Universitarios convocan a paro nacional el 5 de noviembre por normalistas desaparecidos
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Universitarios convocan a paro nacional el 5 de noviembre por normalistas desaparecidos

Toma de espacios de radio y televisión universitarios y movilizaciones en la ciudad de México, entre las propuestas de la Asamblea Interuniversitaria, la cual reúne a estudiantes de 80 escuelas mexicanas.
27 de octubre, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Estudiantes de 80 escuelas de México, que conforman la Asamblea Interuniversitaria, convocan a la Tercera Jornada de Acción Nacional e Internacional y a realizar un paro y movilizaciones nacionales el próximo 5 de noviembre para exigir la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Los alumnos proponen “avanzar sobre un paro y movilización nacional que se pueda extender a otros sectores sociales” y, específicamente:

*Exigir en los espacios de radio y televisión universitarios (UNAM, UAM, IPN) las garantías técnicas y políticas necesarias para la transmisión en vivo de un mensaje estudiantil el miércoles 29 de octubre de 2014 a las 4pm.

Para el caso de la UNAM, convocamos a una marcha del Parque Hundido a las instalaciones de radio UNAM (Adolfo Prieto, 133, colonia Del Valle); hacemos un llamado a conformar contingentes por escuela para llegar de manera organizada. Se conformó una comisión encargada de elaborar documentos con el mensaje que se transmitirá.

*En el marco de la jornada de lucha convocada desde Ayotzinapa, marchar este viernes 31 de octubre, a las 4pm, de la unidad Zacatenco del IPN (avenida Politécnico, esq. Wilfrido Massieu) a la Secretaría de Gobernación.

*Convocar al Encuentro Estudiantil en Defensa de la Educación Pública y Contra la Violencia de Estado.

Además, los estudiantes exigen:

*Presentación con vida de nuestros 43 compañeros normalistas. Castigo y juicio político a los responsables del crimen de estado en Ayotzinapa.

*Desmilitarización del país, desaparición de los cuerpos de granaderos y libertad a todos los presos políticos. Castigo y juicio a los responsables de los crímenes de lesa humanidad ejercidos por las fuerzas armadas (desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales).

*Defensa total de las Normales Rurales, derogación inmediata de la reforma educativa, aumento al porcentaje del PIB dedicado a la educación pública. Solución inmediata al pliego petitorio del IPN.

Además, los estudiantes de la Asamblea Interuniversitaria proponen que los alumnos de todas las escuelas mexicanas discutan en asambleas el contenido de sus propuestas.

Éste es el mensaje íntegro:

Pronunciamiento y plan de acción de la tercera Asamblea Interuniversitaria

24 de octubre, Facultad de Ciencias UNAM

Al pueblo de México

A los estudiantes del país

Estudiantes de más de 80 escuelas de la ciudad de México y otros estados, proponemos a los estudiantes del país discutir en asambleas el contenido y propuestas de este texto, en el marco de la lucha por la presentación con vida de nuestros 43 compañeros normalistas y por el castigo a los culpables de este crimen de estado.

Las últimas semanas han trastocado profundamente la vida nacional. Nosotros los estudiantes queremos señalar que la masacre contra Ayotzinapa es un crimen de estado, una muestra de la profunda putrefacción de las instituciones políticas en el país. La violencia y la miseria generalizadas en el territorio y entre la población, como lo muestra el caso de Tlatlaya, exhibe que este caso no es aislado, y la responsabilidad de esta tragedia nacional está en los tres niveles de gobierno.

Es importante ubicar que el gobierno, ante la presión popular, ha cambiado sus explicaciones mostrando la debilidad e incredibilidad de sus argumentos: En un primer momento intentó enmarcar los hechos relacionándolos únicamente con el narcotráfico, luego saltó a acusar al presidente municipal hasta llegar, ahora, a la renuncia de Ángel Aguirre. Sin duda, la caída del gobernador puede concebirse como una conquista de la movilización y la organización popular, pero no puede dejar de reconocerse que el gobierno federal buscará deshacerse del peso del descontento popular, en donde uno de los motores primordiales es el impulso estudiantil.

