Ellos son Adrián y Wilson, los defensores de migrantes asesinados “en tierra de nadie”
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Ellos son Adrián y Wilson, los defensores de migrantes asesinados “en tierra de nadie”

Defensores de migrantes y de los derechos humanos denuncian que el corredor Lechería-Huehuetoca-Apaxco-Tequixquiac-Bojay es una "tierra de nadie", donde las agresiones, secuestros, y los robos a centroamericanos se dan tanto por el crimen organizado, como por parte de las propias autoridades policiacas.
Por Manu Ureste
4 de diciembre, 2014
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Mural en el Centro Pro Derechos Humanos, en el DF, que representa al ferrocarril al que llaman 'La Bestia' y los migrantes que van para el Norte. //Foto: Manu Ureste

Mural en el Centro Pro Derechos Humanos, en el DF, que representa al ferrocarril al que llaman ‘La Bestia’ y los migrantes que van para el Norte. //Foto: Manu Ureste

Los balazos suenan al caer la tarde.

Primero se oye un disparo seco.

Luego otro.

Y otro más.

Así hasta al menos ocho.

Adrián recibe tres de los impactos fatales; uno se le incrusta en la sien, otro en la pierna, y otro más le acierta en pleno corazón. El resto de las balas se las lleva Wilson, que le destrozan la barbilla, la mano, el estómago, el pulmón, y también el corazón.

Tras el ataque, el cuerpo inerte de Adrián yace relajado en el asiento del copiloto del coche en el que platicaba con su compañero. Mientras que a Wilson, a pesar de la gravedad de las heridas, una ambulancia todavía lo alcanza a trasladar con vida al hospital de especialidades de Zumpango donde, después de nueve horas de lucha, se confirma su deceso a las 3.30 am de la madrugada.

“No pudimos hacer nada –lamentan los doctores-. Le dispararon a quemarropa”.

En el lugar de los hechos –en la zona del basurero de Tequixquiac, en el Estado de México- hay vidrios rotos por todo el lugar, otros dos impactos de bala alojados en la pared de una casa abandonada, y gotas de sangre regadas por el suelo.

Pero de los agresores no hay noticia.

Sólo se sabe lo que dicen unos testigos, quienes aseguran que “dos o tres personas” salieron corriendo del lugar a través de un estrecho callejón, para perderse en cuestión de segundos entre los recovecos de la impunidad que impera en este corredor de migrantes, al que llaman “tierra de nadie”.

 

En febrero denunciaron amenazas del crimen organizado; SEIDO archivó el caso

“Adrián y Wilson no debieron morir. Ellos cumplían la función de un Estado que abandona a su población y a la que cruza nuestro país buscando un futuro mejor para sus familias. Ellos salvaron vidas, y permitieron que la gente no sólo comiera, sino que se sintiera querida, apreciada”.

Las palabras pronunciadas con un tono severo, de condena y enojo, son de Andrea González, del colectivo Ustedes Somos Nosotros; organización de la sociedad civil de la que formaban parte Adrián Rodríguez, de 39 años de edad y natural de Tequixquiac, y Wilson, ciudadano hondureño de 29 años.

Los dos activistas trabajaban a diario en las vías del tren que cruzan la zona del basurero de Tequixquiac. Además de comida, también portaban un botiquín en una bolsa de tela con gasas, alcohol, guantes de látex, algodón, y alguna aspirina. No eran paramédicos, pero tras dedicar años a brindar ayuda humanitaria aprendieron a curar con destreza y rapidez los pies agrietados de los migrantes.

En el camino, cuenta Andrea González, Adrián y Wilson encontraron muchas personas como ellos. Solidarias, cariñosas, “entregadas al hermano que es vulnerables y que se quitan los zapatos cuando ven a alguien que ya no puede caminar”. Aunque también eran conscientes de los riesgos que implica prestar ayuda en una zona minada por los halcones del crimen organizado, siempre atentos a quién pueden asaltar, secuestrar, amenazar.

“Ellos aprendieron a vivir con eso, a estar con los ojos bien abiertos –añade la activista-. Siempre fueron buenos compañeros de trabajo. Se comunicaban constantemente y aprendieron, sobre todo Adrián, a dar entrevistas a los medios de comunicación denunciando las condiciones que los migrantes se encontraban. También aprendieron a hacer cabildeo político en el municipio para que hubiera patrullas dando una vuelta de vez en cuando por el basurero. Pero la respuesta del Estado siempre fue ineficiente”.

