close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Ximena Natera

Migrantes presentan 45 quejas ante la CNDH por forcejeo con autoridades federales

Ayer, los migrantes y activistas declararon ante la Comisión en contra de la policía federal y agentes migratorios por abuso de la fuerza; esperan que se conviertan en denuncias penales.
Ximena Natera
Por Ximena Natera
17 de abril, 2015
Comparte
Viacrucis Migrante por Oaxaca. Foto: Ximena Natera

Viacrucis Migrante por Oaxaca. Foto: Ximena Natera

La mañana del miércoles 15 de abril, los inquilinos del albergue Hermanos en el Camino se reunieron a las seis y media de la mañana en la capilla. La noche anterior los organizadores habían dicho que los miembros del viacrucis subirían a los autobuses para seguir su camino rumbo a la capital, antes del amanecer.

Todavía en total oscuridad, el padre Alejandro Solalinde anunció cambio de planes. Debido a nuevas amenazas por parte de la Policía Federal contra los dueños de la línea de camiones Fitsa, éstos no llegarían. Sin embargo el viacrucis seguiría su camino de la misma manera en que había recorrido ya los 380 kilómetros entre la frontera con Guatemala e Ixtepec: a pie.

“Sus intimidaciones funcionaron de nuevo, pero nosotros tenemos que seguir adelante, nos tienen que escuchar”, dijo Solalinde a los casi 300 migrantes y activistas ahí reunidos.

Por fin, después de permanecer sitiados por agentes migratorios por casi dos semanas, los manifestantes salieron del albergue para continuar con el viacrucis migrante. Llevaban el estómago vacío.

A la caminata se sumaron las religiosas, los voluntarios, observadores de derechos humanos, miembros de la Brigada Internacional de Paz, Amnistía Internacional, la Cruz Roja de Oaxaca, observadores de la CNDH, y el padre Heyman Vásquez, fundador del albergue de Huixtla.

El destino era Juchitán, a 30 kilómetros de distancia, y su objetivo contratar camiones para seguir al Distrito Federal. Lo que no habían logrado desde que salieron de la frontera sur.

A la salida de la ciudad cayó la primera gota de lluvia, que alivió el duro sol del Istmo durante toda la caminata.

Una llamada, realizada por miembros de la CNDH, anunció que el “normal y rutinario” retén migratorio se estaba reinstalando de su sitio común, la carretera federal Ixtepec-La Ventosa, a la carretera que comunica a los municipios El Espinal y Juchitán.

Es decir, el retén migratorio estaba persiguiendo al viacrucis.

Alrededor de la una de la tarde, Solalinde guió a los miembros del viacrucis a la parroquia de El Espinal, en donde convocó a miembros de la sociedad civil, iglesia y colectivos de resistencia civil de la región para discutir las opciones.

Al llamado llegaron miembros de la Sección 22 de la CNTE, la Asamblea Popular de los Pueblos de Juchitán en Defensa del Territorio (APPJ) y un pequeño grupo de Anarquistas que, ante la petición del Viacrucis, entregaron sus “juguetes” (cadenas, cuchillos, machetes) para seguir con la convicción de una demostración de resistencia ciudadana pacífica.

Buscando una estrategia de acción, migrantes, defensores y voluntarios discutieron las opciones claro y directo:

Primera: seguir caminando y enfrentar al INM, que durante las últimas dos semanas había invertido esfuerzos y mucho dinero para evitar el paso de todos y cada uno de ellos.

Segunda: buscar una negociación con el INM, que incluso si resultase favorable a los migrantes del Viacrucis, no solucionaría el verdadero problema que es el Plan Frontera Sur Segura.

Tercera: Retroceder.

Dentro de  la pequeña iglesia todos concordaron: Caminar, sólo si es para adelante.

“Esta caminata es de los migrantes, nosotros acompañamos. La lucha, el ser escuchados, solo será efectiva si lo hacemos con dignidad y la frente en alto”, remató Solalinde, aún dentro de la parroquia.

Mientras tanto el retén de migración “rutinario” avanzó sobre la carretera hasta quedar a 1 km de la iglesia. Es decir, persiguió a los manifestantes.

A las cinco en punto el viacrucis salió de la parroquia de El Espinal y formó filas sobre la estrecha carretera.

Las mujeres y niños se ubicaron al centro, luego los rodearon hombres lastimados en la primera cadena y los más fuertes al exterior. Los activistas, defensores, organizadores, feligreses y algunas personas del pueblo formaron una barrera para protegerlos, mientras que los miembros de la sección 22, los anarquistas y miembros de la APPJ crearon un cinturón de protección con la determinación y capacidad de un bulldozer.

-Si se suelta uno nos llevan a todos. ¿Quién se va a soltar?

-¡Nadie!

¿A quién se van a llevar?

-¡A NADIE!

El retén de verificación que, según un boletín de prensa del INM, fue hecho con el propósito de revisar la condición migratoria de los manifestantes, no contó con ningún elemento de Migración, pues los alrededor de 40 agentes migratorios retrocedieron para dar paso a los más de 100 policías federales.

