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El periodista Julio Scherer murió a los 88 años. Foto: Cuartoscuro/Archivo.
Muere el periodista Julio Scherer, fundador del semanario Proceso (sus historias para recordarlo)
El escritor de al menos 22 libros falleció a los 88 años a causa de un choque séptico.
El periodista Julio Scherer murió a los 88 años. Foto: Cuartoscuro/Archivo.
Por Redacción Animal Político
7 de enero, 2015
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El periodista y escritor Julio Scherer García murió la madrugada de este miércoles 7 de enero, informó el semanario Proceso, del cual fue fundador.

De acuerdo con la publicación, Scherer Gracía –autor de Los Presidentes (1986), La reina del Pacífico (2008), entre otros 2o libros– falleció a causa de un choque séptico tras una enfermedad que sufría desde hace unos dos años.

El 17 de octubre pasado hizo lo que sería su última visita a la redacción que tanto amó. Al despedirse, a las puertas de las oficinas del semanario que fue su vida durante sus últimos 38 años, dijo a este reportero (Alejandro Caballero), los ojos húmedos, que Proceso había costado muchos sacrificios y trabajo y se despidió intentando una sonrisa“,  indicó Proceso en la nota en la que informó sobre su muerte.

Scherer García, de 88 años, murió poco antes del aniversario número 38 de Proceso, la revista de investigación que fundó en 1976, tras dejar el diario Excélsior –uno de los más importantes de México durante la segunda mitad del Siglo XX–, que dirigió de 1968 hasta 1976, cuando una maniobra orquestada por el gobierno del entonces presidente, Luis Echeverría, terminó con su salida de la dirección del medio.

El Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, que dirigía la revista Plural que publicaba Excélsior, abandonó la dirección de ese magazín cultural y político junto con Scherer.

El periodista inició su carrera en Excélsior en 1949 como mandadero y 19 años después se convirtió en su director. Scherer asumió la dirección del diario en momentos en que los estudiantes protestaban contra el gobierno a quien conminaban a dialogar; petición que fue rechazada por el mandatario Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y que se saldó con una matanza ocurrida el 2 de octubre de 1968 cometida por un grupo paramilitar en la zona habitacional de Tlatelolco.

La cantidad exacta de personas que fallecieron en ese ataque se desconoce hasta la fecha.

Al día siguiente de la masacre, mientras los periódicos retomaban la versión oficial de que los estudiantes eran parte de una conjura que tenía como fin sabotear los Juegos Olímpicos que se celebrarían ese año en México, Excélsior publicó una caricatura de Abel Quezada en la que sobre fondo negro aparecía la frase “¿Por qué?”.

En sus páginas editoriales Excélsior puso en duda la versión del gobierno aunque el periodista reconoció que no había podido sustraerse por completo de las presiones del mismo. A Díaz Ordaz le sucedió Luis Echeverría (1970-1976), su secretario de gobernación, a quien se achacaba responsabilidad por la matanza.

El periódico mantuvo una línea crítica al desempeño del gobierno lo que lo llevó a orquestar, en 1975, una protesta de presuntos accionistas que, en realidad, eran dirigidos por un líder campesino de un grupo afiliado al PRI, partido en el gobierno.

Scherer dejó la dirección y con un grupo de reporteros y editorialistas fundó el semanario Proceso, que se convirtió en un permanente crítico de los gobiernos desde su fundación a la fecha.

Entre los asuntos que la revista dio a conocer se encuentran la divulgación en 1978 de la existencia de un grupo especial del ejército dedicado a combatir a la guerrilla llamado “Brigada Blanca”, la investigación sobre el asesinato del periodista Manuel Buendía en 1984, cuya responsabilidad se achacó al Director de Seguridad Nacional, la denuncia de las acusaciones de enriquecimiento ilícito y sospechas sobre corrupción del Raúl Salinas de Gortari, hermano del expresidente Carlos Salinas, a quien bautizó como “el hermano incómodo” en la década de 1990.

En 1994, tras el alzamiento del grupo guerrillero indígena conocido como Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el semanario publicó una entrevista con su dirigente el “Subcomandante Marcos”. En ese año el grupo insurgente lo propuso como integrante de una comisión que negociara la paz entre los rebeldes y el gobierno pero declinó la oferta.