Como ejemplo de lo anterior, hace hincapié Andrea, está lo que sucedió en febrero de este mismo año. En ese entonces, un grupo de pandilleros de la Mara Salvatrucha intentó asaltar a 20 migrantes que estaban en el basurero, cerca de las vías. Sin embargo, los migrantes se hartaron. Se armaron de valor y se defendieron. E incluso lograron retener a uno de los pandilleros que fue entregado a la policía.

No obstante, el marero nunca llegó a pisar las instalaciones de ningún Ministerio Público. “Se nos peló de la patrulla”, alegaron los uniformados.

A pesar de la fuga, Wilson fue ante las autoridades como testigo, y denunció lo sucedido ese día y a las bandas del crimen organizado.

Pero de nuevo, nadie hizo nada.

Poco tiempo después, entre marzo y abril de este año, la respuesta de los pandilleros llegó en un mensaje al celular de Adrián:

“Órale vato. Ya sabemos que ayudas a los ilegales, por eso no tenemos nada contra ti. Pero el vato que maneja la troca, el de los lentes oscuros –Wilson-, no se la va a acabar. Porque el homie dice que él fue de los que lo atacaron en las vías y ese vato lo va a pagar muy caro.

Pandilla MS, puto”.

“La denuncia de Wilson y este mensaje fueron entregados a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), pero lo que hicieron fue cerrar la carpeta de investigación e ignorar el caso–recalca en entrevista con Animal Político Jorge Andrade, integrante de Ustedes somos Nosotros, quien además agrega que la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem) también tenía conocimiento de las amenazas.

Ante esta situación, los dos defensores tienen que bajar su perfil durante un tiempo y alejarse de las vías. “Eso lo tenía angustiados -recuerda Andrea-. Se preguntaban constantemente qué estarían comiendo sus hermanos, o si estarían pasando frío en el camino”.

Cuando las cosas se calman, los dos regresan a su trabajo. Pero a pesar de las amenazas recibidas, los activistas siguen denunciando que camionetas sospechosas merodean por la zona donde llegan los migrantes. Incluso, a través de las organizaciones civiles solicitan apoyo a la presidencia municipal de Tequixquiac.

“Ellos dijeron que se harían cargo, que habría una patrulla acompañándoles. Pero este apoyo nunca fue constante”, lamenta de nuevo Andrea González.

Así transcurre hasta el 23 de noviembre de 2014.

Ese día, tras dar ayuda en las vías del tren junto a un grupo de voluntarios, los dos activistas, que desde hacía algo más de dos años eran pareja -ambos se conocieron después de que el hondureño decidiera hacer un alto en el camino en su intento por llegar a Estados Unidos-, van a la casa de la madre de Adrián con quien guardan una relación muy cercana.

Estacionan el coche donde siempre, a unos veinte pasos de la casa que se encuentra frente a otra vivienda abandonada.

Saludan a la madre y se quedan en el coche, platicando, hasta que el reloj se detiene cuando marca veinte minutos para que den las seis de la tarde.

A esa hora, los ocho balazos suenan.

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Migrantes. Foto: Cuartoscuro

Migrantes suben al tren en Huehuetoca, Estado de México//. Foto: Cuartoscuro

 

“El mecanismo de protección a defensores de derechos humanos no funciona”

“Pero… ¿por qué nos asesinan?”

El padre Pedro Pantoja, de la casa del Migrante de Saltillo, cierra ambos puños mientras escupe la pregunta.

“¿Por qué nos asesinan si nosotros somos la esperanza de este migración de América Latina?”, insiste el sacerdote durante su intervención en la rueda de prensa celebrada en el Centro Pro Derechos Humanos, en la que se da a conocer el asesinato de los dos activistas.

“Esta acción criminal es una herida que profundiza la crisis humanitaria de estos pueblos en movimiento”, agrega Pantoja, que a colación pide a los medios de comunicación que vayan e investiguen lo que está sucediendo “en ese territorio de muerte”, en esa “tierra de nadie” que es el corredor de migrantes Lechería-Huehuetoca-Apaxco-Tequixquiac-Bojay, donde las agresiones, secuestros, y robos a centroamericanos, se producen de manera habitual.

