"Los oficiales nos pegan y nos humillan" (así viven los migrantes en la estación de Iztapalapa)
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"Los oficiales nos pegan y nos humillan" (así viven los migrantes en la estación de Iztapalapa)

El Observatorio de Migración elaboró un informe en el que documenta las principales agresiones y violaciones a derechos de las personas migrantes en las estaciones del Instituto Nacional de Migración (INM) de Iztapalapa, Puebla y Saltillo. Trato discriminatorio, bullying por nacionalidad u orientación sexual, pésimas condiciones de higiene, y falta de información sobre los derechos de los migrantes, son algunas de las principales violaciones que recoge el estudio.
Por Manu Ureste
15 de agosto, 2014
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Elementos de la policía mexicana detiene a un grupo de migrantes centroamericanos en Tapachula, Chiapas. //Foto: Cuartoscuro

Trato degradante por parte de los agentes de migración, discriminación y bullying por ser de una nacionalidad o tener una determinada orientación sexual, amenazas y extorsiones, falta de atención médica y psicológica, nula atención jurídica, pésimas condiciones de higiene, enfermedades como resultado de una mala calidad de los alimentos… Estas son algunas de las violaciones a derechos más recurrentes que los migrantes internos en la estación migratoria ‘Las Agujas’ de Iztapalapa, en el Distrito Federal, denuncian que padecen por parte de las mismas autoridades que, tal y con aseguran en boletines de prensa, los “rescatan” de los traficantes de personas.

Así lo revela el Observatorio de Migración del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) en su Informe sobre estaciones migratorias del Instituto Nacional de Migración; estudio elaborado de manera conjunta con el Colectivo Ustedes Somos Nosotros y el Observatorio Ciudadano de Saltillo, en el que se da a conocer que el 37% de los migrantes varones entrevistados entre julio y diciembre del pasado año 2013 denunciaron haber sido agredidos física, psicológica o verbalmente al interior de la estación de Iztapalapa. Mientras que el 26% de las mujeres señalaron que también sufrieron algún tipo de agresión.

“Aquí nos llaman pendejos todo el tiempo”, refiere un migrante de nacionalidad hondureña en el informe, en el que se destaca que la población masculina de la estación migratoria coincide en señalar “el trato despectivo, degradante y discriminatorio” de los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) como una de las principales agresiones contra ellos.

“Los agentes te ignoran, te hacen la vida difícil (…). Las instalaciones están  mal y la comida está fea. Me da pena decirlo porque te tratan mal. Los oficiales le pegan a uno y lo humillan. A mí me llaman “jamaiquina” -los agentes- y los demás me hacen carrilla”, relata otro migrante, que incluso solicitó la intervención consultar para solicitar que los agentes dejaran de hacerle bullying por su nacionalidad y orientación sexual.

En cuanto a las agresiones más recurrentes a mujeres, el documento resalta un trato degradante por parte de los agentes de migración, falta de atención médica y psicológica, falta de medicamentos adecuados, y enfermedades provocadas por los alimentos.

Audio: “Les dicen que no tienen derechos porque entraron ilegalmente”

Otra de las principales violaciones a derechos dentro de la estación ‘Las Agujas’, apunta en entrevista con Animal Político Araceli Ávila, integrante del equipo de investigación de Insyde, es la falta de información sobre el proceso legal que deberán afrontar los migrantes durante su estancia en México.

“El principal tipo de agresión tiene que ver con la falta de información sobre los procesos migratorios y sobre los procesos de repatriación. Luego le sigue la falta de atención consular, la falta de acceso a llamadas telefónicas, además de las condiciones de hacinamiento y de falta de higiene al interior de la estación migratoria, así como los problemas con la alimentación”, explica Ávila, que en este sentido indica que los casos más graves de violaciones tienen que ver con migrantes que son víctimas de extorsión por parte de los agentes del INM, o de los guardias auxiliares que custodian la estación, así como casos de amenazas para que los migrantes no reclamen sus derechos.

“A los migrantes están diciéndoles todo el tiempo que ellos no tienen derechos porque entraron como indocumentados al país”, refiere la investigadora.

Checa aquí la gráfica elaborada a partir de los datos del estudio de Insyde, en el que se destaca que de la muestra de 138 migrantes entrevistados en Iztapalapa de julio a diciembre del 2013, 82 dijeron no haber recibido ningún tipo de información sobre el proceso de su detención, mientras que 65 aseguraron que ninguna autoridad les informó sobre su derecho a pedir asilo en México:

 

Por su parte, de la muestra de 31 mujeres entrevistadas, 24 contestaron no haber recibido ningún tipo de información sobre sus derechos, 23 dijeron no saber nada sobre el proceso de detención, mientras que 22 apuntaron que ninguna autoridad les informó del derecho de pedir asilo:

En cuanto a las condiciones en garitas -estancias provisionales previas al traslado a la estación migratoria de Iztapalapa-, al 63% no se le informó por qué habían sido ingresados en una garita; el 52% no pudo realizar una llamada telefónica para avisar sobre su detención, y de éstos, el 34% dijo que se le negó este derecho aún después de que realizaron la solicitud hasta tres veces. Sólo el 23% del total tuvo contacto con su consulado, mientras que al 22% no se le informó sobre el traslado a la estación migratoria ‘Las Agujas’. Checa aquí la gráfica:

Por su parte, el informe refiere que de las 31 mujeres entrevistadas en Iztapalapa sólo 12 refirieron haber pasado previamente por una garita provisional; resultando que a seis de ellas no se les informó sobre el procedimiento de detención; siete no pudieron realizar una llamada, y el 50% no pudo hablar con su consulado:

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Qué es el 'efecto Matilda' que invisibiliza a las mujeres en la ciencia

Existe un prejuicio sistemático en contra de reconocer sus logros y cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. El "efecto Matilda" responde a este fenómeno y una campaña busca visibilizarlo y revertirlo.
8 de marzo, 2021
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Fotografía del libro de cuento de @NoMoreMatildas

@NoMoreMatildas
¿De qué se trata el “efecto Matilda”?

“¿Te imaginas qué hubiera pasado si Einstein habría nacido mujer? Probablemente hoy no sabríamos quién es Einstein”.

Con esta pregunta disparadora y una respuesta para la reflexión, comienza la campaña “No more Matildas” (No más Matildas), impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La iniciativa -que empezó en el país europeo en enero y ya traspasa fronteras traducida a varios idiomas- busca concientizar a la sociedad sobre la poca visibilidad que tienen las mujeres en el ámbito científico.

También pretende recuperar los nombres de las mujeres de la ciencia que fueron silenciados y olvidados, llevándolos a los libros escolares con la idea de despertar ejemplos y la vocación científica de las niñas.

“Ya iba siendo hora que se recuperen tantas figuras perdidas, no solo porque es de justicia histórica, sino porque pueden ser modelos que cambien para siempre la percepción que tienen las niñas acera de la ciencia y lo adecuadas que son para ellas”, le dice a BBC Mundo Carmen Fenoll, presidenta de AMIT.

Pero ¿por qué les dicen Matildas a las mujeres de diferentes ámbitos de la ciencia que fueron silenciadas? ¿Quién empezó a llamarlas así?

“Efecto Matilda”

Este fenómeno de suprimir la contribución de las mujeres en el desarrollo de inventos o en la investigación, y también el reconocimiento frecuente de su trabajo a sus colegas masculinos no es nuevo. Ha pasado durante siglos.

Una de las primeras mujeres en denunciarlo públicamente fue Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista de finales del siglo XIX en Estados Unidos que luchó por los derechos de las mujeres y de las minorías.

Matilda Joslyn Gage

Getty Images
Matilda Joslyn Gage fue una de las primeras que denunció la invisibilidad de las mujeres en la ciencia.

Ella escribió un ensayo publicado en 1883 con el nombre Woman as an inventor (“Mujeres inventoras”) en el que describe este fenómeno pero no le pone un nombre.

“Aunque la educación científica a la mujer le fue negada enormemente, algunos de los inventos más importantes del mundo se deben a ella”, escribió enumerando varios ejemplos.

Sin embargo, “la proporción de inventores femeninos (con patentes) es mucho menor que la de masculinos, lo que se debe al hecho de que la mujer no posee la misma de libertad que el hombre“, analizó Gage en el artículo publicado en la revista The North American Review.

Ella fue víctima de ese mismo efecto que denunciaba. No porque fuera una inventora opacada por un hombre que le robara crédito sino porque fue silenciada por sus colegas y no reconocida debidamente por la historia, opinan investigadores.

Gage era una ferviente luchadora del derecho al voto de las mujeres y, sin embargo, fue apartada por sus propias compañeras feministas Susan B. Anthony o Elizabeth Cady Stanton (con quién escribió History of Woman Suffrage) y escasamente recordada en la historia del movimiento.

“Se pelearon y luego, cuando se escribió la historia, se eliminó a Matilda (…) Ella no recibió crédito”, dice Margaret W. Rossiter, la historiadora científica estadounidense que acuñó la expresión “efecto Matilda”.

Ilustración de una científica con una brújula.

@NoMoreMatildas
Aún existen muchos estereotipos que alejan a las mujeres de la ciencia.

Rossiter, quien es profesora retirada de la Universidad Cornell, de Estados Unidos, dedicó toda su vida a buscar nombres perdidos de mujeres científicas no documentadas en los libros. Y escribió tres. “Mientras más buscaba, más encontraba”, asegura.

En su investigación, observó que este patrón de invisibilidad femenina se repetía una y otra vez en la ciencia.

