Por qué los hombres pagan por sexo
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Por qué los hombres pagan por sexo

El acalorado debate sobre si hay algo de malo con comprar sexo y si debería ser ilegal sigue sin resolverse. Lo que rara vez se discute es qué motiva a los hombres a pagarle a una mujer para que se acueste con ellos. He aquí lo que le dijeron algunos a Charlotte McDonald, de la BBC.
Por BBC Mundo
31 de agosto, 2014
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Foto: BBC Mundo.

Foto: BBC Mundo.

El acalorado debate sobre si hay algo de malo con comprar sexo y si debería ser ilegal sigue sin resolverse. Lo que rara vez se discute es qué motiva a los hombres a pagarle a una mujer para que se acueste con ellos. He aquí lo que le dijeron algunos a Charlotte McDonald, de la BBC.

Fred y Laura salen a caminar, salen juntos de la ciudad los fines de semana, pasean por mercados y a menudo tienen citas en restaurantes.

Se ríen de cosas que han visto en la televisión. Y también pelean y tienen fuertes discusiones.

Como cualquier pareja, tienen sus altibajos.

Pero no son como cualquier pareja.

Fred le paga a Laura para que pase unos ratos con él, lo que incluye tener relaciones sexuales.

Por falta de oportunidad

Se conocen desde hace seis años.

“Nos conocimos online en una sala de chat”, cuenta Fred, un hombre retirado. “Le pregunté si quería pasar una noche en un hotel conmigo”.

Dice que fue como una primera cita, “empezando a conocernos, examinándonos”.

“Ahora nos conocemos tan bien que Fred sencillamente transfiere el dinero a mi banco antes de que nos encontremos”, añade Laura.

Fred vive en un área rural remota y durante muchos años tuvo que dedicar todos sus días al cuidado de su mamá. Por eso, le dice a la BBC, no tenía la oportunidad de conocer gente, y decidió pagar por sexo.

“Realmente no era tanto el sexo sino el deseo de contar con la compañía de una mujer, y si uno no está saliendo o socializando, es muy difícil saber cómo conseguir amigas”.

Por el matrimonio
Para Robert, la relación con su pareja es excelente; el sexo, no tanto.

Para Robert, la relación con su pareja es excelente; el sexo, no tanto.

Robert ha estado casado durante muchos años.

“Terminé siendo un hombre con una libido muy alta casado con una mujer que realmente no disfruta del sexo… ni siquiera de abrazos, besos, caricias, nada así”.

“Ella es una pareja excelente. En todos los otros aspectos, nos llevamos de maravilla; pero en la cama, no”.

Robert guarda todo el dinero que puede para comprar sexo.

“No quería que mi matrimonio se acabara”, dice. “Quería hacer lo mejor posible para mi esposa, así que lo más obvio fue pagar”.

Por evitar el dolor

La zona roja de Ámsterdam es el lugar más famoso de Europa en el que la prostitución es legal.

La zona roja de Ámsterdam es el lugar más famoso de Europa en el que la prostitución es legal.

Mientras que Robert considera el pagar por sexo como una manera de preservar su matrimonio, Graham, de unos 30 años, llegó a creer que era la mejor forma de evitar la complejidad de las relaciones.

Durante los primeros 30 años de su vida, el exfuncionario gubernamental pensó que nunca sería el tipo de persona que daría dinero a cambio de relaciones sexuales.

Pero durante un fin de semana en Ámsterdam, unos hombres a los que acababa de conocer lo convencieron y terminó recorriendo las calles de la zona roja.

La zona roja de Ámsterdam es el lugar más famoso de Europa en el que la prostitución es legal.

Una chica los llamó, dos de los hombres la descartaron diciendo: “Podemos conseguir una mejor”.

Pero ella se dirigió a Graham y le dijo: “A ti sí te gusto… quieres venir conmigo, ¿cierto?”.

