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La Ruana, entre el temor por más ataques y las acusaciones contra la Gendarmería

El grupo de Hipólito Mora teme más ataques, mientras que Simón El Americano acusó que los elementos de la Gendarmería son quienes iniciaron el enfrentamiento.
Por Omar Sánchez de Tagle
18 de diciembre, 2014
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Simón El Americano. Foto: Omar Sánchez de Tagle.

Simón El Americano. Foto: Omar Sánchez de Tagle.

“Estamos esperando a nuestros muertos, estos hijos de la chingada ya nos dijeron que no podremos velarlos juntos, queríamos rendirles homenaje aquí en donde murieron justo en la barricada, pero dicen que no podemos alterar la escena del crimen y eso son chingaderas”, aseguró Pedro, hijo de uno de los 11 muertos tras el enfrentamiento de este martes 16 de diciembre en La Ruana, Michoacán.

Fue justo a las ocho de la noche que agentes ministeriales notificaron a familiares de las personas fallecidas que los cuerpos llegarían en la madrugada, que ya se habían terminado las autopsias pero no los interrogatorios ni las investigaciones.

La imagen de La Ruana este miércoles 17 de diciembre no se compara con la de hace 9 meses en las que la Policía federal y el Ejército llegó quitar las armas a la gente de Hipólito Mora tras ser detenido por diversas denuncias que había en su contra.

Hoy, la entrada a la que también se conoce como la tenencia de Felipe Carrillo Puerto está custodiada y bloqueada por elementos del Ejército mexicano, que afirman que no se puede pasar a la comunidad debido a que se podrían obstruir las investigaciones y por tanto alterar la escena de los hechos.

Cerca de 70 militares son los que se encuentran colocados justo en la entrada de El Rancho Los Palmares, lugar que por meses fue la base de operación de Hipólito Mora.

A 200 metros se encuentra la barricada en la que se mantienen los hombres de Hipólito Mora, quienes durante todo el día estuvieron declarando ante el ministerio público. Y quienes no se atreven a ir a sus casas por temor a que los agreda la gente de Simón El Americano.

“Algunos tenemos aún armas de cargo pero ni modo de irme a mi casa y enfrentarme solo contra los 100 hombres que trae Simón”, dice Juan, uno de los más jóvenes fuerzas rurales que hay en La Ruana.

Y es que a diferencia de hace nueve meses, El Americano decidió en esta ocasión no salir de La Ruana, él y sus hombre conformaron una base en la plaza central de dicho poblado y desde ahí mantienen contacto con los elementos de la Procuraduría de Justicia que llegaron al lugar.

La orden de Simón a su gente fue la no abandonar la comunidad y efectuar rondines por las calles. Situación que provocó mayor tensión en la zona, pues es justo en el lugar donde se estableció Simón que viven Hipólito Mora y sus hombres. Esto, a pesar de que el comisionado por la seguridad en Michoacàn, Alfredo Castillo, había prohibido esos rondines.

De hecho, al igual que los hombres de Hipólito, la gente de “El Americano” se encuentran armados y rondando las calles, todos ellos con armas de distintos calibres.

Tenemos miedo por nuestras familias, no podemos ir a nuestras casas, allá tienen a la gente del H3 y el ejército y los federales no los sacan todos ellos siguen armados, la gente tiene miedo hasta de abrir los negocios”, señala Calixto, un hombre cercano a Hipólito Mora

La Ruana cuenta con seis accesos, pero todos ellos están custodiados por federales o elementos del ejército que impiden el paso a toda persona que no vive en dicha comunidad.

Tenemos miedo pero tenemos videos y pruebas que nos darán la razón: Hipólito Mora

Ya sin uniforme de las fuerzas rurales, y con una R-15 en su espalda, Hipólito Mora aseguró temer por la vida de su gente y también temor de ser encarcelado.

Tenemos videos, fotos y testigos de que Simón disparó primero y vimos cómo incluso su gente golpeó ya muerto a uno de nuestros hombres, a mí me avisaron por el celular 20 minutos antes, recibí la alerta de un amigo y no se equivocó, mire el mensaje me llegó justo a las cuatro de la tarde”, aseguró Hipólito Mora

Hipólito refiere que tras el enfrentamiento, el día no ha sido fácil, pues su gente declaró ante el ministerio público y al mismo tiempo han tenido que vigilar que sus familias no sean atacadas.

