A 5 meses de la muerte del niño José Luis Tlehuatle, así viven en Chalchihuapan
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Foto: Cuartoscuro.

A 5 meses de la muerte del niño José Luis Tlehuatle, así viven en Chalchihuapan

A cinco meses del enfrentamiento entre pobladores de Chalchihuapan y granaderos, en el que resultó muerto el niño José Luis Tlehuatle por negligencia de los cuerpos de seguridad -según la CNDH-, los pobladores denuncian una campaña de hostigamiento policial por parte del gobierno de Rafael Moreno Valle, a quien acusan de ser “el gran perseguidor” de esta comunidad.
Foto: Cuartoscuro.
Por Manu Ureste
26 de noviembre, 2014
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Pobladores de Chalchihuapan, realizaron una caravana desde Puebla hasta el Congreso de la Unión, para exigir el esclarecimiento de la muerte del menor José Luis Alberto Tlehuatlie y exigieron destitución del gobernador de Rafael Moreno Valle y la derogación de la denominada "Ley Bala". //Foto:  Cuartoscuro.

Pobladores de Chalchihuapan, realizaron una caravana desde Puebla hasta el Congreso de la Unión, para exigir el esclarecimiento de la muerte del menor José Luis Alberto Tlehuatlie y exigieron destitución del gobernador de Rafael Moreno Valle y la derogación de la denominada “Ley Bala”. //Foto: Cuartoscuro.

-¡Dónde están, hijos de su puta madre!

Escondidos en el dormitorio, Petra López y su marido Fausto Montes tratan de mover el armario ropero para atrancar la puerta que da acceso al cuarto donde el matrimonio duerme con sus dos bebés.

Son las cuatro de la mañana del 18 de octubre y la densa oscuridad aún lo envuelve todo en San Bernardino Chalchihuapan, la localidad que saltó a los titulares informativos tras la muerte de José Luis Tlehuatle, un joven de 13 años que, según concluyó la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), falleció por negligencia de los cuerpos de seguridad del estado de Puebla durante una manifestación el pasado 9 de julio.

-¡Salgan, hijos de la chingada!

Los gritos afuera de la casa se mezclan con los ladridos de los perros que vagabundean por la zona.

Petra y su marido se miran con la cara desencajada. Hace media hora que se levantaron para comenzar a trabajar en los tendederos de cáñamo que elaboran a diario, y ahora están escondidos tras el amparo de un viejo mueble, mientras unos desconocidos ahí afuera golpean la frágil puerta de su casa con un marro de acero.

Al escuchar los golpes secos, violentos, la joven indígena llora con su niña cargada en brazos. Corre por la habitación buscando el teléfono celular para pedir auxilio a su suegra, pero los nervios le impiden recordar el número.

La puerta cede rápido. Y un grupo de seis hombres vestidos de negro –uno de ellos lleva una capucha que le cubre el rostro- entra al inmueble.

-Son rateros –susurra Fausto a su esposa con la espalda pegada al ropero-. Son rateros-.

Los asaltantes corren por la casa. Registran la sala, la cocina y el patio, pero no encuentran a nadie.

-Nosotros lo oíamos todo, escondidos. Escuchamos como corrían de un lado para otro -narra la joven-. Y cuando vieron que el único cuarto que les quedaba por registrar era el dormitorio, pues empezaron a golpear la puerta hasta hacerla pedazos.

Tumbada la puerta, sólo queda el obstáculo del ropero. El tipo que sostiene el marro con ambas manos no lo duda: a pesar de los ruegos de la pareja, hunde el acero varias veces en el mueble y las astillas llueven por toda la habitación.

Las seis personas vestidas de negro se esparcen por el dormitorio.

Uno de ellos se acerca a Petra y sin mediar palabra le pone la boca de la pistola en la cabeza.

Los niños lloran.

Gritan.

-Díganme qué quieren –alza la voz Fausto en mitad de la confusión, tratando de evitar con la palma de la mano la chirriante luz de la linterna que lo lastima-. ¿Qué es lo que están buscando?

