México: la impotencia de quienes buscan a los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala
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México: la impotencia de quienes buscan a los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala

Un centenar de personas han integrado un grupo civil para buscar a los estudiantes desaparecidos.
Por Will Grant/BBCMundo
7 de noviembre, 2014
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Imagen tomada de BBCMundo.

Imagen tomada de BBCMundo.

Iguala se siente orgullosa de ser el lugar de nacimiento de la bandera mexicana.

Desperdigados por la población hay murales del estandarte del “Ejército Trigarante” de la guerra de independencia, cuando, en 1821, los generales Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero unieron fuerzas para enfrentar a los españoles.

Hoy, el tricolor de la moderna bandera de México que ondea sobre el palacio municipal de Iguala está ennegrecido y quemada.

En el patio central del palacio hay un montículo de sillas, yeso y archivadores cubiertos de ceniza. Regados por el suelo, papeles y computadores destrozados.

Son los restos de las violentas protestas del 22 de octubre, cuando estudiantes furiosos, que demandaban respuestas sobre el paradero de sus 43 compañeros desaparecidos desde el 26 de septiembre, atacaron las oficinas gubernamentales con cócteles molotov.

Labores de limpieza

Estos salones calcinados fueron, hasta no hace mucho, el asiento del poder de José Luis Abarca, el exalcalde de Iguala caído en desgracia y arrestado a principios de esta semana junto a su esposa, María de los Ángeles Pineda, en la Ciudad de México.

Su reemplazo temporal, Oscar Antonio Chávez, quien visita las oficinas para constatar los daños, no quiere hablar del supuesto papel que cumplió su antecesor en la desaparición de los 43 estudiantes a manos de la policía local.

“No somos investigadores”, replica sobre el sonido de vidrios que se quiebran y los taladros de los obreros. “Estamos enfocados en que esta administración no fracase, algo que alguna gente -mucha gente- esperaba.

“Lo único que han conseguido quienes nos atacan es hacernos más fuertes”, agrega.

Pero si bien él y sus colegas pueden ser capaces de arreglar los destrozos dentro del edificio, la limpieza institucional que se necesita en Iguala va a ser mucho más difícil.

En las esquinas y alrededor de la plaza principal se puede ver a policías federales y soldados, a cargo ahora de la tareas de seguridad en la población, luego de que decenas de policías municipales fueran arrestados por los secuestros.

Algo similar ocurre a pocos kilómetros por la carretera principal, en la población de Cocula, cuya fuerza policial —según dijo el Procurador General de México— recibió a los 43 estudiantes de sus contrapartes de Iguala.

De ahí en adelante no está claro qué ocurrió.

Sobre ambas poblaciones flota el espectro de las fosas clandestinas en las que, hasta el momento, se han encontrado 38 cuerpos.

Según las autoridades, ninguno de ellos pertenece a los estudiantes.

“Corrí sin detenerme”

Sergio Ochoa tiene suerte de no ser uno de los desaparecidos. Él acostumbraba a compartir un cuartito sofocante con siete compañeros en la escuela Raúl Isidro Burgos en Ayotzinapa.

Seis de esos compañeros de cuarto están ahora entre los desaparecidos.

“Corrí sin detenerme. Si lo hubiera hecho, me habrían atrapado”, explica en la cancha de baloncesto de la escuela donde estudia para ser maestro rural, rodeado por carteles y fotos de los desaparecidos.

“En total éramos 14 los perseguidos (por la policía). Nos escondimos en las montañas, entre árboles y arbustos, por una hora. Bajamos al día siguiente, a las cinco de la mañana”.

Desde entonces Sergio ha estado al frente de los llamados por el retorno de sus amigos, así como de justicia para aquellos que fueron asesinados la noche del 26 de septiembre en Iguala.

Muestra el altar del Día de los Muertos que aún se yergue por las seis personas que fueron asesinadas por la policía esa noche.

Hay una foto de Julio César Mondragón, de 22 años, conocido por sus amigos como Chilango, a quien sus captores le desollaron el rostro.

Pero aún no pueden hacer duelo por los otros 43 mientras no se explique con claridad qué ocurrió con ellos.

“Me siento impotente”, dice Sergio. “Estoy furioso. Los quiero de vuelta con nosotros, en la escuela”.

Búsqueda paralela

En Iguala, algunas personas están tomando las justicia en sus propias manos.

En las afueras del palacio municipal, un grupo de autodefensas se prepara para otra búsqueda.

Han concentrado alrededor de un centenar de voluntarios para rastrillar las áreas rurales con camionetas y palas, y excavar en los sitios que les señalen los lugareños.

Es un método de búsqueda basado en informes, corazonadas y rumores, pero las autodefensas aseguran que es más efectivo que la Policía Federal con sus helicópteros y drones.

Julia Alonso, la madre de un joven que se desvaneció hace siete años en otro estado, llegó hasta Guerrero acompañando un grupo llamado Ciencia Forense Ciudadana.

Esta organización no gubernamental ofrece a los familiares de los 43 jóvenes desaparecidos realizar pruebas de ADN en cualquier cuerpo que se encuentre en los próximos días.

“Sé lo que es recorrer este camino, sé por todo lo que estos padres han tenido que pasar sólo para abrir una causa criminal. Sólo para eso, sin mencionar encontrar a sus seres queridos”.

Ante la insinuación de que ella y las autodefensas van camino a una confrontación con las autoridades debido a sus diferentes investigaciones, Julia es tajante:

“Este es un trabajo que corresponde al Estado, pero sólo donde haya un gobierno responsable”.

BBC.

