Por primera vez un feminicidio llega a la Suprema Corte: esta es la historia de Mariana Lima
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Por primera vez un feminicidio llega a la Suprema Corte: esta es la historia de Mariana Lima

Será la Primera Sala del máximo tribunal, quien decida si otorgar el amparo para que las autoridades judiciales del Estado de México vuelvan a investigar la muerte de Mariana, ahora bajo la óptica de feminicidio. Las inconsistencias en la reconstrucción de hechos, en el desahogo de pruebas y en las diligencias forenses lograron que el caso fuera tomado por la principal instancia de justicia del país.
Cuartoscuro
Por Gonzalo Ortuño
25 de marzo, 2015
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Irinea Buendía, madre de Mariana Lima, quien pudo haber sido asesinada por su esposo en 2010. Foto: Cuartoscuro

Irinea Buendía, madre de Mariana Lima, quien pudo haber sido asesinada por su esposo en 2010. Foto: Cuartoscuro

Mariana Lima Buendía, una abogada de 29 años, murió hace casi cinco años. Su esposo Julio César Hernández Ballinas – un policía judicial con un historial de golpes y amenazas a su esposa- dijo en su momento que la muerte de esta joven de Chimalhuacan había sido un suicidio. Y así lo dictaminaron inicialmente las autoridades.

Sin embargo, la madre de Mariana, Irinea Buendía, nunca aceptó la versión oficial y decidió gastar cinco años de su vida tratando de convencer a veinte ministerios públicos, tres fiscales y tres procuradores estatales de que la muerte de Mariana – quien cumpliría 34 años este miércoles 25 de marzo – no había sido un suicidio.

A Mariana, asegura Irinea, la asesinó su marido. 

Hoy, finalmente, el caso podría dar un giro en la Suprema Corte.

Irinea Buendía

Irinea, quien está por cumplir los 63 años, dedicó su tiempo a estudiar libros de criminalística y derecho para impedir, junto con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, que el caso cerrara. En septiembre de 2013 la SCJN, de manera histórica, atrajo por primera vez un caso por posible feminicidio bajo el número de expediente 554/2013.

Será la Primera Sala del máximo tribunal, quien decida si otorga el amparo para que las autoridades judiciales del Estado de México vuelvan a investigar la muerte de Mariana, ahora bajo la óptica de feminicidio. Las inconsistencias en la reconstrucción de hechos, en el desahogo de pruebas y en las diligencias forenses lograron que el caso fuera tomado por la principal instancia de justicia del país.

Antecedentes violentos, la clara sospecha de un feminicidio

“Vas a terminar en uno de esos tinacos donde eché a otras dos que no aprendieron a tratarme como debían” fue una de las amenazas recibidas que Mariana le llegó a relatar a su madre.

“A mí me llamó un día y me dijo: señora voy a matar a Mariana” asegura Irinea, quien el 28 de junio de 2010, recibió el aviso definitivo: Mariana había muerto – se colgó – le dijo Hernández Ballinas por teléfono cerca de las 7 de la mañana.

La muerte de Mariana ocurrió un día después de que decidiera denunciar a Hernández Ballinas por la violencia física e incluso sexual que padecía en casa. Familiares y amigos han reiterado en declaraciones ministeriales las intenciones de la joven de abandonar, ese 28 de junio, la casa donde vivía con su entonces esposo.

Irinea Buendía asegura haber llegado en menos de una hora desde Nezahualcóyotl al domicilio en Chimalhuacán, ambos en el Estado de México. Encontró la casa, que aún permanecía en construcción, con la puerta abierta y vio el cuerpo de Mariana tendido sobre la cama con ropa del día anterior, el cabello húmedo, los pies limpios, así como golpes y rasguños en todo el cuerpo.

Julio César Hernández llegó a su casa cerca de las 8:30 del día, acompañado de un Ministerio Público y un par de peritos para realizar las diligencias correspondientes. Previamente movió el cuerpo de Mariana de la posición en que supuestamente lo había encontrado.

De acuerdo con el abogado Rodolfo Domínguez Márquez, uno de los responsables de que el caso de Mariana Lima haya llegado a la Suprema Corte, en la declaración de Julio César Hernández, éste aseguró encontrar a Buendía colgada de un clavo – que servía para sostener cortinas – con un hilo que no rebasa los 5 milímetros de grosor. El policía judicial dijo que intentó reanimarla con “masajes en los pies y besitos” y al ver que no hubo resultado puso el cuerpo sobre la cama.

Para la madre de Mariana lo más complicado durante los últimos cinco años ha sido empoderarse y enfrentar a autoridades que “no son ni siquiera para darme copias. En una ocasión me tuvieron allí escribiendo desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la noche por copias (del expediente) que yo necesitaba” dice Irinea en entrevista con Animal Político.

Buendía asegura que la pelea jurídica que emprendió desde 2010 le ha permitido entender “qué fue lo que había pasado con mi hija. Y espero de la Suprema Corte una resolución de altura, no esperamos menos”.

Obstrucción de la justicia, el obstáculo más grande

Para el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) es fundamental que la SCJN especifique cómo tendrá que hacerse la investigación de la muerte de Mariana Lima, es decir, que se realice con peritos expertos en criminalística, en medicina forense, y en antropología social, lo que implica tomar en cuenta antecedentes de violencia que haya vivido la víctima.

María de la Luz Estrada, Coordinadora Ejecutiva del Observatorio asegura que la decisión de la máxima autoridad en impartición de justicia en México se da en un contexto histórico, porque se vive el peor panorama en cuanto a violencia contra mujeres.

“Se combinan impunidad, con la discriminación y todas las omisiones de las propias autoridades, es una combinación perversa” asegura Estrada en entrevista con Animal Político.

El Protocolo de Actuación en la Investigación del Delito de Homicidio desde la Perspectiva del Feminicidio obliga a que Ministerios Públicos, policías judiciales, ministeriales y peritos sigan una metodología de seis pasos que implica el levantamiento de indicios, el apoyo en investigación criminalística y la reconstrucción de los hechos.

De acuerdo con Luz Estrada en el expediente del caso de Mariana Lima Buendía, el entonces Procurador General de Justicia del Estado de México, Miguel Ángel Contreras Nieto, admitió las fallas de la procuraduría en la investigación, concretamente en el protocolo mencionado.

Según datos del OCNF de 2012 a 2013 se cometieron 535 asesinatos de mujeres, de éstos 140 fueron investigados como feminicidios y sólo 10 terminaron con sentencia. La organización asegura que después de documentar las muertes violentas de mujeres en el Edomex, identificaron que en los municipios de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Chalco, Tlalnepantla y Cuautitlán Izcalli, existen “patrones sistemáticos de violencia contra las mujeres” como la desaparición, la brutalidad en cómo fueron asesinadas, y los lugares donde se hallan los cuerpos: lotes baldíos, tiraderos de basura, canales de desagüe, calles y avenidas.

Video del testimonio de Irinea Buendía, realizado por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, Católicas por el Derecho a Decidir y Somos el Medio.

 

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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