Pero ninguna de las figuras envueltas entre sombras le contesta. Sólo lo agarran del cuello, lo tiran al suelo, y lo arrastran de los talones hasta una camioneta blanca y sin placas donde lo suben y se lo llevan, no sin antes amenazar a Petra por última vez.

-Y mucho cuidado con decir algo de esto, pinche india –le advierte el tipo de la pistola, mientras se la retira de la cabeza lentamente para perderse de nuevo entre la oscuridad de la noche-.

Mónica Varela denuncia que su esposo Vicente Juárez (57 años) también fue sustraído de su casa de manera violenta y sin que nadie le presentara una orden de aprehensión. Además de Petra y Mónica, Margarita Pérez también dio testimonio a este medio de la sustracción violenta de su esposo, Florentino Tamayo.

 

“Chalchihuapan se siente perseguido por las autoridades; vivimos una agonía”

Son casi las seis de la tarde del viernes 21 de noviembre y ya ha pasado más de un mes desde aquella noche.

-Nadie nos dijo adónde se llevaban a mi marido, ni nos presentaron ninguna orden de aprehensión. Por eso pensábamos que se lo llevaban secuestrado. No imaginamos que eran policías –asegura Petra, que expica que a las diez de la mañana, seis horas después de que se llevaran a su esposo, le confirmaron que lo sucedido en su casa no era un secuestro, sino un operativo de la policía ministerial en el que también detuvieron de manera violenta y allanando sus domicilios a Vicente Juárez, Florentino Tamayo, Raúl Contreras y Álvaro García. A todos ellos, la Fiscalía Especial del caso Chalchihuapan los responsabiliza de delitos cometidos el 9 de julio, cuando en un desalojo violento en el kilómetro 14 de la autopista Puebla-Atlixco murió el niño José Luis Tlehuatle.

A estas detenciones también se suma la de seis policías estatales, y la del propio presidente auxiliar de Chalchihuapan, Javier Montes Bautista, quien fue aprehendido el pasado viernes 21 de noviembre.

-La noche del 18 de octubre los policías llegaron con un salvajismo tremendo al pueblo. Rompieron puertas, ventanas, hicieron todo el desastre que pudieron, y agredieron a mujeres, personas mayores, y hasta a un niño al que golpearon porque trataba de defender a su padre –denuncia la madre del presidente auxiliar, Araceli Bautista, quien esa noche también fue encañonada por elementos de la policía ministerial-.

Foto: Manu Ureste

Un cuadro con la fotografía del pequeño José Luis Tlehuatle preside el salón de la presidencia auxiliar de Chalchihuapan. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

 

Un moño negro aún luce en el balcón de la alcaldía auxiliar de Chalchihuapan en señal de luto. //Foto: Manu Ureste

Un moño negro aún luce en el balcón de la alcaldía auxiliar de Chalchihuapan en señal de luto. //Foto: Manu Ureste

Ahora, Araceli está sentada en una silla en la segunda planta del modesto edificio de fachada amarilla de la presidencia auxiliar de Chalchihuapan. Desde las ventanas de la sala, que está presidida por una fotografía del pequeño José Luis, hay vistas hacia la plaza y el quiosco que están junto a la iglesia del Santo Patrono San Bernardino. Mientras que de las ventanas del otro extremo del cuarto, junto a un pequeño altar con imágenes religiosas, se puede apreciar por entre los barrotes de la ventana cómo los últimos rayos del sol todavía alcanzan a dibujar la silueta del Popocatepetl en el horizonte.

-Desde aquel 9 de julio en el que muere el pequeño José Luis el pueblo se siente perseguido. Estamos viviendo una agonía, porque no nos dejan en paz –dice Araceli con el gesto severo y cansado, luego de que una llamada telefónica la despertara horas antes, en la madrugada del viernes 21 de noviembre, para avisarla de que su hijo también había sido detenido-.

