Él es Jaime Bernal, el policía que reveló malas condiciones laborales y fue despedido
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Jaime Bernal García. Foto: Cortesía.

Él es Jaime Bernal, el policía que reveló malas condiciones laborales y fue despedido

Inició un movimiento a través de redes sociales para que los uniformados revelaran su inconformidad contra las malas condiciones laborales, posteriormente fue despedido por "desacato".
Jaime Bernal García. Foto: Cortesía.
Por Nayeli Roldán
19 de enero, 2015
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Jaime Bernal García. Foto: Cortesía.

Jaime Bernal García. Foto: Cortesía.

Jaime Bernal García trabajó durante 15 años como agente de la Policía de Investigación del Distrito Federal, en condiciones precarias y, como el del resto de sus compañeros, nunca tuvo un aumento de salario. En 2013, a través de redes sociales, inició el Movimiento Nacional por la Seguridad y la Procuración de Justicia que pretendía conseguir mejoras laborales para el gremio, pero meses después fue despedido acusado de “desacato a una orden”.

El 1 de diciembre de 2014 se hizo efectiva la destitución que impidió recibir algún tipo de liquidación, pese a los años de servicio con un expediente limpio. Desde entonces ha intentado que su caso sea revisado pues se trata, insiste, de un despido injustificado. Hizo una huelga de hambre por seis días, afuera del búnker de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) para que el titular, Rodolfo Ríos Garza, lo atendiera, pero no tuvo éxito.

Tramitó una revisión ante el comité de honor y justicia de la Procuraduría, quien ratificó el despido. Sin embargo, esta semana, continuará con su inconformidad ya fuera de la PGJDF e interpondrá un juicio de amparo ante Tribunal superior de justicia del DF.

Bernal asegura que se trata de una “venganza” por haber iniciado la organización de sus compañeros. Y es que en un ambiente donde la mayoría teme denunciar las anomalías por miedo a ser despedido, se le ocurrió crear la página de Facebook “Foro de las ideas en pro de los derechos laborales del personal de la PGJDF”, que en un inicio funcionó como “paño de lágrimas”, pues era un espacio donde los uniformados escribían quejándose de las condiciones laborales.

En unos meses pasaron de decenas a miles de participantes. La respuesta los motivó a organizar una primera manifestación pública con un mitin en el Zócalo del DF el 26 de junio de 2013. Por primera vez, los uniformados capitalinos se atrevían a señalar sus inconformidades.

Un mes después pensó que el movimiento había dado resultado pues fue llamado a un encuentro con el oficial mayor de la PGJDF, Basilio Puebla Medina, el 27 de julio.

Aunque era un día laboral, pidió permiso a su jefe directo para acudir a la cita que transcurrió con normalidad.

Días después le notificaron que era sujeto de un procedimiento administrativo por “desacato de una orden”, es decir, haber faltado a trabajar el día que se encontró con el funcionario. A partir de ahí se inició una investigación que derivó en el máximo castigo para un funcionario público: la destitución.

Sabe que hacer público cualquier cosa que ponga en evidencia a las corporaciones policíacas es mal visto por los funcionarios y mandos, pues, según les dicen, “daña a la corporación”.

Después de perder su trabajo y seguir con el movimiento, teme ser víctima de más represalias, pues sabe cómo actúa la policía. Por ejemplo, dice, para sembrar un delito basta con la acusación de alguien para que inicie un proceso en su contra. En un un “palabra contra palabra” cualquiera podría ser hasta encarcelado.

Incluso teme por su vida pues sabe que los “puntos ciegos” de las cámaras de vigilancia puestas por toda la ciudad son espacios perfectos para atacar a alguien sin que quede registrado en el sistema operado desde el Centro de Mando de la Ciudad de México. “No soy paranoico”, dice, pero toma precauciones hasta al usar el transporte público como el metro y evitar cualquier tipo de “accidente”.

¿Los policías son corruptos?

Los policías no son reconocidos socialmente y más aún, 80% de los mexicanos los considera los funcionarios públicos más corruptos, según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2014 realizada por el INEGI. Ellos lo saben y aprenden a sobrellevarlo y algunos, con sus acciones frente a la ciudadanía, refuerzan esa percepción.

