El Partido Verde, la 'mano derecha' del PRI
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El Partido Verde, la 'mano derecha' del PRI

Se presenta a sí mismo como una solución fresca a los problemas de la vida cotidiana, pero en todos los temas importantes tiende a votar con el PRI.
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Por AP
15 de mayo, 2015
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Propaganda del Partido Verde. Foto: Cuartoscuro.

Propaganda del Partido Verde. Foto: Cuartoscuro.

El Partido Verde de México no es tan verde que digamos. Pero al igual que tantos productos supuestamente “verdes” disponibles en los supermercados, se ha sabido vender y es hoy el partido político de mayor crecimiento en el país… y probablemente el más polémico.

Se presenta a sí mismo como una solución fresca a los problemas de la vida cotidiana, pero en todos los temas importantes tiende a votar con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) del presidente Enrique Peña Nieto.

Para los intelectuales y activistas que piden su disolución, el Partido Verde no es otra cosa que un brazo del PRI y una muestra de que esa agrupación está apelando a viejas artimañas.

El PRI gobernó México ininterrumpidamente por 71 años antes de perder la presidencia en elecciones en el año 2000. Cuando el electorado se rebelaba por alguna crisis económica, el partido se aliaba con otras organizaciones menores para refrescar su imagen y garantizar su permanencia en el poder. El PRI intenta hoy preservar una coalición que necesita unos pocos votos para alcanzar la mayoría en el Congreso a pesar de los escándalos de corrupción en que se ha visto envuelto y del malestar provocado con temas candentes como la reciente desaparición de 43 estudiantes.

El 7 de junio saldrán a votación 500 escaños del Congreso, 17 legislaturas estatales, nueve gobernaciones y más de 300 alcaldías. Muchos observadores dicen que la votación será un referendo sobre el desempeño del presidente luego de tres años de gobierno, que pierde terreno en las encuestas.

Pero así como el PRI pierde terreno, el Partido Verde lo gana. Y hay quienes dicen que eso no es una casualidad.

“Desconfiamos del PRI y siempre lo haremos porque tratan de hacer trampa”, dijo Gustavo Madero, del opositor Partido Acción Nacional. “Ahora tratan de usar al Partido Verde para engañar a la gente”.

La alianza entre el PRI y el Partido Verde es innegable. Los verdes son una organización pequeña, con apenas el 7% de los escaños en el Congreso, pero votan siempre en bloque con el PRI y le dan mayoría simple en las aprobaciones de leyes. Su apoyo ha sido vital para pasar reformas de corte liberal incluida la apertura de la industria petrolera a la inversión privada.

A cambio, los candidatos del PRI forman alianzas con los verdes y apoyan algunas iniciativas suyas, como la prohibición de animales en los circos, que son populares entre el electorado. El apoyo del PRI, por otro lado, es vital para que los verdes logren la cantidad mínima de votos para seguir recibiendo fondos del gobierno para costear sus campañas.

El partido se vanagloria de haber impulsado leyes de protección del medio ambiente, que aumentaron los castigos para quienes contaminan, protegen los manglares e incorporaron a la constitución el derecho a un medio ambiente saludable.

Pero la mayoría de los grupos defensores del medio ambiente de México y del exterior dicen que son medidas superficiales y acusan al partido de usar el medio ambiente como una herramienta política. En diciembre, la filial mexicana de Greenpeace dijo que le parecía “lamentable y ofensivo” que el Partido Verde “intente confundir a la opinión pública” al decir que había trabajado con esa agrupación en la protección del medio ambiente.

La federación de Partidos Verdes Europeos le quitó su reconocimiento por haber exigido la pena de muerte para quienes secuestren personas, algo que va en contra de la ideología “verde”. Posteriormente, el partido habló de la condena a cadena perpetua, medida que fue aprobada en al menos un estado.

Irónicamente, los verdes fueron multados por violar una ley electoral que estipula que todos los panfletos de una campaña deben ser impresos en material reciclado y un candidato a concejal del Partido Verde en la Ciudad de México fue filmado dándole un cabezazo a un funcionario para impedir que desalojase a los ocupantes de una reserva ecológica.

Por más que no sean muy duchos en la defensa del medio ambiente, son muy hábiles en el empleo de encuestas y grupos de estudio de opinión para determinar qué es lo que quieren los votantes. Por ejemplo, lograron la aprobación de una ley que permite que las personas que no pueden conseguir medicinas en el hospital público de su barrio, las busquen en cualquier dependencia del gobierno que tenga esas drogas.

Otras propuestas electorales son igualmente atractivas: mejorar la enseñanza del uso de computadores y de inglés en las escuelas públicas y becas para los estudiantes más pobres o que viven en zonas aisladas.