-Todos esos operativos nocturnos son parte de una política de hostigamiento por parte del Gobernador hacia Chalchihuapan. Él quiere que tengamos miedo, para así dejarlo hacer lo que quiera con el pueblo. Se ha convertido en el gran perseguidor de Chalchihuapan, pero nosotros le decimos que todo ese miedo que teníamos se ha convertido en indignación y coraje –advierte Bautista-.

En este mismo sentido se pronuncia Elia Tamayo, la madre de José Luis Tlehuatle, que en entrevista con Animal Político denuncia que es acosada por parte de las autoridades, que incluso el pasado 14 de mayo la expulsó de un congreso por los derechos de la infancia que se celebraba en la capital poblana, para que no expusiera el caso de su hijo asesinado.

-¿Pero, qué le hemos hecho nosotros al señor Gobernador? –pregunta la señora con el retrato “del estudiante” entre sus sus brazos-. Si él piensa que con todo esos operativos nos vamos a quedar agachados, le decimos que no, que ya basta de tanta represión –apunta-.

A continuación, doña Elia hace una pausa para recobrar el aliento.

Se limpia las lágrimas con el dorso de la mano y menea la cabeza para decir que no entiende nada.

No entiende cómo la policía llega al pueblo de noche para detener a seis pobladores a los que mete a la cárcel acusándolos de delitos graves como tentativa de homicidio contra más de 40 uniformados, intento de secuestro, motín, y ataques a la vía pública, mientras el responsable del operativo policiaco en el que murió su hijo, Fausto Rosas, recibe sólo una amonestación y una multa, de la que además no se sabe ni el monto, ni si ésta fue pagada por el funcionario o por la dependencia.

-Yo sólo le pido al señor Gobernador que si no va a hacer justicia por el asesinato de mi hijo, al menos que nos deje vivir tranquilos –clama Elia, que mira al techo y se seca de nuevo las lágrimas.

 

“Desde el operativo policiaco, la gente en Chalchihuapan se está autoprotegiendo”

Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

Pobladores de Chalchihuapan formaron grupos de ‘vigilancia ciudadana’ para controlar los accesos a la comunidad. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

 

Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

En las carreteras de entrada y salida de Chalchihuapan se colocaron barricadas formadas con piedras y neumáticos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

Chalchihuapan vive una monotonía tensa.

Los niños siguen jugando en las calles y la gente sale hacer sus actividades como a diario. Pero en los balcones se colocan mantas con la imagen del niño José Luis ensangrentado, y en las paredes –pintadas al estilo de los anuncios de rodeos y conciertos- se llama “asesino” a Rafael Moreno Valle.

Entrar al pueblo tampoco es tarea sencilla.

Tanto en los accesos como en las salidas hay improvisados retenes hechos con pedazos de bloques, piedras, así como neumáticos que los denominados grupos de ‘vigilancia ciudadana’ –no confundir con autodefensas, pues no portan armas- queman en caso de que camionetas o coches extraños ronden por la zona.

Además, otras formas de comunicación como los chiflidos son muy frecuentes. Desde cualquier lugar –un balcón, una puerta entreabierta, una tienda- intensos sonidos alertan al resto de vecinos de la presencia de alguien extraño en la comunidad, o de la entrada de alguna patrulla.

-Desde aquel operativo del 18 de octubre, la gente en Chalchihuapan se está autoprotegiendo -asegura Carmen Xelhua, integrante de la comunidad, que apunta con el dedo un montón de piedras que forman una barricada en la curva de un calle por la que se entra y sale del pueblo-. A cada hora se avientan cohetones para que estemos atentos. Y además se colocaron alarmas por toda la comunidad para que, si vuelve a pasar lo mismo que aquella noche, podamos a salir a defendernos.

Todo, apunta Xelhua, para que las autoridades no los vuelvan a agarrar desprevenidos en caso de que realicen más operativos.

