42% de lo que se construyó en el DF entre 2009 y 2013 fueron estacionamientos
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42% de lo que se construyó en el DF entre 2009 y 2013 fueron estacionamientos

La legislación local obliga que cada metro cuadrado de construcción venga acompañado de cajones de estacionamiento; si los recursos gastados en esos lugares se invirtieran en movilidad podrían construirse cuatro líneas de Metrobús.
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Por Tania L. Montalvo
23 de septiembre, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Entre 2009 y 2013 en el Distrito Federal se realizaron construcciones equivalentes a 16 millones de metros cuadrados, con diferentes usos de suelo. De estos, el 42% correspondió a estacionamientos.

En promedio, la tasa de crecimiento anual de cajones de estacionamiento es de 33%.

La ley en el DF obliga a que conforme la ciudad crece ésta se convierta en un estacionamiento cada vez más grande, porque por cada metro cuadrado de vivienda, oficina o negocio construido es obligatorio tener cajones para los autos. Con ello se garantiza que los viajes se realicen en automóvil.

“La regulación actual, en términos generales, exige la construcción de estacionamiento en todo momento y además permite la operación de estacionamientos públicos en cualquier lugar. Pareciera que la visión de la regulación es que lo mejor que le puede pasar a la ciudad es tener mucho estacionamiento al menor precio posible y eso es incompatible con el menor uso del automóvil. Básicamente lo que estamos haciendo es que cada viaje en auto requiera de un cajón de estacionamiento y entre más cajones ponemos más facilitamos el uso del auto”, dijo en entrevista Andrés Sañudo, coordinador en Políticas de Estacionamiento del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP México) que este martes presenta el estudio “Menos cajones, más ciudad”.

La Norma Técnica Complementaria para el Proyecto Arquitectónico vigente en el Distrito Federal indica cuántos cajones de estacionamiento se requieren por metro cuadrado construido. De esta forma, no es posible construir oficinas, viviendas o diversos negocios —como bancos, hospitales, centros de entretenimiento, agencias funerarias y hoteles— sin contar con un número mínimo de cajones de estacionamiento que van desde 1 por cada 30 metros cuadrados.

Pero tras la evaluación del ITDP se concluyó que los desarrollos inmobiliarios, en promedio, crean 10.46% más de cajones por encima de lo obligatorio con la idea de que esto les da una ventaja en el mercado, sin contar que desaprovechan cerca del 20% de su potencial constructivo permitido porque deben destinar recursos y espacio a la construcción de dichos cajones.

Según ITDP además de eliminar el requerimiento de tener un mínimo de cajones de estacionamiento, se debe limitar el número de espacios que se pueden añadir por construcción, los estacionamientos públicos y los privados en zonas congestionadas.

El ITDP también alerta que, además de cómo la capital del país se convierte en un megaestacionamiento, es enorme la inversión que implica tener cajones para cumplir con la legislación vigente.

“Un cajón mide 27 metros cuadrados si tomamos en cuenta las áreas de circulación, rampas y demás requerimientos para la movilidad del auto. Aproximadamente cuesta 6 mil 500 pesos el metro cuadrado, entonces estamos hablando de 200 mil pesos el cajón”, explicó Andrés Sañudo.

Si tomamos en cuenta las previsiones de crecimiento inmobiliario que tiene el mismo Gobierno del Distrito Federal para la ciudad, el ITDP calcula que en los próximos tres años se construirán 1.2 millones de metros cuadrados de oficinas que, por ley, deberán contar con un cajón de estacionamiento por cada 30 metros cuadrados.

Con la ley vigente la ciudad estaría exigiendo 40 mil cajones para distribuirlos en esas oficinas. Esos cajones implicarían más o menos 7 mil millones de pesos, monto destinado sólo a la construcción de cajones que lo único que hace es garantizar que 40 mil personas lleguen y se vayan a trabajar en auto. Si destinamos esos recursos a movilidad urbana sustentable, podríamos construir cuatro líneas de metrobús y los beneficiados serían 700 mil personas, además de que no se congestionarían todas las vialidades y las zonas en donde se van a ubicar esos edificios”, dijo Sañudo.

A ello se suma que la apertura de estacionamientos públicos no está ligada a ninguna obligación de construir vivienda o algún negocio, por lo que, ante el aumento en el uso del auto también se incrementan los lugares destinados sólo a dejar el automóvil.

“Generalmente se dice que no hay estacionamiento suficiente, pero nuestra regulación no podría tener más incentivos en la producción de cajones. Tenemos una regulación que no es compatible con la visión que la administración actual ha venido diciendo que busca: una ciudad con menor uso del automóvil incentivando movilidad en transporte público y otros medios”, dijo Andrés Sañudo.

La propuesta del ITDP es modificar la ley actual y comenzar con un trabajo de armonización legislativa, pues si bien la recién aprobada Ley de Movilidad pone por encima del automóvil al peatón, al ciclista y al transporte público, con las obligaciones de las normas para proyectos arquitectónicos se orilla a las empresas a construir estacionamiento e incentivar el uso del automóvil.

“Se visualiza la construcción de estacionamiento como un tema de mitigación de los impactos del desarrollo urbano, la ley dice ‘tienen que poner estacionamiento porque es parte del impacto que tienen que cubrir por haber construido’ y al contrario, el estacionamiento no es una mitigación, es parte fundamental de ese impacto, es lo que garantiza que en la zona habrá más vehículos”.

Sumado a lo anterior, las delegaciones con más opciones de transporte público también son las que tienen más cajones de estacionamiento: Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc y Álvaro Obregón.

“Si la construcción de cajones de estacionamiento respondiera a una necesidad de desarrollo urbano entonces deberíamos tener menos cajones en donde están las mejores opciones de transporte público, pero no ocurre así. Esto permitiría que el sistema de transporte público fuera competitivo y la gente no decidiera usar el automóvil para llegar a los sitios en los que tiene opciones de transporte público”.

Según el Diagnóstico de Movilidad que presentó en octubre pasado el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México, 40% de los 15 millones de traslados que ocurren cada día en el Distrito Federal tienen como destino las delegaciones Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo.

El PUEC indica que en el Distrito Federal circulan 1.2 millones de autos particulares, los cuáles ocupan el 85% del espacio vial de la capital. En total suman 4 mil 880 kilómetros, es decir, casi cinco veces más que la longitud de la red vial primaria que es de mil kilómetros.

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Aquí puedes leer o descargar el informe “Menos cajones, más ciudad: El estacionamiento en la Ciudad de México”:

140922 FINAL Menos Cajones Más Ciudad by http://www.animalpolitico.com

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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