Mueren tres personas por el Mar de Fondo. ¿Qué es este fenómeno?
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Mueren tres personas por el Mar de Fondo. ¿Qué es este fenómeno?

“No es un tsunami, más bien un oleaje muy largo y continuo, fácilmente identificable a grandes distancias", dijo el oceanólogo Miguel Ángel Ahumada Sempoal.
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4 de mayo, 2015
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El fenómeno Mar de Fondo con olas de hasta más de diez metros de altura afectó las costas guerrerenses y arrasó con el balneario de Playa Azul, La Barra de Coyuca y Mogotes, en el municipio de Coyuca de Benítez, donde hubo más 40 heridos, restaurantes, casas y bungalows arrasados. // Foto: Cuartoscuro.

El fenómeno Mar de Fondo con olas de hasta más de diez metros de altura afectó las costas guerrerenses y arrasó con el balneario de Playa Azul, La Barra de Coyuca y Mogotes, en el municipio de Coyuca de Benítez, donde hubo más 40 heridos, restaurantes, casas y bungalows arrasados. // Foto: Cuartoscuro.

El coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente, confirmó el fallecimiento de tres personas y la desaparición de tres personas por el fenómeno natural conocido como Mar de Fondo. 

En conferencia de prensa, Puente precisó que una persona murió en playa Revolcadero, en Guerrero; otra en Manzanillo, Colima; y una más en Michoacán. Además, los tres desaparecidos fueron vistos por última vez en la Bahía de Huatulco, en Revolcadero y en playa Caleta de Campos en Lázaro Cárdenas.

Hasta el momento se registran afectaciones por el Mar de Fondo en Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Colima y Chiapas.

El funcionario federal informó que en las próximas 72 horas se prevé que este fenómeno disminuya y exhortó a la población mantenerse informada y atender recomendaciones.

¿Y qué es el Mar de Fondo?

El fenómeno de Mar de Fondo es un oleaje generado por tormentas en el mar acompañadas de fuertes vientos, que es riesgoso para negocios y quienes habitan en la playas, afirmó el oceanólogo Miguel Ángel Ahumada Sempoal.

En entrevista con Notimex, el catedrático de la Universidad del Mar (Umar) Campus Puerto Ángel, aclaró que no se trata de grandes olas, “no es un tsunami, más bien un oleaje muy largo y continuo, fácilmente identificable a grandes distancias, ya que trae longitudes de entre los 100 y 300 metros, conocido en inglés como Swwell”.

Puntualizó que el Mar de Fondo son “oleajes largos generados en zonas lejanas” y más que peligrosos, benéficos para los ecosistemas marinos, porque viaja en todas las direcciones removiendo, revolviendo, mezclando y reciclando en un proceso de cambio de energía.

Indicó que las tormentas marinas que producen Mar de Fondo en ocasiones se originan entre el sur de Australia y el Continente Americano, por lo que el fenómeno llega a recorrer distancias superiores a los 10 mil kilómetros hasta las costas mexicanas del Istmo de Tehuantepec.

Ello, porque en el mar no enfrentan barreras que los pudieran detener, sino hasta que llegan a la costa y allí concluyen su recorrido marino. “La Playa es una barrera natural para el fenómeno del Mar de Fondo”.

El especialista en Oceanografía Física, materia de la que es titular en la Umar, afirmó que el Mar de Fondo no constituye un peligro como lo sería un tsunami.

“El riesgo sólo es para los que construyen en la playa, para los restaurantes, palapas, negocios que se instalan a la orilla del mar, pero ellos saben bien del peligro y lo aceptan”, puntualizó.

Consideró necesaria una cultura de seguridad entre los habitantes, comerciantes y visitantes a las playas de los estados a donde llega el Mar de Fondo, “porque si bien el oleaje no arriba con gran fuerza, si tiene el impulso necesario para arrasar ese tipo de edificaciones, e incluso para causar lesiones a personas”.

Dijo que en Puerto Ángel y Zipolite, en Oaxaca, existe ese problema de construcciones en las playas, pese a ser dos puntos donde año con año arriba el Mar de Fondo.