-El 9 de julio ya nos agarraron una vez distraídos. Luego hubo otra vez, el 18 de octubre, en la que estábamos todos dormidos. Pero ya no va a haber una tercera vez –concluye la joven habitante de la comunidad, que además advierte-. Y si el gobierno de Puebla quiere conocer quién es Chalchihuapan, lo va a conocer.

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¿Qué son las neurofinanzas y por qué algunas personas hacen dinero más fácilmente que otras?

Se trata de "un área relativamente nueva" que está demostrando cuán importante es comprender lo que sucede en nuestro cerebro en "entornos de riesgo e incertidumbre". Investigamos y conversamos con expertos sobre las decisiones financieras.
23 de noviembre, 2020
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Perder duele y, a veces, mucho.

Ganar 100 dólares puede hacer que muchas personas se sientan felices, pero perder 100 puede provocar una emoción incluso más intensa que esa alegría.

Ese ejemplo se lo da a BBC Mundo Arman Eshraghi, catedrático de Finanzas e Inversiones de la Universidad de Cardiff, para explicar que imágenes por resonancia magnética del cerebro han mostrado que “las pérdidas desencadenan una mayor actividad en las áreas del cerebro asociadas con emociones negativas que las que generan las ganancias (equivalentes) en los centros de placer”.

Aunque en el pasado, el campo médico fue el que principalmente se enfocó en el estudio del cerebro, en las últimas décadas, otros ámbitos, como el financiero, también han buscado entenderlo.

Se ha fundido la economía con la neurociencia para darle una explicación a nuestros comportamientos, ya sea como inversionistas o como consumidores, tomando en cuenta no sólo el cerebro sino el sistema nervioso e incluso las hormonas.

Ha surgido lo que se conoce como las neurofinanzas, “un área relativamente nueva que se esfuerza por comprender la toma de decisiones financieras agregando conocimientos de la psicología y la neurociencia a las teorías tradicionales de las finanzas”, señala Kerstin Preuschoff, profesora asociada de Neurofinanzas y Neuroeconomía de la Universidad de Ginebra.

Esa comprensión neuronal cobra especial importancia en “entornos de riesgo e incertidumbre, en los que generalmente primero reaccionamos y después analizamos”, le dice a BBC Mundo Joselyn Quintero, asesora financiera especializada en Psicología Financiera y Neurofinanzas.

Entonces ¿qué pistas nos da ese campo sobre la forma en que tomamos decisiones de dinero?

La carga emocional

Por más que lo intentemos, nuestra naturaleza nos impide alejarnos del hecho de que cada elección que hacemos tiene un elemento emocional.

Silueta

Getty Images
Nuestras decisiones en los diferentes ámbitos de la vida tienen un elemento emocional y en finanzas es importante darse cuenta de ello.

“Es así para todo tipo de decisiones y se aplica particularmente a las financieras. Con las decisiones de inversión específicamente, existe la promesa oculta de riqueza que tiene un fuerte elemento emocional”, indica el profesor Eshraghi.

“Incluso los gerentes financieros más experimentados pueden tomar decisiones que no se basan únicamente en el pensamiento racional”.

Pese a que durante más de 30 años, los expertos en finanzas conductuales han empleado con éxito los conocimientos de psicología, sociología e incluso de física para intentar dilucidar la forma en que decidimos, “los avances en la tecnología han permitido a los neurocientíficos mapear los procesos químicos y eléctricos que ocurren en nuestro cerebro cuando tomamos decisiones”.

Volviendo al ejemplo de los US$100, los especialistas ya habían identificado ese patrón llamado aversión a las pérdidas, pero “las neurofinanzas nos han permitido ver qué sucede realmente en el cerebro”.

¿Cómo podemos tomar mejores decisiones financieras?

Eshraghi cree que “las mejores decisiones financieras se toman a menudo utilizando un ‘pensamiento’ lento, cuidadoso y analítico en lugar de un ‘sentimiento’ rápido e inductivo”.

Un analista financiero

Getty Images
“Cuando los mercados financieros son volátiles, normalmente es mejor ‘mantenerse fuera’ y dejar de mirar las pantallas”, indica el profesor Arman Eshraghi.

