Los secretos de los “arrepentidos” que hacen temblar a los bancos
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Los secretos de los “arrepentidos” que hacen temblar a los bancos

Cada vez que hablan tiemblan los bancos, las empresas y los paraísos fiscales. BBC Mundo dialogó con tres arrepentidos y los detalles oscuros que sacaron a la luz sobre el mundo financiero.
27 de octubre, 2014
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Fachada del banco HSBC en México.//FOTO: Cuartoscuro

Fachada del banco HSBC en México.//FOTO: Cuartoscuro

Son el terror secreto de bancos: figuras clave que conocen el negocio de las finanzas desde adentro y, de la noche a la mañana, se dan vuelta y denuncian la oscura trastienda de este mundillo, con sus cuentas invisibles, redes de empresas fantasmas y paraísos fiscales.

Un abogado estadounidense que ha representado a decenas de arrepentidos del sistema financiero, Jack Blum, miembro de la Coalición por la Integridad Financiera, señaló a BBC Mundo que las motivaciones de los “arrepentidos” son muy variadas.

Están los que sienten que es su deber, los que fueron desplazados o ninguneados por su compañía, los que cometieron algún delito y buscan minimizar la pena, los que tienen una visión exagerada sobre la importancia de la información que manejan”, señala Blum.

Como abogado, lo primero que hace es alertar a sus potenciales clientes sobre los riesgos que corren si deciden revelar sus secretos.

“No van a conseguir nuevamente empleo en el sector financiero, con lo cual prácticamente tienen que decir adiós a su carrera. Sus denuncias además van a salpicar a gente con la que trabaron amistad durante años”.

“Y van a quedar expuestos al ataque de sus empleadores que suelen ser muy poderosos. No sorprende que algunos, después de consultarlo con sus familias, no se atrevan a hacerlo”, señala Blum.

Lea: Las claves del escándalo del HSBC

Pero otros siguen adelante con denuncias que revelan un oscuro entramado de flujos ilegales de dinero que, según estimaciones conservadoras a nivel global, superan los US$20 billones anuales: una cuarta parte de la riqueza que produce el mundo. BBC Mundo habló con tres de ellos.

Rudolf Elmer o la desilusión con el sistema

En un sentido el suizo Rudolf Elmer es un arrepentido involuntario.

Jefe de operaciones en la filial del banco Julius Bar en las islas Caimán fue despedido en 2002 y arrestado tres años más tarde por violar el sacrosanto secreto bancario suizo.

“Mi pecado fue intentar denunciar que muchos de nuestros clientes estaban evadiendo impuestos utilizando nuestras operaciones en las islas Caimán. El banco no quiso saber nada. Más grave aún, el Estado no quiso saber nada”, señala Elmer a BBC Mundo.

En 2008 Elmer tomó una decisión estratégica: entregó a Julian Assange de WikiLeaks dos discos duros con listas de evasores fiscales del Julius Bar.

Acusado por sus empleadores de “falsificar pruebas”, el banquero fue arrestado nuevamente por las autoridades suizas en 2011 por entregarle al fundador de WikiLeaks los datos de unas 2.000 cuentas secretas de multinacionales, entidades financieras y multimillonarios de Estados Unidos, Alemania y Reino Unido.

Lea: Suiza, los paraísos fiscales en el banquillo

“No estoy en contra del secreto bancario, pero las compañías han abusado de ese secreto. Los paraísos fiscales sirven para ocultar a los reales beneficiarios de cuentas especiales creadas para evadir el pago de impuestos y lavar dinero”, dice.

A su juicio, hay miles de potenciales arrepentidos que podrían iluminar estas tinieblas del mundo financiero.

“Diría que en un banco al menos 10% del personal está al tanto de estas operaciones. Todo depende del área en que uno trabaje, pero en algunos casos hasta los cajeros pueden detectar movimientos sospechosos de clientes que jamás dan sus nombres en las operaciones que realizan”.

“Esta evasión fiscal es uno de los más grandes robos sociales que tolera hoy la humanidad”, señaló Elmer a BBC Mundo.

Everett Stern, el arrepentido patriótico

Para el estadounidense Everett Stern las denuncias que hizo contra el banco en el que trabajaba, el HSBC, son parte de la “guerra contra el terrorismo”.

