Aunque sufren abusos y discriminación, sólo 1 de cada 10 trabajadoras del hogar denuncian
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Aunque sufren abusos y discriminación, sólo 1 de cada 10 trabajadoras del hogar denuncian

Y a pesar de los abusos sólo una de cada 10 denuncia ante las autoridades, de acuerdo con la encuesta “Percepciones sobre el trabajo doméstico: Una visión desde las Trabajadoras y las Empleadoras”.
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Por Nayeli Roldán
7 de abril, 2015
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Las trabajadoras del hogar enfrentan acoso sexual, golpes, despido injustificado, acusaciones falsas de robo, humillaciones, accidentes de trabajo sin recibir atención y hasta prohibición de hablar en lengua indígena, pero sólo una de cada 10 lo denuncia ante alguna autoridad, pues desconoce sus derechos y las instancias encargadas de atenderlas.

Así lo revela la Encuesta “Percepciones sobre el trabajo doméstico: Una visión desde las Trabajadoras y las Empleadoras”, realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) presentada este martes 7 de abril.

En la investigación se da a conocer que pese a las precarias condiciones laborales derivado de que 96% de las contrataciones son “de palabra”, una cuarta parte de las trabajadoras del hogar y empleadores rechazarían firmar un contrato laboral en caso de ser obligatorio.

Las empleadoras menores de 35 años y de nivel socioeconómico medio alto son quienes están en desacuerdo en formalizar la relación laboral, mientras que 68% de empleadoras, sobre todo de nivel socioeconómico alto, apoyan la firma de un contrato.

La muestra incluye mil 243 encuestas de trabajadoras y mil 240 de empleadoras de Jalisco, Baja California, Chiapas, Nuevo León, Puebla y el Distrito Federal, que representan las diferentes zonas geográficas y regiones socioeconómicas del país.

Entre los resultados destaca que el trabajo doméstico es “heredado”, toda vez se dedican a ello las hermanas, madres, hijas u otros familiares de 43% de las trabajadoras del hogar.

En 81% de los casos, las mujeres dijeron emplearse en el trabajo doméstico por razones de necesidad económica y factores de pobreza, como escaso logro educativo y falta de oportunidades. Casi una cuarta parte es indígena, proporción que se eleva en las zonas norte y sur del país y 2 de cada 10 habla alguna lengua indígena.

Abusos e incertidumbre laboral, la constante

La encuesta preguntó a las trabajadoras del hogar sobre los conflictos laborales que han enfrentado o han visto que otra compañera lo haya vivido. La mayor incidencia es del trato con desprecio por ser indígena (33%), le sigue la prohibición de hablar alguna lengua indígena (25%).

Despido injustificado y acusación falsa de robo, 17% respectivamente. Mientras que a 16% de las encuestadas les han revisado sus pertenencias, 14% ha recibido maltrato verbal a través de gritos, groserías y humillaciones. 12% ha sufrido de acoso sexual y 11% ha sido tratada con desprecio por ser trabajadora del hogar.

10% ha sido despedida por estar embarazada, 9% tuvo un accidente de trabajo sin que nadie se hiciera responsable y en 7% por ciento de los casos fueron golpeadas.

Pese a ello, solo una de cada 10 trabajadoras del hogar acude con alguna autoridad para “resolver el conflicto laboral” porque desconocen la existencia de instancias para atender estos casos. Incluso, 91% dijo que no había escuchado ni sabía sobre alguna legislación que contemple los derechos de las trabajadoras del hogar.

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Debido a la falta de legislación, de incentivos fiscales y aseguramiento flexible, casi la totalidad de las empleadoras contratan el trabajo doméstico de palabra, lo que repercute en falta de un contrato laboral y, por tanto, de las prestaciones que goza cualquier otro trabajador.

Una de las mayores preocupaciones de las empleadas del hogar es la seguridad social y la carencia de ella la consideran como la principal desventaja, de ahí que 6 de cada 10 estarían dispuestas a afiliarse al IMSS aunque ganaran un poco menos y entre las empleadoras también se observa una alta disposición a afiliar a sus trabajadoras si parte de las cuotas las cubran ellas.

Ante la falta de seguridad social en el trabajo, una cuarta parte señala que sus empleadoras cubren los gastos por servicio de médico; no obstante, 36% reporta que su empleadora no se responsabiliza de este gasto.

Según las trabajadoras encuestadas sólo 25% de las empleadoras cubre el pago de las medicinas en su totalidad, 17% los cubre en parte. Además, cuando una trabajadora requiere faltar a su trabajo por enfermedad, sólo a 4 de cada 10 se le permite sin que haya un descuento en su sueldo y 8% asiste a trabajar aún estando enferma.

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Además, 66% no goza de vacaciones con goce de sueldo y poco más de la mitad de las trabajadoras encuestadas recibe aguinaldo. Sólo 2 de cada 10 trabajadoras encuestadas dijo recibir un monto adicional a su salario por concepto de prima vacacional.

A 75% de las trabajadoras del hogar nunca le han aumentado el salario, que en promedio semanal es de mil 128 pesos para la modalidad de planta y de mil 75 pesos para quienes trabajan de entrada por salida en una sola casa.

