Por qué los padres de los normalistas de Ayotzinapa siguen sin creer en la versión oficial
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Por qué los padres de los normalistas de Ayotzinapa siguen sin creer en la versión oficial

Para una familia, el hallazgo de dientes calcinados y fragmentos de hueso no son una prueba convincente de la muerte de los estudiantes.
Cuartoscuro
14 de noviembre, 2014
Comparte

Nota del editor: Este texto fue publicado en noviembre de 2014, unas semanas después de la desaparición de los 43 normalistas.

María Telumbre conoce el fuego. Se dedica a hacer tortillas en una cocineta de carbón, y la experiencia le dice que cocinar un chivo lleva cuatro horas. Por eso, se niega a creer en la explicación dada por el gobierno mexicano de que integrantes de un cártel del narcotráfico incineraron a su hijo y a otros 42 estudiantes desaparecidos en una gigantesca hoguera en menos de un día, lo que habría borrado cualquier huella que permita identificar los cadáveres.

Para ella, el hallazgo de dientes calcinados y fragmentos de hueso no son una prueba convincente y tienen el mismo valor que las fosas clandestinas descubiertas en el estado de Guerrero desde que los estudiantes desaparecieron el 26 de septiembre. Simplemente, se rehúsa a aceptar que esas cenizas pertenezcan a su hijo de 19 años y a sus compañeros de escuela.

¿Cómo es posible que en 15 horas hayan quemado a tantos jóvenes, los hayan puesto en bolsas y los tiraran al río?“, dice Telumbre. “Eso es imposible, como padres, no les creemos”.

Para Telumbre, su esposo Clemente Rodríguez y otros padres la explicación oficial es tan solo otra mentira de un gobierno que quiere silenciar a los pobres y echarle tierra a este escándalo. Sus exigencias de que se diga la verdad han alimentado la rabia contenida de un país frente a la incapacidad del gobierno de confrontar a los brutales carteles de la droga, a la corrupción y la impunidad.

El escepticismo de la familia Rodríguez tiene su origen en la colusión entre autoridades mexicanas y el crimen organizado. Los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron vistos por última vez cuando la policía de la ciudad de Iguala los detuvo, presuntamente por órdenes del alcalde. Soldados y policías federales no respondieron a las urgentes peticiones de los padres para que les ayudaran. El gobierno federal tardó 10 días en intervenir y cuando lo hizo, dicen los padres, las autoridades se concentraron en descubrir tumbas clandestinas en lugar de buscar a los estudiantes vivos, por eso sólo han encontrado las fosas.

“Los tendrán por allá escondidos, pero tengo la esperanza que cualquier día los van a soltar”, dice Rodríguez, insistiendo en que su hijo Christian Rodríguez Telumbre aún está vivo.

Guerrero es un estado violento con un historial de revueltas armadas y en cuya economía el cultivo de marihuana y amapola son un factor importante. La familia Rodríguez vive lejos de los lujosos centros vacacionales de Acapulco e Ixtapa, en una zona agrícola cercana a la Escuela Normal Rural, una universidad que forma maestros en Ayotzinapa. Rodríguez trabaja como vendedor de agua embotellada mientras que su esposa vende las tortillas que hace en una estufa al aire libre. El humo se cuela a su casa, de un solo cuarto dividido con cortinas y construida de adobe, que comparten sus tres hijas, la madre de Rodríguez, y hasta hace poco, Christian.

La noche del 26 de septiembre, Telumbre y Rodríguez recibieron una llamada de su hija. Había problemas. Ambos acudieron inmediatamente a la escuela. Les dijeron que decenas de estudiantes habían ido a la ciudad de Iguala a recaudar dinero y que la policía había disparado contra los autobuses que se habían tomado por la fuerza. Los detalles iban apareciendo poco a poco: Christian formaba parte del grupo atacado; un estudiante recibió un disparo en la cabeza; tres más murieron al igual que tres personas que pasaban por el sitio; uno de ellos fue encontrado al lado de la carretera, le habían arrancado la piel de la cara y le habían sacado los ojos, una marca de los asesinatos cometidos por los narcos.