“En octubre de 2010, a tres semanas de empezar mi trabajo en la oficina del banco en el estado de Delaware, me quedó claro que había muchas transacciones sospechosas vinculadas con grupos del Medio Oriente como Hamas y Hezbolá”.

“Esto era una amenaza directa a la seguridad de mi país”, indicó a BBC Mundo.

Descontento con la falta de respuesta del banco, Stern se puso en contacto con la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y la Central de Inteligencia estadounidense, (CIA).

BBC Mundo tuvo acceso al correo electrónico que Stern envió a la agencia de espionaje estadounidense con sus revelaciones.

“He pasado esta información al banco, pero no sé si van a hacer algo”.

“Mi preocupación es que estos fondos estén facilitando acciones perjudiciales a Estados Unidos en el Medio Oriente. Lo más importante es la seguridad nacional”, le escribió el banquero a la CIA.

La investigación llevada adelante por la Justicia estadounidense terminó descubriendo un lavado de dinero que se extendía por Medio Oriente, Mexico, Irán, Sudán y Corea del Norte.

En diciembre de 2012, el HSBC llegó a un acuerdo con las autoridades estadounidenses por el que pagó una multa record de US$1.900 millones.

A pesar de este monto, equivalente a las ganancias de cinco semanas del banco, la fiscalía general a cargo de Eric Holder insistió en que no tenía pruebas suficientes para iniciar una demanda criminal.

“Un escándalo. ¿Cómo puede ser que cobren esa multa y que nadie sea responsable?”

“Eric Holder dijo en ese momento que temía provocar una nueva hecatombe financiera. ¿No entiende que está en juego la integridad de nuestros ciudadanos y soldados?”, le señala Stern a BBC Mundo.

Lea: El francés que tiene en jaque a miles de evasores

El hombre, que había dejado el HSBC en noviembre de 2011, fundó su propia compañía, Tactical Rabbit (Conejo Táctico), para combatir este tipo de maniobras.

Y volvió a la carga poco después de que se anunciara el acuerdo entre el HSBC y las autoridades estadounidenses.

“La multa al HSBC era por lo que había hecho hasta poco antes de mi llegada a la institución. Es decir que el acuerdo con las autoridades no cubre el período en que yo trabajé y por tanto el banco todavía tiene que responder por lo que siguió haciendo”, señaló a BBC Mundo.

No es sólo el HSBC el que está en la mira. En septiembre de este año Tactical Rabbit denunció al JPMorgan Chase ante las autoridades por violar la ley bancaria y no cumplir con toda la reglamentación contra el lavado de dinero.

Hernán Arbizu y la mirada al sur

El JPMorgan Chase se encuentra en el centro de la historia del tercer arrepentido: el argentino Hernán Arbizu.

En 2008, Arbizu -uno de los financistas estrella de la operación del JPMorgan Chase en América del Sur- se presentó ante la Justicia federal de la Argentina para “autodenunciarse” por fraude, evasión de impuestos y lavado de dinero.

“Yo había cometido un fraude. Había mucha presión interna en la compañía y para no perder un cliente muy importante le ofrecí un rendimiento para sus inversiones que sólo podía cumplir sacando dinero de otros lados”.

“Fue un grave error. Pero lo que estoy denunciando ante la Justicia es un fraude masivo contra el Estado por evasión y lavado”, señaló Arbizu, en diálogo con BBC Mundo.

El trabajo de Arbizu consistía en captar activos de argentinos para depositarlos en paraísos fiscales.

En abril de 2008, a sólo meses del estallido financiero global, la presión de la banca era tal que se esperaba que aportara a fin de año net new assets (nuevos activos netos sumados a sus clientes consolidados) por valor de US$150 millones.

“Yo era un operador. El banco tenía unos cuantos más. Y éramos un banco entre varios otros. Si se hace la suma se ve las cifras que empiezan a manejarse”.

“En ese año, la presión era mayor porque el banco era muy consciente de que se venía una crisis fuerte y quería resguardarse”, señala Arbizu.

Los grupos más poderosos de la Argentina –el multimedios Clarín, Banco Patagonia, las empresas de energía Bridas y Bulgheroni– se encuentran en la lista que Arbizu entregó a las autoridades, pero en el vértigo de aquel año clave la pista alcanza al banco que precipitó el estallido financiero de 2008 al caer en bancarrota: el Lehman Brothers.