Evidentemente las emociones no se pueden eliminar de la ecuación, pero parte de la clave está en ser conscientes de ellas.

Por ejemplo, “cuando los mercados financieros son volátiles, normalmente es mejor ‘mantenerse fuera‘ y dejar de mirar las pantallas”.

La razón es que el “cableado” de nuestros cerebros reacciona a contextos inestables de una forma más emocional que analítica.

Hay un fenómeno que se da entre algunos inversionistas y es el que los psicólogos llaman “anclaje”: la tendencia a apegarnos a números aleatorios.

“Incluso la información aparentemente más inocua puede llegar a nuestro subconsciente. Por ejemplo, los inversores pueden anclarse a los niveles de precios existentes de una acción y cuando llegan noticias nuevas al mercado, algunos tardan en reaccionar y actualizar lo que piensan”.

Otras personas se encariñan con marcas y compañías que les son familiares y, a la hora de invertir o comprar, “eso puede llevar a una falta de diversificación y eventualmente no es una estrategia financiera sólida”.

Somos más que la lógica

Daniel Kahneman es el autor del libro Thinking, Fast and Slow (“Piensa, rápido y lento”) y plantea que nuestra mente tiene dos sistemas de pensamiento que influyen en la forma en que tomamos decisiones.

Daniel Kahneman

Getty Images
Daniel Kahneman ganó el Premio Nobel de Economía en 2002 “por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que se refiere al juicio humano y la toma de decisiones en entornos de incertidumbre”.

Mientras el Sistema I se encarga de lo intuitivo, instintivo e inconsciente, el Sistema II aborda lo analítico, lo consciente, lo lógico.

Aunque es un influyente psicólogo, Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía en 2002 por su trabajo pionero, junto Amos Tversky, sobre el elemento irracional en la toma de decisiones.

De hecho, ambos fueron los primeros en identificar la aversión a las pérdidas.

Kahneman desafió la corriente del pensamiento económico tradicional que apuntaba a que somos racionales, lógicos y egoístas cuando nos toca escoger y, con ello, sentó las bases de la economía del comportamiento.

Consejos de un Nobel

“Por qué tomamos malas decisiones sobre el dinero (y qué podemos hacer al respecto)” (Why We Make Bad Decisions About Money (And What We Can Do About It) es el título de un video del sitio Big Think, en el que Kahneman arroja algunas luces:

Una mata siendo regada

Getty Images
En muchos casos, hacer dinero es una experiencia que toma tiempo e implica un proceso de aprendizaje no sólo personal sino del entorno.

“Para ciertos tipos de decisiones, necesitas habilidad para el cálculo numérico. La gente que la posee tiene una ventaja significativa sobre la que no”.

“Entender el interés compuesto hace una diferencia inmensa, ya sea que pidas prestado con una tarjeta de crédito o que tengas ahorros”.

Y es que, de acuerdo con el experto, “la gente tiene una idea muy confusa del interés compuesto y eso es muy perjudicial”.

También habla de la importancia de adoptar una perspectiva amplia frente a lo que pasa y evitar reacciones emocionales demasiado fuertes frente a los eventos.

“Piensa que ganas un poco y pierdes un poco y que tu respuesta emocional a las ganancias pequeñas y a las pérdidas pequeñas sea muy limitada. Eso tiende a inducir una mejor toma de decisiones”.

Busca orientación

El artículo Daniel Kahneman: Four Keys to Better Decision Making (“Cuatro claves para una mejor toma de decisiones”), publicado en el sitio del CFA Institute, plantea que “tendemos a sobreestimar nuestras posibilidades de éxito, especialmente en la fase de planificación”.

Una mujer frente a una pantalla

Getty Images
Tomar decisiones financieras no siempre es sencillo, por eso es recomendable pedir asesoría.

Cuando algo no sale bien, buscamos una explicación, “tienes la sensación de que has aprendido algo y de que no volverás a cometer ese error”, dice Kahneman, pero quizás una relación causa-efecto no es la mejor conclusión de lo ocurrido.

