Por qué en EU no hay publicidad en las camisetas de los deportistas
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Por qué en EU no hay publicidad en las camisetas de los deportistas

La NBA, la NFL y las grandes ligas de béisbol comparten una característica: el equipamiento de juego está limpio de publicidad. BBC Mundo le cuenta por qué.
5 de septiembre, 2014
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El jugador de Minnesota, Kevin Love, durante un partido contra los Kings de Sacramento el 16 de enero de 2012 en Minneapolis. Love fue canjeado oficialmente a los Cavaliers de Cleveland el 23 de agosto de 2014.  (AP Photo/ Jim Mone, File)

El jugador de Minnesota, Kevin Love, durante un partido contra los Kings de Sacramento el 16 de enero de 2012 en Minneapolis. Love fue canjeado oficialmente a los Cavaliers de Cleveland el 23 de agosto de 2014. (AP Photo/ Jim Mone, File)

La próxima vez que LeBron James se vuelva a poner la camiseta de Cleveland, después de sus cuatro años en Miami, una cosa puede que haya cambiado en la NBA: tal vez, lleve publicidad.

Porque, para quienes no lo han notado, en las ligas profesionales de baloncesto, béisbol o fútbol americano en Estados Unidos no se ve publicidad en la ropa de los deportistas.

Sólo en el fútbol americano asoma tímidamente el logo de Nike en las mangas. Y en la NBA, el de Adidas se ve en el banquillo pero desaparece cuando el jugador salta a la cancha. En béisbol, ni hablar del asunto.

Los ejecutivos de la NBA son pioneros en hablar abiertamente de que estudian introducir publicidad en las camisetas y para ello vienen preparando el camino con anuncios de lo inevitable que será.

Puede que no esta próxima temporada ni la siguiente y no está decidido si será un pequeño parche en el hombro o un logotipo que presida el frontal, pero es algo que dan por casi seguro que se hará.

La principal razón está en que con su renuncia a la publicidad, las franquicias estadounidenses se pierden una fuente de ingresos multimillonaria. Como es, por ejemplo, en el fútbol de Europa.

Con Qatar Airways, a cambio de unos US$41,5 millones por temporada, el FC Barcelona rompió su tradición de no llevar publicidad. Antes en realidad pagaba por llevar el logo de Unicef.

Por no hablar del “patrocinio técnico”. Por pasarse de Nike a Adidas a partir de la próxima temporada, el Manchester United firmó un contrato por US$1.225 millones en diez años. Así supera los US$50 millones al año que le paga la marca de las tres bandas al Real Madrid.

Pero en las ligas profesionales de Estados Unidos, el asunto todavía no ha calado y hasta hace bien poco era un auténtico tabú.

Así es que es normal preguntarse por qué sucede algo así en la que se supone es la tierra prometida del mercadeo y la publicidad.

Cuidar la marca

Los equipos estadounidenses lo que venden es su propia imagen como marca. Es por eso que de momento no tienen claro cómo les podría afectar la “mezcla” con otra empresa, que seguramente tendrá que ser inevitablemente una gran corporación.

“Se trata de preocupación por el valor de la marca. Los logos y las ventas de camisetas están muy estrechamente relacionados con la percepción general de la marca y cómo se relacionan los fanáticos se implican con el equipo”, le dijo a BBC Mundo Russell Scibetti, editor de la revista electrónica The Business of Sports.

“Las ligas son más bien conservadoras sobre cómo será el impacto y la reacción de los seguidores porque no hay dudas de que se trata de muchísimo dinero”, agregó.

Es decir, los Yanquis de Nueva York no tienen la certeza de que valga la pena arriesgar o de alguna forma devaluar su popular logo: las iniciales de su ciudad entrelazadas que tantas gorras ha vendido a lo largo del mundo.

Tampoco en la NBA, que aunque lleva años estudiando el asunto, siempre se muestra muy cautelosa.

Nadie quiere acabar como la Nascar, donde es llamativamente ostensible cómo los pilotos y los autos van casi que plagados de todo tipo de marcas. No hay rincón que se desaproveche.

“Los fanáticos lo aceptan pero hay algo así como un chiste cultural. Ves a los pilotos todos llenos de logos. No creo que los deportes más tradicionales quieran compararse con la hipercomercialización de la Nascar”, comentó Michael Lewis, profesor de Mercadeo de la Universidad Emory.

La tradición

Ahora bien, las cifras que se manejan en los estudios de la NBA hacen probable que se termine inclinando la balanza. Según Scibetti, la liga de baloncesto apunta a unos US$150 millones.

