El chileno que atraviesa el desierto de Atacama en muletas
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El chileno que atraviesa el desierto de Atacama en muletas

Camacho, un analista de sistemas informáticos que trabajaba en una empresa de la minería en esta región del norte de Chile, sufrió un accidente laboral en 2007.
Por BBCMundo
18 de noviembre, 2014
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Change.org

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Ignacio Jaime Camacho, un chileno de 51 años, se ha enfrentado al potente sol del desierto de Atacama, a los perros salvajes y a los zorros. Pero cuenta que lo más difícil de su vida ha sido golpearse con las puertas que se le cerraron por ser discapacitado.

Es por eso que está dispuesto a recorrer medio país con la ayuda de dos muletas y con una mochila de 80 kilos a cuestas.

Camina los 1.300 kilómetros que separan su ciudad, Antofagasta, en el norte del país, con la capital, Santiago de Chile, para generar conciencia e igualdad de oportunidades para las personas con discapacidades.

“La primera parte del desierto fue menos complicado, pero ahora estoy atravesando una zona de piedras que me dañan la pierna”, le cuenta a BBC Mundo.

De hecho, en su trayecto sufrió un desgarro en la pierna que le ha obligado a bajar el ritmo de marcha, unos 10 km al día.

Accidente laboral

Camacho, un analista de sistemas informáticos que trabajaba en una empresa de la minería en esta región del norte de Chile, sufrió un accidente laboral en 2007.

Le atropellaron cuando salía del trabajo y se fracturó ambas piernas y la mano derecha, lo que le ocasionó además daños en el pulmón.

Tiene también una discapacidad visual y hernias musculares en las piernas que lo obligan a medicarse con morfina.

Dice que por eso casi no hay empleadores que quieran contar con él.

Salió de Antofagasta el pasado 17 de septiembre y ya atravesó el desierto de Atacama, uno de las zonas con las condiciones climáticas más hostiles del país. En total más de 400 km.

Apoyo popular

Su caso ha conmovido a los vecinos de la zona e incluso más personas se han comunicado con él para trasladarle sus deseos de unirse a su recorrido hasta la capital del país.

“Llevo casi 2.000 fotografías con la gente que viene a apoyarme, que me trae agua, jugos”, le dice Camacho a BBC Mundo en una entrevista telefónica.

Del otro lado se escucha la bocina de un camión que pasa por ahí. “Eso lo hacen para apoyarme”, apunta.

“Hay un grupo de camioneros que hicieron una red de protección para alertar si me pasa algo. Un matrimonio me trajo una radio y una linterna para caminar por la noche”.

Camacho subió una carta dirigida a la presidenta, Michelle Bachelet, al portalChange.org, donde más de 12.000 personas han firmado en apoyo ( haga clic aquí para ver el documento).

Allí va narrando también su viaje y sube las fotografías que se toma con quienes le alientan en el camino.

Atención médica y oportunidad laboral

Todo comenzó como un reto ante su mutual de seguridad, una institución social sin ánimo de lucro muy común en Chile que ofrece protección y atención a los trabajadores.

Camacho la acusa de no solucionar un error informático que le dejó sin financiación para costear su tratamiento de morfina, aunque la aseguradora sostiene que le ofreció otras alternativas para ayudarlo.

Dice que las aseguradoras lo han llamado para reevaluar su enfermedad y darle asistencia, pero explica que tras el apoyo logrado en los dos meses de caminata su objetivo es ahora uno mucho mayor.

“No busco un beneficio para mí, sino para todos los chilenos. Para que otros compañeros no sufran discriminación y tengan oportunidades laborales”, asegura.

“Cada persona discapacitada en nuestro país es discriminada psicológicamente, socialmente y laboralmente. Ninguna empresa nos da la oportunidad de insertarnos en el campo laboral y así poder tener una mejor condición de vida en esta sociedad en el día de hoy”, sostiene.

Este caminante extremo pasó un año planeando su viaje.

A su espalda lleva prendas de ropa térmica, un botiquín de primeros auxilios, mochilas con suero salino y agua, un panel solar y raciones de comida como las usadas por los militares, todo comprado en tiendas de internet.

Cuando cruzaba el desierto dormía en su tienda de campaña, ahora pasa las noches en las estaciones de servicio.

Está previsto que en Enero de 2015 llegue a Santiago, donde confía que las autoridades del país o del extranjero puedan escuchar su caso.

“Que nos escuchen y atiendan nuestro pedido de justicia, para tener la atención médica necesaria que nos permita tener una vida digna, con los mismos derechos de cualquier ciudadano chileno”.

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La pesadilla de la montaña de basura tan alta como un edificio de 18 pisos en India

El primer ministro Narendra Modi anunció a principios de mes un plan para cerrar los enormes vertederos a cielo abierto en los que se acumula basura desde hace años.
19 de octubre, 2021
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Las “montañas de basura” de India pronto serán reemplazadas por plantas de tratamiento de desechos, prometió el primer ministro Narendra Modi a principios de este mes. Saumya Roy* escribe para la BBC sobre la más antigua de todas, tan alta como un edificio de 18 plantas, ubicada en la ciudad costera occidental de Bombay.

Todas las mañanas Farha Shaikh se para en la cima de una montaña de desechos de más de un siglo de antigüedad en Bombay, esperando que los camiones de basura suban.

