Los estados ponen trabas para castigar feminicidios: exigen comprobar que se asesina por celos
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Los estados ponen trabas para castigar feminicidios: exigen comprobar que se asesina por celos

Actualmente, en 17 entidades federativas es difícil o imposible acreditar que el asesinato de una mujer cometido con violencia de género es un femicidio debido a las condiciones que imponen los códigos penales locales para calificarlo e investigarlo.
Cuartoscuro/Archivo
Por Tania L. Montalvo
20 de noviembre, 2014
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Antes de ser asesinada a golpes, una mujer fue arrastrada ocho metros en un camellón. Los rastros hacen creer a las autoridades que la víctima —de entre 35 y 40 años— se reunió por voluntad propia con quien se convertiría en su homicida. Discutieron y forcejearon antes de que él intentara abusar sexualmente de ella y la asesinara con un tabique que arrojó sobre su cabeza.

Este caso, ocurrido en el Distrito Federal, ocupaba las primeras planas de algunos diarios de la capital cuando el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) denunciaba que sin importar “la evidente violencia de género en los asesinatos” en el país es complicado perseguir y condenar un feminicidio por las trabas que imponen los mismos estados.

Actualmente, en 17 entidades federativas es difícil o imposible acreditar que el asesinato de una mujer cometido con violencia de género es un femicidio debido a las condiciones que imponen los códigos penales locales para calificarlo e investigarlo, concluyó el OCNF en el “Estudio de la implementación del tipo penal de Feminicidio en México. Causas y consecuencias 2012-2013”.

“La autoridad sigue pensando que sólo por celos un hombre puede privar de la vida a una mujer, que lo hizo porque no controló sus emociones y porque además fue engañado y entonces se dio un crimen pasional, siguen sin entender lo que es feminicidio y todo lo que implica la violencia de género”, dijo María de la Luz Estrada, directora del OCNF.

La tipificación penal del feminicidio, es decir, que el asesinato de una mujer por misoginia o sexismo sea considerado un delito, inició en los estados en 2011 y a la fecha 31 entidades —excepto Chihuahua que califica el homicidio de una mujer como un delito grave y da a éstos penas más altas que a otros casos— han modificado sus códigos penales para perseguirlo.

Sin embargo, las características que debe tener el crimen para calificarlo como feminicidio son inverosímiles como comprobar que al victimario lo motivaron los celos o que odiaba a la mujer porque lo engañó; lo cuál, según el OCNF siempre es difícil de demostrar y es un juicio subjetivo pese a la evidencia de violencia de género.

“Se tiene que comprobar el dolo, que la intención era matar a la mujer. Si el homicida declara que no tenía la intención de asesinar, el caso ya no es declarado como feminicidio. Si una violación sexual derivó en una muerte pero el victimario dice que su intención no era matarla, ya no es un feminicidio”, explicó Rodolfo Domínguez, director de la organización civil Justicia, Derechos Humanos y Género.

Los estados en donde es “imposible” acreditar que un homicidio con violencia de género es un feminicidio son: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Durango, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Puebla, Quintana Roo, Tamaulipas, Tlaxcala y Zacatecas.

El OCNF denuncia que en esos códigos penales no se toma en cuenta que según estándares internacionales un feminicidio ocurre cuando “se priva de la vida de una mujer y se incurre en una sola forma de violencia de género” entre las que se encuentran: violencia sexual, lesiones degradantes, amenazas y acoso, abuso de la relación de parentesco —matrimonio o amistad—, abuso de una relación de confianza o subordinación, que la víctima haya sido incomunicada, el cuerpo haya sido expuesto en un lugar público y el estado de indefensión de la víctima.

En 17 estados del país, además de pruebas inverosímiles, se pide comprobar que ocurrieron las ocho razones o la mayoría de éstas. Por ejemplo:

-En Quintana Roo son necesarias ciertas circunstancias como que el cuerpo de la víctima sea exhibido públicamente por la intención de demostrar el odio hacia la víctima.

-En Guerrero, independientemente de las características del crimen se debe comprobar que hubo violación, tratos crueles, inhumanos y degradantes.

-En Michoacán es necesario probar la intención del agresor de asesinar.

-En Puebla se requiere demostrar el odio o la aversión a las mujeres o los celos como motivo del asesinato.

-En Yucatán, el asesinato de una mujer cometido por la pareja se considera un crimen pasional. No toma en cuenta que todo asesinato de pareja es feminicidio.

-En Tamaulipas se requiere probar el uso excesivo de la fuerza y que hubo violencia reiterada.

