El caso que las autoridades ignoraron y por el que ahora está consignado Abarca
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El caso que las autoridades ignoraron y por el que ahora está consignado Abarca

José Luis Abarca no está preso por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sino por la desaparición forzada y el homicidio de tres líderes campesinos ocurrido en el año 2013. La organización civil Red Solidaria Década Contra la Impunidad señala que desde junio de 2013 denunció la responsabilidad del exalcalde de Iguala en este caso, pero las autoridades lo ignoraron.
Por Manu Ureste
7 de noviembre, 2014
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Foto: AP

José Luis Abarca y su mujer, María de los Ángeles Espinosa, fueron detenidos en una casa en la delegación Iztapalapa el pasado 5 de noviembre. Se les acusa de estar detrás de los eventos que provocaron la muerte de 6 personas y la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa el pasado 26 de septiembre. // Foto: AP

El exalcalde de Iguala José Luis Abarca no está preso por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sino por tres homicidios ocurridos en el año 2013. Se trata del caso de Arturo Hernández Cardona, Félix Rafael Bandera y Ángel Román Ramírez, integrantes de una organización campesina que fueron privados de su libertad junto con otras cinco personas y posteriormente asesinados entre el 30 de mayo y el 1 de junio de 2013, en Iguala.

El pasado 21 de octubre, a un año y cuatro meses de que tuviera lugar los hechos, la PGR concluyó las investigaciones en las cuales se tenía indicios de la probable responsabilidad de José Luis Abarca en estos tres homicidios y decidió consignar el caso con un juez, quien determinó que había elementos suficientes para girarle orden de aprehensión.

Este viernes un juez federal le informará al exalcalde de Iguala durante su declaración preparatoria que podría ser procesado por los delitos de homicidio, privación ilegal de la libertad y delincuencia organizada.

Destaca que otro de los casos por los que será juzgado es el homicidio de Justino Carbajal Salgado, sobrino del perredista Félix Salgado Macedonio, ocurrido el 8 de marzo de 2013.

Ante la PGR, Abarca declaró ser inocente y no haber participado en el homicidio de estas personas, incluso dijo no conocerlas.

Autoridades ignoraron testimonio contra Abarca durante más de un año: OSC

Tras la detención el pasado 5 de noviembre de José Luis Abarca, la organización civil Red Solidaria Década Contra la Impunidad (RSDCIAC) denunció en rueda de prensa ayer jueves que desde junio de 2013 denunció la responsabilidad del exalcalde de Iguala en la desaparición y posterior asesinato de Arturo Hernández Cardona, Ángel Román Ramírez y Félix Rafael Bandera, líderes campesinos de Unidad Popular y opositores al gobierno de Abarca que fueron privados de su libertad el 30 de mayo de 2013 junto con otras cinco personas, entre quienes se encontraba Nicolás Mendoza, sobreviviente y testigo de torturas y asesinatos de los que el exedil sería el autor intelectual y también material. 

La RSDCIAC criticó que la Procuraduría General de la República (PGR) atrajo el caso del asesinato de los tres líderes campesinos hasta julio del 2014, un año después de que en junio del 2013 el Obispo José Raúl Vera solicitara ante los medios de comunicación la atracción del caso por parte de la fiscalía de la República, petición a la que también se sumaron organizaciones civiles internacionales como Human Right Watch, y la Oficina de Washington en Latinoamérica (WOLA, por sus siglas en inglés).

Asimismo, Sofía Lorena Mendoza, viuda de Arturo Hernández Cardona, acusó durante la conferencia de prensa al Congreso del Estado de Guerrero de retardar y entorpecer a la labor de la justicia contra José Luis Abarca. En este sentido, Mendoza, que también es regidora de Desarrollo Rural del municipio de Iguala, recordó que tras el asesinato de su marido y de dos integrantes de Unidad Popular interpuso una solicitud de desafuero contra el expresidente municipal perredista el pasado 27 de junio de 2013.

Sin embargo, la petición nunca fue contestada. Y José Luis Abarca continuó en el cargo hasta el 10 de octubre de 2014, día en el que los diputados locales guerrerenses aprobaron el juicio de revocación de mandato del experredista -a quien ya se le buscaba por los hechos de violencia ocurridos en Iguala el 26 y 27 de septiembre-, un año y cuatro meses después de la denuncia de Sofía Mendoza.