Explicó que la temporada del Mar de Fondo es entre mayo y noviembre, y las afectaciones que pudiera producir el fenómeno dependen mucho de la condición de la marea en esos momentos. “Si la marea es muy alta, la afectación será mayor”.

Ahumada Sempoal dijo que uno de los mayores problemas que origina el fenómeno del Mar de Fondo es el arrastre de arena, por lo que algunas playas ven disminuidas sus zonas arenosas, pero ello se va subsanando en forma natural al ser regresado, con el tiempo, ese material.

Al respecto, autoridades de Protección Civil emitieron en días pasados una alerta en la zona costera de Guerrero debido a este fenómeno, que entre otros efectos provocó este domingo olas de hasta 10 metros de altura.

Los municipios de la franja costera, como Tecpan de Galeana, Zihuatanejo y Acapulco, resultaron los más afectados porque daño al menos 80 palapas, según la Subsecretaría de Protección Civil estatal.

En ese sentido, Ahumada Sempoal reveló que ya se cuenta con métodos para determinar el origen el fenómeno del Mar de Fondo, e incluso con sistemas para conocer las distancias recorridas para arribar a las costas, complicados sistemas, instalados en las costas de Oaxaca.

El especialista aclaró que el Mar de Fondo que se origina en el Pacífico norte, no llega a las costas del istmo mexicano debido a la forma geográfica del país.

La Universidad del Mar inició operaciones en octubre de 1992, actualmente su rector es el doctor Modesto Seara Vázquez y cuenta con los campus Puerto Ángel, Puerto Escondido y Huatulco, donde mil 607 jóvenes estudian licenciatura y 41 doctorados en ciencias del mar, ciencias sociales y ciencias de la tierra.

Daños en ocho municipios de Guerrero

La dependencia precisó que los municipios donde se han presentado daños son Acapulco, así como en la región Costa Grande en Coyuca de Benítez, Benito Juárez, Tecpan de Galeana, Petatlán, La Unión y Zihuatanejo de Azueta, además de Copala y Marquelia en la Costa Chica.

De acuerdo con un reporte de la dependencia, en los tres albergues habilitados en localidades de Coyuca de Benítez se atiende a 196 personas.

De las 535 casas dañadas, 137 se encuentran en el municipio de Coyuca de Benítez, 160 en Tecpan de Galeana, 210 en Benito Juárez, 10 en Petatlán, 15 en La Unión, dos en Acapulco y una en Copala.

En tanto, de las 247 enramadas afectadas, 88 se ubican en Coyuca de Benítez, 63 en Tecpan, 65 en Benito Juárez, 15 en Petatlán, cinco en La Unión, cinco en Acapulco, cuatro en Marquelia y dos en Copala.

Asimismo se tiene reporte de daños de 19 embarcaciones menores en Acapulco, donde personal de Protección Civil logró el rescate acuático de 62 personas, mientras que en Zihuatanejo se registraron daños en un muelle.

Cabe mencionar que para atención de las emergencias se coordinan acciones de auxilio con la participación de 762 elementos de las secretarías de Protección Civil del estado, de la Defensa Nacional, la Marina-Armada de México, de Salud estatal, Seguridad Pública y del DIF Guerrero.

De igual forma participa la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la Comisión de Infraestructura Carretera y Aeroportuaria del Estado de Guerrero (CICAEG) y las Unidades de Seguridad Pública y de Protección Civil de los municipios.

Se informó asimismo que se han distribuido más de dos mil despensas entre los afectados y mil paquetes de limpieza, además de que fueron colocados cinco mil costales de arena para contención de las olas.

 

 

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Quién vigila la radiación del 5G (y cuáles son sus verdaderos riesgos)

Esta nueva tecnología regresa el eterno debate sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas. Estos, sin embargo, son descartados por todas las agencias internacionales.
27 de octubre, 2020
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Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

Decenas de antenas, dispositivos bluetooth y cientos de teléfonos móviles nos rodean e irradian cada día. Por no hablar de la telefonía 5G que, al parecer, acabará con la vida en la Tierra. ¡Tanta radiación no puede ser buena!