“Creo que el éxito de los verdes ha sido su disciplina… no hacer promesas ambiciosas que no pueden cumplir”, opinó Carlos Puente, senador del partido. “Nadie puede decir que el Partido Verde ha mentido o que no ha cumplido sus promesas”.

Tal vez, pero al mismo tiempo les cuesta evitar las controversias.

En 2013, el líder del Partido Verde, González Martínez, fue detenido por manejar en estado de ebriedad y fue filmado durante lo que parecía ser una negociación de un cobro de 2 millones de dólares a cambio de permitir la construcción de un hotel en cierta zona de Cancún, cuando su partido tenía la alcaldía de esa ciudad. El dirigente niega que en esa charla se haya negociado una coima.

Encuestas recientes indican que los verdes pueden estar ganando adeptos. El partido llegó a estar tercero en una consulta, en la que un 11% de los encuestados dijo a comienzos de año que votaría por esa agrupación. Consultas posteriores dan a entender que después cedió terreno y se estabilizó en el 6% o 7% de siempre. Pero esos votos podrían alcanzarle al PRI para contar con una mayoría después de las elecciones del mes que viene.

Esa fue precisamente la estrategia que usó el PRI con el Partido del Trabajo en la década de 1990 para contener una creciente oposición.

En todo caso, Puente, el senador verde, niega que su partido sea una extensión del PRI. “Tiene su propia vida, su propia esencia”, afirmó.

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Qué poder tienen los evangélicos en EU y por qué son cruciales para Trump

Sacudieron la política del país hace 40 años. Se volvieron un pilar del Partido Republicano y del presidente Donald Trump. Pero las elecciones de noviembre volverán a medir su influencia.
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5 de octubre, 2020
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¿Volverán a ser los evangélicos una fuerza clave en las elecciones de Estados Unidos en 2020?

Cuatro décadas después de haber sacudido la política de este país, ese grupo religioso es hoy un pilar electoral del Partido Republicano y del presidente Donald Trump, que busca otro mandato en noviembre.

En las elecciones de 2016 en EU, uno de cada cuatro votantes se identificó como cristiano evangélico blanco, según encuestas. Y la gran mayoría de ellos (81%) votó por Trump.

El presidente “va a necesitar eso y quizás más para ganar en noviembre, así que son muy influyentes”, dice John Fea, un profesor de historia en la Universidad Messiah de Pennsylvania autor del libro “Créeme: el camino evangélico a Donald Trump”, en diálogo con BBC Mundo.

Pero para entender el verdadero peso político de los evangélicos en EE.UU. y su improbable alianza con Trump, es necesario retroceder un poco en el tiempo.

El fin y los medios

Los evangélicos entraron a la arena política de EU como reacción a la legalización del aborto en el caso de Roe vs. Wade de la Corte Suprema en 1973 y al avance de una agenda progresista en el gobierno del demócrata Jimmy Carter (1977-1981).

Líderes religiosos conservadores contrarios al aborto y la diversidad sexual, con el pastor televangelista Jerry Falwell a la cabeza, fundaron en 1979 la organización Mayoría Moral para movilizar fieles a favor de políticos que defendieran sus causas.

En las elecciones de 1980, dos de cada tres votantes evangélicos blancos apoyaron al candidato presidencial republicano Ronald Reagan, quien venció a Carter con su discurso conservador, opuesto al comunismo.

Ronald Reagan en 1979

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Ronald Reagan se impuso a Jimmy Carter en las elecciones de 1980 con un amplio apoyo de evangélicos blancos.

Así surgió la unión política entre republicanos y evangélicos, que hasta hoy mantienen al tope de sus aspiraciones anular Roe vs. Wade y colocar jueces conservadores en la Corte Suprema.

Los evangélicos blancos han sido un bloque electoral más conservador y numeroso que los evangélicos afroestadounidenses, que priorizan la “justicia racial” y por lo tanto tienden a apoyar mayoritariamente a los demócratas, explica Fea.

Y apunta que, a diferencia de los protestantes no evangélicos o católicos, los evangélicos blancos “están mucho más unificados, forman un bloque de votantes”.

“En cierto sentido, quieren que se realicen sus aspiraciones políticas, por lo que el fin justifica los medios”, dice. “Pero desde fines de los años ’70 y ’80 los evangélicos blancos también han sido tentados por el poder político: les gusta estar en el Despacho Oval” de la Casa Blanca.

Manifestantes a favor y en contra del aborto protestan frente a la Corte Suprema de Estados Unidos.