“Mi condición de periodista me obliga a la imparcialidad”, decía su respuesta, “difícil de sostener en la doble condición de mediador y cronista de los acontecimientos que vivimos. Debo, pues, cumplir exclusivamente con las reglas de mi profesión”.

En 2010 publicó fue una entrevista con narcotraficante Ismael El Mayo Zambada en la que éste se quejaba por la operación del gobierno contra cárteles de la droga. La publicación provocó críticas al periodista por dar voz a un personaje que se reconocía como criminal y por la fotografía que ilustraba a la historia, en la que Zambada lo abrazaba con familiaridad.

Sus funerales serán privados, indicó la revista.

 

De acuerdo con el perfil publicado por el semanario, Scherer García escribió a menos 22 libros entre 1965 y 2013. El primero fue Siqueiros: La Piel y la entraña (1965) y 19 años después Los Presidentes (1986). Además: El poder: historias de familia (1990); Estos años (1995); Salinas y su imperio (1997); Cárceles (1998); Parte de Guerra, en coautoría con Carlos Monsiváis (1999); Máxima seguridad (2001); Pinochet, vivir matando (2000) y Nuevo Siglo-Aguilar (2003); Tiempo de saber: Prensa y poder en México, en coautoría con Carlos Monsiváis (2003); Los patriotas. De Tlatelolco a la guerra sucia (2004); El perdón imposible (Versión ampliada de Pinochet, vivir matando); El indio que mató al padre Pro (2005); La pareja (2005); La terca memoria (2007); La reina del Pacífico (2008); Allende en llamas (2008); Secuestrados (2009); Historias de muerte y corrupción (2011); Calderón de cuerpo entero (2012); Vivir ( 2012) y Niños en el crimen (2013).

Links para recordarlo

– Una biografía de Julio Scherer, premio Nacional de Periodismo.

– La primera portada y directorio de Proceso.

Vicente, Vicente. Julio Scherer escribió sobre la muerte del escritor y también periodista Vicente Leñero (Proceso, 2014).

Tiempo de llorar a García Márquez. (Proceso, 2014).

Caro Quintero… como un animal salvaje. (Proceso, 2013).

La Reina del Pacífico: “Calderón se creyó la ley”.  (Proceso, 2013).

Calderón, tal cual es… (Proceso, 2012).

– Entrevista al subcomandante Marcos.

– Entrevista a Scherer, autor de La reina del Pacífico.

Scherer en la guarida de El Mayo Zambada (Proceso, 2010).

Con información de Proceso y AP. 

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La revolucionaria ley que permite convertir los cadáveres humanos en abono para jardines
El estado de Washington es el primero de EU en aprobar una ley que permite que el cuerpo se transforme en compostaje como una forma de entierro.
Getty Images
29 de abril, 2019
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“Polvo eres y en polvo te convertirás”: una máxima que se ha repetido por siglos como una forma de definir lo que ocurre con nuestro cuerpo una vez acaba la vida.

Sin embargo, en el estado de Washington, Estados Unidos, han decidido cambiar un poco esa aproximación: en vez de polvo, el cuerpo humano puede convertirse en el compostaje perfecto para jardines y cultivos en general.

O sea, que los restos humanos pueden ser los cimientos de un jardín florecido a las puertas de una casa o pueden servir para alimentar las raíces de los árboles.

La idea, que fue aprobada la semana anterior por el Senado estatal y está a la espera de la firma del gobernador Jay Inslee para su visto bueno final, es convertir el compostaje en una alternativa al entierro o la cremación, mediante un proceso que dura 30 días y por el que el cadáver se convierte en abono natural.

Una idea que cada vez tiene más adeptos en EE.UU. como una forma de aportar al medio ambiente después de la muerte. Y sobre todo, hacerlo de forma legal, porque en muchos países está prohibido disponer de restos humanos por fuera de cementerios o sitios de entierro autorizados.

Pero, ¿cómo cambia la forma en que se degrada el cuerpo con este método, comparado con el proceso que ocurre naturalmente con un cuerpo enterrado? ¿Y cómo puede ser beneficioso para el medio ambiente?

Maneras ecológicas de morir

De acuerdo al antropólogo forense Daniel Wescott, al cuerpo humano le toma meses degradarse en la tierra.