¿Quién controla los niveles de exposición y los posibles efectos sobre la salud?

Percepción del riesgo

Los campos electromagnéticos están presentes en la naturaleza desde antes de la aparición del ser humano. La luz solar, los rayos cósmicos, las tormentas y la radiación natural terrestre son fuentes de exposición a estos campos.

A mediados de los años 90, se comenzaron a desplegar las redes de antenas de telefonía móvil. Aunque se hacían con estándares técnicos internacionales, que ya tenían en cuenta la protección de la población, no se ofreció la suficiente información al respecto.

A pesar de una reacción rápida por parte de organismos, operadoras y expertos, la percepción de riesgo se instaló entre los ciudadanos. También caló en instituciones, administraciones locales y asociaciones.

Así, se produjo una situación paradigmática. Por un lado, el rechazo a las antenas era un fenómeno global. Por el otro, crecía la demanda universal del servicio.

Ilustracion 5G

Getty Images
La red 5G es mucho más que la mejora de la red 4G.

La OMS parece tenerlo claro

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea fueron conscientes a principios de los 2000 de esa carencia y de la necesidad de dar respuesta a una inquietud y percepción social del riesgo asociado a la telefonía móvil.

Aunque esta percepción e inquietud estaban sobredimensionadas.

A pesar de los esfuerzos realizados para informar y tranquilizar a la población, la OMS reconoció en 2006 que “algunas personas consideran probable que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia entrañe riesgos y que éstos puedan ser incluso graves”.

En la revisión de 2014, la OMS aseguraba que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”.

En otro documento publicado a comienzos de este 2020 sobre el 5G, insiste en que en las últimas décadas no hay estudios científicos que demuestren una relación causal que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

“El calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”.

Ese posible efecto, a los niveles habituales de exposición, es insignificante. Por eso es importante que los niveles se mantengan por debajo de los límites establecidos por agencias internacionales independientes.

Mujer con una tablet.

Getty Images
La OMS ha dicho que no hay estudios científicos que demuestren una relación causal del 5G que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

Quién y cómo se establecen los límites de exposición

En 1992 se estableció en Alemania la Comisión Internacional de Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Esta organización científica, independiente y sin ánimo de lucro, revisa periódicamente y de forma sistemática las evidencias científicas para determinar los niveles a los cuales se producen efectos biológicos.

No solo de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, sino también de otras radiaciones electromagnéticas como la luz visible, los infrarrojos y los ultravioletas que, por encima de ciertos niveles, también pueden resultar muy peligrosos.

Por eso se fijan niveles de seguridad y, por eso mismo, no debemos preocuparnos de la radiación que emite el mando a distancia de nuestra tele. Tampoco del router wifi de nuestra casa o de nuestro teléfono inalámbrico.

El proceso de revisión es abierto y su publicación se realiza en una revista científica tras un proceso de revisión por pares.

Así, una vez se establecen los niveles a los cuales se observan efectos para cada frecuencia, se aplica un factor de precaución o seguridad de 50.

Estos valores son aceptados por la mayor parte de los países occidentales desde hace décadas y se adoptan en las correspondientes legislaciones.

Además, existen otras agencias u organismos que realizan una revisión similar. Por ejemplo el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y la Food and Drug Administration de Estados Unidos.

Estos tres organismos, en los últimos meses y coincidiendo con el despliegue de la 5G, han revisado y publicado sus guías de límites seguros de exposición humana.

La mano negra de la industria

Que la industria está detrás de todas estas regulaciones e instituciones es un argumento reiterado por los movimientos antiantenas -ahora anti-5G- que parecen acoger toda clase de creencias conspiranoicas con respecto, también, a las mascarillas, las vacunas y la COVID-19.

En realidad han sido la industria y los profesionales del sector los más interesados en garantizar que las radiaciones emitidas por las antenas fueran seguras y que los niveles de potencia estuviesen dentro de los límites permitidos.

Transmisión de eventos deportivos en dos pantallas.

Getty Images
Con la conexión 5G se podrán conectar muchos dispositivos al mismo tiempo.