Ante esta situación, tanto Sofía Mendoza, como la Red Solidaria Década Contra la Impunidad, recalcaron que la detención el pasado 5 de noviembre del matrimonio Abarca en una casa de la delegación Iztapalapa “no es suficiente”, y exigieron al Gobierno mexicano que responda ante los organismos internacionales “por la omisión a este caso que trajo como consecuencia los lamentables hechos del pasado 26 de septiembre”. 

Además, responsabilizaron a las autoridades federales de la integridad física y psicológica del testigo Nicolás Mendoza y su familia, “subrayando que han tenido que dejar su única propiedad que se encuentra en Iguala y que han sufrido persecución permanente e incursiones de personas armadas, en grupos mayores de seis y siempre vestidas de negro, en los lugares que han habitado y en los que han tenido que abandonar junto con sus pocas pertenencias”.

Nicolás Mendoza, a quien la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) aún no ha otorgado medidas cautelares de protección, a pesar de que éstas fueron solicitadas en junio del 2013 debido a que su vida corre peligro, narra en su testimonio ante notario que, además de ordenar el secuestro y la tortura de los integrantes de Unidad Popular, el exedil mató personalmente con una escopeta a Arturo Hernández Cardona dándole dos disparos, uno en la cara y otro en el pecho. En estos hechos también participó, según el testigo, el jefe de policía municipal, Felipe Flores, quien actualmente sigue prófugo tras la desaparición de los 43 normalistas.

Lee a continuación el testimonio de Nicolás Mendoza sobre cómo ocurrieron los hechos entre el 30 de mayo y el 1 de junio de 2013 en el que fueron asesinados tres integrantes de Unidad Popular, y por los que el exalcalde de Iguala está hoy preso:

****

“¿Qué tanto estás chingando con el abono? Me voy a dar el gusto de matarte”.

Quien grita, lata de cerveza en mano y escoltado por el jefe de policía municipal, es el presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca.

Es la madrugada del 1 de junio del 2013 y Nicolás Mendoza y otros siete integrantes de Unidad Popular, llevan casi dos días secuestrados, soportando torturas, y con la angustia de ver sus propias tumbas cavadas.

Todo comienza a las cuatro y media de la tarde del 30 de mayo, cuando los integrantes de la Unidad Popular van de regreso de un acto de protesta contra el alcalde de Iguala. En aquel entonces, detalla el testigo, la camioneta en la que viajan Arturo Hernández (de quien Nicolás Mendoza es su chofer), Héctor Arroyo, Efraín Amates, Gregorio Dante Cervantes, Ángel Román Ramírez, Félix Rafael Bandera y Jimmy Castrejón, es interceptada entre el tramo que va de la caseta de cobro de Iguala hasta el crucero de Tuxpan por una Cherokee color gris y una Ford Explorer roja.

De los autos salen seis personas vestidas completamente de negro y armadas con pistolas. Disparan al ingeniero Arturo Hernández en la pierna derecha para evitar cualquier tipo de resistencia, y luego los amagan a todos, les vendan los ojos, y los trasladan a un paraje a las afueras de Iguala.

“Cuatro hombres armados con cuernos de chivo nos estuvieron cuidando esa noche; uno de ellos nos golpeaba con un machete largo, un látigo de alambre y una tabla con forma de paleta”, cuenta Mendoza en su declaración.

A la mañana siguiente, ya 31 de mayo, diez hombres con armas largas se unen a las torturas contra los integrantes de Unidad Popular. Las palizas se extienden hasta por la tarde, cuando a las 18 horas dos de los sicarios comienzan a cavar una fosa.

“Ya muy noche –dice el testigo- llegaron tres personas de los cuales conozco y conocí a dos y si me las ponen enfrente las puedo señalar y son: el presidente municipal de nombre José Luis Abarca Velázquez, al secretario de Seguridad Pública y otra persona que no conozco. Todas ellas con una cerveza Barrilito en la mano”.

A continuación, José Luis Abarca ordena a los sicarios que continúen con la tortura de las ocho personas. Estos proceden durante un tiempo, hasta que el entonces presidente municipal de Iguala se dirige al ingeniero Arturo Hernández y le dice: “¡Qué tanto estás chingando con el abono, me voy a dar el gusto de matarte!”.

Los sicarios siguen cebándose con el ingeniero y luego le dan un descanso de diez minutos. En ese entonces, el director de la policía municipal lo levanta del suelo y se lo lleva hasta la fosa ubicada a unos diez metros de donde está el resto de secuestrados. Hasta allí llega José Luis Abarca, quien “le da un escopetazo en la cara y otro en el pecho” a Arturo Hernández, para luego dejarlo tirado en la fosa.