-En Baja California, para ser considerado feminicidio se solicitan pruebas de que el agresor ha tenido manifestaciones de misoginia o desprecio al género femenino.

Escapar de la alerta de género

Que los feminicidios no se cataloguen como tal no sólo impide que los feminicidas sean castigados con penas más severas —de 40 a 60 años— si no que impide que en los estados sea visible la violencia de género y por lo tanto, se combata.

El OCNF ha denunciado que los gobernadores le huyen a que en su estado se declare una alerta de género por temor a que haya una consecuencia política-electoral; por lo que optan por esconder la violencia de género disminuyendo en sus estadísticas la comisión de feminicidios y catalogándolos sólo como homicidios.

Hasta ahora, se han negado alertas de género para entidades como Chiapas, Estado de México, Nuevo León, Guanajuato, Oaxaca, Morelos e Hidalgo pese a que organizaciones civiles han demostrado cómo han aumentado los feminicidios.

El estudio de la OCNF reporta que los códigos penales de 14 estados sí tienen un tipo penal del feminicidio que es posible acreditar y por lo tanto, perseguir y castigar.

Las entidades que cumplen con el tipo penal son: Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Distrito Federal, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

Diferentes datos

El Observatorio alertó sobre la falta de datos oficiales en el tema de feminicidio, no sólo porque muchos casos no son reportados como tal pese a que se cometieron con violencia de género, si no por la opacidad que existe en los estados.

Tras realizar diferentes solicitudes de información, el OCNF pudo documentar con información de 16 estados que entre enero de 2012 y diciembre de 2013 al menos 3,892 mujeres fueron asesinadas en México.

De esa cifra, sólo 613 casos fueron tipificados como feminicidios, pero el Observatorio duda que estos sean los únicos cometidos en ese periodo pues los datos no coinciden con la información que entregó la Secretaría de Salud que les reportó que ingresaron a 9,015 mujeres violentadas por sus parejas con señales de ahorcamiento, estrangulamiento o lesiones de arma blanca; y de éstas, al menos 1,071 fallecieron.

A ello se suma los datos que otras organizaciones han recolectado. ONU Mujeres reportó el 13 de noviembre pasado que según cifras de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Secretaría de Salud, 2,502 mujeres fueron asesinadas de forma violencia durante 2013 y denunció que desde 1985 suman 44,646 muertes violentas.

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Emma Coronel y el creciente papel de las mujeres en el narcotráfico de México

Emma Coronel, esposa de "El Chapo", es la última pareja de un líder del narco mexicano en ser acusada de participar activamente en los negocios de su marido. Los roles de las mujeres en estos grupos son diversos y, en muchas ocasiones, acaban siendo víctimas de la propia violencia del crimen organizado.
25 de febrero, 2021
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La acusación de Estados Unidos que llevó a la reciente detención de la esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán es tajante al describir su supuesto grado de implicación en las actividades delictivas del capo.

El señalamiento judicial sobre Emma Coronel, quien enfrenta cargos de narcotráfico internacional, afirma que la joven tenía absoluto conocimiento de las operaciones del cartel de Sinaloa dirigido por su marido y que, presuntamente, participó en algunas de sus operaciones.

“Coronel entendía que los ingresos de la droga que controló durante su matrimonio con Guzmán derivaban de estos envíos (de droga a EU). De 2012 a 2014, transmitió mensajes en nombre de Guzmán para promover actividades de narcotráfico mientras él intentaba evitar su captura por parte de las autoridades mexicanas”, se lee en el documento.

La joven es incluso acusada de conspirar para que “El Chapo” pudiera escapar de una cárcel en México mediante el pago de un millonario soborno a funcionarios antes de que finalmente fuera extraditado a Nueva York y condenado a cadena perpetua.

Será la justicia la que determine la veracidad de esta investigación en la que se citan testigos cooperantes anónimos y cartas, pero a juzgar por los cargos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) parece tener claro que Coronel no era en absoluto ajena a los negocios de “El Chapo”.

Como supuestamente en su caso, la presencia de las mujeres en el narcotráfico y otras actividades del crimen organizado creció en los últimos años en México y, con ello, sus roles también han ido variando.

“El papel de las mujeres en general ha ido en aumento en estas organizaciones. Coronel viene además de una familia de narcotraficantes y, por la edad que tiene, no es una persona que haya podido estar de manera pasiva” ante lo que ocurría a su alrededor, le dice a BBC Mundo Alberto Islas, experto en seguridad.