Somos millones los que hemos dejado de creer que México es un país democrático con un sistema de justicia eficaz; la violencia y la manipulación son pilares centrales sobre los que el gobierno actual opera. El caso de Ayotzinapa es una muestra brutal de hasta dónde están dispuestos a llegar los poderosos para conservar sus privilegios.

Como explican los compañeros de la normal de Ayotzinapa, el ataque en su contra se inscribe no sólo en un ambiente de violencia generalizada y criminalización de la protesta y la disidencia social, sino también en una estrategia del gobierno contra la educación pública y de manera particular contra el proyecto de las Normales Rurales.

El corto e intenso periodo de aprobación de las reformas estructurales dan cuenta de un panorama de ataque a las clases populares que representa un profundo retroceso histórico, y que sin lugar a dudas ha acumulado descontento ante el autoritarismo creciente y las políticas de miseria que han sumido al país en una terrible crisis social.

Al mismo tiempo, la respuesta de descontento y movilización ante el caso de Ayotzinapa muestran el profundo hartazgo que recorre a nuestra sociedad, de manera particular a la juventud, y se traduce en una crisis de legitimidad para las instituciones de todos los niveles; es una prueba más que evidencia la crisis política del gobierno que, ante la falta de consenso y convencimiento, implementa la fuerza, el autoritarismo y una política de muerte.

Es en este sentido que denunciamos el acoso que el gobierno ejerce sobre luchadores sociales y en especial contra estudiantes de todo el país que han decidido manifestarse y organizarse. Denunciamos con preocupación la reactivación de los grupos porriles en diferentes instituciones de educación media superior y superior, quienes con violencia han intentado impedir la realización de los paros estudiantiles en algunos planteles; rechazamos enérgicamente sus pretensiones de sumarse a la vida política de las escuelas y exigimos su desaparición.

Para la Asamblea Interuniversitaria, la lucha en solidaridad con Ayotzinapa mantiene la urgencia de exigir la presentación con vida y el castigo a los culpables como las demandas primordiales que nos unen a nivel nacional e internacional, acompañando a los familiares y estudiantes de Ayotzinapa y respetando sus decisiones.

Pero este mismo panorama confirma a los estudiantes y al pueblo la necesidad de luchar porque este evento jamás se repita, ubicando la raíz del problema. En este sentido, ambas demandas inmediatas así como las acciones a realizarse deben enmarcarse en un horizonte de lucha contra la violencia de estado, en sus múltiples manifestaciones, y por la defensa de la educación pública.

Es en este sentido que la Asamblea Interuniversitaria se propone impulsar el Encuentro Estudiantil en Defensa de la Educación Pública y contra la violencia de Estado, invitando a las asambleas de las escuelas para nutrir de contenido y proponer dinámicas de discusión para la realización del mismo. Un espacio en donde discutamos las posibilidades y caminos para construir una organización permanente de los estudiantes, así como estrategias de unidad y confluencia con otros sectores en lucha en el terreno educativo y nacional.

El caso de Ayotzinapa es una tragedia nacional, pero sin duda la jornada global de acción del pasado 22 de octubre muestra esperanza, frente al dolor y la indignación. En más de 18 estados se realizaron manifestaciones de apoyo, mientras que el Segundo Paro Nacional Estudiantil logró aglutinar a más de 70 escuelas de nivel medio superior y superior. Esto muestra la rabia, sin embargo es necesario brindar opciones y formas de organización ante ese profundo descontento.

Por todo lo anterior, la Asamblea Interuniversitaria convoca a construir la Tercera Jornada de Acción Nacional e Internacional por Ayotzinapa desde ahora, convocando a un Paro Nacional del Sector Educativo hacia el 5 de noviembre, así como movilizaciones a nivel nacional, en confluencia con los trabajadores del sector educativo del país y el pueblo en general, y bajo los ejes abajo expuestos. Esta ruta de ascenso se propone avanzar sobre un paro y movilización nacional que se pueda extender a otros sectores sociales.