“Había órdenes concretas de poner en duda la liquidez del Lehman Brothers para erosionarlo con la idea de que su caída era inevitable y para quedarse con sus clientes”, indicó Arbizu a BBC Mundo.

Lea: ¿Pueden pagar los bancos su deuda ante la sociedad?

En un principio la Justicia argentina respondió con celeridad a la lista de Arbizu en la que figuraban nombres, números de cuentas y montos.

Pero poco después la causa dejó de moverse porque, según el juzgado a cargo, Estados Unidos no respondió a los exhortos (pedidos de información).

“En mis oficinas yo vi pasar a todo el mundo. Empresarios, banqueros, millonarios, artistas, deportistas”.

“Debo confesar que no vi políticos, pero mi impresión es que todo el mundo está metido en esto, de modo que a nadie le conviene que salte. Por eso no pasa nada”, dice el “arrepentido” argentino.

En un trabajo sobre Argentina Jorge Gaggero, miembro fundador de la Red de Justicia Fiscal de América Latina, calculó que la fuga de capitales de 2012 fue de US$28.000 millones, equivalente a 4,7% del PIB argentino.

Arbizu calcula que la recaudación anual impositiva aumentaría en US$5.000 millones si este dinero tributara como corresponde: aproximadamente el presupuesto anual para educación en el país.

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El desertor homosexual que escapó de Corea del Norte (y de su matrimonio) y encontró el amor a los 62 años

Jang Yeong-jin huyó de Corea del Norte escapando de un matrimonio sin amor. Ahora se ha prometido con su novio.
22 de marzo, 2021
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Jang

Oh Hwan
A los 62 años, Jang ha encontrado el amor y se va a casar con su novio estadounidense.

La singular historia del único desertor abiertamente homosexual de Corea del Norte fue cubierta por la prensa internacional cuando publicó su autobiografía. Ahora, 25 años después de huir de su país, cuenta a la BBC sus planes para casarse con su novio estadounidense.

Jang Yeong-jin nunca le habían parecido atractivas a las mujeres. Pero no fue hasta la noche de bodas, a los 27 años, que esto le hizo su vida más difícil.

Jang se sintió intensamente incómodo. “No podía poner un dedo sobre mi esposa“, recuerda.

Aunque la pareja finalmente consumó su matrimonio, el sexo era poco habitual.

Cuatro años después, su esposa seguía sin quedar embarazada, y uno de los hermanos de Jang comenzó a averiguar. Jang admitió que jamás se había sentido atraído por una mujer, y su hermano lo mandó rápido al doctor.

“Fui a muchos hospitales en Corea del Norte porque pensé que tenía algún problema“.

Nunca se le ocurrió a Jang, o su familia, que podía haber otra razón por su falta de interés hacia su esposa.

Pruebas médicas

“La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, dice.

Si se ve a alguien correr a saludar a un amigo del mismo sexo, se asume que son buenos amigos. De hecho, con frecuencia se ve a adultos del mismo género agarrados de la mano en la calle, explica.

“Corea del Norte es una sociedad totalitaria. Tenemos mucha vida comunitaria, así que es normal para nosotros”.

Echando la vista atrás, Jang piensa que no era el único incomprendido.

Cuando ingresó en el hospital durante un mes para hacer pruebas médicas, conoció a otros pacientes.

“Descubrí que muchos habían tenido una experiencia similar: hombres que no podían sentir nada hacia una mujer”.

Pero explorar lo que realmente sentían era casi imposible.

“En Corea del Norte, si un hombre dice que no le gusta una mujer, la gente piensa que está enfermo”.

Un hombre con el que Jang había servido en el ejército lo visitó varias veces después de ser dado de alta. Le confió que su noche de bodas también había sido un desastre y que ni siquiera podía tomar de la mano a su esposa.

“Creo que era alguien como yo”, reflexiona Jang.

Park Jeong-Won, profesor de leyes en la Universidad Kookmin en Seúl, Corea del Sur, no tiene conocimiento sobre alguna ley explícita en Corea del Norte contra las relaciones homosexuales.

Pero agrega que las leyes del estado contra las relaciones extramaritales y la violación de las costumbres sociales probablemente serían utilizadas para enjuiciar cualquier acto sexual gay.

Jang

Oh Hwan
El caso de Jang se conoció abiertamente cuando publicó su biografía hace 25 años.