“Lo que deberías aprender es que fuiste sorprendido otra vez. Debes aprender que el mundo es más incierto de lo que crees“.

Otro aspecto que el Nobel recomienda evitar es el arrepentimiento, pues es “el mayor enemigo de la toma de decisiones en las finanzas personales”.

Además invita a cultivar la curiosidad y a buscar una guía. El mejor asesor es “una persona a la que le gustes y a quien no le importen tus sentimientos“.

Si la encuentras es muy probable que te dé buenos consejos.

Y cuando estés por tomar una decisión importante: ve despacio.

La importancia del margen de error

Ser flexibles y adaptarse a nuevas circunstancias también es clave cuando se toman decisiones relacionadas con el dinero.

Mark Zuckerberg

Drew Angerer/Getty Images
Hay muchos ejemplos de cómo el éxito financiero puede ir de la mano con lo que nos apasiona.

Morgan Housel es autor de The Phychology of Money (“La psicología del dinero”) y plantea cuán importante es abrirse a los errores.

“Demasiada devoción a un objetivo, un camino, un resultado, es invocar al arrepentimiento cuando eres tan susceptible al cambio”, escribió en un blog que lleva el mismo título de su libro.

“Las personas subestiman la necesidad del margen de error en casi todo lo que hacen que involucre dinero”.

De acuerdo con el experto, se debe a “la idea de que su visión del futuro es correcta, impulsada por el sentimiento incómodo que viene de admitir lo contrario”.

Pero eso les causa un “daño económico” porque les impide tomar las mejores acciones.

Housel también plantea que el margen de error se malinterpreta, “a menudo se ve como una protección conservadora, utilizada por aquellos que no quieren correr mucho riesgo o no confían en sus puntos de vista”.

“Pero cuando se usa apropiadamente es lo contrario. El margen de error te permite aguantar y esa resistencia te hace quedarte el tiempo suficiente para que el chance de beneficiarte de un resultado de baja probabilidad caiga a tu favor”.

Y es que, en muchos casos, obtener ganancias también es cuestión de tiempo.

“He descubierto que, al tomar decisiones de dinero, ayuda recordar constantemente que el propósito de invertir es maximizar los retornos, no minimizar el aburrimiento. Lo aburrido está perfectamente bien. Lo aburrido es bueno. Si deseas enmarcar esto como una estrategia, recuerda: la oportunidad vive donde otros no están y los otros tienden a mantenerse alejados de lo aburrido”.

Lo que hacen los millonarios

William Leith es periodista y autor de The Trick: Why Some People Can Make Money and Other People Can’t (“El truco: Por qué algunas personas pueden hacer dinero y otras no”).

Un cerdito pasa por un anillo de fuego

Getty Images
Cómo percibimos el riesgo y la incertidumbre determina en parte qué decidimos hacer con nuestro dinero.

Su investigación lo llevó a adentrarse en el mundo de algunos millonarios.

“La gente que entrevisté, quienes se hicieron ricos de alguna manera, habían desarrollado una comprensión de lo que era el riesgo y de cómo a menudo es contrario a la intuición”.

“Eso es esencial”, le dice a BBC Mundo. Pero hay algo más: pasaron por varios fracasos, aprendieron de ellos, cambiaron y siguieron.

“Y cada vez se van acercando un poco más a cómo las cosas funcionan” hasta que se convierten en “los pocos que tienen éxito”.

“La razón es que casi todo el mundo se daría por vencido mucho antes porque fallan y fallan y fallan. La mayoría de la gente no puede soportarlo”.

“Se trata de hacer cosas que la mayoría no haría (…) o que todos piensan que no funcionarán o que son riesgosas”.

Es ver el riesgo desde una perspectiva “real” y no desde lo que “tu corazón te diga, sino lo que te diga tu cabeza“.

Leith destaca un elemento que Kahneman nos había anticipado: la curiosidad.