“En ese momento”, dice, “no vi ninguna razón para no hacerlo”.

La siguió hasta su cabina iluminada de rojo, donde pasó media hora charlando y copulando.

“Fue asombroso. Parecía muy romántico, se sentía como si estuviéramos condensando una relación entera en sólo un par de minutos”, señala.

Reflexionando sobre sus relaciones previas y sus dolorosos desenlaces, se preguntó: “Quizás nada de eso sea necesario. Quizás uno puede pagar y tener estos momentos increíbles de espontaneidad, que duran sólo media hora… ¡simplemente, mágico!”.

Por timidez

"Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo", dice Simón.

“Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo”, dice Simón.

“Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo”, dice Simón.

Simón es un hombre tímido a quien nunca le ha resultado fácil conocer mujeres.

Cuando tenía 29 años decidió que iba a pagar para perder la virginidad. Pero no estaba cómodo con la decisión.

“Había leído en internet que para las mujeres no era bueno emocionalmente”, explica.

Eso, sin embargo, no ha impedido que desde hace unos años visite regularmente a la misma mujer.

“Yo tengo un apetito e impulso sexual alto y no se trata sólo de que disfruto del sexo sino que si no lo practico, después de un tiempo, me siento terrible físicamente”.

Simón prefiere ver a la misma mujer pues así está más relajado.

Pero aunque la conoce bien, no se hace ilusiones.

“Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo”.

Ha tenido un par de novias en los últimos años y dice que mientras estaba en esas relaciones dejó de pagar por sexo. Y que espera volver a tener una relación algún día.

“Preferiría que la mujer con la que estoy teniendo relaciones sexuales lo haga porque quiere estar conmigo, no por el dinero”.

Por huir del sexo soso

La motivación de Robert va más allá de la necesidad de intimidad. Él paga por sexo para satisfacer sus fantasías.

“Lo que busco son experiencias interesantes, y me justifico pensando que esto compensa todas esas miles de sesiones de sexo doméstico que no puedo tener y que nunca tendré”.

Se describe como “un poco exhibicionista” y “voyeur“, y ha organizado orgías.

Brian, de más de 50 años de edad, también dice estar felizmente casado. No obstante, empezó a pagar por sexo mucho antes de conocer a su esposa.

Según él, al sexo en con su pareja le hace falta “un poco de picante”.

“Quizás el haber conocido a otras mujeres antes con las que el sexo era muy bueno me dejó malacostumbrado: digamos que el sexo en el matrimonio no es tan bueno”, le dice a la BBC.

Por eso y más

En la cocina de Fred lo observamos preparar con mucho empeño la cena, mientras explica que como conoce a Laura desde hace tanto, a menudo se ven como amigos. Pero si se van de vacaciones, él paga la tarifa normal.

Fred admite que está un poco enamorado de ella. ¿Le molesta entonces que Laura tenga otros clientes?

“No, es su trabajo”, contesta.

Por su parte, tras su primer encuentro en la zona roja de Ámsterdam, Graham estaba ansioso por recrear la experiencia.

Pero cuenta que la segunda vez que pagó por sexo no fue igual: la mujer parecía “melancólica”.

La tercera vez lo dejó sin ganas de repetir la experiencia jamás, pues la mujer era fría y dura, y la habitación parecía el consultorio de un doctor.

“La miré mientras estábamos teniendo relaciones sexuales y noté que ella no podía enfocar la mirada. Me di cuenta de que estaba copulando con una adicta a las drogas. Me sentí horrible”, recuerda.

“Bajé las escaleras y salí a la noche de Ámsterdam; todo el esplendor que había visto antes, todo lo que me había parecido algo exótico, de repente parecía sucio”.

A Brian no le pasó lo mismo: sigue llevando una doble vida, con su familia y amigos ajenos al otro lado de su personalidad.

“No creo que les guste saber que pago por sexo, pues honestamente no es algo que hagan las personas respetables, que es lo que soy en todos los otros aspectos”.