“La situación es de alto riesgo en ese corredor, porque están operando bandas criminales muy fuertes en la zona –explica Jorge Andrade, que trabajó directamente con Adrián y Wilson sobre el terreno-. Además, los testimonios de los migrantes nos dicen que estos delincuentes están operando tanto con policías locales como estatales; y que, incluso, ellos son los que los están llevando a las casas de seguridad en las patrullas”.

No obstante, Andrade señala que esta oleada de violencia que desembocó en el asesinato de Adrián y Wilson tampoco obedece a una situación nueva, sino que “ya se ha venido denunciado públicamente y penalmente ante diferentes instancias, las cuales no han hecho nada para controlar la zona”.

En este sentido, y cuestionado sobre la eficacia del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, dependiente de la Segob, el activista sentencia de manera contundente que éste no funciona.

“El pasado 5 de abril miembros del colectivo sufrieron otro atentado en Lechería, cuando dos personas resultaron lesionadas después de que los criminales dispararan contra ellos directamente. Todas estas amenazas y agresiones están documentadas y se enviaron al Mecanismo, pero éste no ha funcionado”, critica Andrade.

“Mataron a dos personas que acababan de dar de comer a los migrantes –plantea por su parte Rodolfo Córdova, del consejo ciudadano del Instituto Nacional de Migración, que a continuación lanza dos preguntas al aire-. ¿Qué tiene que pasar en este país para que las autoridades de los altos niveles se empiecen a tomar esto un poco más en serio? ¿Cuántos defensores y cuántos periodistas más tienen que morir para que lo tomen en serio?”.

A pesar de este reclamo de la sociedad civil, Jorge Andrade dijo el martes 2 de diciembre a Animal Político que, a más de una semana del asesinato de Adrián y Wilson, aún no tienen noticia de que el Ministerio Público de homicidios en Cuatitlán haya iniciado una línea de investigación sobre el caso.

 

****

El cuerpo de Adrián Rodríguez fue entregado a su familia el lunes 24 de noviembre. Andrea González cuenta que fue velado y enterrado la tarde del martes “entre lágrimas y una sensación de dolor e impotencia inconmensurable”.

El cuerpo de Wilson, que decidió quedarse en México para hacer de la ayuda humanitaria su forma de vida al lado de Adrián, sigue aún en el Semefo de Zumpango esperando, ahí solo, su repatriación.

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La historia del fascinante descubrimiento del “Tutankamón británico”

El hallazgo de un barco enterrado hace 1.300 años escondía uno de los mayores tesoros de la arqueología británica.
30 de enero, 2021
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Comenzaron con las primeras luces del día. Los más fuertes de la guardia del rey, con los músculos tensos y las ásperas cuerdas rozándoles, arrastraron el pesado barco de roble desde el río hasta la orilla.

Y luego, con el sol naciente quemando lentamente la fría niebla de la mañana, levantaron la embarcación sobre la llanura, hasta el pie de la colina.

La multitud que se encontraba en la ladera observó en silencio cómo se acercaban a la cima y de ahí al cementerio reservado a los descendientes reales del dios tuerto.

Cuando se introdujo el navío en la zanja preparada para tal fin, depositaron el ajuar funerario en la cámara sepulcral.

Luego se alzó un montículo sobre él. Y allí quedó el barco, anclado en la tierra de la Anglia Oriental, pero viajando a través del tiempo hasta que, trece siglos después, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un hombre llamado Basil Brown lo descubrió.

El increíble hallazgo del apodado “el Tutankamón británico”, es el tema de La excavación, la nueva película de Netflix que adapta la novela homónima de John Preston.

Sus estrellas, Ralph Fiennes y Carey Mulligan, interpretan respectivamente al arqueólogo autodidacta Brown y a Edith Pretty, la terrateniente que lo contrató para excavar los misteriosos túmulos en su finca de Sutton Hoo, con vistas al río Deben, en Suffolk.

Pretty, una viuda interesada en el espiritismo, tenía un presentimiento sobre esos montículos. Se creía que eran de origen vikingo.

Un huésped había visto una vez una figura fantasmal entre ellos, y existían viejas leyendas locales sobre tesoros enterrados.

Sutton Hoo as it is represented in The Dig

LARRY HORRICKS/NETFLIX
Las excavaciones de Sutton Hoo fueron recreadas en Godalming, en Surrey.

Un inconformista de la arqueología

Brown era un hombre de Suffolk que había dejado la escuela a los 12 años. Había sido trabajador agrícola y agente de seguros, pero también había aprendido por su cuenta varios idiomas, astronomía y arqueología.