-iYa, ya, ya! –fue la orden, que vino del comandante de los federales, quienes se dirigieron directamente a encapsular la procesión, mientras que los agentes migratorios miraban desde lejos.

***

–¡Agárrenme a ese negro, que nos lo encargaron!– gritó un comandante de la Policía Federal para referirse a Armando Medina, un activista hondureño refugiado en México, organizador del viacrucis. Un hombre delgado, de estatura mediana y moreno.

Era el miércoles 15 de abril y el viacrucis ya se encontraba en El Espinal, a unos 8 kilómetros de su destino de ese día, Juchitán.

En seguida, un grupo de federales antimotines, se le abalanzó para golpearlo e intentar separarlo de la procesión que avanzaba, apenas unida, en una cadena humana.

Con el quinto puñetazo el “Colocho”, como todos le dicen a Medina, se soltó del grupo y los policías lo arrancaron. Los demás, pese a la orden de no soltarse por nada ni nadie, para evitar detenciones, lo siguieron. El forcejeo duró unos segundos y los migrantes lograron recuperar al “Colocho”.

Al centro del contingente, en el grupo de niños y mujeres, los apretujones comenzaron.  Rachel, de tres años, que en las última semanas se había convertido en la voz oficial de las consignas, probablemente porque es la única que recuerda todas a la perfección, cayó al suelo cuando su hermano, Marco de catorce años, la soltó por miedo a asfixiarla.

Los gritos de terror de ambos alertaron a los hombres que caminaban en el círculo exterior, protegiendo a las mujeres y los niños y la recuperaron del suelo.

En la primera fila, uno de los escoltas del padre Alejandro Solalinde abrió un boquete entre la pared de federales que impedía el paso del viacrucis migrante y lo sacó a la fuerza logrando eliminar un poco de presión dentro del contingente.

Del otro lado, el padre Heyman, marchó junto a miembros de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Educación, aprovecharon el espacio y por unos segundo los federales perdieron terreno, dejando pasar al contingente.

Con la orden de reagruparse, la pared de policías se reinstaló, esta vez sin la solidez necesaria y tras unos minutos de forcejeo el contingente se unió en un último embate que inició desde las últimas líneas y rompió el cerco de granaderos.

Antes de que la policía pudiera recuperar por completo sus posiciones, el  coordinador general de delegados del INM, Segismundo Doguin, quien había recibido la marcha con una sonrisa en el rostro, se abalanzó sobre los policías de las últimas líneas y jalándolos de los chalecos y caretas ordenó el repliegue.

En menos de diez minutos, el viacrucis había logrado romper el cerco migratorio que los detuvo durante dos semanas en Oaxaca.

Asombrados y eufóricos, los casi 300 integrantes del viacrucis migrante observaron cómo los policías, sus patrullas y sus camiones desaparecieron de la avenida dejando solos a un par de agentes de migración.

Por la tarde el viacrucis logró su cometido de ese día, llegar a Juchitán.

***

El jueves 17 de abril, el viacrucis se mantuvo en el Parque Ecológico de Juchitán. Por seguridad, se acordó que nadie saliera del lugar para evitar detenciones.

A lo largo del día, los migrantes y activistas declararon ante la CNDH y presentaron 45 quejas en contra de la policía federal y agentes migratorios por abuso de la fuerza, que esperan se conviertan en denuncias penales.

En la emisión 2015, era la segunda vez que el viacrucis pasaba por Juchitán. Los manifestantes regresaron sobre sus pasos porque desde Ixtepec fue imposible encontrar autobuses para avanzar al Distrito Federal.

Se espera que este viernes puedan continuar con su cometido.

Este texto forma parte del proyecto En el Camino, realizado por la Red de Periodistas de a Pie con el apoyo de Open Society Foundations.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Angelica Casas/BBC

Blaxicans: 'Soy negra y mexicano-estadounidense y a la gente le cuesta descifrarme'

Josslyn Carrasco Glenn es una joven mexicano-estadounidense que también se identifica como de raza negra. La joven compartió con BBC Mundo la experiencia de crecer en EE.UU., los prejuicios que ha enfrentado y el despertar de su identidad política en la era Trump.
Angelica Casas/BBC
18 de noviembre, 2019
Comparte

“¿Qué eres?”, es una de las preguntas que le hacen con más frecuencia a Josslyn Carrasco Glenn cuando alguien la conoce por primera vez.

Chicana, afrolatina y blaxican, son algunos de los términos con los que la joven de 21 años se identifica.

El último, blaxican, es utilizado con frecuencia en Los Ángeles e incluye a aquellos nacidos de uniones de padres o madres afroestadounidenses y padres o madres mexicanos.

Carrasco Glenn es hija de una pareja interracial. Su madre nació en Los Ángeles y su familia proviene de México, mientras que su padre, de raza negra, es estadounidense nacido en Belice, Centroamérica.

La joven de 21 años forma parte de un grupo creciente de personas multirraciales y multiétnicas que están desafiando normas de identidad social en el país norteamericano.

Uno de cada siete niños estadounidenses (14%) pertenecía a este grupo en 2015, casi el triple que en 1980, de acuerdo a un análisis de 2017 del Centro Pew, un instituto de investigación con sede en Washington.