Algunos de los nombres de esta nota fueron cambiados.

El laberinto ético

"Prefiero vender mi cuerpo que venderle mi mente a una corporación", dice el cartel.

“Prefiero vender mi cuerpo que venderle mi mente a una corporación”, dice el cartel.

La idea de que los seres humanos puedan venderse es éticamente polémica.

No obstante, las trabajadoras sexuales a menudo dicen que ellas no venden sus cuerpos sino que, como otros trabajadores, sencillamente le fijan precio a sus talentos y habilidades.

Argumentan que si el trabajo sexual fuera descriminalizado y desestigmatizado, casi todos los problemas con la prostitución desaparecerían.

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La impresionante (y costosa) operación del Kremlin para proteger a Putin del coronavirus

Desde el inicio de la pandemia, las autoridades rusas han hecho enormes esfuerzos para proteger al presidente Vladimir Putin de la COVID-19.
7 de abril, 2021
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Desde el mismo comienzo de la pandemia de coronavirus, las autoridades rusas han hecho todo lo posible para proteger al presidente Vladimir Putin de la infección. Pero ¿cómo se organiza una cuarentena al estilo del Kremlin y cuánto ha costado?

Durante el último año, cientos de personas han tenido que ponerse en cuarentena en Rusia, antes de estar cerca de Vladimir Putin. Algunos tuvieron que aislarse incluso si no estaban en contacto directo con el presidente, sino como precaución porque estaban en contacto con otras personas que tenían previsto reunirse con él.

El 25 de marzo de 2020, el presidente Putin se dirigió a la nación y anunció que el 1 de abril marcaría el comienzo de una “semana no laboral”, mientras el coronavirus se propagaba rápidamente en Rusia.

Más tarde, en abril, se introdujo un confinamiento completo con el cierre de tiendas no esenciales y la prohibición de reuniones masivas, mientras una gran proporción de la población comenzó a trabajar desde casa.

Al mismo tiempo, 60 miembros de la tripulación de vuelo especial de la aerolínea Rossiya, al servicio del presidente Putin y de otros altos funcionarios del gobierno ruso, fueron puestos en cuarentena por primera vez el 26 de marzo de 2020 en un hotel no lejos de Moscú.

Desde entonces, cientos de pilotos, médicos, conductores y otro personal de apoyo, así como visitantes del mandatario, han pasado tiempo en cuarentena en una docena de hoteles en toda Rusia para proteger al presidente Putin de la infección.

Recientemente, se informó que el mandatario recibió una vacuna desarrollada en Rusia, aunque no se ha especificado cuál, pero los contratos con varios hoteles de “cuarentena” parecen estar vigentes hasta bien entrado el próximo año.

El servicio ruso de la BBC ha calculado que la Dirección del Presidente de la Federación Rusa, un órgano ejecutivo responsable del buen funcionamiento del equipo presidencial, recibió del presupuesto estatal unos US$84 millones para medidas de lucha contra la pandemia.

Los hoteles del Kremlin

Vladimir Putin en una pantalla.

Getty Images
El Kremlin ha hecho grandes esfuerzos económicos y logísticos para mantener a Putin a salvo de la enfermedad.

El servicio ruso de la BBC ha hallado que, al menos, 12 hotelesse han utilizado para las cuarentenas del Kremlin. Estos lugares de hospedaje se encuentran en Moscú y en su región circundante, la Crimea anexada, así como en una ubicación no muy lejos de la ciudad sureña de Sochi, el escenario de los Juegos Olímpicos de invierno de 2014 y uno de los lugares favoritos del presidente Putin.

En la lista de cuarentena no había hoteles privados: todos los lugares donde los visitantes y el personal de servicio pasaron tiempo pertenecen a la Dirección Presidencial. Algunas de las reservas están hechas hasta marzo de 2022.