Ello lo llevó a ser contratado como arqueólogo por el Museo de Ipswich, que a su vez recomendó a Pretty para que lo contratara.

Él comenzó en junio de 1938 a trabajar en algunos de los montículos más pequeños, y encontró pruebas de que habían sido asaltados por ladrones de tumbas, pero también halló un disco de bronce que sugería que podían ser anteriores a la época vikinga.

Cuando empezó a trabajar en el más grande, en el verano de 1939, mientras se acercaban los nubarrones de la guerra, enseguida encontró fragmentos de hierro que identificó como remaches de barco.

Y entonces lo encontró: un asombroso barco de 90 pies (27,4 metros), lo suficientemente grande como para acomodar hasta 20 remeros a cada lado.

La propia madera se había disuelto en el suelo junto con los restos humanos que había, pero quedaba una huella clara: un barco fantasma de más de un milenio de antigüedad.

Se habían hallado otros enterramientos de barcos, pero ninguno de este tamaño.

Antes de este, el barco más grande descubierto era una embarcación vikinga de 78 pies (23,8 m), hallada en Noruega en 1880.

Debido a hallazgos anteriores en otros lugares, Brown sabía que podía haber un cargamento de objetos en honor a los muertos, y el 14 de junio encontró lo que creía que podía ser la cámara funeraria: una estructura de madera parecida a una cabaña, ahora desintegrada, que se había construido en el centro del barco.

Pero los responsables del Museo Británico y de la Universidad de Cambridge ya se habían enterado de su gran hallazgo y, apenas unos días después, se entrometieron.

Antes de que pudiera seguir explorando, fue marginado y relegado a labores básicas.

Los profesionales no podían permitir que un hombre local, un simple aficionado, se dedicara a esa tarea.

¿Por qué habrían de dejarle? ¡El tipo ni siquiera tenía un título!

Trajeron entonces un equipo de arqueólogos y fue uno de ellos, Peggy Piggott, quien, el 21 de julio, apenas dos días después de su llegada, encontró la primera pieza de oro.

Luego encontró otra. Y en poco tiempo habían descubierto un brillante botín de más de 250 objetos para los que la expresión “tesoro escondido” se quedaba corta.

Había vasijas para banquetes y cuernos para beber. Elaboradas joyas. Una lira y un cetro, una espada, piedras originarias de Asia, platería de Bizancio y monedas de Francia (que ayudaron a datar el tesoro).

Había una hebilla de oro grabada con serpientes y bestias entrelazadas, una pieza tan extraordinaria que el conservador de las antigüedades medievales del Museo Británico casi se desmayó al verla.

Había broches y cinturones de joyas, un maravilloso casco ornamentado y con una máscara completa: el inquietante rostro de algún antiguo héroe que parece observar a través de los siglos.

Barco

Getty Images
Una representación de cómo pudo de ser el funeral del rey anglo sajón en el barco que después se enterró.

Lo que significó el descubrimiento

El hallazgo de Brown hizo que se reescribieran, literalmente, los libros de historia.

El barco y su contenido pertenecían a la Edad Media, y el descubrimiento iluminó esos cuatro siglos entre la partida de los romanos y la llegada de los vikingos, un periodo del que se sabía muy poco.

Los anglosajones que gobernaban los distintos reinos de Inglaterra durante esta época habían sido considerados un pueblo rudo y atrasado -casi primitivo-, pero allí había objetos de gran belleza y exquisita factura.

Se trataba de una sociedad que valoraba la pericia, la artesanía y el arte; y que comerciaba con Europa y más allá.

Y estas reliquias de una civilización sofisticada y perdida aparecieron justo cuando la nuestra estaba amenazada de desaparición por los nazis.

El líder de los arqueólogos dio un discurso a los visitantes del lugar, y tuvo que gritar para que se le oyera por encima del rugido de un Spitfire .

Cuando el escritor y periodista John Preston descubrió que Piggott, su tía, había participado en la excavación, investigó la historia y reconoció inmediatamente el valioso filón que suponía para un novelista.

The Dig (La excavación) se publicó con gran éxito en 2007.

Robert Harris la calificó de “verdadero tesoro literario” e Ian McEwan la definió como “muy fina, absorbente, exquisitamente original”.

