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De Solidaridad a Prospera: los programas sociales no logran cumplir su objetivo en 30 años

La cifra aumentó 16% en números absolutos en poco más de dos décadas, al pasar de 46 millones en 1990 a 53.3 millones en 2012. Cinco presidentes han transformado sus programas sociales para erradicar la pobreza.
Por Tania Montalvo
3 de septiembre, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Pese a los diferentes programas sociales que los gobiernos de México han implementado para erradicar la pobreza, no han logrado disminuirla de manera significativa desde hace casi treinta años. 

Desde 1988, Solidaridad, Progresa, Oportunidades y este año Prospera han sido la base de los gobiernos para intentar sacar a los mexicanos de la pobreza.

Durante el mensaje con motivo de su Segundo Informe de Gobierno, Peña Nieto anunció que dejaría atrás el programa Oportunidades —programa insignia de las administración del Partido Acción Nacional (PAN) creado durante la gestión de Vicente Fox y ampliado durante la de Felipe Calderón— para dar paso a Prospera.

Según el mandatario, el objetivo es hacer frente a las limitaciones de Oportunidades, encontrar “nuevas alternativas, más eficaces contra la pobreza” y disminuir la proporción de mexicanos pobres que “es prácticamente la misma desde hace tres décadas”.

La base de Prospera puede remontarse dos décadas atrás cuando surgió el programa Solidaridad —del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)— que fue totalmente renovado por Ernesto Zedillo (1994-2000) para crear Progresa y sentar las bases de lo que, tras algunas modificaciones, Vicente Fox y Felipe Calderón llamaron Oportunidades.

De Solidaridad a Progresa

El primer objetivo de Solidaridad fue ubicar a todos los pobres del país y después apoyarlos a través de la “participación social comunitaria”, es decir, con Comités que repartían los recursos del gobierno federal para el combate a la pobreza.

Esta práctica, además, fue señalada como una herramienta del partido en el poder —el Revolucionario Institucional (PRI)­— para tener control electoral.

Ernesto Zedillo decidió conservar el mapa de pobres que el gobierno federal obtuvo gracias a Solidaridad pero para su programa eliminó la intermediación de comités, la entrega en especie e implementó el modelo que rige hasta la fecha la política social del país: dar dinero en efectivo.

Recibió el nombre de Programa de Educación, Salud y Alimentación, Progresa, que además puso de condición que el dinero en efectivo sólo se entregaría a madres de familia que cumplieran con enviar a sus hijos a la escuela y a asistir a consultas médicas.

Progresa se enfocó únicamente en habitantes de comunidades rurales y en luchar contra la desigualdad de género entregando a las madres de familia el apoyo federal.

Oportunidades y su ampliación

Con Vicente Fox en el 2002 se anunció que Progresa cambiaría al Programa de Desarrollo Humano Oportunidades.

Modificó el nombre pero conservó la base de Progresa: la entrega de efectivo si se cumplía con las condiciones de educación y salud. Fox amplió el programa a mexicanos pobres que habitaban en zonas urbanas y vivían con menos de cuatro salarios mínimos. También incluyó la entrega de becas para estudios de educación media superior y el apoyo a adultos mayores.

Este programa se convirtió en la insignia de los gobiernos panistas. Felipe Calderón lo conservó y además de aumentar el monto mensual entregado a las jefas de familia —de 529 a 830 pesos— incluyó otros apoyos como el Alimentario —que daba ayuda a los mexicanos que vivían en comunidades sin infraestructura escolar y médica— y el de Pisos Firmes para sustituir pisos de tierra por pisos de concreto.

Y ahora Prospera

En campaña, Peña Nieto insistió en que conservaría Oportunidades. Este martes, por el mensaje de su Segundo Informe de Gobierno dijo que durante los casi dos primeros años de su gestión éste beneficia a 6.1 millones de familias, 255 mil que en 2012, pero que no es suficiente.

“No obstante este año se invierten más de 73 mil millones de pesos, la proporción de mexicanos en pobreza es prácticamente la misma desde hace tres décadas. Ante esta condición es necesario encontrar nuevas alternativas, más eficaces contra la pobreza. Por ello hoy anuncio la transformación del programa Oportunidades en el Programa Prospera”.