El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), como entidad de derecho público al servicio de la sociedad, fue la primera organización que ya en 2001 elaboró un informe sobre las radiofrecuencias de telefonía móvil.

Con ello se pretendía informar a la ciudadanía y mitigar la inquietud que ya surgía ante el desconocimiento de esta tecnología y la normativa que la regula.

La labor de difusión se centró en ayuntamientos y asociaciones ciudadanas, aunque se ha seguido trabajando durante todos estos años con todo tipo de administraciones e instituciones.

En 2006, se creó el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), comité independiente compuesto por profesionales de gran prestigio -en campos como la medicina, física, química, biología, ingeniería de telecomunicación y derecho-, que, desde entonces, ha elaborado cinco informes trienales de referencia.

En ellos recogen las evidencias científicas existentes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la salud.

Además, ha publicado numerosos documentos sobre tecnologías concretas -el último sobre 5G-, con el ánimo de informar verazmente a la sociedad, manteniendo siempre el conocimiento científico riguroso como referencia.

Sus informes han tratado siempre de arrojar luz y evitar cualquier tergiversación que de forma interesada se intentara hacer sobre el efecto de estas tecnologías sobre la salud.

Incluidas comparaciones sin fundamento con sustancias, como el tabaco o el alcohol, que la ciencia sí ha demostrado como perniciosas incluso en pequeñas cantidades.

5G

Getty Images
Los verdaderos riesgos de estas tecnologías son los asociados a la dependencia, problemas musculares, malas posturas y al condicionamiento de nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Los verdaderos riesgos para la salud

Decir que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia son inocuos es falso si no se acompaña de la frase “a los niveles habituales de exposición”.

Dichos niveles están decenas o centenas de miles de veces por debajo de los de seguridad marcados por ICNIRP.

Es lo que han demostrado numerosos estudios y revisiones sistemáticas de exposición personal en condiciones reales.

Pero hay efectos constatados derivados del uso de dispositivos y que no son consecuencia de las radiaciones que emiten.

Así, se ha demostrado que su uso puede provocar dependencia, problemas musculares, malas posturas y que condicionan nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Dichos efectos, sin embargo, no son denunciados por los movimientos en contra de estas tecnologías.

Ilustración 5G

Getty Images
Hay una proliferación de un cierto “negocio del miedo” vinculado a las nuevas tecnologías.

Negar la evidencia, ¿con qué fin?

Quizá piense que existe cierta controversia científica en este tema.

Habrá oído que “numerosos científicos alertan de los efectos” en cuestionables llamamientos internacionales, algún pseudoinforme como el Bioinitiative o declaración política ajena a la Unión Europea, como la declaración 1815 del Consejo de Europa.

Todos tienen en común su falta de rigor, el establecimiento de límites de forma arbitraria o la extrapolación inadecuada de estudios en animales o de laboratorio sin tener en cuenta las condiciones reales.

En 30 años, no se ha publicado una revisión sistemática o metaanálisis -los estudios con mayor fortaleza en ciencia- que demuestre sus alarmantes augurios y peligros para la salud (efectos sobre el sueño, la concentración, fisiológicos, hipersensibilidad o, incluso, cáncer).

En cambio, sí es constatable la relación de sus promotores con la proliferación de un cierto “negocio del miedo” a partir de datos tergiversados, erróneos y en ningún caso avalados por la evidencia científica.

Y ese negocio que se basa en esos datos afecta tanto a ámbitos como el médico-sanitario, con diagnósticos o prescripciones no fundamentados en el conocimiento médico; el legal, con denuncias insostenibles basadas en opiniones de supuestos expertos, medios de información carentes de credibilidad (webs pseudocientíficas) o, incluso, empresas que ofrecen aparatos y dispositivos de protección completamente innecesarios.

Todo un negocio basado en el miedo y el desconocimiento que sigue alimentando esa falsa percepción de que vivimos radiados al límite.

*Alberto Nájera López es doctor en radiología y medicina física y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y Juan Carlos López es ingeniero de telecomunicaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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