Otro académica en Seúl, Kim Seok-hyang, ha entrevistado docenas de desertores sobre esto, y dice que ninguno había escuchado jamás hablar sobre el concepto de homosexualidad.

“Cuando les preguntaba sobre homosexualidad, les costaba entender. Así que tenía que explicarlo a cada persona”, dice Kim, profesora de estudios norcoreanos en la Universidad de Mujeres Ewha.

Todos los desertores le confesaron que si alguien les descubría explorando relaciones con alguien del mismo sexo, serían condenados al ostracismo, incluso posiblemente ejecutados.

Jang fue dado de alta con un historial médico limpio. Todas las pruebas médicas solicitadas por su hermano mostraron que no tenía nada malo.

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BBC

La decisión de marcharse

Por otro lado, la esposa de Jang seguía siendo infeliz.

“Pensaba: ‘Debería dejar marchar a esta persona. Deberíamos encontrar una forma de ser felices'”, cuenta el desertor.

Jang solicitó el divorcio. Sin embargo, este proceso no es fácil en Corea del Norte. Se requiere el permiso de un tribunal, y estos priorizan la unidad familiar, dice el profesor de leyes Park Jeong-Won.

Solo autorizan una separación si el matrimonio es visto como una amenaza a la ideología del país, explica.

Fue entonces cuando Jang se dio cuenta que solo le quedaba la opción de huir, de abandonar Corea del Norte. Esto anularía automáticamente su matrimonio y permitiría volver a casarse a su mujer.

Pero el catalizador de su decisión fue una visita del mejor amigo de Jang, un hombre llamado Seoncheol.

Habían crecido juntos en el pueblo norteño de Chongjin. Eran muy cercanos, y dormían en la misma cama cuando uno se quedaba en casa del otro durante la infancia.

Pero cuando crecieron, los sentimientos de Jang por Seoncheol se intensificaron.

“Realmente Seoncheol me gustaba mucho. Todavía sueño con él”.

A veces Seoncheol le visitaba para cenar y, una noche, preocupado por lo tarde que se había hecho, Jang persuadió a Seocheol para que se quedara a dormir.

Unas horas más tarde, Jang se encontró saliendo de su propia cama y acercándose a Seoncheol. Estaba devastado cuando su amigo dormido ni siquiera se movió.

“No sé exactamente qué quería de él, tal vez solo que me abrazara fuerte”, dice Jang.

Aquel momento le hizo sentir que su vida en Corea del Norte había llegado a su fin.

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BBC

La fuga

Jang llegó a Corea del Sur en abril de 1997 arrastrándose por la zona desmilitarizada (DMZ) llena de minas que divide las dos naciones, después de que su ruta inicial le dejara varado en China.

Cruzar la DMZ es tan arriesgado e infrecuente que su fuga fue noticia en el sur.

Zona desmilitarizada en Corea del Norte.

Getty Images
Jang escapó a través de las verjas fortificadas de la zona desmilitarizada llena de minas que divide las dos Coreas.

Las dinámicas en Seúl eran muy distintas a las de Corea del Norte, pero incluso aquí el caso de Jang desconcertó a los funcionarios surcoreanos.

Todos los desertores de Corea del Norte se someten a varias semanas de interrogatorios obligados del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) para comprobar que no son espías.

Jang fue interrogado durante más de cinco meses porque se resistía a explicar la verdadera razón por la que desertó.

Cuando finalmente admitió que simplemente no se sentía atraído por su esposa, se le permitió quedarse, pero una vez más fue enviado al médico.

“Los funcionarios del NIS me dijeron que debía haber alguna razón por la que no me gustaban las mujeres”.

En aquel tiempo, incluso en el sur había poca conciencia sobre las distintas orientaciones sexuales. Varios doctores le recomendaron buscar ayuda psicológica, pero ignoró sus consejos.

Descubrimiento y decepción

Entonces, en la primavera de 1998, 13 meses después de llegar a Corea del Sur, Jang abrió una revista para leer una entrevista que dio sobre su deserción.

Al pasar la página, descubrió un artículo sobre hombres homosexuales saliendo del armario, con una escena de una película estadounidense que mostraba dos hombres besándose sobre una cama.

Ahí se convenció de que él también era homosexual.

“Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

Aquella revelación transformó la vida de Jang, quien se volvió un cliente habitual de los bares para gays en Seúl.