“Si quieres empezar un negocio, tienes que ver qué está sucediendo y qué está cambiando. Tienes que averiguarlo por ti mismo“, porque los libros te mostrarán “el mundo que existía ayer, así que tienes que salir y empezar”.

“Piensa por ti mismo: ¿Cómo puedo mejorar esto? Así es como la gente tiene éxito”, cómo sobresale entre la multitud.

Cómo reaccionar

Quintero, la asesora financiera, resalta las experiencias exitosas que se han dado en plena pandemia.

Una mujer con una anuncio de cerrado

Getty Images
Aunque muchos negocios se han visto dramáticamente afectados por la pandemia de coronavirus, otros han encontrado oportunidades y las han aprovechado.

Emprendedores que han aprovechado oportunidades en medio de circunstancias muy difíciles porque, como indica Leith, se detuvieron a observar lo que está pasando.

“Cuando le preguntas a un financiero: ‘En medio de todo esto ¿qué harías?’ Te va a hablar de recortar gastos. Su tendencia es minimizar riesgos en la medida de lo posible”, señala.

“Lo que nos hemos convertido es en personas que no sólo somos adversas al riesgo sino que somos obsesivas con la certidumbre. Es decir, no nos movemos si no tenemos algo que nos garantice que las cosas van a resultar”.

“Eso hace que cuando se te presenta una situación que no tienes cómo controlar, la tendencia es a replegarse, cerrarse”.

Y, muchas veces, eso impide ver las oportunidades que hay.

La experta explica que el pensamiento industrial busca la certidumbre, se basa en la seguridad y reacciona ante el corto plazo.

“Si quiero tener más ingresos, entonces debería trabajar más horas. Llevamos en paralelo los costos con los beneficios. Para ganar más tengo que trabajar más”.

Pero la era digital está imponiendo otro paradigma en el que hay una mayor comprensión del largo plazo y de la sostenibilidad.

El nuevo paradigma

En ese nuevo paradigma, dice Quintero, entra en juego un elemento: la autoestima.

Dos jóvenes frente a un laptop

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La era digital ha traído nuevos esquemas para abordar el tema laboral y cómo se hace dinero.

“Saber que aunque vas a hacer algo que no va a ser necesariamente del agrado de mucha gente, la certeza eres tú, la única garantía que tienes, en vez de buscar la certidumbre (afuera), eres tú”.

A medida que se va teniendo claridad mental en una idea o un proyecto, los resultados se irán dando y empezará un proceso de validación.

“Cuando hablas con una persona que tiene 25, 27 años, su probabilidad de generar dinero está más clara que una persona de mi generación, que haya nacido hace 40, 50 años, es decir, la posibilidad de ganar más dedicando menos tiempo es ya una narrativa generacional y, por ende, naturalmente te vas enfocando y te vas moviendo en torno a eso”.

“Cuando la generación de los baby boomers se expone a este tipo de pensamiento tiene la idea de que esta gente no quiere trabajar o que quiere ganárselo todo sin hacer nada, cuando en realidad el tema no es tanto qué hacen, sino desde dónde lo hacen”.

La experta reflexiona sobre cómo muchos baby boomers sentían que tenían que trabajar en algo que no querían para ganar dinero, lo cual contrasta con el esquema de pensamiento de los millenials y los centennials:

Hago lo que me gusta porque gano dinero haciéndolo. A partir de allí monto un modelo de negocio que sirva a la sociedad, pero que fundamentalmente parte de mí”.

Un enfoque complementario

El sistema financiero tradicional se ha basado en un esquema normativo: en cómo deberían ser las cosas y no en cómo son, señala Quintero.

Una muñeca vestida de graduada y una calculadora

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Algunas personas se paralizan frente a decisiones financieras porque piensan que como “no estudiaron en la universidad, eso las hace sentir menos inteligentes”, cuando la inteligencia “en realidad es la capacidad de aprender de lo que sucede, ajustarte y mejorar”, reflexiona Joselyn Quintero.

