber que los mayores, y que gran parte del alcohol fue bebido por adolescentes de ambos sexos.

Los investigadores, dirigidos por Jorge Juárez de la Universidad Nacional Autónoma de México, sospechan que los monos más viejos rechazan el alcohol debido a las tensiones de la vida social de los monos.

“Es posible que los adultos beban menos porque tienen que estar más alerta y perceptivos de la dinámica social del grupo”.

En otras palabras, en algún punto los monos dejan atrás sus días de bebedores empedernidos y resacas y empiezan a actuar como adultos.

Sin embargo, no se puede decir lo mismo de los delfines de dientes quebrados.

Los mamíferos marinos se parecen más a la variedad de los delfines mulares, pero pueden distinguirse por las marcas blancas alrededor del hocico.

En 1995, la científica marina Lisa Steiner aportó la primera descripción de un comportamiento peculiar cerca de las islas Azores.

Una tarde se situó cerca de 50 o 60 delfines que estaban juntos en grupos de entre 4 y 7 individuos.

Parecía que los animales se estaban alimentando, pero actuaban de forma extraña: no mostraban el típico comportamiento enérgico.

Algunos se alimentaban de forma perezosa, pero muchos simplemente nadaban despacio por los alrededores.

En ese momento Steiner se dio cuenta de la presencia de peces globo.

“Cuatro peces globo inflados fueron vistos con los delfines, y uno de ellos, que estaba dado vuelta, era empujado de un lado a otro por uno de los delfines”, escribe la científica.

Sospechó que se trataba de algún tipo de juego. “Al final del encuentro, varios delfines fueron vistos tumbados inmóviles en la superficie con sus espaldas y la parte superior de sus cabezas claramente visibles”.

No está claro lo que estaban haciendo los delfines con el pez globo, pero su extraño comportamiento implica para algunos que estaban experimentando una ligera intoxicación por el veneno del pez globo, la tetrodotoxina.

Un documental de la BBC llamado “Delfines: un espía en la manada” que se estrenó el año pasado, usó el mismo razonamiento. Es una idea controvertida, porque la tetrodotoxina es tan peligrosa que una pequeña dosis puede matar.

“Miligramo a miligramo, la tetrodotoxina es 120.000 veces más letal que la cocaína, 40.000 veces más letal que la metanfetamina y más de 50 millones de veces más letal que el THC”, escribió la bióloga marina Christie Wilcox en la revista Discover.

“Es diez o cien veces más letal que los venenos de los animales más notorios en el mundo incluyendo las arañas viudas y la serpiente mamba negra. Es más potente que el gas nervioso VX, que el formaldehido o hasta la ricina”.

“Es literalmente uno de los compuestos más tóxicos que el hombre conoce”.

Wilcox argumenta que los mamíferos curiosos y con grandes cerebros como los delfines, puedan explorar los pez globo y exponerse accidentalmente a la toxina, pero es muy escéptica sobre la idea de que los delfines se estén drogando intencionadamente con tal precisión que solo consigan paralizarse sin morir de sobredosis.

Además, la tetrodotoxina no es realmente psicoactiva. Provoca la paralización, pero no altera la mente, por lo que sería una mala elección como droga.

En cuanto a los elefantes, la ciencia es bastante clara.

Los animales son tan grandes que haría falta una cantidad tremenda de fruta marula para que se intoxicaran.

Los fisiólogos Steve Morris, David Humphreys y Dan Reynolds de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, se enteraron de estos rumores por primera vez mientras estaban en Sudáfrica para asistir a una conferencia científica, por lo que decidieron averiguar si las leyendas tenían algo de veracidad.

Una búsqueda de literatura científica apoyó la noción de que los elefantes podrían, al menos, emborracharse.

Un estudio de 1984 mostró que estaban contentos tras beber una solución con alcohol del 7%, y algunos bebieron lo suficiente para alterar su comportamiento.

Aunque no actuaron como si estuvieran borrachos, en términos humanos, dedicaron menos tiempo a comer, beber, bañarse y explorar, y se volvieron más letárgicos.

Algunos mostraron comportamientos que indicaban que no estaban a gusto, o que estaban algo enfermos.

¿La gran trompa?

Sin embargo, aunque los elefantes puedan intoxicarse, eso no significa que lo hagan en su vida salvaje tan a menudo como para inspirar a todas las leyendas de los árboles de marula.

Un elefante de 3 mil kilos tendría que beber entre 10 y 27 litros de una solución alcohólica del 7% en relativamente poco tiempo para experimentar cualquier cambio en su comportamiento.

Aunque la fruta marula contuviera un 3% de etanol (una estimación generosa), un elefante que solo bebiera frutas marula a un ritmo normal apenas consumiría la mitad de alcohol necesario en un único día para emborracharse.

Si quisieran emborracharse, dadas las limitaciones anatómicas y fisiológicas, un elefante debería beber fruta marula cuatro veces más rápido que su velocidad normal de ingesta.

“En nuestro análisis”, concluyen los investigadores, “esto parece muy poco probable”.

Aun así, algo debería explicar el inusual comportamiento de los elefantes alrededor de los árboles de marula.

Morris, Humphreys y Reynolds ofrecen dos posibles explicaciones.

Primero, su inusual comportamiento agresivo podría simplemente reflejar el estado de la fruta como un alimento muy valorado.

En segundo lugar (una hipótesis más intrigante), podría ser que estuvieran consumiendo otro agente intoxicante.

Además de la fruta, los elefantes a veces comen la corteza de los árboles.

Esta a veces contiene pupas de escarabajo, que contienen una sustancia que los africanos nativos históricamente usaban para poner veneno en sus flechas.

Si estuvieran ingiriendo la toxina de escarabajo, a lo mejor eso podría explicar los inusuales comportamientos de los paquidermos.

La idea de que otros animales estén tan interesados en emborracharse como nosotros es una idea seductora, ¿no?

Aunque hay algunos registros legítimos de animales salvajes buscando sustancias que alteren la mente, la mayoría de esos cuentos son leyendas y rumores, y otros simplemente no tienen pruebas suficientes que se puedan apreciar.

Morris, Humphreys, y Reynolds apuntan que la mayoría de las historias de animales borrachos son “anecdóticas, folclóricas y míticas”.

Y en unos pocos casos es posible que la gente identifique erróneamente ciertos movimientos o temperamentos con la forma en que actúan los humanos ebrios.

La embriaguez de animales salvajes quizá solo exista en el ojo (a veces algo entonado) del que la contempla.

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Cuánta gente se necesita que salga a protestar para derrocar a un gobierno (según la ciencia)

¿Cuán grande tiene que ser una protesta para forzar la salida de un líder político? Un equipo de expertos de la Universidad de Harvard analizó lo ocurrido desde 1900 hasta el presente para hallar una respuesta.
20 de septiembre, 2020
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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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