Rodríguez se encaminó a Iguala con otros 10 padres. Su primera parada fue la oficina local de la procuraduría federal. Los guardias no los dejaron entrar pero los padres, desesperados, entraron a la fuerza y exigieron ayuda. Los funcionarios dijeron que no tenían información.

Luego fueron a la policía de Iguala, que también dijo que no conocía nada del tema aunque uno de ellos dejó entrever a Rodríguez que quizá los radicales estudiantes en realidad eran criminales que habrían recibido su merecido. Después se supo que las autoridades federales habían retenido a unos cuantos estudiantes, que esa tarde fueron liberados y que habían regresaron a la escuela. Pero Christian no estaba entre ellos.

Durante tres días más, los padres continuaron su desesperada búsqueda en hospitales, el edificio del Ayuntamiento y la base militar local. Siguieron pistas que los llevaron a cuevas oscuras y a una hacienda abandonada donde se decía que el cartel Guerreros Unidos, escindido del cartel de Los Beltrán Leyva, los tenía prisioneros. En Iguala, Rodríguez dio su número de teléfono móvil a extraños y suplicó que le dieran información de manera anónima. Pero todos parecían temerosos de hablar.

Las autoridades estatales detuvieron a 22 policías de Iguala en relación con el ataque al autobús y anunciaron que continuaban con la búsqueda de los 43 estudiantes. El alcalde, José Luis Abarca, solicitó licencia mientras se efectuaba una investigación y luego se fugó acompañado de su esposa María de los Ángeles Pineda.

Aún no había noticias de Christian.

Ocho días después de la desaparición de los estudiantes las autoridades federales anunciaron más detenciones. Dijeron que sospechosos los habían llevado a tumbas clandestinas en una colina de las afueras de Iguala, cerca de Pueblo Viejo. Veintiocho cuerpos fueron hallados en las fosas pero esos restos no encajaban con los de los estudiantes.

Diez días después de la desaparición de los jóvenes, el presidente Peña Nieto anunció el envío de fuerzas federales de seguridad para “conocer la verdad y asegurar que se aplique la ley a los responsables de estos hechos que son, sin duda, indignantes, dolorosos e inaceptables”.

Con el tiempo 10 mil policías federales y decenas de investigadores forenses, ataviados con sus trajes de protección para residuos peligrosos, se unieron a la búsqueda. También se ofreció una recompensa de 1,5 millones de pesos (alrededor de 112.000 dólares) a quien diera información sobre el paradero de los estudiantes desaparecidos. Se detuvo a más personas: 76 en total.

Pero aún no había rastros de los estudiantes.

Finalmente, el viernes pasado, el procurador general Jesús Murillo Karam dio una conferencia transmitida por televisión en la que detalló cómo hay “indicios” de que fueron asesinados los estudiantes, de acuerdo con confesiones ofrecidas por detenidos del caso.

Los jóvenes fueron llevados a un basurero cerca de Cocula en camionetas de carga tan atestada que 15 de ellos murieron de asfixia en el camino. Los sospechosos sostienen que los estudiantes fueron asesinados allí y que los asesinos apilaron sus cuerpos y encendieron una enorme fogata que ardió durante 15 horas. Luego metieron los restos pulverizados en bolsas que lanzaron al río.

“El alto nivel de degradación por el fuego hace muy difícil la extracción de ADN que permita la identificación”, dijo Murillo Karam ese día con un rostro lúgubre.

Las autoridades, no obstante, enviaron los restos a un laboratorio especializado en Austria para su identificación, en la esperanza de obtener información que permita a padres como Telumbre y Rodríguez aceptar la muerte de sus hijos.

AP.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo saber si tu resaca es por haber bebido en exceso o por intolerancia al alcohol

¿Cómo saber si nuestra resaca no es una alergia o intolerancia a las bebidas alcohólicas?
30 de agosto, 2022
Comparte

Dolor de cabeza intenso, sed, náuseas, cansancio y niebla mental. Estos son los síntomas más comunes de la resaca (también llamada cruda, ratón, o guayabo, según en qué país de Latinoamérica te encuentres).