Ni Presidencia ni la Secretaría de Desarrollo Social —encargada de la política social del país— han dado más información sobre la renovación del programa.

Pero según lo que Peña Nieto destacó de éste, además de los beneficios de Oportunidades, los mexicanos adscritos podrán recibir becas para estudios universitarios o técnicos superiores, acceso a programas de educación financiera, ahorro, créditos y seguros.

“Quienes buscan un trabajo tendrán prioridad en el Sistema Nacional de Empleo. Prospera también permitirá que sus familias fortalezcan sus propios ingresos al tener acceso prioritario a 15 programas productivos incluyendo el Fondo Nacional del Emprendedor, el Programa Bécate, el PROAGRO Productivo, y el Programa para el Mejoramiento de la Producción y Productividad Indígena”.

Mexicanos en pobreza

Según el último informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), con datos de 2012, pese a que han aumentado los recursos destinados a los programas sociales y al combate a la pobreza, hay diversos factores de coyuntura y de largo plazo que provocan que más mexicanos sean pobres.

Entre éstos, Coneval destaca que el ingreso en 2009 cayó por la crisis financiera y no se ha recuperado; que el precio de la canasta básica ha aumentado cerca del 5%, el ingreso real promedio es similar al de 1992 y el crecimiento anual del PIB per cápita ha sido en promedio 1.2% en los últimos veinte años.

Según Coneval, la evolución de la pobreza en México ha sido así:

-En 1990 había 46 millones de pobres, es decir, el 56.6% de los 81.2 millones de mexicanos.

-En el 2000, la cifra de pobres fue de 53 millones o el 53.6% de los 97.5 millones de habitantes.

-En 2010 se registraron 52.8 millones de mexicanos pobres, el 47.2% de las 112.3 millones de personas en el país.

Hace dos años esa cifra ya había aumentado: 53.3 millones de pobres o el 47.6% de la población. 

En números absolutos, de 1990 hasta la fecha el número de pobres en México ha aumentado 16%, de 46 millones a 53.3 millones.

 

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La revolucionaria ley que permite convertir los cadáveres humanos en abono para jardines

El estado de Washington es el primero de EU en aprobar una ley que permite que el cuerpo se transforme en compostaje como una forma de entierro.
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29 de abril, 2019
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“Polvo eres y en polvo te convertirás”: una máxima que se ha repetido por siglos como una forma de definir lo que ocurre con nuestro cuerpo una vez acaba la vida.

Sin embargo, en el estado de Washington, Estados Unidos, han decidido cambiar un poco esa aproximación: en vez de polvo, el cuerpo humano puede convertirse en el compostaje perfecto para jardines y cultivos en general.

O sea, que los restos humanos pueden ser los cimientos de un jardín florecido a las puertas de una casa o pueden servir para alimentar las raíces de los árboles.

La idea, que fue aprobada la semana anterior por el Senado estatal y está a la espera de la firma del gobernador Jay Inslee para su visto bueno final, es convertir el compostaje en una alternativa al entierro o la cremación, mediante un proceso que dura 30 días y por el que el cadáver se convierte en abono natural.

Una idea que cada vez tiene más adeptos en EE.UU. como una forma de aportar al medio ambiente después de la muerte. Y sobre todo, hacerlo de forma legal, porque en muchos países está prohibido disponer de restos humanos por fuera de cementerios o sitios de entierro autorizados.

Ataudes

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Se estima que más de la mitad de los cuerpos son cremados en EE.UU. y no enterrados como se hacía tradicionalmente.

Pero, ¿cómo cambia la forma en que se degrada el cuerpo con este método, comparado con el proceso que ocurre naturalmente con un cuerpo enterrado? ¿Y cómo puede ser beneficioso para el medio ambiente?

Maneras ecológicas de morir

De acuerdo al antropólogo forense Daniel Wescott, al cuerpo humano le toma meses degradarse en la tierra.

Y todo depende de la calidad del suelo. En un ambiente seco, el cuerpo puede terminar momificado. En zonas más húmedas, un rostro puede degradarse hasta llegar a los huesos en pocas semanas.