Precisamente por ese entorno condicionante y por las características de un mundo absolutamente dominado por hombres, entender los motivos por el que las mujeres se implican en él resulta bastante más complejo que asociarlo a un simple y único deseo de poder y dinero.

Roles diversos

Según el informe de 2020 “Mujeres y crimen organizado en Latinoamérica: más que víctimas o victimarias”, las mujeres “no solo ejercen una multiplicidad de roles, sino que oscilan fluidamente entre la condición de víctimas y objetos y la de protagonistas y sujetos activos de las acciones criminales”.

No obstante, el informe de la Universidad del Rosario en Colombia e InSight Crime identifica que la mayoría de mujeres en estos grupos asumen roles criminales de baja responsabilidad que los líderes hombres les delegan.

Cartel de El Chapo

AFP
La mayoría de mujeres en el crimen organizado asumen roles de baja responsabilidad que los líderes hombres les otorgan.

Estos papeles abarcan desde trabajo en cultivos de droga, como “mulas” para transportar sustancias, en la organización logística y financiera o en labores de microtráfico o “narcomenudeo”, entre otras.

Sin embargo, y aunque son una clara minoría, el estudio destaca que también hay mujeres “que ejercen distintos papeles por voluntad propia, que pueden ser protagónicos y a veces de liderazgo”.

En el caso de México, uno de los nombres más reconocidos es el de Enedina Arellano Félix, a quien en su momento las autoridades mexicanas consideraron la única mujer al frente de una organización de narcotráfico por ser jefa del cartel de Tijuana.

Conocida como “La jefa” o “La narcomami”, llegó a esa posición después de que casi todos sus hermanos varones —fundadores del cartel— perdieran la vida o fueran capturados por las autoridades.

Otro caso muy popular es el de Sandra Ávila Beltrán o “La reina del Pacífico”, a quien se le acusó cuando fue detenida en 2007 de ser una pieza clave en las operaciones del cartel de Sinaloa.

Sin embargo, ella siempre negó tener influencia en el negocio del narcotráfico y algunos creen que, más por sus actividades, cobró más fama realmente por creerse que inspiró la novela “La reina del sur”, algo que su autor Arturo Pérez-Reverte negó.

libro de Sandra Avila

BBC
Ávila relató su historia en el libro “La reina del Pacífico: es la hora de contar”.

También está Leticia Rodríguez Lara, conocida como “La reina de la Riviera Maya”, quien controló esta zona turística y se enfrentó para defender su mercado contra el Cartel Jalisco Nueva Generación de “El Mencho”.

O Ignacia Jasso, “La Nacha”, una de las mujeres pioneras en el narcotráfico en México al dedicarse al tráfico de drogas en el estado de Chihuahua desde 1930.

Víctimas y relaciones sentimentales

“Es cierto que, y probablemente venga de la evolución de la igualdad de género en los últimos años, hay un empoderamiento ‘para mal’ de mujeres que van tomando liderazgo en estructuras criminales” en pequeñas o medianas bandas, le dice a BBC Mundo Sandra Romandía, periodista mexicana especializada en temas de narcotráfico.

Sin embargo, la experta destaca que en un gran número de casos hay un factor fundamental a la hora de entender el estatus de estas mujeres en el crimen organizado: sus relaciones familiares o sentimentales.

Así, son muchas las esposas, madres o hijas a las que se ha señalado por haberse implicado en el negocio de líderes de carteles o incluso haberlo asumido después de que estos murieran o fueran detenidos, como Enedina Arellano.

Lo vimos por ejemplo poco antes de la detención del líder del cartel de Santa Rosa de Lima, José Antonio Yépez “El Marro”, cuando su madre, hermana y prima fueron también arrestadas como presuntas operadoras financieras del grupo criminal pero fueron liberadas tras denunciar tortura.

En muchas ocasiones, novias o esposas de líderes acaban convirtiéndose en víctimas subordinadas a los hombres al ser utilizadas, por ejemplo, para ayudarlos a cometer delitos.

Según el informe de Insight Crime, el encarcelamiento de mujeres en América Latina por delitos asociados al crimen organizado, en especial el narcotráfico, aumentó en la última década.

En México, la población carcelaria femenina general creció un 56% entre 2010 y 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía recopilados por el informe.

Carcel en Mexico

Getty Images
El número de mujeres en prisión en México creció un 56% entre 2010 y 2015.

“Está documentado que no todas, pero muchas de las mujeres que cumplen condena por delitos de drogas, lo hacen por lealtad a sus parejas o por amenazas de ellos“, destaca Romandía.