Getty Images
La batalla contra del aborto ha sido prioridad constante de los evangélicos en EU por décadas.

Greg Smith, director asociado del Centro Pew de Investigación, señala que el vínculo de ese sector religioso con el Partido Republicano perdura hasta el presente.

“Hemos visto durante mucho tiempo que los protestantes evangélicos blancos están entre los votantes republicanos más consistentes de EU y entre los partidarios más fuertes, leales y consistentes de Donald Trump”, dice Smith a BBC Mundo.

“Salvar a EU”

El peso electoral de los evangélicos blancos en EU hoy es bastante mayor que su decreciente presencia demográfica.

En 2016 eran 17% del total de la población, seis puntos menos que una década antes, según el Instituto de Investigación de Religión Pública en Washington.

Se estima que en los últimos cuatro años la proporción de evangélicos blancos en EU cayó otros dos puntos, hasta 15% de la población.

Votantes en una escuela de primaria en el condado de Chesterfield, Virginia

Getty Images
Los evangélicos blancos sumaron un cuarto de los votantes de EU en 2016, aunque sólo eran 17% de la población.

Sin embargo, en las últimas elecciones fueron el 26% del total de votantes.

Sarah Posner, autora del reciente libro “Profano: por qué los evangélicos blancos oran en el altar de Donald Trump”, señala que el movimiento no sólo se apoya en líderes de iglesias sino también en medios propios de TV y redes sociales.

“La derecha religiosa tiene una operación muy sólida y bien organizada para incentivar el voto, por lo que son muy importantes para que el Partido Republicano gane elecciones”, dice Posner a BBC Mundo.

La unión de evangélicos y Trump suele verse como una extrañeza de la política de EU: religiosos que predican sobre moral aliados a un hombre acusado de infidelidades matrimoniales, casado tres veces, que se ha expresado de forma obscena sobre las mujeres y agresiva sobre los inmigrantes.

Pero Trump recibió en 2016 un apoyo de los evangélicos blancos aún mayor que sus antecesores republicanos.

Joe Biden en un evento de la campaña en marzo.

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Biden fue vicepresidente de Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama.

Y, si bien la aprobación de los evangélicos blancos a Trump cayó algunos puntos en medio de la crisis de coronavirus y las protestas por injusticia racial, cerca de ocho de cada 10 votantes de ese grupo aún se inclinan a votar por él, según encuestas.

El bajo nivel de apoyo de los blancos evangélicos al candidato demócrata Joe Biden contrasta con el amplio respaldo que recibe entre los protestantes negros (cercano a 90% en un reciente sondeo de Pew) y el hecho de que es favorito en las encuestas de votantes en general.

El respaldo de los evangélicos blancos a Trump es atribuido a la ansiedad que sienten ante los cambios raciales y culturales que EE.UU. tuvo en las últimas décadas.

“Trump representa al hombre fuerte que creen que necesitan para salvar a EU del liberalismo“, indica Posner. “Lo ven no necesariamente como un cristiano como ellos, sino como un líder improbable que Dios ha ungido para salvar a EU.”.

Prueba de fuerza

Trump tiene un vicepresidente evangélico como Mike Pence y varios miembros de su gabinete pertenecen a ese movimiento religioso o cultivan lazos con el mismo.

En esta campaña, Trump ha buscado asegurarse de que los evangélicos vuelvan a sufragar por él.

Por ejemplo, ha repetido que ya colocó dos jueces para la Corte Suprema y el mes pasado nominó a otra que, si es confirmada por el Senado, puede dar a los conservadores una mayoría firme en el máximo tribunal.

Donald Trump

Reuters
Trump ha buscado asegurarse el voto evangélico en noviembre de distintas formas, algunas de ellas polémicas.

Trump también acusó a Biden de estar “contra Dios” y “contra la Biblia”, aunque el exvicepresidente es un católico practicante y ha recibido el reciente respaldo de algunos líderes evangélicos blancos.

Además, Trump causó polémicas que le valieron críticas de figuras religiosas, por ejemplo al posar para las cámaras con la Biblia en la mano ante una iglesia, para lo cual fue dispersada a la fuerza una protesta pacífica en la zona.

Su campaña también apuesta a atraer votantes evangélicos negros y latinos, que tienen posturas conservadoras en temas como el aborto pero son más abiertos a la inmigración y las políticas sociales, lo cual puede inclinarlos por Biden.

Así, la elección será una nueva prueba de fuerza para los evangélicos de EU y su peculiar alianza con el presidente.

“La participación electoral entre los evangélicos blancos será muy importante para Trump: necesita que salgan en grandes cantidades. Si no”, advierte Posner, “será mucho más difícil para él ganar”.


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