Los miembros de la tripulación de vuelo de Rossiya parecen ser los principales ocupantes de estos hoteles. La tripulación sirve a funcionarios, incluido el propio presidente Vladimir Putin, así como al primer ministro Mikhail Mishustin y otros ocho ministros del gabinete.

El servicio ruso de la BBC pudo saber que el presidente Putin pasó gran parte del año pasado trabajando desde su residencia de Sochi.

Una fuente familiarizada con las condiciones de la cuarentena dijo que decenas de pilotos y otro personal aéreo tuvieron que ponerse en confinamiento cerca de Sochi para proporcionar transporte al mandatario, así como para el primer ministro, el ministro de Relaciones Exteriores y muchos otros. Entre los que se pusieron en cuarentena se encontraban pilotos de aviones y helicópteros.

Confinarse para ver a Putin

Vladimir Putin en un escenario.

Getty Images
Antes de que Putin asista a actos públicos se toman numerosas medidas para minimizar el riesgo de que se contagie.

El 75º aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial debería haber sido una celebración importante en Rusia.

El recuerdo de esa guerra y el papel de Rusia en la derrota del nazismo son partes clave de la narrativa patriótica del gobierno de Putin. La celebración habría tenido lugar en la Plaza Roja el 9 de mayo, el Día de la Victoria de Rusia.

En lugar de ello, la conmemoración se trasladó al 24 de junio de 2020 y se realizó en una escala mucho menor, aunque todavía incluía un desfile militar. Los veteranos de guerra y las celebridades estrecharon la mano del presidente Putin y recibieron premios para conmemorar el aniversario.

Bloomberg informó que antes de reunirse cara a cara con el presidente, más de 200 personas, incluidos 80 veteranos de guerra de entre 80 y 90 años, tuvieron que ponerse en confinamiento durante dos semanas.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó antes del desfile de junio que “un grupo de veteranos” estaba en cuarentena “en excelentes condiciones”, aunque destacó que esto se hacía como precaución por su bien.

El presidente Putin colocando flores sobre una tumba.

Kremlin.ru
Detrás de las apariciones de Putin en público hay toda una operación para asegurar que no corre riesgo de infectarse con el coronavirus.

Las agencias de noticias estatales rusas TASS y RIA-Novosti publicaron historias idénticas, describiendo cómo “uno de los hoteles de Moscú” había sido equipado para la cuarentena de unos 20 periodistas.

Se quedaron en habitaciones individuales, dejándolas solo mientras las limpiaban. No podían hablar entre ellos cara a cara y solo podían comunicarse virtualmente.

No se les permitió fumar ni beber alcohol. Los paquetes y las encomiendas que recibían de fuera del hotel de cuarentena solamente les eran entregados después de ser inspeccionados y desinfectados.

Los reporteros que se encontraban en aislamiento eran alimentados tres veces al día, dejando sus comidas y bebidas fuera de sus habitaciones, junto con cubiertos desechables. Cualquiera que entrara en contacto con ellos usaba trajes de protección personal completos.

También hubo informes sobre funcionarios del gobierno regional que se aislaron antes de las visitas del presidente Putin. Por ejemplo, en la ciudad de Sarov, en la región de Nizhny Nóvgorod, las autoridades locales asignaron US$13.000 para medidas “destinadas a prevenir la propagación de la infección por coronavirus durante la visita del presidente de la Federación de Rusia”.

El servicio ruso de la BBC se enteró de que alrededor de 20 miembros del personal de la administración local de Sarov estaban aislados en una pensión para veteranos de guerra. Los gastos de su estancia incluyeron camas de madera “de nogal”, juegos de ropa de cama, plancha y cuatro cajas fuertes de seguridad.

La BBC le preguntó al portavoz del Kremlin sobre las precauciones amplias y de larga escala tomadas para proteger al presidente Putin y si, en su conocimiento, otros países tenían prácticas similares en vigor. Dmitry Peskov declinó hacer comentarios.


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