Y tales números seguramente servirán para compensar la casi segura oposición de los más tradicionalistas, porque como el profesor Lewis de hecho “hay una especie de tradición en eso de no tener publicidad”.

Para Lewis, la publicidad en las camisetas se va a encontrar con una inicial reacción negativa por parte del público y por eso “hay mucho miedo en ser el primero en hacerlo”.

“Se arriesga a que los fanáticos piensen que les están tratando de vender cosas todo el tiempo”, le dijo a BBC Mundo.

“Además, los periodistas van a empezar y a hablar y a criticarlo. Va a resultar noticia y no sabemos si los medios estarían reaccionado a lo que quieren los clientes o son los medios los que están propiciando esa reacción”, agregó.

Modelo de franquicias

Ya existe la publicidad en la liga de baloncesto femenino (WNBA) y también en la de fútbol (MLS), pero no en las más importantes.

Los analistas consultados por BBC Mundo coinciden que la más vanguardista es la NBA que, por ejemplo, introdujo este año las camisetas con mangas para un partido al año.

Por eso y porque es la que más abiertamente habla del asunto, es la principal candidata a ser la primera en introducir publicidad.

“Sería lo normal que la NBA fuera la primera, pero de verdad, va a depender del dinero”, le dijo a BBC Mundo Joe Favorito, consultor de medios y profesor de la Universidad de Columbia. “Va a depender de la liga y la marca que haga el mejor arreglo”.

La NBA, como las otras ligas estadounidenses, funciona por un sistema de franquicias en el que se reparte buena parte de los ingresos, incluso el de las ventas globales de prendas de los equipos.

Es por eso que Favorito considera que lo más probable es que la publicidad llegue con “un patrocinador para toda la liga y no que los equipos vayan a negociar por separado”.

Y el profesor es contundente: “Y una vez pase con una liga, van a seguirla las demás”.

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Getty Images

'Hará más mal que bien’: los peligros de apresurar la vacuna contra la COVID

La FDA adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra la COVID antes de que terminen los ensayos clínicos, pero varios expertos advierten que esto sería un "grave error".
Getty Images
4 de septiembre, 2020
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El jefe de la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), Stephen Hahn, adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra el coronavirus antes de que terminen los ensayos clínicos, algo sobre lo que varios expertos han advertido, tildándolo de “grave error”.

En una entrevista ofrecida al medio británico The Financial Times y publicada el domingo, Hahn insistió en que, de tomarse, la decisión será “científica, médica y basada en datos”, y no una respuesta política a las presiones del gobierno estadounidense para que se apruebe una vacuna.

A finales de agosto, el presidente Donald Trump acusó a la FDA de “retrasar” la aprobación de la vacuna hasta después del 3 de noviembre, fecha en la que los votantes acudirá a las urnas para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años.

De darle luz verde antes de terminar la fase 3 de los ensayos clínicos, EE.UU. se convertirá en el tercer país en aplicar la polémica medida, después de que Rusia y China lo hicieran en agosto.

Cuando el 11 del pasado mes las autoridades rusas registraron su vacuna Sputnik V, asegurando que había demostrado ser “altamente efectiva y segura”, científicos en todo el mundo y la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) acogieron con escepticismo.

Días después, el 20 de agosto, Moscú anunció que iniciaría las pruebas clínicas en 40.000 voluntarios en distintos países.

Vacuna contra el coronavirus.

Getty Images
Rusia y China han aprobado vacunas contra el coronavirus sin culminar la fase 3 de los ensayos clínicos.

La fase 3 de los ensayos clínicos suele considerarse la más crucial, pues es la etapa en la que los investigadores tratan de ver cuán eficaz y segura es la vacuna probándola en decenas de miles de personas.

“En otras palabras, se busca la reducción real de los casos de la enfermedad en el número de personas que fueron vacunadas comparado con el mismo número de sujetos que no recibieron la vacuna”, le explicó hace semanas el doctor Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading en Reino Unido, a BBC Mundo.

Si bien en las etapas previas también se evalúa el desempeño y la seguridad del producto, la fase 3 es la que “realmente te dice que la vacuna es capaz de prevenir que ocurra la infección”, según el virólogo británico.

“Falsas esperanzas”

Pero quizás el lado más peligroso de aprobar una vacuna antes de culminar todos los ensayos clínicos son sus posibles consecuencias.

Mijail Murashko.

Getty Images
El ministro de Salud ruso ha desestimado las preocupaciones y dudas que genera el programa de vacunas Sputnik V.