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Para cambiar esta situación solo se requiere voluntad política, pues basta con que México ratifique el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, que garantiza los derechos sociales y laborales de las trabajadoras del hogar. Aunque el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong se comprometió a hacerlo desde el 31 de marzo de 2014, no lo ha hecho hasta el momento.

En un esfuerzo desde la sociedad civil, activistas lanzaron la campaña “Hogar justo hogar”, con la cual se busca que los empleadores formalicen la relación con las trabajadoras a través de un contrato laboral.

Sin embargo, aún existe resistencia para reconocer que las trabajadoras del hogar tienen los mismos derechos como otros empleados, pues según la encuesta 4 de cada 10 empleadoras no apoyan la propuesta de firmar un contrato de ley, y aún existen testimonios como este: “Si le voy a dar seguro, tendría derecho a vacaciones… pero tendría que cumplir con todas las obligaciones que tenemos cuando trabajamos… Es algo que no les conviene porque pagarían impuestos, las primeras que no querrían serían ellas”.

Respecto al perfil de las trabajadoras del hogar, una tercera parte tiene 25 años o menos y sólo una de cada diez supera los 55 años. En promedio 5% de las trabajadoras que se ocupan en zonas urbanas son menores de edad y 36% inició a trabajar siendo menor de edad; en tanto, 25% de las trabajadoras domésticas ha pasado más de 10 años desempeñando este trabajo.

Sobre el grado de escolaridad, 30% concluyó la primaria y 13% no tiene estudios; sólo 8% continua estudiando, a pesar de ser un sector de personas jóvenes.

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Por qué Nueva España se disgregó en tantos países tras la independencia de México y Centroamérica hace 200 años

El 2021 marca los 200 años del fin de la Nueva España, un extenso territorio dominado por la corona española que intentó mantenerse unido pero al final se fragmentó en múltiples países. ¿Cómo se dio tal transformación?
16 de septiembre, 2021
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Este septiembre es bicentenario para seis naciones de América Latina.

En ese mes, pero del año 1821, se dieron declaraciones de Independencia sobre la corona española que, después de varios experimentos políticos, concluyeron con el nacimiento de seis países que hoy conocemos: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Incluso los territorios de Chiapas, Yucatán y Texas tuvieron una corta vida independiente.

Todos ellos emanaron de la Nueva España, uno de los vastos territorios en América que el imperio español creó y administró durante tres siglos.

Pero ¿por qué uno de los mayores imperios del milenio pasado perdió el control de su más extensa posesión y su territorio terminó tan fragmentado?

Para responderlo hay que mirar a qué ocurría a comienzos del XIX.

¿Cómo era la Nueva España?

La Nueva España era una de las naciones más grandes de su época.

Se extendía por más de 7 millones de kilómetros cuadrados, desde regiones del suroeste y sureste del actual Estados Unidos hasta el noroeste de Panamá.

El territorio actual de España cabría 14 veces tan solo en la Nueva España (más aún en sus otros virreinatos y territorios de América, África y Asia).

Su conformación territorial era diversa: había reinos como el de México y Nueva Galicia en la región central. (Los siguientes mapas muestran las extensiones territoriales con base en los límites actuales de países y estados locales).

Nueva España central

BBC

Al norte, estaban las provincias internas del oriente, como Nuevo León o Nueva Extremadura, y las provincias internas del occidente, entre ellas las Californias, Nueva Navarra o Nueva Vizcaya.

Nueva España norte

BBC

Hacia el sur, estaban las capitanías generales de Yucatán y Guatemala.

Esta última también se subdividía en provincias: Chiapas (actual estado de México), Guatemala (incluyendo el actual Belice), San Salvador (actual El Salvador), Nicaragua y Costa Rica (entonces una sola unidad) y Comayagua (actual Honduras).

Nueva España sur

BBC

La capital era Ciudad de México, pero Ciudad de Guatemala actuaba como una segunda capital en términos de gobierno.

“Era un empalme jurisdiccional muy complicado, pero en términos prácticos sí había mucha independencia de las provincias centroamericanas respecto a México, pero también había algunas funciones en las cuales dependían de México”, dice a BBC Mundo el historiador Alfredo Ávila.

En materia económica, de religión y de justicia a través de la Santa Inquisición, el gobierno de Ciudad de México tenía el control sobre la Nueva España entera. Pero en el resto de cuestiones, como la fuerza armada, la Capitanía de Guatemala o Yucatán tenían su autonomía.

“En Centroamérica no había un virreinato en términos generales, sino una audiencia, con un jefe político, una capitanía general”, continúa Ávila, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Y es muy difícil hablar de identidades. Una persona que nació en San Salvador era guatemalteca, porque dependía de la Audiencia de Guatemala. Pero si era hijo de españoles, era español”, apunta.

https://www.youtube.com/watch?v=W3yHdmZ_rF8&t=358s

Todo eso tuvo un papel importante en lo que ocurriría alrededor de 1810.