Convocamos al pueblo de México y en especial a los estudiantes a discutir el siguiente calendario de acciones y propuestas del programa de lucha emanadas de la Asamblea Interuniversitaria:

Programa de lucha

Desde la Asamblea Interuniversitaria convocamos a organizar una lucha popular y estudiantil basada en tres ejes que agrupan diversas demandas:

1-Presentación con vida de nuestros 43 compañeros normalistas. Castigo y juicio político a los responsables del crimen de estado en Ayotzinapa.

2-Por el fin de la violencia y el terrorismo de estado: Desmilitarización del país, desaparición de los cuerpos de granaderos y libertad a todos los presos políticos. Castigo y juicio a los responsables de los crímenes de lesa humanidad ejercidos por las fuerzas armadas (desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales).

3-Por la educación pública: Defensa total de las Normales Rurales, derogación inmediata de la reforma educativa, aumento al porcentaje del PIB dedicado a la educación pública. Solución inmediata al pliego petitorio del IPN.

No confiamos en la justicia de sus tribunales, la única manera de conquistar estos tres ejes es mediante la organización y la movilización. Los últimos años han demostrado que están dispuestos a pasar sobre miles de vidas para conservar su régimen de muerte y despojo, pero comprendemos que el momento actual requiere levantar banderas y propuestas de acción que a los de abajo nos permitan organizarnos y unirnos para presionar juntos a los de arriba.

La Asamblea Interuniversitaria acuerda convocar a la Tercera Jornada Nacional e Internacional de acción por Ayotzinapa bajo las siguientes propuestas: 

  1. Exigir en los espacios de radio y televisión universitarios (UNAM, UAM, IPN) las garantías técnicas y políticas necesarias para la transmisión en vivo, de un mensaje estudiantil el miércoles 29 de octubre de 2014 a las 4pm. Para el caso de la UNAM, convocamos a una marcha del Parque Hundido a las instalaciones de radio UNAM (Adolfo Prieto, 133, colonia Del Valle); hacemos un llamado a conformar contingentes por escuela para llegar de manera organizada. Se conformó una comisión encargada de elaborar documentos con el mensaje que se transmitirá.
  1. En el marco de la jornada de lucha convocada desde Ayotzinapa, marchar este viernes 31 de octubre, a las 4pm, de la unidad Zacatenco del IPN (avenida Politécnico, esq. Wilfrido Massieu) a la Secretaría de Gobernación.
  1. Convocar al Encuentro Estudiantil en Defensa de la Educación Pública y Contra la Violencia de Estado.

Llamamos a discutir en todas las Asambleas:

  1. Una propuesta de dinámica interna y funcionamiento (organicidad) de la Asamblea Interuniversitaria.
  1. Propuestas para la dinámica, fechas y sede del Encuentro Estudiantil.
  1. Impulsar un siguiente Paro Nacional del Sector Educativo alrededor del 5 de noviembre.

 

*Nota publicada el 25 de octubre de 2014.

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Colombia: por qué está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro)

A pesar de la violencia, Colombia fue un país reconocido por su estabilidad económica y política. Pero todo esto parece haber cambiado.
6 de mayo, 2021
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Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo.

Colombia ha vivido muchos momentos delicados al largo de su traumática historia, pero ahora parece estar recorriendo un camino desconocido en al menos tres ámbitos distintos: la protesta social, la economía y la representación política.

Hubo momentos en el pasado que rompieron la historia en dos como la ola de violencia que antecedió a la firma de la Constitución de 1991 o las revueltas de 1948 tras el asesinato del candidato Jorge Eliécer Gaitán que dieron origen a las guerrillas.

El desenlace de la crisis actual es desconocido y por eso es difícil entrar en comparaciones sobre su relevancia histórica.