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Qué tanto contamina el bitcoin, la moneda que consume más electricidad que Finlandia, Suiza o Argentina

La minería del bitcoin utiliza gigantescas cantidades de energía para mantener funcionando servidores que trabajan día y noche en busca de la divisa digital. Pero.... ¿proviene toda esa energía de combustibles fósiles?
22 de febrero, 2021
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Bitcoins

Getty Images
En las últimas semanas el precio del bitcoin ha llegado a máximos históricos.

Si el bitcoin fuera un país, consumiría más electricidad al año que Finlandia, Suiza o Argentina, según un análisis del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad de Cambridge (CCAF, por sus siglas en inglés).

Eso ocurre porque el proceso de “minar” la criptomoneda -utilizando gigantescos servidores que no cesan de trabajar- consume mucha energía.

Según los investigadores, la minería de bitcoins utiliza cerca de 121,36 teravatios-hora (TWh) de electricidad al año, un récord que provoca un fuerte impacto en el medioambiente y supera a una larga lista de países.

El tema volvió al debate luego que Elon Musk, a través de su empresa de autos eléctricos Tesla, reportó la compra de US$1.500 millones en bitcoin, disparando el precio de la divisa y encendiendo críticas por la contaminación que genera.

Esta última subida del precio del bitcoin -que ha seguido una meteórica tendencia alcista en los últimos meses- le ha dado nuevos incentivos a los mineros de la divisa para hacer funcionar más y más ordenadores con el objetivo de generar más criptomonedas.

A medida que sube el precio del bitcoin, sube el consumo de electricidad, dice Michel Rauchs, investigador del CCAF, donde crearon una herramienta en línea que permite hacer este tipo de cálculos.

“Realmente es por su diseño que el bitcoin consume tanta electricidad”, le explica Rauchs a la BBC. “Esto no es algo que cambiará en el futuro, a menos que el precio de bitcoin baje significativamente”.

Los investigadores trabajan con el Índice de Consumo Eléctrico del Bitcoin de Cambridge (CBECI, por sus siglas en inglés), el cual provee estimaciones en tiempo real sobre cuánta electricidad consume la generación de la divisa.

El bitcoin usa más energía que Argentina. Si el bitcoin fuera un país, estaría entre los 30 países que más utilizan energía en el mundo. Uso nacional de energía en teravatios-hora (TWh).

Este índice funciona con base en un modelo que asume que las máquinas utilizadas para minar en el mundo funcionan con distintos niveles de eficiencia.

Siguiendo la relación entre un precio promedio de electricidad por kilovatio hora (US$0.05) y la demanda de energía de la red bitcoin, la herramienta estima cuánta electricidad se consume en un momento dado.

“El bitcoin es anti eficiente”, dice David Gerard, autor del libro “Attack of the 50 Foot Blockchain”.

“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”.

¿Por qué el bitcoin consume tanta electricidad?

Las máquinas dedicadas a “minar” o extraer bitcoins, son ordenadores especializados que se conectan a la red de criptomonedas.

Su trabajo es verificar las transacciones realizadas por las personas que envían o reciben la divisa, en un proceso que implica resolver complejos acertijos matemáticos.

Granja de minado en Islandia.

Getty Images
Los lugares donde se ha ce la minería del bitcoin consumen gigantescas cantidades de electricidad.

Como recompensa, los mineros ocasionalmente reciben pequeñas cantidades de bitcoin en lo que a menudo se compara con una lotería.

Para aumentar las ganancias, los mineros conectan una gran cantidad de computadores, con el objetivo de aumentar sus posibilidades de conseguir bitcoin.

Y como los computadores trabajan casi día y noche para completar los rompecabezas, el consumo eléctrico es muy alto.

El consumo eléctrico vs la huella de carbono

Existe una gran diferencia entre el consumo de energía y la huella de carbono, argumenta Nic Carter, socio fundador de la firma de capital de riesgo Castle Island Ventures, especilizada en el sector de blockchains (cadenas de bloques).

“Si miramos solamente el consumo de energía no estamos contando toda la historia”, le dice a BBC Mundo.

hOMBRE MINANDO BITCOINS

Getty Images
En las provincias chinas de Sichuan y Yunnan los mineros del bitcoin utilizan energía hidroeléctrica excedente.

Aunque es cierto que la mayor parte de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas -que son altamente contaminantes- también se utilizan energías renovables (como la hidroeléctrica o la eólica) o energía nuclear.

Entonces, si bien importa el nivel de consumo de electricidad, también hay que tomar en cuenta cómo se genera aquella electricidad, apunta Carter.

Por ejemplo, señala, hay mineros en China que aprovechan la energía hidroeléctrica excedente en las represas. Si no la usaran, esa energía simplemente se perdería.

Eso explica por qué la minería del bitcoin se ha expandido tanto en las provincias de Sichuan y Yunnan.

Otro caso ocurre cuando algunos mineros capturan el metano descargado o quemado (que es un subproducto de la extracción de petróleo) y lo utilizan para generar la electricidad que requieren sus computadoras.

sÍMBOLO DE BITCOIN EN VITRINA

Getty Images
“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”, dice David Gerard.

Muchos activistas consideran que esos ejemplos son casos puntuales que no le quitan la responsabilidad ambiental a la industria del bitcoin.

De todos modos, Carter advierte que la minería del bitcoin se acabará en unos años, puesto que el sistema fue diseñado de tal manera que los acertijos matemáticos que resuelven las computadoras llegarán a su fin.

“Este proceso está completado en un 88%, apunta, lo que en la práctica significa que cada vez se hace más difícil seguir minando.

Sin embargo, en la medida que el precio siga disparándose, es probable que el consumo energético también aumente.


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