“Si tienes una buena cantidad de actividad de bacterias, en un mes el cuerpo humano ya debería estar degradado en la tierra“, le dijo Wescott a la BBC.

Pero es algo que cada vez pasa menos: más de la mitad de los cuerpos de quienes fallecieron en 2016 en Estados Unidos fueron cremados, no enterrados.

Y los que son enterrados van dentro de ataúdes de madera, que ralentizan el proceso de degradación.

Por eso, hay personas que llevan años pensando en que deberían extenderse otras maneras de ser depositado bajo tierra.

“La naturaleza sabe cómo transformar nuestros cuerpos en tierra. En abono“, le dijo a la BBC Nina Schoen, una de las promotoras de la idea de convertir el cuerpo humano en compostaje.

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Para 2035 se estima que solo el 15% de los entierros se realizarán de la forma tradicional.

“Lo que es más importante, al menos para mí, es que mi cuerpo sea capaz de devolverle a la Tierra lo que ella hizo por mí cuando yo estaba viva y, a través de ese proceso, crear nuevas fuentes de vida”, agregó.

Pero, ¿cómo hacerlo?

Tal vez la mayor impulsora de esta nueva ley estadounidense es Katrina Spade, la fundadora de la compañía Recompose, con sede en la ciudad de Seattle, en el oeste del país.

Es ella la que señala que puede convertir el cuerpo humano en un fértil abono en tan solo 30 días.

“Lo que hacen es simplemente acelerar el proceso natural de descomposición”, explicó Nora Menkin, directora People’s Memorial, una organización sin ánimo de lucro que provee servicios funerarios a personas sin recursos en Seattle.

El método de Recompose, que ha sido tratado por investigadores de la Universidad de Washington, consiste en seguir el proceso normal de compostaje, pero en el caso del cuerpo humano se le añade una mezcla de astillas de madera y otros ingredientes biodegradables.

Lo que hace que microbios y bacterias termofílicas -o sea, a las que les gusta el calor- hagan su trabajo y aceleren la descomposición.

Todo el proceso ocurre a unos 55 C, que además termina de matar a posibles bacterias responsables del contagio de enfermedades.

El resultado es abono que se puede usar de manera segura, que es la razón definitiva por la que muchas personas apoyan esta forma de tratar los cuerpos tras la muerte.

“Tenemos toda esta energía que muchas veces es quemada o sellada en ataúdes que podemos utilizar para ayudar a que la vida continúe”, dijo Menkin.

Por su parte, Schoen aclara que apoya esta opción porque quiere que su cuerpo aporte al medio ambiente.

“Las preocupaciones sobre el medio ambiente son muy importantes para mí y tienen un rol central en las decisiones que tomo a diario”, dijo.

Costoso… por ahora

Para 2035, la Asociación de Funerarias de Estados Unidos (NFDA, por sus siglas en inglés) anticipa que solo el 15% de los entierros serán de tipo tradicional.

Sin embargo, experimentar puede resultar costoso.

“Es un hecho que la mayoría de las personas señalan que (el proceso de convertir al cuerpo en compostaje) es una opción costosa“, dijo Menkin.

“Ahora mismo puede llegar a costar unos US$5.500. No es un proyecto barato”, agregó.

cremación

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La cremación sigue siendo el método más económico para disponer los restos mortales del cuerpo humano.

El costo promedio de un entierro tradicional es de alrededor de US$7.000. Sin embargo, una cremación llega solo a los US$1.000.

Por ahora, los entierros ecológicos no son muy populares.

Además de que existen reparos éticos sobre esta manera de disponer de los restos de lo que fue un ser humano.

¿Los cuerpos van a ser cuidados de forma respetable?, ¿podremos en el futuro ser capaces de recordarlos, de recordar que formaron parte de una comunidad? Esas preguntas siempre estarán cuando se insiste en cambiar la forma en que enterramos a quienes mueren”, dijo el profesor de la Universidad de California David Sloane.

Sin embargo, tanto Menkin como Schoen creen que la idea es convencer a la gente de que aunque “sea diferente, no es malo”.

“Lo que pasa es que aquí en EE.UU. nadie quiere hablar sobre el tema. No hablamos lo suficiente sobre lo que significa la muerte o sobre la muerte en general”, recalcó Schoen.


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