El hombre moreno, de 39, años, no se esfuerza por convencer de la honestidad de los policías. Reconoce que existe la corrupción, pero es una cadena proveniente de todos los puestos del organigrama. “Los mandos son los que se corrompen. Dan órdenes en cascada, aunque la mayoría no acepta la corrupción, lo hace” y después de un tiempo, dice Bernal, se vuelve costumbre.

El sistema está tan corrompido que cualquiera con intenciones de hacer bien su trabajo lucha contra corriente. Cuando Jaime egresó de la academia de policía conoció un dicho común entre el gremio “hazte pendejo y llegarás lejos” y que lo vio cumplido en sus años de servicio.

Un ejemplo de ello es que “las mordidas” que los policías reciben cuando trabajan en calle son parte de una cadena de cuotas hacia los mandos inmediatos y recursos necesarios para el mantenimiento de sus propios equipos.

Cualquier compostura de los vehículos y uniformes debe ser pagado por quien los ocupa. Él, por ejemplo, se encargaba de la investigación de homicidios en la PGJDF tenía que pagar de su bolsillo hasta por las copias de los expedientes.

Además, desde que llegó a la corporación en 1999, tuvo un salario de 11 mil 500 pesos durante la administración de Samuel del Villar, quien empujó un aumento salarial considerable pues en un inicio los policías de investigación percibían poco más de 5 mil pesos mensuales.

15 años después, el sueldo no aumentó. Aunque ascender en el escalafón permitiría mejorar las condiciones económicas, pocos pueden acceder a puestos más altos, no por falta de capacidades sino de “contactos”; los “mandos” están destinados para los allegados de los jefes, mientras que el Servicio Civil de Carrera, mediante el cual se realizan exámenes y se distribuyen los ascensos es un “engaño”.

Bernal espera que los policías se convenzan de defender sus derechos para ser mejores funcionarios públicos y que el movimiento pueda seguir creciendo hasta conseguir algún cambio en el gremio que, dice, repercutiría en la sociedad.

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Cómo llegó a Líbano la carga de nitrato de amonio que causó la devastadora explosión

Antes de dejarse en un almacén del puerto de Beirut durante 6 años el nitrato de amonio que causó la explosión tenía un destino muy distinto.
6 de agosto, 2020
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El MV Rhosus llegó a Beirut en 2013 con las 2.750 toneladas de nitrato de amonio.

EPA
El MV Rhosus llegó a Beirut en 2013 con las 2.750 toneladas de nitrato de amonio.

¿Cómo llegaron al puerto de Beirut las 2,750 toneladas de nitrato de amonio?

Esa es la pregunta que muchos se hacen desde que el presidente de Líbano, Michel Aoun, señalara al nitrato de amonio que llevaba seis años en el puerto de la capital en la explosión que dejó al menos 137 muertes y más de 5,000 heridos.

Y las miradas se han puesto en un hecho acontecido en 2013, cuando un barco arrendado por un ruso y con bandera de Moldavia atracó de emergencia en Beirut por problemas técnicos.

El gobierno no ha dicho que ese sea el origen del nitrato de amonio de la explosión, pero el barco transportaba, precisamente, la cantidad de 2,750 toneladas que fueron confiscadas por las autoridades libanesas.

Imagen del puerto de Beirut tras la explosión.

Getty Images
2,750 toneladas de amonio estuvieron almacenadas en el puerto de Beirut durante seis años.
beirut

BBC

El nitrato de amonio es un compuesto que puede ser utilizado como fertilizante pero también en la fabricación de explosivos.

Si no se almacena en las condiciones adecuadas, como parece ser el caso de lo que había en la capital libanesa, puede resultar muy peligroso.

A pesar de que el director general de Aduanas, Badri Daher y el encargado del puerto, Hassan Koraytem, advirtieron en repetidas ocasiones sobre el peligro que suponía mantener el nitrato de amonio sin las medidas de seguridad requeridas, su llamamiento fue ignorado.

Mientras que la pregunta sobre por qué se descuidó el nitrato de amonio durante seis años parece ser la clave de la investigación, al menos comienza a dilucidarse de dónde pudo proceder el compuesto.