Las neurofinanzas presentan un enfoque complementario:

“En vez de decirle a una persona qué debe hacer, empiezo a entender qué está haciendo” y, de esa manera, se crea un plan de acción que “se parezca más a ese individuo -que incluya sus aspiraciones, deseos- y no que lo encuadre en una fórmula preestablecida”.

Y en ese contexto, hay varios factores que explican por qué hay personas a las que les cuesta más tomar buenas decisiones financieras.

Algunos se “paralizan” porque están superpreparados y otros porque piensan, por ejemplo, que como “no estudiaron en la universidad, eso los hace sentir menos inteligentes”, cuando la inteligencia “en realidad es la capacidad de aprender de lo que sucede, ajustarte y mejorar”.

La “parálisis por análisis”, explica, la suelen experimentar personas muy analíticas: “Me falta el último informe, la gráfica más reciente, la última actualización. Es como si quedaran secuestradas en su mente analítica”.

Y muchas veces cuando sucede eso, la persona se desconecta de lo que es lo más importante para ella y plantea sus metas “en función de las de otros“.

Incluso obteniendo algún tipo de ganancia, puede llegar a no tener mucho sentido porque está anclada en algo externo, no en lo propio, explica.

Mientras en las finanzas tradicionales se busca la maximización de los retornos: “Debo ganar lo más que pueda”, en neurofinanzas se habla de retornos satisfactorios.

En el medio

Quintero, como muchos expertos, consideran que hay que evitar los extremos: ganamos o perdemos y abordarlo como un proceso en el que vamos mejorando nuestras capacidades.

Dos personas pensando

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Hay muchos factores que influyen en la forma cómo tomamos las decisiones que tienen que ver con el dinero. No sólo lo personal, sino lo cultural juega un rol.

“Por ejemplo, si me planteo que mis rendimientos este año deberían ser 7% mensual. En un mes puedo llegar a alcanzar 10%, pero en otro 5%. Si eso lo considero una oportunidad de aprendizaje, en vez de un fracaso, la próxima vez que invierta, ahorre o compre, voy con un aprendizaje y no con un fracaso encima”.

Una pregunta, de acuerdo con la experta, es válida: ¿Cómo me siento?

“La experiencia, desde un punto de vista de la neurociencia, es una codificación en el sistema nervioso central que nos permite aprender de nuestras propias reacciones”.

“Si me doy cuenta de que tengo una tendencia a ser más impulsiva ante ciertos escenarios, empiezo a observar ese comportamiento y a identificar cuáles son las variables que lo disparan y así creo una estrategia”.

Unos más que otros

Para la especialista, uno de los aspectos clave para comprender por qué a algunas personas les es más fácil hacer dinero que a otras, es la forma cómo se asume y se maneja la incertidumbre.

Elon Musk

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La fortuna de Elon Musk creció 242% en el último año, según Forbes.

“El riesgo es un elemento clave dentro del mundo financiero, pertenece a un área analítica. El riesgo nos permite hacer unos cálculos para maximizar los resultados. La incertidumbre está más conectada con la parte emocional”.

Y en la forma en la que reaccionamos ante ella entran en juego elementos personales, familiares y culturales.

“Hay gente a la que la palabra oportunidad le genera un sentimiento de culpa y aunque existan oportunidades éticas y legales, no se van a mover porque hay elemento cultural que las frena”.

Dos personas en un mismo entorno pueden responder de manera distinta a un mismo hecho:

“Una tiene una narrativa de empoderamiento en la que el riesgo y la incertidumbre son asociados con aventura y se disponen física y biológicamente para adentrarse en ella”.

“Y tienes otra que los vincula con el peligro, como una amenaza, de la que hay que protegerse. Tanto su cuerpo como su bioquímica se preparan para evitarlo y para huir”.

Como toda en la vida, se trata de un equilibrio y aunque no existe una fórmula exacta de cómo hacer dinero -pues cada historia de éxito tiene sus particularidades- un balance entre muchos factores internos y externos es fundamental.


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