Pero años después, este nuevo mundo expuso a Jang a un fraude devastador.

En 2004, el dueño de uno de los bares favoritos de Jang le presentó a un auxiliar de vuelo.

Salieron durante tres meses y Jang se enamoró.

El auxiliar de vuelo le pidió a Jang mudarse juntos, pero le explicó que, como vivía con su padrastro, primero debían comprar una casa más grande.

Jang se mudó de su apartamento alquilado y le dio US$82.000 de sus ahorros y todas sus pertenencias.

Nunca más volvió a verle. Acudió cada día a la estación de policía durante dos semanas hasta que le dijeron que se diera por vencido.

Jang jamás pensó que alguien pudiese engañarle de esta manera.

“En Corea del Norte tenemos una vida muy controlada. Si hubiera dicho que alguien me había estafado, el partido lo habría rastreado y castigado con dureza”.

Jang enfermó y fue hospitalizado durante un mes. Piensa que fue producto del estrés. Esto significó perder su trabajo en una fábrica. Como consecuencia, se quedó sin dinero, sin casa y desempleado.

Poco a poco fue reconstruyendo su vida. Consiguió un trabajo como limpiador, ahorró para rentar una nueva casa y comenzó a escribir en su tiempo libre.

De niño ganó una vez un concurso de escritura, pero entonces se requería que los estudiantes solo escribieran para honrar al régimen norcoreano.

Ahora, finalmente, Jang podía escribir lo que quisiera. Su autobiografía A Mark of Red Honor (“La marca del honor rojo”) fue publicada en 2015.

Encontrar el amor

Tomó un largo tiempo antes de que Jang se arriesgara a tener una cita. El año pasado, con 62 años, Jang conoció a Ming-su, el dueño de un restaurante, en un sitio de citas.

Cuatro meses más tarde, Jang viajó a la nación que conocía como “el país de los lobos”, el término despectivo de Pyongyang hacia Estados Unidos.

Pero cuando Jang vio a Min-su esperándolo en la sala de llegadas, su corazón se hundió. Min-su llevaba pantalones cortos y gorra, y dice Jang que esto le decepcionó.

“Al ver cómo se vestía, asumí que era un hombre maleducado y brusco“, dice Jang.

Jang

Jang Yeong-jin
Compartiendo vinos y picnics, la pareja se ha ido conociendo cada vez más.

El confinamiento por coronavirus les dio espacio para conocerse mejor, bebiendo vinos y organizando picnics.

“Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter. Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”.

Tras dos meses, Min-su decidió proponerle matrimonio.

Ahora Jang está finiquitando sus documentos para probar que su matrimonio en Corea del Norte está terminado y esperan casarse a fines de este año.

“Siempre me sentía miedoso, triste y solitario cuando vivía solo. Soy muy introvertido y sensible, pero él es una persona optimista. Somos buenos el uno para el otro”, dice.

Jang y su prometido.

Jang Yeong-jin
Jang y su prometido tienen varios planes para cuando terminen las restricciones por coronavirus.

Pero a pesar de su felicidad recién descubierta, Jang sigue obsesionado por el impacto que su deserción tuvo en su familia.

Varios de sus parientes fueron desterrados a una aldea remota en el helado norte, un destino brutal para aquellos cuyos familiares se perciben como desleales al régimen. Seis de sus familiares murieron de hambre y enfermedad, incluida su madre y cuatro de sus hermanos.

Jang dice que la única forma en que puede lidiar con esa culpa es escribiendo.

“Siempre que pienso en mi familia es muy doloroso para mí, por eso decidí escribir. Pienso que es la única manera en que puedo compensarle”, reflexiona.

Pero al menos le consuela que su decisión de abandonar Corea del Norte dio nuevas oportunidades a su esposa. Escuchó que había vuelto a casarse.

“Siempre pensé que era muy talentosa, así que me sentí muy feliz por ella”.

Y dice que espera expandir sus horizontes una vez se flexibilicen las restricciones por el coronavirus y quiere visitar Washington, a media hora en auto, con Min-su.

“Escuché que hay muchos bares gay allí. Quiero ir a esos bares con él”.

Mientras tanto, dice que disfruta de la tranquilidad de los suburbios, que describe como si estuviera en un “cuento de hadas”.

Min-su es un nombre falso.


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