Desde el hecho de que los hombres toman el crédito del trabajo de las mujeres, que las mujeres no ganan tantos premios como ellos, que no consiguen empleo en campos científicos o que son recluidas.

Claro que hay nombres conocidos como la doble Premio Nobel Marie Curie. “Ella era notable, pero era la excepción”, advierte Rossiter.

Así en 1993 la historiadora decidió que este efecto de invisibilizar a las mujeres debería tener el nombre de Matilda Gage y lo escribió en un artículo académico.

“Fue más como una broma, pero llamó la atención de todo el mundo, lo cual es sorprendente”, cuenta en una conversación telefónica con BBC Mundo.

“Microdesigualdades”

La desigualdad de género no es una novedad. Hasta hace no mucho tiempo, las mujeres en países occidentales no tenían derecho a estudiar en una universidad, por ejemplo.

Y pese a que esto ya no es así, hay muchas inequidades y prejuicios que siguen vigentes en la sociedad.

Marie Curie.

PA Media
La científica Marie Curie es la excepción al “efecto Matilda”.

“En muchas disciplinas científicas no es fácil entrar, tampoco hay modelos para las propias universitarias y las aguerridas interesadas que se animan a hacerlo pueden encontrarse con entornos que son bastante hostiles, muchas veces de un modo subconsciente o no explícito”, describe Fenoll.

“Los estereotipos que hay acerca del papel que juegan las mujeres en la ciencia siguen estando: ‘las mujeres son menos brillantes’, ‘las mujeres se esfuerzan menos’; ‘está bien que las mujeres estén en los equipos de investigación, pero los que son brillantes normalmente son ellos'”, enumera.

A nivel global, las mujeres son menos de un tercio de los investigadores y solo el 3% de Nobel en ciencia han sido otorgados a mujeres, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres en un estudio de septiembre de 2020.

“Para la región de América Latina y el Caribe, en 2017, del total de investigadores en ingeniería y tecnología, solo el 36% eran mujeres en Uruguay; el 26%, en Colombia; el 24%, en Costa Rica; el 17%, en El Salvador; en Honduras el 21,5%; y en Bolivia y Perú alrededor del 19%”, añade el reporte.

Según la presidenta de la AMIT, en el mundo científico español hay solo entre un 20 y 25% de mujeres.

Y con la pandemia este número se agravó. “El 40% de las científicas tuvo que dedicar bastante tiempo a los cuidados de los hijos y a veces al de sus padres, contra solo el 15% de los hombres”, añade Fenoll, citando fuentes del Ministerio de Ciencia e Innovación de España.

Entre las disciplinas donde hay menos mujeres están las ciencias más duras y las tecnologías, como matemática, física, informática y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Fenoll ve una probable explicación de este escaso número es el perjuicio.

Una parte importantísima del problema es la percepción que tiene la sociedad de que las niñas son peores en matemáticas, que no tienen visión espacial, que son incapaces… Y si son capaces, se piensa que no les va a ir bien. Si eso te lo están diciendo en tu casa o en el colegio continuamente terminas creyéndotelo”, opina.

Ilustración de una científica con hombres detrás.

@NoMoreMatildas
Si hay menos mujeres en la ciencia, también hay pocas mujeres en la toma de decisiones.

“Hay menos mujeres tomando las decisiones. Claro que no todo el mundo quiere estar en la cúspide, pero no me creo que de entrada las mujeres prefieran no llegar a ser catedráticas”, afirma.

“Hay muchas microdesigualdades, por sí solas ninguna de ellas es suficiente para explicar lo que pasa pero cuando todas se suman terminan siendo determinantes”.

“No encajaba”

El movimiento #NoMoreMatildas no solo está respaldado por científicas, sino por escritoras, instituciones y medios de comunicación.

La iniciativa incluye la publicación gratuita de cuentos sobre Einstein, Fleming y Schödinger, como si hubiesen sido mujeres, y biografías de científicas reales como la geóloga danesa Inge Lehmann, la bióloga estadounidense Bárbara Mcclintock y la química británica Rosalind Franklin, por nombrar algunas.

Ilustración científica.

@NoMoreMatildas
“Hay muchas microdesigualdades” en la ciencia, dice Carmen Fenoll, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La campaña busca visibilizar e inspira a las niñas a que persigan carreras científicas.

“No se dejen intimidar por las científicas famosísimas. La mayoría de las científicas no somos famosas, somos personas normales que hacemos un trabajo que nos gusta mucho”, dice Fenoll.

La historiadora científica Margaret Rossiter también alienta a las niñas a que sigan sus pasiones científicas.

“Siempre me dijeron que no encajaba. Y pensé. Entonces eso es algo bueno. Yo no quiero encajar. No es mi objetivo en la vida”, afirma.

“¡Sigue adelante, no sabes lo que depara el futuro! Y si los niños aún dicen que las niñas no pueden estudiar matemáticas. Deberías responder: ‘¡Oye, lo hacemos igual de bien!'”.


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