El fundador de la radio de Luvianos se autoexilia sin seguridad policial
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El fundador de la radio de Luvianos se autoexilia sin seguridad policial

Indalecio Benítez pidió protección desde el sábado, cuando fue a denunciar el asesinato de su hijo ante el Ministerio Público. Las patrullas llegaron cuatro días después cuando él ya había salido a escondidas del pueblo.
Por Majo Siscar @majosiscar
7 de agosto, 2014
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Foto: Mari Carmen Aguilar/Cortesía

Foto: Mari Carmen Aguilar/Cortesía

A cinco días del ataque a tiros en el que murió su hijo de 12 años, el locutor y fundador de la radio comunitaria Calentana, Indalecio Benítez, y su familia, no han recibido protección por parte de las autoridades del Estado de México entidad donde está ubicada su casa que también es sede de la radio, pese a que el procurador general de Justicia estatal, Alejandro Jaime Gómez, le habló por teléfefono para ofrecerle apoyo, dijo el periodista este miércoles 6 de agosto a Animal Político.

Jaime Gómez se comunicó el martes 5 de agosto con Benítez, mientras éste declaraba ante trabajadores de la Fiscalía de Homicidios estatal. “Me dijo que lo que se me ofreciera, y que quería una charla conmigo. No le pude atender porque yo estaba con lo de la declaración, pero quedamos que yo le regresaría la llamada, y ahora es la hora en que no me contesta el teléfono”, detalló el locutor en entrevista telefónica el miércoles por la noche.

Benítez es el fundador de la radio comunitaria de Luvianos, Calentana Mexiquense, donde la madrugada del sábado 2 de agosto al menos cuatro hombres armados, que lo esperaban afuera de su casa, dispararon contra el automóvil en el que viajaba junto con su esposa y cuatro hijos, de 12, 10, 8 y seis años. Juan Diego, de 12, recibió tres disparos. 

Pero las balas no estaban dirigidas al menor, sino al padre, asegura Benítez. Desde entonces la familia vive una pesadilla, no solo por la pérdida, sino por el temor de que regresen a matarlos.

“¿Y si vuelven por nosotros?”, decía entre llantos la esposa de Indalecio este lunes 4 de agosto después del entierro de su hijo. Eran casi las 10 de la noche y la radio sólo transmitía canciones ya programadas. Mientras tanto, las calles estaban vacías y sin alumbrado público, debido a las obras para enterrar el cableado.

La familia veló a Juan Diego hasta el lunes en la tarde para luego sepultarlo a gritos de paz. Al regresar a casa, ya sin velorio, los vecinos y familiares fueron desapareciendo. Por la noche, Luvianos vivió un toque de queda implícito. Los nervios se contagiaban en la casa. “Pero, ¿a dónde vamos a ir? Nadie se quiere aventar el paquete”, decía Indalecio. Y buscaba soluciones. “Al único que quieren es a mí”, se repetía tortuosamente. La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos en contra de la Libertad de Expresión le había otorgado medidas cautelares el lunes, según le comunicaron por teléfono, pero no llegó protección alguna.

El lunes en la tarde, al paso de la comitiva fúnebre por el tianguis, se avistaron soldados que hacían sus compras semanales, y antes de que acabara el funeral regresaron a la Base que la Secretaría de Defensa tiene en las Cañadas de Nanchititla, territorio municipal. La Secretaría de Marina, que también tiene un cuartel dentro de la cabecera municipal, no mandó algún efectivo. 

El martes 5 de agosto llegó una patrulla de la Policía estatal que se quedó en la esquina de la calle. El miércoles en la mañana ya había dos patrullas y a mediodía llegó otra patrulla estatal y una municipal a resguardar la casa. Desde ayer miércoles en la tarde hay 10 agentes cuidando la casa familiar, tres patrullas de la Secretaría de Seguridad Pública y otra del municipio.

Benítez recibió el lunes un citatorio de comparecencia de la Fiscalía Especializada de Homicidios estatal para que asistiera el martes a declarar a Lerma, un suburbio de la capital mexiquense, a dos horas de camino de Luvianos por una carretera de montaña y sin resguardo.

Él mismo avisó en Animal Político y otros medios de comunicación que no se iba a arriesgar a viajar. Todo el Triángulo de La Brecha, como se conoce la región de Tierra Caliente del sur del Estado de México, limítrofe con Michoacán y Guerrero, está en disputa entre La Familia y Los Guerreros Unidos, una facción del Cártel Nueva Generación de Jalisco. Al final, salió a escondidas del pueblo. “Tuve que salirme como de mojado”, relata. Su familia no fue con él, pero se cambió de casa. En la suya, sólo se quedaron sus padres de 81 y 91 años, y un hermano. Y la emisora de radio, que sigue transmitiendo de 10 a 8 con una locutora. “Claro que tengo miedo pero yo pienso que soy sólo una empleada y al final, si quieren venir por mi igual van a venir donde sea”, dijo el lunes la conductora radiofónica.

“Me pongo a las órdenes del señor Indalecio para lo que sea necesario”, dijo el Secretario de Seguridad Pública del Estado de México, Damián Canales, en entrevista con la periodista Denise Maerker, en Radio Fórmula, ayer miércoles a las 2 de la tarde. Previo a este anuncio, nadie de la SSP Edomex se comunicó con él y las patrullas llegaron cuatro días después. Desde la Procuraduría del Estado, agentes de la Fiscalía de Homicidios alcanzaron a Indalecio donde está refugiado. “Yo les di las quejas, ¿cómo es posible que me manden un citatorio para que yo vaya a Toluca como si ellos tuvieran más peligro que yo si vienen a Luvianos? ¿O es que querían que yo viniera para que me mataran?”, explica.

Mientras prestaba declaración y tramitaban los papeles, fue cuando le habló el Procurador de Justicia del Estado de México, Alejandro Jaime Gómez. “Parece que uno se tiene que poner cabrón para que le hagan caso”, espeta Benítez enojado. “Yo le comuniqué mi queja, necesito un lugar seguro para estar con familia, protección, ayuda psicológica”, cuenta. “Pero quedamos de platicar y ya no me contesta, no sé si estará fuera de su horario de trabajo”, dice.

El caso ya ha llegado a oídos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington, quiénes ya condenaron el ataque a la familia Benítez e instaron a las autoridades mexicanas a actuar con urgencia para “sancionar a los responsables, así como adoptar las medidas necesarias para proteger al periodista y a su familia”.

Si la PGJ del Estado de México no le facilita un lugar seguro para resguardarse junto a su familia, Benítez acudirá a alguna embajada, asegura. “Los niños no pueden estar escondidos más tiempo, y mi esposa con todo lo que trae y no sabe dónde estoy yo, imagínate”.

Al Procurador además, quiere pedirle que cree un Consejo Ciudadano para la Seguridad de Luvianos donde puedan participar las autoridades y diferentes actores sociales, entre ellos el mismo Indalecio, para que sea desde la misma ciudadanía donde salgan las acciones para devolver la paz al municipio. “Si lo que yo quiero es volver a mi pueblo cuanto antes, pero quiero tener condiciones y no poner en riesgo a mi familia”, concluye Benítez.

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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