“No es posible que a tan solo kilómetro y medio y justo en la plaza central de nuestro pueblo mantengan a Simón, eso no me gusta y la gente tiene miedo; bueno, tenemos”.

Entrevistado luego de ser notificado de que el cuerpo de su hijo llegaría en la madrugada, Hipólito Mora se mostró molesto pues dijo que no les dejarían velar a sus muertos juntos.

“Cada uno tendrá que velarlos en sus casas, pero no sé cómo lo haremos si la gente de Simón sigue allá metida”.

Simón aseguró que todo fue culpa de la Gendarmería

Aunque Simón El Americano ha demostrado que no le gusta hablar ante los medios, ayer miércoles ofreció una inusual conferencia en la plaza central de la Ruana, conferencia a la que incluso personal de la procuraduría de justicia del estado invitaba.

En ella, Simón manifestó que el enfrentamiento del pasado sábado fue responsabilidad de la Gendarmería.

“Nosotros cada que llegamos a La Ruana somos revisados por la gente de Hipólito en esta ocasión los federales nos revisaron y al haber una confusión nos dispararon primero, esto causo que el grupo de Hipólito respondiera y por minutos hubiera incluso fuego cruzado”.

Simón aseguró que el enfrentamiento no fue culpa de el ni de Hipólito, sin embargo, tras los muertos de ambos lados ya existe un verdadero problema.

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Crisis en Venezuela: La desesperada búsqueda de hormonas de los transexuales

Las personas que quieren cambiar su sexo biológico necesitan un tratamiento hormonal de por vida para mantener los cambios en su cuerpo. En Venezuela son hoy imposibles de encontrar, lo que acarrea graves riesgos para ellas.
27 de junio, 2019
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“Si volviera a parecer una mujer, no me atrevería a salir a la calle”.

A André le llevó mucho tiempo y esfuerzo construir la apariencia del hombre que siempre sintió ser.

Transformar el cuerpo de Bolivia Andreína Bellorín, la mujer cuyo nombre figura en su cédula de identidad pero en la que nunca se reconoció, le costó dos intervenciones quirúrgicas, meses de un caro tratamiento hormonal y un doloroso desencuentro con una madre ya fallecida que nunca terminó de aceptarlo.

Ahora, al encontrarlo en la cafetería de un centro comercial de Caracas, nadie diría que el cuerpo de este empleado en una empresa agrícola fue un día de mujer.

Pero él siente que algo está cambiando, que lo que tanto le costó podría, poco a poco, malograrse.

“Ya no me sale barba en muchas partes de la cara y me estoy poniendo más caderón”, cuenta preocupado. “Pero lo peor es mi voz, no soportaría que mi voz fuera otra vez la de antes“.

Como todos los transexuales que inician lo que los especialistas denominan “transición” para adecuar su sexo biológico a su personalidad, André Bellorín necesita un tratamiento hormonal de por vida para mantener los cambios alcanzados.

Su cuerpo se está feminizando de nuevo porque en 2014 lo interrumpió.

¿La razón? La misma que la de muchos otros problemas en Venezuela: la escasez.

De acuerdo con el Informe sobre la Situación del Derecho a la Salud elaborado el año pasado por varias ONG locales, Venezuela vive “un agotamiento extremo de los inventarios de medicinas, vacunas e insumos básicos” que se traduce en que muchos pacientes tienen graves dificultades para encontrar los medicamentos que necesitan.

Los trans y sus hormonas no se libran del problema.

“Cada vez se hizo más difícil encontrar la testosterona. Recorría una farmacia tras otra; a veces tenía suerte, otras no”, recuerda André, que cuenta incluso que hubo un año en que sus amigos le regalaron unos inyectables de testosterona por su cumpleaños.

Habían unido esfuerzos para traerlos desde Colombia.

Fue algo excepcional.

André Bellorín.

G. D. Olmo
A André le ha dejado de salir barba en la mayor parte de la cara y teme que la feminización de su cuerpo no se detenga.

“Yo no tengo dinero para comprar la hormona en Colombia y que me la manden todos los meses”, cuenta André, que como muchos en Venezuela estira su modesto sueldo al máximo para hacer frente a la hiperinflación.

Parte de los migrantes venezolanos

El cirujano Edward Romero, responsable de la Unidad Transgénero en la clínica Uciep de Caracas, ha notado en su consulta los efectos de la escasez de hormonas.

“La mitad de mis pacientes se ha marchado a países en los que pueden conseguir el tratamiento, sobre todo Colombia, Ecuador y Perú, donde es más económico”, afirma.