El ocaso de un enorme imperio

Las élites ligadas al poder político, comercial y religioso fueron exponiendo sus discrepancias con España luego de tres siglos de convivencia.

A partir de 1808, el descontento de la clase gobernante en América llevó al surgimiento de varios movimientos de independencia que se fueron fortaleciendo al tiempo que la corona española atravesaba sus propios conflictos bélicos en Europa con Inglaterra y Francia.

Eso dejó a la corona española muy debilitada para hacer frente a las rebeliones en América. Incluso el gobierno de Ciudad de México había perdido el control militar en sus dominios.

“El virrey de México no mandaba en la comandancia de Guadalajara o en Monterrey”, explica Ávila. Ahí los jefes militares eran los que “tenían tanta fuerza que el virrey ya no tenía influencia sobre ellos”.

“Ahí empezó un proceso de desarticulación virreinal que alcanzó a Centroamérica”, señala.

Capitulación de Madrid, Antoine-Jean Gros

Museo de Historia de Francia
El cambio de monarquía en el trono español fomentó los movimientos de independencia en las colonias.

El gran estallido en la Nueva España es el de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando una conjura independentista se vio descubierta y el cura Miguel Hidalgo llamó al pueblo mexicano a alzarse en armas en el famoso Grito de Dolores.

La guerra de independencia mexicana culminó 11 años después, el 27 de septiembre de 1821.

Por su parte, la Capitanía de Guatemala tuvo un proceso relativamente pacífico en el que la determinación independentista se dio en una asamblea con miembros de las provincias el 15 de septiembre de 1821.

Aunque esas son las fechas más recordadas, en los hechos hubo un momento que semanas antes fue determinante para la Nueva España.

Los Tratados de Córdoba

Cuando México y las provincias de Centroamérica declararon su independencia, ya tenían un plan en marcha: conformar un imperio.

La idea fue plasmada en los Tratados de Córdoba, que fueron firmados entre los independentistas mexicanos y autoridades de la Nueva España el 24 de agosto de 1821. Tenían como objetivo final la fundación del Imperio Mexicano.

Los españoles sabían que no podían contener más el movimiento de independencia, pero querían rescatar las valiosas vías de comercio.

El documento “reconocía la independencia de México, pero buscaba mantener la relación comercial de ambos lados. Y una parte de la élite de Guatemala quería aprovechar eso”, explica Ávila.

Chiapas -que era parte de la Capitanía de Guatemala- fue la primera provincia centroamericana en unirse al imperio, seguido poco después por la Capitanía de Yucatán.

“Y la discusión de los centroamericanos entonces fue qué convenía más: permanecer independientes de España o unirse a alguna de las dos grandes potencias limítrofes, Colombia o el Imperio Mexicano”, señala el historiador.

“Claramente por vínculos históricos tenía más sentido unirse al Imperio Mexicano”.

Panamá, que hoy es parte de Centroamérica, quedó en la Gran Colombia.

Reunión del Ejército Trigarante

Getty Images
El ejército de Iturbide ayudó a reprimir a los opositores a la unión con el imperio de San Salvador.

Bajo el nuevo imperio se delimitaron 24 provincias, muchas de las cuales conservan sus nombres en México y Estados Unidos (Texas, Nuevo México, California) hasta la actualidad.

Por lo que respecta a Centroamérica, se dio la delimitación casi actual: Guatemala (incluyendo a Belice), El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (estas dos últimas ya no eran una sola).

La fragmentación final

No obstante, el Imperio Mexicano duró poco.

La inestabilidad política que persistía desde la asunción del emperador Agustín de Iturbide condujo a un golpe de Estado en febrero de 1823, el cual llevó a la disolución del Imperio Mexicano un año después.

Las provincias mexicanas, a las que se integró Chiapas, conformaron la primera República Federal Mexicana, mientras que las provincias del sur crearon la República Federal de Centroamérica.

Pero aquel intento de mantener la unión de tan diversos territorios no se pudo sostener. Las razones no solo eran por los acuerdos políticos del momento, sino históricas.

Mapa de Centroamérica

iStock
Centroamérica intentó mantenerse unida, pero a partir de la década de 1830 inició su separación.

En Centroamérica no se alcanzó a construir una identidad más amplia. De un millón, la mitad vivía en Guatemala. Otra buena parte en Chiapas. El resto de las provincias estaban muy poco pobladas y casi no tenían contacto entre sí”, explica Ávila.

“Y había un cierto rechazo a Guatemala, porque se veía como la ciudad que cobraba impuestos, que mandaba tropas, que era un poco opresora”, añade.

En la década de 1930 hubo diversos conflictos que derivaron en la disolución de la unión de las provincias que buscaban tener mayor autodeterminación.

Fue entonces que nacieron cinco repúblicas independientes: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw&feature=emb_title

Y en el caso mexicano, en la década de 1830 y 1840, México perdió importantes territorios ante Estados Unidos: Texas, la Alta California y Nuevo México.

Incluso Yucatán declaró su independencia durante ocho años, pero volvió a la unión mexicana.

Fue así que los más de siete millones de kilómetros cuadrados quedaron divididos en las naciones que este año celebran dos siglos de independencia.


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