Estos síntomas aparecen como consecuencia de beber alcohol o, más específicamente, por los procesos corporales que pone en acción.

El alcohol es tóxico y debe ser convertido por el cuerpo en sustancias no tóxicas. Esto lleva tiempo, por lo que los síntomas pueden durar un día entero o más. La duración y la gravedad de las resacas pueden variar, dependiendo no solo de la graduación y ​​la cantidad de alcohol consumido, sino también de la velocidad a la que nuestro cuerpo puede procesarlo, que varía de persona a persona.

La deshidratación es un componente clave de la cruda, ya que puede dar lugar a muchos de los otros síntomas típicos, desde dolores de cabeza y fatiga hasta ansiedad y sensibilidad a la luz y el sonido, le explica a la BBC Timothy Watts, médico consultor en alergias de adultos de The London Clinic.

Intolerancia genética

Cualquiera que beba en exceso probablemente experimente estos efectos adversos hasta cierto punto. Sin embargo, las personas que tienen intolerancia al alcohol sufren a menudo síntomas similares a la resaca particularmente graves debido a un trastorno metabólico genético, que “hace que el cuerpo procese o metabolice el alcohol de manera incorrecta”, señala Watts.

Hombre con resaca

Getty Images

Cuando bebemos alcohol, una enzima en nuestro cuerpo llamada alcohol-deshidrogenasa (ADH) lo descompone en un compuesto llamado acetaldehído. Otra enzima, la aldehído-deshidrogenasa (ALDH), convierte al acetaldehído en ácido acético no tóxico (vinagre).

Los adultos mayores tienen una ALDH inferior a la media, lo que explica por qué nuestra respuesta al alcohol parece empeorar a medida que envejecemos. Pero aquellos con intolerancia genética tienen una versión mutada de ALDH, dice Watts.

“La mutación en esta enzima crucial conduce a la acumulación de acetaldehído en el cuerpo y luego a varios síntomas desagradables. Por lo general, estos incluyen enrojecimiento extenso de la piel y otras características como náuseas, vómitos, palpitaciones, dolor de cabeza y fatiga”.

Estudios señalan que este es uno de los trastornos hereditarios más comunes en el mundo, que afecta a 560 millones de personas (el 8% de la población mundial). La prevalencia más alta (entre 35% y 40%) se encuentra entre las personas de ascendencia asiática oriental.

Otros tipos de intolerancia

En otros casos, las personas pueden ser intolerantes a los químicos que dan sabor y color a las bebidas alcohólicas, no al alcohol en sí. La histamina (que se encuentra en el vino tinto) y los salicilatos (que se encuentran en el vino, la cerveza, el ron y el jerez) son ejemplos comunes.

Algunas personas son intolerantes a los conservantes del alcohol llamados sulfitos, y descubren que consumirlos puede desencadenar síntomas que incluyen congestión o secreción nasal, dolor de cabeza intenso, urticaria, picazón, respiración entrecortada y malestar estomacal.

Mujer comprando vino

Getty Images
Es importante leer las etiquetas para ver qué ingredientes contiene el vino.

Investigaciones sugieren que hasta el 10% de los asmáticos son sensibles a los sulfitos, y la gravedad de las reacciones varía de leve a potencialmente mortal. “La dificultad para respirar y los síntomas nasales/sinusales en particular se deben a la liberación de gas de dióxido de azufre que causa irritación de las vías respiratorias”, explica Watts.

Las bebidas alcohólicas con alto contenido de sulfitos y/o histamina incluyen el vino (tinto, blanco, rosado y espumoso), la sidra y la cerveza. Algunas variedades de ginebra y vodka, así como los “vinos naturales”, son bajos en sulfitos.