Cómo acabó el nitrato de amonio en el puerto de Beirut

Las 2,750 toneladas de nitrato de amonio que investiga el gobierno libanés es la misma cantidad que las autoridades confiscaron a un buque de carga llamado MV Rhosus en 2013.

El MV Rhosus llevaba la bandera de Moldavia y transportaba el nitrato de amonio desde Georgia hasta Mozambique, pero sufrió problemas técnicos durante la travesía y tuvo que parar en Beirut.

rHOSUS

Reuters
En 2014, los tripulantes del Rhosus protestaron por haber sido retenidos en Beirut.
Rhosus

EPA
El Rhosus llegó a Beirut navegando con bandera de Moldavia.

Una vez allí, la nave fue inspeccionada por las autoridades libanesas y se le prohibió reemprender la ruta por no pagar las tarifas portuarias correspondientes, de acuerdo a un reporte de 2015 de Shiparrested, una red de abogados que gestiona asuntos legales de buques de carga.

El antiguo capitán de ese buque, el ruso Boris Prokoshev, fue entrevistado esta semana por la cadena rusa Radio Libertad de Siberia.

Según Prokoshev, la nave pertenecía al ciudadano ruso Igor Grechushkin, el cual se desentendió del asunto y no respondió al llamado de tripulantes y abogados para pagar las tarifas y continuar con la travesía.

Algunos de los tripulantes que iban en el barco fueron liberados, pero el capitán Prokoshev, otro ciudadano ruso y tres ucranianos fueron retenidos.

Ruta del Rhosus antes de llegar a Beirut.

BBC

Posteriormente, la carga de nitrato de amonio fue confiscada por las autoridades y trasladada a un contenedor del puerto por motivos de seguridad.

Shiparrested, que gestionó la liberación de los cuatro tripulantes retenidos, publicó que “la embarcación había sido abandonada por sus dueños”.

“Los esfuerzos por ponerse en contacto con los dueños y arrendatarios del barco así como con los compradores de la mercancía para pagar las tasas no fructificaron”, reportaron los abogados.

Prokoshev sostiene que Grechushkin aún le debe dinero a él y los tripulantes por los servicios prestados. Sin embargo, sus demandas no han tenido éxito porque este ya no reside en Rusia.

El antiguo capitán también aseguró en la entrevista con Radio Libertad que el barco estaba dañado por falta de mantenimiento y que se hundió después de haber sido liberados.

La BBC intentó ponerse en contacto con Grechushkin, pero no obtuvo respuesta.

Por qué nunca se movió el nitrato de amonio del puerto de Beirut

Desde el servicio árabe de la BBC, señalan que dar respuesta a esa pregunta es la clave a la hora de dirimir responsabilidades.

Según Nidale Abou Mrad, periodista de la BBC, muchos libaneses culpan a la corrupción y falta de liderazgo del país, un problema que llevan denunciando desde hace años.

Por su parte, el presidente Aoun prometió que se llevaría a cabo una investigación transparente.

El encargado general del puerto, Hassan Koraytem, y el director de aduanas libanesas, Badri Daher, insisten en que avisaron del peligro del nitrato de amonio almacenado pero que se les ignoró constantemente.

Bomberos buscan desaparecidos entre los escombros.

Getty Images
A la explosión siguió una frenética búsqueda de desaparecidos.
Barco destrozado en el puerto de Beirut.

Getty Images
El puerto de Beirut quedó devastado tras la explosión.

“Requerimos que fuera reexportado pero no ocurrió. Dejamos que los expertos e involucrados determinen por qué”, dijo Daher a la cadena libanesa LBCI.

De acuerdo a documentos oficiales, los funcionarios de aduanas enviaron cartas al sistema judicial buscando una solución hasta seis veces entre 2014 y 2017.

A causa de la investigación, el gobierno anunció este miércoles que se había puesto en arresto domiciliario a los encargados de vigilar el nitrato de amonio en el puerto.

Y el Consejo Superior de Defensa de Líbano ha prometido que los responsables se enfrentarán al “máximo castigo posible”.


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