Esta joven de 19 años ha estado hurgando en este vertedero del suburbio de Deonar desde que tiene memoria.

Normalmente recupera de entre los desechos viscosos botellas de plástico, vidrio y alambre que luego vende en los prósperos mercados de residuos de la ciudad.

Pero, sobre todo, busca teléfonos móviles rotos.

Cada pocas semanas Farha encuentra un celular “muerto” en la basura y con sus escasos ahorros lo repara.

Una vez que cobra vida, pasa las tardes viendo películas, jugando a los videojuegos, enviando mensajes de texto y llamando a sus amigos.

Cuando días o semanas después el aparato vuelve a dejar de funcionar, la conexión de Farha con el mundo exterior se desvanece.

Entonces regresa a las largas jornadas de rebuscar entre la basura, para conseguir botellas que vender y celulares que restaurar.

Deonar

Saumya Roy

Más de 16 millones de toneladas de desechos forman la montaña de basura de Deonar, ocho de ellas repartidas en una extensión de 121 hectáreas.

Los desechos se apilan hasta alcanzar una altura de 36,5 metros.

Se puede ver el mar desde la cima y sobre los sólidos montones de basura se han construido villas miseria.

Gases nocivos y contaminantes

Los desechos en descomposición liberan gases nocivos como metano, sulfuro de hidrógeno y monóxido de carbono.

Y en 2016 fue escenario de un incendio que ardió durante meses y llenó de humo gran parte de Bombay.

De acuerdo a un estudio que el regulador de polución de la India llevó a cabo en 2011, otros incendios similares contribuyeron con el 11% del material particulado que inunda el aire de Bombay, una de sus principales causas de contaminación.

Los vecinos de los alrededores llevan luchando en los tribunales desde hace 26 años, exigiendo el cierre del vertedero de Deonar.

Pero esa montaña de basura no es una excepción en el país. Una investigación realizada en 2020 por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE), un think tank independiente con sede en Nueva Delhi, identificó en toda India 3.159 montañas de este tipo que contienen 800 millones de toneladas de desechos.

Estas han sido durante años un dolor de cabeza para funcionarios y políticos.

El 1 de octubre, Modi anunció un “programa nacional de limpieza” de casi US$13.000 millones que incluirá la instalación de una serie de plantas de tratamiento de aguas residuales para reemplazar gradualmente los vertederos de basura al aire libre como el de Deonar.

Pero los expertos se muestran escépticos.

“Si bien se ha logrado en ciudades más pequeñas, es difícil proporcionar una solución para las montañas de desechos a esta escala”, dice Siddharth Ghanshyam Singh, subdirector de programas de CSE.

“Se reconoce que es un problema, pero hemos aceptado que si vamos a vivir en grandes ciudades como Bombay o Nueva Delhi estas montañas de basura van a estar allí”, señala Dharmesh Shah, coordinador en el país de la Alianza Global para Alternativas de Incineradores, una coalición de grupos que abogan por la reducción de residuos.

Deonar

Reuters
La montaña de basura se incendi[o en marzo de 2016;.

Desde el año 2000, India ha aprobado regulaciones que obligan a los municipios a que procesen los desechos.

Pero la mayoría de los estados informan de un cumplimiento solo parcial y no hay suficientes plantas de tratamiento de desechos.

Bombay, la capital comercial y del entretenimiento de la India y hogar de unos 20 millones de personas, tiene una sola planta de este tipo.

Ahora hay planes para instalar una planta que convierta los residuos en energía en Deonar.

Modi dijo que espera que el plan cree nuevos empleos ecológicos. Pero esto preocupa a los recolectores como Farha que llevan toda la vida dedicados a ello.

Aunque desde el incendio de 2016 acceder a la montaña de basura de Deonar se ha vuelto más difícil.

El municipio incrementó la seguridad para evitar que los recolectores entren y provoquen incendios: las llamas derriten la basura más liviana, quedando con ello expuesto el metal que se vende a precios altos.

Los recolectores que logran colarse a menudo son golpeados, detenidos y expulsados, aunque algunos sobornan a los guardias o acceden al vertedero antes del amanecer, cuando comienzan las patrullas de seguridad.

Pero ese no es el único motivo por el que los recolectores de basura de Deonar han visto su modo de vida. Y es que ahora gran parte de la separación de residuos se hace en la ciudad.

Como consecuencia, Farha no tiene teléfono desde hace meses. Y se ve obligada a sobornar a los guardias con al menos 50 rupias (US$0,67) todos los días para entrar y trabajar en los terrenos de Deonar.

Para recuperar esto, incluso pensó en buscar entre la basura que comenzó a llegar desde las salas del hospital en las que se atendía a los pacientes de covid-19 el año pasado.

Pero su familia le pidió que no recogiera esos desechos “dañinos”.

Así que ahora se queda cerca, observando a los recolectores que usan equipo de protección para seguir recogiendo plástico bajo la lluvia para revender.

La ciudad estaba enviando basura nueva y, como lo habían hecho durante años, las montañas tenían que acomodarla y los recolectores tenían que recolectarla y revenderla.

“El hambre nos matará si no nos mata la enfermedad”, dice Farha.

*Saumya Roy es una periodista con sede en Bombay y autora del libro Mountain Tales: Love and Loss in the Municipality of Castaway Belonging (Profile Books / Hachette India).


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