Lo que parece evidente, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que la actual es una situación sin precedentes. Y que mucho se explica porque el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016 abrió una caja de pandora de demandas y problemáticas antes prohibitivas por cuenta de la guerra.

“Yo tengo 74 años y le digo que nunca vi una élite política tan incapaz de llegar a resoluciones“, dice el historiador Carlos Caballero Argáez.

El gobierno de Iván Duque ha lanzado una nueva mesa de negociación para rebajar la tensión y buscar salidas consensuadas. Es lo que hizo en noviembre de 2019, cuando las protestas eran más pacíficas y puntuales y la situación del país menos grave.

Hoy el mandatario tiene desafíos por donde se mire: en su partido, en las calles, dentro de las fuerzas armadas, en materia fiscal y en lo político.

Dentro de exactamente un año Colombia estará celebrando elecciones generales y presidenciales: todo desarrollo en este momento tiene una clave electoral.

Mientras la violencia sigue siendo la principal preocupación de los colombianos, BBC Mundo habló con varios expertos para hacer un ejercicio de distancia que permita entender lo que está ocurriendo.

Un paro sostenido y amplio

Un primer elemento nuevo de esta crisis es la dimensión de la protesta social.

“La cobertura y la sostenibilidad han sido inéditos”, dice Mauricio Archila, experto en movimientos sociales.

Una manifestación en Colombia

Getty Images
Las protestas en Colombia han sido masivas y se han extendido a muchas ciudades y poblados del país.

Las protestas esta vez llegaron a pequeños y medianos municipios. Fueron convocados por jóvenes, pero cuentan con el apoyo de adultos mayores y poblaciones minoritarias. Han paralizado la producción, el abastecimiento y el transporte en rincones inesperados.

Este paro ha llegado a lugares donde antes no se solía protestar y se ha mantenido por varios días sin dar tregua”, añade Archila.

Y concluye: “Soy muy escéptico de las comparaciones, y no quiero entrar a hablar del Bogotazo (1948) ni el paro cívico de 1977, pero es cierto que este paro ha producido una alianza obrero-campesina-indígena que tal vez nunca había estado tan equilibrada”.

En efecto, al Paro Nacional es un movimiento heterogéneo plagado de contradicciones y conflictos internos. Su líder no es claro y en su interior hay representaciones de casi todos los sectores. Su futuro depende de cómo logra sortear esa diversidad.

“Pero lo que sí es evidente es que la fuerza del Paro sorprendió a toda la clase política”, opina Daniel Hawkins, investigador de la Escuela Nacional Sindical.

“En la mitad de la tercera y más fuerte ola de contagio y luego de la orden del tribunal de Cundinamarca que prohibió aglomeraciones, los políticos nunca creyeron que la gente iba para la calle de forma masiva”, apunta Hawkins.

Una protesta en Colombia

Getty Images
Las protestas se han recrudecido tras las confrontaciones con las fuerzas de seguridad pública.

Las protestas ya lograron dos efectos inesperados en un país donde la movilización social, que era esporádica y tachada de “subversiva”, rara vez tuvo consecuencias políticas: las retirada de la reforma tributaria y la caída del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Lo que es difícil de pronosticar es si este movimiento, que en origen se mostró fresco y novedoso, terminará en una situación que sí tiene precedentes en Colombia: la de una violencia desbordada.

Una economía desestabilizada

La economía colombiana ha sido durante décadas la más estable de América Latina: la que menos recesiones tuvo en el siglo XX, la que no presentó hiperinflación y la que no incumplió sus compromisos de deuda en 80 años.

Pero ahora la situación es distinta.

“Pocas veces —por no decir nunca— había visto al país en una situación tan difícil como la que estamos viviendo hoy“, escribió en su columna el prestigioso economista y exministro Mauricio Cárdenas.

Iván Duque

EPA
Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma fiscal.