La productora Ellie Wood afirma que quiso hacer una versión cinematográfica en cuanto leyó el manuscrito de la novela en 2006, antes incluso de que se publicara.

“Era increíblemente cinematográfico”, cuenta Wood a BBC Culture.

A medida que el barco se va revelando, también lo hacen las vidas interiores de las personas involucradas, y eso es lo que me pareció tan poderoso y original”.

“Podía sentir las profundas emociones de los personajes, aunque fueran incapaces de expresarlas. Todos esos sentimientos a fuego lento se mantienen a raya debido a la reserva británica y la estructura de clases sociales”.

Carey Mulligany Ralph Fiennes

LARRY HORRICKS/NETFLIX
Ralph Fiennes y Carey Mulligan, interpretan respectivamente al arqueólogo autodidacta Brown y a Edith Pretty, la terrateniente que lo contrató para excavar los misteriosos túmulos.

Moira Buffini, cocreadora de la exitosa serie televisiva Harlots, escribió el guion.

“Ellie Wood me envió el libro en 2011 y lo leí, e inmediatamente pensé: tengo que escribir esto”, dice Buffini.

“Fue ese instante. Sabes que estás ante algo bueno cuando sientes eso por un proyecto. Y no ocurre tan a menudo”.

El libro me conmovió profundamente. Me sentí descarnada cuando terminé de leerlo. Creo que transmite la sensación de fragilidad de todo, incluidos nosotros.

Mientras escribía el guion llegué a pensar que el acto de abrir la tierra -de cavar para desenterrar a los muertos- abre en cierto modo a todos los que están vivos”.

A lo largo de los años, varios actores han sido vinculados a la película, entre ellos Cate Blanchett y luego Nicole Kidman.

Al parecer, Kidman tuvo que retirarse debido a compromisos laborales y Carey Mulligan se incorporó con poca antelación.

Wood dice que, aunque ha tardado mucho, su determinación nunca decayó.

“Creo que fue por la historia de Basil Brown”, dice. “Debido al clasismo y al esnobismo intelectual, su inestimable trabajo pasó desapercibido durante mucho tiempo, y me pareció realmente importante que más gente conociera lo que logró”.

Montículos

Getty Images
Tras enterrar los restos funerarios formaban estos característicos montículos llamados túmulos.

El misterio continuó

El nombre de Brown no se mencionó en la exposición permanente del Museo Británico sobre los tesoros de Sutton Hoo hasta hace relativamente poco tiempo.

Pero aunque ahora se reconoce su crucial contribución, hay muchas cosas que siguen generando dudas sobre el entierro del barco.

¿A quién honra? El principal candidato es Raedwald, un poderoso líder regional que murió en torno al año 624 y que formaba parte de una dinastía que afirmaba descender del dios nórdico Woden.

Fue el primer rey inglés que se convirtió al cristianismo, aunque al mismo tiempo se cuidaba astutamente de no molestar a los dioses paganos.

¿Y cuál era exactamente la naturaleza del barco? ¿Era un buque de guerra?

Podremos juzgarlo mejor cuando el proyecto de construir una réplica a tamaño real del barco llegue a buen puerto.

Nos dará una idea más precisa, por ejemplo, de cómo se maneja exactamente en el agua.

La compañía Sutton Hoo Ship pretende tener su barco construido y listo para empezar las pruebas en tres años, y espera que la película genere más interés en su proyecto.

La película es discreta, pero poderosamente conmovedora, y cuenta con unas interpretaciones tremendas tanto de Fiennes como de Mulligan.

Durante un reciente rueda de prensa sobre la película, Fiennes explicó que leyó por primera vez el guion en un avión y al final se le “saltaron las lágrimas”.

“No sé muy bien por qué, pero es algo que tiene que ver con la integridad de la gente que desentierra algo que a la vez representa de alguna forma a su nación”.

Y las circunstancias actuales hacen que su descripción de un mundo al borde del desastre resuene de una manera imprevista a cuando se comenzó este proyecto.

“Me pregunto si ahora todos tenemos un sentido más presente de nuestra propia mortalidad, de nuestra insignificancia en el gran esquema de las cosas”, sostiene Buffini.

“Pero creo que hay algo muy esperanzador en la idea de que somos eslabones de una cadena humana ininterrumpida.

Le di a Basil la frase: ‘Desde la primera huella de una mano en la pared de una cueva, formamos parte de algo continuo'”.


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