Tras las detonaciones, una fuerte lluvia comienza a caer. Uno de los secuestrados trata de huir víctima del pánico, pero es interceptado por los sicarios, quien lo asesinan en el momento.

“El compañero Félix Rafael Bandera Román, al tratar de escapar fue ejecutado, lo sé y me consta porque tres de las personas que nos vigilaban trajeron de regreso el cuerpo”, explica Nicolás.

“Esa noche –agrega- nos volvieron a interrogar, preguntándonos nuestras direcciones, nuestra relación con el ingeniero Arturo Hernández y nuestra participación en la Unidad Popular. Desde ese momento se dedicaron a amenazarnos; sólo decían entre ellos que tenían que esperar para ejecutarnos, se dedicaron a excavar fosas. Alrededor de las 10 de la noche, reciben una llamada, y se escucha la orden de que “se debía de destapar los depósitos y sacar los cuerpos, porque se puso cabrón”.

En cumplimiento de la orden, los sicarios sacan de la fosa los cadáveres de Arturo Hernández y de Félix Bandera, los meten en la Cherokee, y meten también en la camioneta al resto de personas secuestradas. De ahí los llevan hasta un basurero en Mezcala, cuando Ángel Román Ramírez trata de huir y también es asesinado a balazos. Mientras esto sucede, el resto de los secuestrados aprovecha el descuido de sus captores y comienzan a correr con dirección al monte. Allí, entre los árboles, huyen de los disparos de los sicarios.

*Este es el documento del testimonio ante notario de Nicolás Mendoza:

testimonio Nicolás Mendoza

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'Hará más mal que bien’: los peligros de apresurar la vacuna contra la COVID

La FDA adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra la COVID antes de que terminen los ensayos clínicos, pero varios expertos advierten que esto sería un "grave error".
Getty Images
4 de septiembre, 2020
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El jefe de la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), Stephen Hahn, adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra el coronavirus antes de que terminen los ensayos clínicos, algo sobre lo que varios expertos han advertido, tildándolo de “grave error”.

En una entrevista ofrecida al medio británico The Financial Times y publicada el domingo, Hahn insistió en que, de tomarse, la decisión será “científica, médica y basada en datos”, y no una respuesta política a las presiones del gobierno estadounidense para que se apruebe una vacuna.

A finales de agosto, el presidente Donald Trump acusó a la FDA de “retrasar” la aprobación de la vacuna hasta después del 3 de noviembre, fecha en la que los votantes acudirá a las urnas para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años.

De darle luz verde antes de terminar la fase 3 de los ensayos clínicos, EE.UU. se convertirá en el tercer país en aplicar la polémica medida, después de que Rusia y China lo hicieran en agosto.

Cuando el 11 del pasado mes las autoridades rusas registraron su vacuna Sputnik V, asegurando que había demostrado ser “altamente efectiva y segura”, científicos en todo el mundo y la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) acogieron con escepticismo.

Días después, el 20 de agosto, Moscú anunció que iniciaría las pruebas clínicas en 40.000 voluntarios en distintos países.

Vacuna contra el coronavirus.

Getty Images
Rusia y China han aprobado vacunas contra el coronavirus sin culminar la fase 3 de los ensayos clínicos.

La fase 3 de los ensayos clínicos suele considerarse la más crucial, pues es la etapa en la que los investigadores tratan de ver cuán eficaz y segura es la vacuna probándola en decenas de miles de personas.

“En otras palabras, se busca la reducción real de los casos de la enfermedad en el número de personas que fueron vacunadas comparado con el mismo número de sujetos que no recibieron la vacuna”, le explicó hace semanas el doctor Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading en Reino Unido, a BBC Mundo.

Si bien en las etapas previas también se evalúa el desempeño y la seguridad del producto, la fase 3 es la que “realmente te dice que la vacuna es capaz de prevenir que ocurra la infección”, según el virólogo británico.

“Falsas esperanzas”

Pero quizás el lado más peligroso de aprobar una vacuna antes de culminar todos los ensayos clínicos son sus posibles consecuencias.

Mijail Murashko.

Getty Images
El ministro de Salud ruso ha desestimado las preocupaciones y dudas que genera el programa de vacunas Sputnik V.

En conversación con BBC Mundo, Jones explica que hay varios problemas asociados con que la vacuna sea aprobada demasiado pronto.