Y Caballero Argáez añade: “La última vez que se cuestionó la responsabilidad fiscal del país fue durante la crisis de la deuda latinoamericana (principios de los 80), pero ahí Colombia consiguió refinanciar la deuda y un acuerdo de monitoreo con el FMI que nos permitió ser el único país latinoamericano que no entró en recesión ni tuvo que reestructurar deuda”.

Hoy los bonos colombianos son calificados como “basura” en los mercados internacionales, el peso está alcanzando récords de devaluación y por primera vez en años la capacidad de pago y emisión de deuda del país están cuestionados.

“Colombia tienen un problema de recaudo (fiscal) cada vez que hay una crisis, porque su recaudo en tiempos normales siempre ha sido bajo”, dice la politóloga Mónica Pachón.

“Pero eso siempre lo habían podido solucionar con reformas tributarias de crisis con impuestos transitorios que lograban sacarnos del problema”.

“La diferencia ahora es que nunca una reforma nunca había generado semejante nivel de oposición, mucho menos sin entrar al Congreso, y su caída nos puso en un lugar incómodo”, explica la decana de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia

Getty Images
El número de fallecidos y heridos por los enfrentamientos en las protestas ha ido en aumento.

Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma cuanto antes que se pueda aprobar en el Congreso. Los economistas dudan que no se logre una resolución que probablemente recaude menos impuestos, pero al menos saque al país de la crisis.

Sin embargo, el famoso modelo de la estabilidad neoliberal y ortodoxo de Colombia mostró grietas por primera vez en su historia.

Una política radicalizada

Así como estable en lo económico, Colombia ha sido un país sin muchos altibajos en lo político: salvo durante un pequeño periodo en los años 50, la democracia en su sentido más formal —elecciones cada cuatro años y transiciones de poder sin problemas— se ha mantenido intacta.

Aunque la violencia no ha dejado de ser un problema desde los años 50, el bipartidismo entre liberales y conservadores (que llegaron a alternarse en el poder por convenio) permitió que se generara la idea de que las instituciones democráticas no estaban en peligro.

Colombia siempre fue considerada, al menos en el exterior, como una democracia estable.

Pero en esta crisis la clase política se ha visto incapaz de llegar a resoluciones, apuntan los analistas. Duque llamó a los militares a controlar la situación (aunque varios alcaldes se opusieron); algunos incluso barajan escenarios de golpes de Estado y el líder en las encuestas para las elecciones de 2022 es un candidato de izquierda que militó en las guerrillas, Gustavo Petro.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Muchos colombianos denuncian que el Estado ha sido represor.

“La violencia de las protestas, que además es seguida por la gente desde sus redes sin entrar a entender ni profundizar, hace que la política sea más polarizada y más ideológica, con la consecuencia de que llegar a soluciones es muchos más difícil”, explica Pachón.

Uno de los efectos del proceso de paz de 2016 fue el estatuto de oposición, un mecanismo que da garantías a los críticos del Ejecutivo, pero también aumenta su capacidad de entorpecerle sus iniciativas.

“Le sumas a eso que Duque es un presidente débil incluso dentro de su partido y tienes el caldo de cultivo de la desgracia“, dice Pachón.

En Colombia, como en toda América Latina, siempre ha habido una crisis de representación política, pero quizás nunca antes se había hecho tan evidente la desconfianza de la población sobre la clase política.

“Lo que estamos viendo es un descontento generalizado y quizá irremediable, es casi una situación pre revolucionaria”, dice Caballero.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Los escuadrones antidisturbios han sido culpados de varios fallecimientos durante las protestas.

Las consecuencias pueden ser muchas: desde la renuncia del presidente, inédita en Colombia desde los años 50, hasta la elección de un candidato, de izquierda o derecha, que rompa con las hasta ahora estables instituciones democráticas del país.

“Esto se soluciona con un candidato que pueda generar confianza entre las diferentes poblaciones al mismo tiempo que pueda incluir al establishmentpolítico”, dice Pachón.

“Pero me temo que eso, ahora, está más lejos que nunca”.


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