Sin embargo, los expertos en asma dicen que las personas con esta condición deben elegir sus bebidas con cuidado, porque incluso los vinos bajos en sulfitos contienen algunos sulfitos.

Alergias al alcohol

“Una verdadera alergia al alcohol es rara“, dice Fiona Sim, asesora médica principal de la organización sin fines de lucro Drinkaware. “En lugar del alcohol en sí, es mucho más probable que una persona sea alérgica a uno de los ingredientes de su bebida alcohólica, como el trigo, la cebada u otro grano“.

Otro tipo de alérgeno, la proteína transportadora de lípidos (LTP, por sus siglas en inglés), se encuentra en frutas, verduras, nueces, semillas y cereales, y también puede estar presente en algunas bebidas alcohólicas.

Comida con vino

Getty Images

Los síntomas de una reacción alérgica a la LTP suelen aparecer entre 15 y 30 minutos después e incluyen hinchazón, picazón, problemas digestivos, dificultad para respirar y, en casos extremos, anafilaxia.

A veces es muy difícil para los consumidores saber si una bebida alcohólica contiene alérgenos o ingredientes a los que son intolerantes, ya que, en muchos casos, los fabricantes de bebidas alcohólicas no tienen que poner una lista de ingredientes o información nutricional en la etiqueta.

Por lo tanto, Sim insta a cualquiera que sepa que es alérgico a ciertos alimentos, en particular a los granos, a tomar en cuenta que también pueden estar presentes en las bebidas.

Las bebidas alcohólicas también pueden desencadenar una reacción alérgica a los alimentos si se consumen los dos juntos, ya que el alcohol puede interferir con el revestimiento intestinal. Por ejemplo, alguien con alergia al trigo solo puede reaccionar después de comer trigo seguido de beber alcohol o hacer ejercicio. “Esto se conoce como anafilaxia inducida por cofactores dependientes de los alimentos”, dice Watts.

El alcohol en la cocina

Muchas recetas saladas y dulces contienen alcohol, incluidos los guisos, otros platos a base de vino tinto y los postres cargados de licor.

Cocina con vino

Getty Images

¿Está bien comerlos si tienes intolerancia o alergia al alcohol?

“El alcohol y los sulfitos tienden a evaporarse durante la cocción, por lo que el potencial de intolerancias ciertamente se reduce“, comenta Watts. Sin embargo, si eres alérgico a un ingrediente que se encuentra en ciertas bebidas alcohólicas, los platos que contienen esa bebida no son seguros para comer.

Recomendaciones

Es relativamente simple reconocer la diferencia entre una resaca y una intolerancia al alcohol, dice Watts.

“Las resacas generalmente se sienten intensamente la mañana después de una noche de consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, las intolerancias genéticas metabólicas ocurren más rápidamente, generalmente dentro de la siguiente hora de haber bebido”.

Pero distinguir entre una intolerancia y una alergia es más difícil, porque los síntomas pueden superponerse.

Mujer rechazando una bebida alcohólica

Getty Images

Algunas reacciones alérgicas son casi instantáneas, pero no todas. “Si tienes alguna duda, siempre consulta a un profesional de la salud”, enfatiza Watts:

“Las investigaciones de reacciones al alcohol normalmente consisten en análisis de sangre especializados para alergias, pruebas cutáneas y, potencialmente, incluso pruebas con comida”.

Sim aconseja a las personas con algún tipo de intolerancia al alcohol que eviten beberlo por completo, “aunque muchas personas están dispuestas a soportar la incomodidad del enrojecimiento de la piel y quizás síntomas abdominales leves para continuar tomando una bebida alcohólica ocasional”, dice.

Es especialmente importante no beber alcohol si tienes una intolerancia genética, ya que “aumentará tu riesgo de daños relacionados con el alcohol en tus órganos, incluidos algunos tipos de cáncer y enfermedades hepáticas”.

Cuando se trata de alergias a algún componente de una bebida alcohólica, nunca se debe consumir. “Puedes poner en peligro tu vida”, concluye Sim.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=JRNmJo1v0SM

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.