Es una cara menos conocida de la diáspora de más de cuatro millones de personas que, según Naciones Unidas, ha dejado Venezuela desde que comenzó la crisis económica que sufre.

Médico y usuario transexual.

G. D. Olmo
El doctor Edward Romero dice que la mitad de sus pacientes se han marchado a países donde podían encontrar las hormonas.

Suspender el tratamiento hormonal, como muchos se han visto obligados a hacer, no solo pone en peligro los cambios logrados sino que puede tener otras graves consecuencias.

Según el doctor Romero, “los usuarios con frecuencia caen en la depresión y en la ansiedad”.

Los jóvenes son los más vulnerables. “En los adolescentes que están atravesando el conflicto de la transgeneridad vuelve a haber ideas suicidas y explosiones violentas en el ámbito familiar“.

El problema se agudiza en el caso de los trans masculinos, en los que las hormonas provocan cambios más rápidos, pero que también desaparecen rápido.

La vuelta de la menstruación, que puede producirse ya a los tres meses de la interrupción del tratamiento, supone una experiencia traumática para muchos de ellos.

Transexuales en Caracas.

Getty Images
Las hormonas provocan cambios más rápidos en los transexuales masculinos, pero también desaparecen rápido.

Toni del Vecchio es uno de los trans a los que trató el doctor Romero. Asegura que “lamentablemente, hoy en Venezuela empezar un tratamiento hormonal es una cuestión de dinero”.

Él, un diseñador gráfico al que le va bien, se sabe miembro de una minoría de privilegiados. Puede pagar el coste de su medicación en Ecuador y el envío desde allí.

Para la mayoría de los que resisten en Venezuela y no se resignan a que su cuerpo se convierta en aquello de lo que escaparon, conseguir las hormonas se ha convertido en una especie de odisea.

Venezolano rumbo a Colombia

Karl Rodríguez consume ahora lo que le queda de Nebido, un inyectable en ampollas que debe suministrarse cada tres meses para mantener los niveles de testosterona.

“Viajé hasta Colombia en la camioneta de un amigo para comprarlas a US$80 cada una”.

Ahora, cuenta, está ahorrando lo que puede de su sueldo de cocinero en el Banco Central para repetir el viaje y renovar sus existencias.

Sabe que no será fácil. Viajar por carretera en Venezuela se ha convertido en misión de alto riesgo. A la inseguridad se suma últimamente el problema de la dificultad para encontrar combustible en la mayor parte del país.

Karl dice que nada de eso lo detendrá. “De una manera o de otra conseguiré mis hormonas”.

Karl Rodríguez

G. D. Olmo
Karl Rodríguez tuvo que viajar por carretera hasta Colombia para conseguir las hormonas que necesitaba.

La desesperación por conseguirlas llevó a algunos a buscar en internet lo que no podían encontrar en las farmacias.

“En Venezuela lo único que puedes encontrar son páginas web que ofrecen las hormonas, nunca por debajo de US$300“, explica Del Vecchio.

Más alto que el coste son los riesgos para la salud de adquirir uno de estos productos sin certificación y consumirlo sin supervisión médica, como algunos hicieron.

El doctor Romero cuenta que trató a personas que recurrieron a hormonas animales, lo que puede provocar crisis hipertensivas y otros trastornos.

Un transexual que prefirió no dar su nombre refirió a BBC Mundo que compró por internet lo que creyó era testosterona y luego resultó ser resina vegetal.

Ahora tiene unos bultos en los glúteos, no sabe cuándo desaparecerán y ha renunciado definitivamente a hormonarse.

Situación de los LGBT en Venezuela

Para activistas y organizaciones de defensa de los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT) en Venezuela, los problemas de los transgénero para conseguir su medicación son un reflejo más del marco de precariedad y falta de derechos que sufre este colectivo.

Para Quiteria Franco, de la ONG Unión Afirmativa, “el país siempre estuvo mal en este campo, pero ahora estamos a la cola en la región“.

Venezuela no reconoce el derecho al cambio de identidad de los transgénero. Es además uno de los pocos de Sudamérica que no admite el matrimonio y ni siquiera contempla la unión civil entre personas del mismo sexo.

BBC Mundo intentó obtener información sobre la situación del colectivo LGBT en el país, pero el Ministerio de Comunicación no respondió a la petición.

Quiteria Franco resume la situación. “Somos un problema que nunca le ha importado a nadie”.


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