Lo primero es que podría generar falsas esperanzas: puede que la gente se apresure a ponerse la vacuna “cuando en realidad tal vez no sea la mejor vacuna, sino la primera que está disponible“.

“Esto causaría decepción en los individuos que se inmunizaron”, añade.

Según el experto, una vacuna que no funcione tan bien como debería podría extender la idea de que (la vacuna en general, todas las que se están desarrollando contra la COVID-19) es ineficiente y suscitar desconfianza dentro de la población. “Al final, una vacuna apresurada hará más mal que bien”.

“Simplemente le quitaría valor a todas las demás vacunas. Y le daría alas al lobby antivacunas, que se aprovechará de cualquier desliz. Es perjudicial para todo el mundo“.

Más difícil ponerle fin a la pandemia

Este lunes, la científica en jefa de la OMS, Soumya Swaminathan, se unió a las advertencias de la comunidad de expertos y aseguró que autorizar una vacuna demasiado pronto y con pocos datos podría tener una variedad de consecuencias negativas.

Vacuna contra el coronavirus.

Reuters
La fase 3 de los ensayos clínicos es frecuentemente considerada como la más crucial, pero la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos está considerando saltársela.

“En primer lugar, hará que sea muy difícil continuar con los ensayos clínicos aleatorios”, dijo.

“Y en segundo lugar, existe el riesgo de que se introduzca una vacuna que no se haya estudiado de manera adecuada y que podría resultar que es poco eficaz y no cumple con el trabajo de ponerle fin a esta pandemia o, peor aún, que tenga un perfil de seguridad inaceptable”.

Para que una vacuna sea aprobada por la FDA, se debe haber demostrado que es segura y eficaz en función de los datos recopilados tras ser probada en miles de voluntarios.

Es un proceso de verificación que puede durar meses.

Swaminathan agregó que la aprobación del uso de emergencia de una vacuna debe realizarse “con mucha seriedad”, particularmente porque se trata de una decisión que “podría provocar efectos secundarios adversos” en algunas partes de la población.

Un pequeño riesgo de mutación

La confianza de la gente en una campaña de vacunación es crucial, por lo que aprobar una vacuna antes de que culminen todos los ensayos clínicos podría además limitar el número de personas que se dejarían inyectar.

Una niña recibiendo una vacuna.

Getty Images
Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading, dice el objetivo es tener una vacuna que nos inmunice completamente y no una que funcione a medias.

“Se trata de una preocupación muy seria, subraya.

“Si la gente piensa que la primera vacuna en ser lanzada lo ha sido por el simple hecho de ser la primera (en desarrollarse), pero no es necesariamente la mejor, podrían considerar que no vale la pena aplicársela, lo que llevaría a no querer ser inmunizados”, prosigue.

“Pero el peligro es que no querrían inmunizarse con una vacuna que funcione mejor y que podría venir después, y eso haría que el virus siga circulando”.

Jones considera poco probable que la vacuna no funcione del todo debido a las pruebas que ya se han hecho.

Pero otro riesgo, según explica, es que el virus podría transformarse y evitar la respuesta inmune generada por la vacuna aprobada con apuro, mutar en una forma ligeramente diferente, que ninguna de las vacunas podría combatir.

“No queremos una vacuna que funcione a medias”

Sin embargo, él no cree que las preocupaciones deban centrarse en cuán segura es la vacuna, sino en su eficacia.

El virus junto a una inyección.

Getty Images
Soumya Swaminathan advierte que aprobar una vacuna sin finalizar todos los ensayos clínicos podría provocar efectos secundarios adversos en algunas partes de la población.

“No queremos una vacuna que funcione a medias, queremos una que nos inmunice completamente”.

“En realidad, pienso que todas las vacunas que están siendo probadas en la actualidad son bastante seguras y probablemente no le causarán ningún daño a quien las reciba. Pero cuando apruebas una vacuna que funciona mal, estás fijando expectativas sumamente bajas, y lo que venga después no tendrá la obligación de ser mejor”.

“Estarías abriéndole paso a una serie de genéricos que también van a funcionar mal“.

Para este virólogo británico esto es algo que se debe evitar, y para hacerlo la fase 3 del proceso debe ser culminada, probando la vacuna “en tanta gente como sea posible, para así conocer su resultado habitual con una dosis habitual“.

“Tomar atajos para lograr vacunas no es exactamente una buena idea. Sería un grave error”, concluye.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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