Josslyn compartió la experiencia de crecer en la intersección de varias culturas y razas con BBC Mundo.

Este es su testimonio en primera persona, elaborado a partir de una entrevista.


Josslyn Glenn junto a su familia

Cortesia de Josslyn Glenn
Josslyn Carrasco Glenn creció en una familia multirracial y multiétnica. En la foto aparece cargada por su hermana mayor.

La gente me suele preguntar “qué soy” o a veces cuando me oyen hablando en español, me dicen “¡Oh! Pensé que eras india”.

Al preguntarme, parece que quisieran asociarme con “lo otro”. Les parezco “exótica”. No me considero particularmente exótica sino simplemente estadounidense.

A veces les respondo desafiante: Soy humana”. Pero para aquellos genuinamente interesados, me gusta brindar una respuesta que sea educativa.

Así que les explico que me identifico como afro-latina,blaxican y también chicana. Crecí con una madre nacida en Los Ángeles de abuelos mexicanos y con un padre de raza negra nacido en Belice.

También depende del contexto… a veces solo digo que soy latina si conozco a alguien proveniente de Latinoamérica, pero si estoy rodeada de afroestadounidenses, también digo que soy negra.

Cuando era niña, veía a mis padres y era bastante obvio que él tenía la piel significativamente más oscura que mi madre.

Pero para mí simplemente esa era mi familia y no tenía cuestionamientos sobre ella.

Josslyn Glenn junto a sus padres.

Cortesia de Josslyn Glenn
Josslyn Glenn junto a sus padres.

Mientras estudiaba la primaria, nos asignaron una tarea para la clase de historia sobre nuestra herencia.

Nos pidieron hacer tarjetas con la bandera que nos identificaba. Y ahí fue donde noté que todos parecían tener una sola bandera mientras que yo tenía más de una: las de México, Belice y Estados Unidos.

Más o menos a los 12 años empecé a tener más preguntas sobre la forma en que me veía y mi padre me decía: “Eres de todo menos asiática, pero eres de todos lados”. Y me parecía una respuesta muy bonita.

Además, cuando era más pequeña tenía la piel más clara y se fue oscureciendo con los años.

Pese a esto, no pasé por las mismas experiencias que algunos de mis amigos, cuyos padres les decían que no estuviesen mucho tiempo bajo el sol porque aparentemente estaba mal visto tener la piel oscura.

Crecí en un vecindario predominantemente Latinx, así que había muchos sitios que vendían comida típica de México, como tamales y churros con dulce.

Josslyn Glenn

Angelica Casas/BBC

En nuestra casa y durante el Día de Acción de Gracias mezclábamos tamales y puré de papas por igual.

Y en festividades como el Día de los Muertos o el 5 de mayo, no celebrábamos especialmente pero mi madre nos traía dulces y caramelos cuando volvía del trabajo para reconocer las fechas.

En mi comunidad hice amigos de origen latinoamericano y mi aspecto físico no fue tan cuestionado, lo que aprecio mucho.

No estaba realmente consciente de la política en cuanto a raza o de cómo me identificaba hasta los 17 años. Ahí fue que empecé a pensar en que era diferente de otras personas.

Todo ocurrió antes de la elección presidencial de 2016, la primera en la que pude votar.

Creo que el hecho de hacerlo me hizo pensar en la urgencia de declarar mi identidad racial y sobre todo, en entenderla mejor.

Provengo de dos de los grupos más marginados en este país y eso me da una visión única sobre cómo mis familiares de ambos lados son tratados con base en su aspecto físico, su estatus socioeconómico y hasta su cultura.

De alguna manera, esto me hace apreciar a mi familia todavía más.

Josslyn Glenn junto a su familia

Cortesia de Josslyn Glenn
Josslyn Glenn junto a sus hermanas y otros familiares.

Mi padre es un hombre negro y para el mundo aparentemente eso es atemorizante, aunque a mí no me lo parece.

Por otro lado, hay quienes han cuestionado que yo sea latina por el hecho de que no crecí hablando español, sino que decidí aprenderlo para conversar con familiares y otras personas.

Pero me han inspirado personas como la actriz estadounidense de padres puertorriqueños Gina Rodríguez, que ha expresado que no todas las latinas son iguales.

Y creo que tiene mucha razón. Yo crecí con una mezcla de culturas mexicana y estadounidense, pero me siento tan latina como cualquier otra persona.

En mi caso particular es interesante porque soy una mujer de color pero mi aspecto físico es ambiguo.

Y eso quiere decir que mi experiencia no es la misma que la de muchas mujeres afroestadounidenses y latinoamericanas.

Creo que soy solo un ejemplo de la diversidad que existe en Estados Unidos y del hecho de que ha habido muchas generaciones de inmigrantes a este país.

Siento un gran aprecio por mis culturas y ser mestiza significa tener dos fuertes herencias de sangre que me permiten navegar el mundo que vivo en el presente.


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


*Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=vFY6U5zH1-4&t=54s

https://www.youtube.com/watch?v=obfMLsimdy8&t=73s

https://www.youtube.com/watch?v=ScOUnA65jpE

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.