Según la experta, muchas de estas situaciones surgen un esquema machista en el que las mujeres tienen miedo a decir que no, lo que tiene más que ver con la estructura de valores del propio género “y no tanto como un deseo de poder de ellas” para adentrarse en ese negocio.

“Y, en muchos casos, no es más que una inercia de seguir el negocio familiar porque es lo que les dejó el esposo, y es lo que saben hacer”, agrega la coautora del libro “Narco CDMX”.

Feminicidios y crimen organizado

Según datos del servicio de emergencias 911 en México del pasado mes de agosto, en torno al 60% de los asesinatos de mujeres hasta entonces en 2020 estarían relacionado con el crimen organizado.

Pero eso no quiere decir que todas las mujeres estén involucradas en ello. En ocasiones, de nuevo, se convierten en una especie de víctimas colaterales de las actividades ilícitas de sus parejas.

Cartel en manifestacion contra violencia de genero en CDMX

AFP
Hasta el 60% de los asesinatos de mujeres durante los primeros meses de 2020 en México estaban relacionados con el crimen organizado.

“Algunas son asesinadas simplemente porque tienen un parentesco o son pareja sentimental de alguien del grupo contrario. También algunos usan los cuerpos de las mujeres para mandar mensajes amenazantes a sus rivales”, le dice a BBC Mundo la investigadora María Salguero.

Salguero, creadora del Mapa de Feminicidios en México en el que recopila desde hace años todos los que se registran en el país, dice que estas muertes vinculadas al crimen organizado se mantuvieron también en pandemia, lo que demostró que “no todas las mujeres estaban siendo asesinadas por sus parejas en el confinamiento”.

La experta no niega que haya mujeres involucradas directamente en narcotráfico, pero incluso en estos casos, alerta que muchas veces hay causas relacionadas directamente con su género que explican su decisión.

“Casi siempre hay historias de desigualdad detrás de ellas. Siendo narcomenudistas, pueden ganar como un dólar por paquete que venden. Son mujeres vulnerables que a veces tienen que sacar adelante a la familia, no encuentran trabajo… y se involucran en estos grupos, muchas veces motivadas también por el entorno”, explica.

“Buchonas”

La realidad de muchas de estas mujeres descrita por los expertos, por tanto, dista mucho de la imagen de lujo o glamour que muestran algunas películas o series de televisión sobre “reinas del narco”.

El concepto de la narcocultura es el que exalta la violencia del narcotraficante y todo el dinero ganado con su negocio criminal, mientras que sus mujeres pueden ser vinculadas al mundo del crimen organizado casi como objetos que los hombres utilizan para exhibir su poder y éxito.

Tequila de El Chapo

AFP
El nombre de “El Chapo” fue incluso registrado como marca por una de sus hijas para producir tequilas, joyas y otros artículos y como modo de atraer la atención de cierto público.

Estas mujeres, conocidas popularmente como “buchonas”, presumen con orgullo de ser la pareja de un líder criminal y de la vida de lujo que eso les permite llevar en forma de joyas, autos de lujo u operaciones quirúrgicas para lucir cuerpos esculturales.

Esa cultura del derroche y de ostentación del dinero suele ser más habitual entre parejas sentimentales de mandos medios o medios-bajos de grupos criminales.

Pero llama mucho la atención que Coronel, siendo esposa de uno de los capos más buscados del mundo como lo fue “El Chapo”, tuviera una presencia tan mediática y pública.

En los últimos meses, promocionaba empresas entre su casi medio millón de seguidores en Instagram. Intentó crear una marca de ropa y accesorios de lujo con el nombre de su marido e incluso apareció en un programa de televisión enfocado en la vida de personas o familiares vinculados en algún momento con carteles.

“Su actitud y falta de discreción fue desafiante e, indudablemente, con ese protagonismo en medios estaba cruzando líneas rojas en términos de tolerancia de las autoridades”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, analista y experto en seguridad de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM.

Coronel

Getty Images
Coronel tenía una presencia mediática muy poco habitual entre parejas de grandes capos del narcotráfico.

El hecho de que las mujeres en el crimen organizado no sean aún tan conocidas responde, indudablemente, a que su presencia es todavía anecdótica en comparación con los hombres. Pero Romandía pronostica cambios.

“Aún no hay un liderazgo de mujer que esté poniendo en jaque a las autoridades. Pero sí probablemente lo empezaremos a ver en los próximos años, por el papel importante que algunas están tomando en bandas de menor tamaño”, dice.

“Aún no han tenido una exposición mediática muy evidente como para que se cree un personaje o una leyenda alrededor de ellas… pero acabará ocurriendo”, concluye la periodista.


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