Y todo depende de la calidad del suelo. En un ambiente seco, el cuerpo puede terminar momificado. En zonas más húmedas, un rostro puede degradarse hasta llegar a los huesos en pocas semanas.

“Si tienes una buena cantidad de actividad de bacterias, en un mes el cuerpo humano ya debería estar degradado en la tierra“, le dijo Wescott a la BBC.

Pero es algo que cada vez pasa menos: más de la mitad de los cuerpos de quienes fallecieron en 2016 en Estados Unidos fueron cremados, no enterrados.

Y los que son enterrados van dentro de ataúdes de madera, que ralentizan el proceso de degradación.

Por eso, hay personas que llevan años pensando en que deberían extenderse otras maneras de ser depositado bajo tierra.

“La naturaleza sabe cómo transformar nuestros cuerpos en tierra. En abono“, le dijo a la BBC Nina Schoen, una de las promotoras de la idea de convertir el cuerpo humano en compostaje.

“Lo que es más importante, al menos para mí, es que mi cuerpo sea capaz de devolverle a la Tierra lo que ella hizo por mí cuando yo estaba viva y, a través de ese proceso, crear nuevas fuentes de vida”, agregó.

Pero, ¿cómo hacerlo?

Tal vez la mayor impulsora de esta nueva ley estadounidense es Katrina Spade, la fundadora de la compañía Recompose, con sede en la ciudad de Seattle, en el oeste del país.

Es ella la que señala que puede convertir el cuerpo humano en un fértil abono en tan solo 30 días.

“Lo que hacen es simplemente acelerar el proceso natural de descomposición”, explicó Nora Menkin, directora People’s Memorial, una organización sin ánimo de lucro que provee servicios funerarios a personas sin recursos en Seattle.

El método de Recompose, que ha sido tratado por investigadores de la Universidad de Washington, consiste en seguir el proceso normal de compostaje, pero en el caso del cuerpo humano se le añade una mezcla de astillas de madera y otros ingredientes biodegradables.

Lo que hace que microbios y bacterias termofílicas -o sea, a las que les gusta el calor- hagan su trabajo y aceleren la descomposición.

Todo el proceso ocurre a unos 55 C, que además termina de matar a posibles bacterias responsables del contagio de enfermedades.

El resultado es abono que se puede usar de manera segura, que es la razón definitiva por la que muchas personas apoyan esta forma de tratar los cuerpos tras la muerte.

“Tenemos toda esta energía que muchas veces es quemada o sellada en ataúdes que podemos utilizar para ayudar a que la vida continúe”, dijo Menkin.

Por su parte, Schoen aclara que apoya esta opción porque quiere que su cuerpo aporte al medio ambiente.

“Las preocupaciones sobre el medio ambiente son muy importantes para mí y tienen un rol central en las decisiones que tomo a diario”, dijo.

Costoso… por ahora

Para 2035, la Asociación de Funerarias de Estados Unidos (NFDA, por sus siglas en inglés) anticipa que solo el 15% de los entierros serán de tipo tradicional.

Sin embargo, experimentar puede resultar costoso.

“Es un hecho que la mayoría de las personas señalan que (el proceso de convertir al cuerpo en compostaje) es una opción costosa“, dijo Menkin.

“Ahora mismo puede llegar a costar unos US$5.500. No es un proyecto barato”, agregó.

El costo promedio de un entierro tradicional es de alrededor de US$7.000. Sin embargo, una cremación llega solo a los US$1.000.

Por ahora, los entierros ecológicos no son muy populares.

Además de que existen reparos éticos sobre esta manera de disponer de los restos de lo que fue un ser humano.

¿Los cuerpos van a ser cuidados de forma respetable?, ¿podremos en el futuro ser capaces de recordarlos, de recordar que formaron parte de una comunidad? Esas preguntas siempre estarán cuando se insiste en cambiar la forma en que enterramos a quienes mueren”, dijo el profesor de la Universidad de California David Sloane.

Sin embargo, tanto Menkin como Schoen creen que la idea es convencer a la gente de que aunque “sea diferente, no es malo”.

“Lo que pasa es que aquí en EE.UU. nadie quiere hablar sobre el tema. No hablamos lo suficiente sobre lo que significa la muerte o sobre la muerte en general”, recalcó Schoen.


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