En conversación con BBC Mundo, Jones explica que hay varios problemas asociados con que la vacuna sea aprobada demasiado pronto.

Lo primero es que podría generar falsas esperanzas: puede que la gente se apresure a ponerse la vacuna “cuando en realidad tal vez no sea la mejor vacuna, sino la primera que está disponible“.

“Esto causaría decepción en los individuos que se inmunizaron”, añade.

Según el experto, una vacuna que no funcione tan bien como debería podría extender la idea de que (la vacuna en general, todas las que se están desarrollando contra la COVID-19) es ineficiente y suscitar desconfianza dentro de la población. “Al final, una vacuna apresurada hará más mal que bien”.

“Simplemente le quitaría valor a todas las demás vacunas. Y le daría alas al lobby antivacunas, que se aprovechará de cualquier desliz. Es perjudicial para todo el mundo“.

Más difícil ponerle fin a la pandemia

Este lunes, la científica en jefa de la OMS, Soumya Swaminathan, se unió a las advertencias de la comunidad de expertos y aseguró que autorizar una vacuna demasiado pronto y con pocos datos podría tener una variedad de consecuencias negativas.

Vacuna contra el coronavirus.

Reuters
La fase 3 de los ensayos clínicos es frecuentemente considerada como la más crucial, pero la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos está considerando saltársela.

“En primer lugar, hará que sea muy difícil continuar con los ensayos clínicos aleatorios”, dijo.

“Y en segundo lugar, existe el riesgo de que se introduzca una vacuna que no se haya estudiado de manera adecuada y que podría resultar que es poco eficaz y no cumple con el trabajo de ponerle fin a esta pandemia o, peor aún, que tenga un perfil de seguridad inaceptable”.

Para que una vacuna sea aprobada por la FDA, se debe haber demostrado que es segura y eficaz en función de los datos recopilados tras ser probada en miles de voluntarios.

Es un proceso de verificación que puede durar meses.

Swaminathan agregó que la aprobación del uso de emergencia de una vacuna debe realizarse “con mucha seriedad”, particularmente porque se trata de una decisión que “podría provocar efectos secundarios adversos” en algunas partes de la población.

Un pequeño riesgo de mutación

La confianza de la gente en una campaña de vacunación es crucial, por lo que aprobar una vacuna antes de que culminen todos los ensayos clínicos podría además limitar el número de personas que se dejarían inyectar.

Una niña recibiendo una vacuna.

Getty Images
Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading, dice el objetivo es tener una vacuna que nos inmunice completamente y no una que funcione a medias.

“Se trata de una preocupación muy seria, subraya.

“Si la gente piensa que la primera vacuna en ser lanzada lo ha sido por el simple hecho de ser la primera (en desarrollarse), pero no es necesariamente la mejor, podrían considerar que no vale la pena aplicársela, lo que llevaría a no querer ser inmunizados”, prosigue.

“Pero el peligro es que no querrían inmunizarse con una vacuna que funcione mejor y que podría venir después, y eso haría que el virus siga circulando”.

Jones considera poco probable que la vacuna no funcione del todo debido a las pruebas que ya se han hecho.

Pero otro riesgo, según explica, es que el virus podría transformarse y evitar la respuesta inmune generada por la vacuna aprobada con apuro, mutar en una forma ligeramente diferente, que ninguna de las vacunas podría combatir.

“No queremos una vacuna que funcione a medias”

Sin embargo, él no cree que las preocupaciones deban centrarse en cuán segura es la vacuna, sino en su eficacia.

El virus junto a una inyección.

Getty Images
Soumya Swaminathan advierte que aprobar una vacuna sin finalizar todos los ensayos clínicos podría provocar efectos secundarios adversos en algunas partes de la población.

“No queremos una vacuna que funcione a medias, queremos una que nos inmunice completamente”.

“En realidad, pienso que todas las vacunas que están siendo probadas en la actualidad son bastante seguras y probablemente no le causarán ningún daño a quien las reciba. Pero cuando apruebas una vacuna que funciona mal, estás fijando expectativas sumamente bajas, y lo que venga después no tendrá la obligación de ser mejor”.

“Estarías abriéndole paso a una serie de genéricos que también van a funcionar mal“.

Para este virólogo británico esto es algo que se debe evitar, y para hacerlo la fase 3 del proceso debe ser culminada, probando la vacuna “en tanta gente como sea posible, para así conocer su resultado habitual con una dosis habitual“.

“Tomar atajos para lograr vacunas no es exactamente una buena idea. Sería un grave error”, concluye.

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